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—Pero tú… —no le había habido oportunidad alguna para ello estas semanas, se dio cuenta, ninguna oportunidad donde ella pudo haberlo revelado. —Aprendí lo esencial, pero cuando, cuando todo pasó —dijo ella—, y fui puesta en esa torre… mi niñera era analfabeta. Así que nunca aprendí más. Por lo que olvidé lo que ya sabía. Él se preguntó si se hubiera dado cuenta si ella no se lo hubiera dicho. —Pues parece que has sobrevivido sorprendentemente sin ello. Habló sin consideración, pero pareció ser lo correcto a decir. Las esquinas de sus labios se levantaron. —Supongo que sí, lo he hecho —dijo ella. La magia de Lorcan llegó hacia la guarida antes de que los escuchara o sintiera. Se deslizaron con sus espadas, armas rudimentarias, medio oxidadas, y luego se hundieron en su miedo creciente y emoción, quizás una gota de sed de sangre. No era bueno. No cuando se dirigían hacia ellos. Lorcan cortó la distancia entre él y Elide. —Parece que nuestros amigos del carnaval quisieron conseguir de manera fácil una moneda de plata. La impotente desesperación de su rostro se cambió a unos ojos bien abiertos en alerta. —¿Se acercan los guardias? Lorcan asintió, los pasos lo suficientemente cerca para él como para contar cuántos se aproximaban de la guarida en el centro del pueblo, sin duda buscando atraparlos entre sus espadas y el río. Si él fuera del tipo de persona que apuesta echaría uno a la suerte hacia que los dos puentes que abarcaban el río, a diez cuadras hacia cada lado de ellos, estaban ya llenos de guardias. —Tienes dos opciones —le dijo—. O puedo terminar esto aquí, y volver a la posada para saber si Nik y Ombriel querían deshacerse de nosotros… —la boca de Elide se apretó, y él sabía su respuesta antes de que le dijera la otra opción—. O nos podemos subir en una de esas barcazas y largarnos de aquí. —La segunda —respiró. —Bien —fue su única respuesta mientras apretaba la mano de Elide y tiraba de ella hacia adelante. Incluso con su poder apoyando su pierna, ella era muy lenta– —Sólo hazlo —le cortó. Por lo que Lorcan tiró de ella sobre un hombro, tomando su hacha con la otra mano, y corrió hacia el agua.

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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