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—Lysandra planeaba cambiar con bellotas nuestra comida, al parecer. Las cejas de Aedion se arrugaron. —¿Qué? Las damas inhalaron, justo cuando Rowan dijo desde donde él y Evangeline habían estado recopilando cubos de agua: —No te molestes en ponerte en medio de esas tonterías, Aedion. Aelin le sacó la lengua al Príncipe Fae. Evangeline se rió, entonces rápidamente ocultó su sonrisa cuando Rowan le lanzó una mirada a ella. La niña se precipitó hacia Lysandra, sus ojos totalmente sin miedo de Rowan cuando se hizo cargo de los mimos de Ligera. Algo se apretó en el pecho de Aelin ante las diversiones tranquilas de Rowan. Él y Aedion habían sido tan amables con la niña, sabiendo cuando burlarse, cuando consolarla. Dos mandones, prepotentes hermanos mayores, y entrenados, letales asesinos. Los dioses ayudaran a Evangeline cuando tuviera la edad suficiente para estar interesada en alguien románticamente. Aunque dado el horror de su infancia, incluso con la ayuda de Lysandra… Aelin suponía que todos estarían felices de Evangeline cuando llegara ese día. Pero por el momento cualquier hombre parecía demasiado lejos para Evangeline… Aelin sonrió para sí misma. El hombre –o mujer, suponía– no solo tendría a Rowan y Aedion gruñendo hacia él. Oh, no. Tendría a una perra reina escupe-fuego y a una cambiaformas capaz de convertirse en el rostro de sus pesadillas mientras esperaba para tener una pequeña charla. Honestamente, era bastante para cualquiera que lastimara a la niña. Ligera parecía más bien enojada cuando Evangeline se enderezó y envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Lysandra, sosteniéndola firme. La cambiaformas sonrió distraídamente por la muchacha, acariciando su cabeza oro-rojo. —Si te conviertes en una ardilla —dijo Evangeline contra la camisa blanca y polvorienta de Lysandra—, ¿viajarás en mi hombro y me dejarás hacerte un sombrero de bellota para que lo uses? Aelin se mordió el labio, caminando hacia Rowan y el agua antes de que pudiera cometer el error de encontrarse con la mirada y los aullidos de Lysandra. Rowan también estaba tomando medidas drásticas con sus labios, los ojos deslumbrantemente brillantes. Aelin lo tomó del brazo y condujo al príncipe hacia el bosquecillo de árboles detrás de ellos, rápidamente. Aelin estaba unos diez pasos dentro de la sombra de la madera antes de que su carcajada se liberara, haciendo eco en los árboles y esparciendo las aves, adormecidas por el calor del mediodía. Rowan se rió entre dientes, frotando su cuello cuando Aelin resollaba y se atoraba. Reírse de Evangeline no era algo que ninguno de ellos estuviera particularmente a hacer, pero… dioses antiguos. —Estoy sinceramente debatiéndome en ofrecerle a Lysandra una moneda de oro solo para verla en

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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