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Capítulo 43 Traducido por Sergio Palacios Corregido por Cotota

Lorcan aún se preguntaba qué demonios estaba haciendo tres días después. Habían dejado las llanuras de ese pueblo muy atrás, pero el terror de esa noche caía sobre las caravanas del carnaval como una gruesa sábana con cada kilómetro que los vagones recorrían en el camino. Los otros no se habían molestado en saber cómo, exactamente, habían sobrevivido a los ilken, no se habían dado cuenta de que los ilken eran casi imposibles de matar, y ningún mero mortal hubiera podido matar a uno, mucho menos a cuatro. Nik y Ombriel les dieron a él y a Elide un amplio espacio, y sólo cuando descubría sus cautelosas y vigilantes miradas en las cenas en la fogata cada noche le revelaron que aún estaban tratando de unir cabos sobre quién y qué él era. Elide se mantuvo muy lejos de él, también. No habían tenido la oportunidad de poner sus tiendas de campaña usuales debido a que huían muy deprisa, pero esa noche, a salvo dentro de las murallas en las pequeñas planicies de un pueblo, habían compartido un cuarto en una posada barata que Molly había pagado de mala gana. No era difícil vigilar a Elide mientras observaba el pueblo, luego la posada, con esos ojos penetrantes, esos destellos de sorpresa y confusión que a veces pasaban por su rostro. Usó un poco de su magia para mantener su pie estable. Ella nunca habló de ello. Y algunas veces esa oscura y vil magia de él pasaría suave contra lo que fuera que ella cargaba, el regalo de una mujer moribunda a una asesina impulsiva, y retrocedía. Lorcan no había presionado para verlo desde aquella noche, aunque había pasado una gran cantidad de tiempo contemplando lo que podía haber salido de Morath. Collares y anillos eran sus primeras ideas. Whitethorn y la perra de la reina no tenían idea de los ilken, tal vez ni de la mayoría de los horrores que Elide había compartido con él. Él se preguntaba qué haría con esas criaturas una pared de fuego salvaje, y si los ilken estaban de alguna forma entrenando contra el arsenal de Aelin Galathynius. Si Erawan era inteligente, él tendría algo en mente. Mientras los otros caminaban hacia la posaba destartalada en busca de comida y descanso, Elide le informó a Molly que iría a una caminata alrededor del río, y se dirigió hacia las calles de guijarros. Y aunque su estómago estaba gruñendo, Lorcan la siguió, como un esposo deseando cuidar a su hermosa esposa en un pueblo que había visto mejores días… décadas. Sin duda por causa de las incesantes construcciones de caminos por Adarlan alrededor del continente y el hecho de que este pueblo había quedado muy lejos de cualquier arteria a través de las tierras.

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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