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cadenas rechinando. —Hola, principito —dijo ella. Dioses, su voz era como papel de lija. Él miró hacia la jarra de agua. —¿Gustas una bebida? Ella tenía que estar sedienta. Ellos apenas habían sido capaces de conseguir un goteo en su garganta, no queriendo arriesgarse a esos ahogados o liberados dientes de hierro de dondequiera que ella los guardase. Manon estudió la jarra, después a él. —¿Y soy tu prisionera, también? —Mi deuda de vida está pagada —dijo él simplemente—. No eres nada para mí en absoluto. —¿Qué pasó? —habló con voz ronca. Una orden, y únicamente él le daba permiso a ella para hacerla. Pero él llenó el vaso, intentando no mirarse como si él estuviese calculando su alcance en esas cadenas mientras se lo daba a ella. Ningún signo de sus uñas de acero mientras sus delgados dedos envolvían el cubo. Ella se dobló de dolor suavemente, se dobló de dolor un poco más mientras lo levantaba hacia sus todavía pálidos labios, y bebió. Y bebió. Ella vació el vaso. Dorian silenciosamente lo rellenó para ella. Una vez. Dos veces. Tres veces. Cuando ella finalmente acabó, él dijo: —Tu wyvern voló directo como una flecha hacia nosotros. Te caíste de la montura y en el agua casi a cincuenta yardas de nuestro barco. Cómo te encontramos, no lo sabemos. Te sacamos fuera del agua, el mismo Rowan tuvo que temporalmente vendar tu estómago en la cubierta antes de que pudiéramos aún bajarte aquí. Es un milagro que no hubieses muerto por pérdida de sangre solamente. Nunca pensamos en una infección. Te tuvimos aquí abajo por una semana, Aelin y Rowan trabajando en ti, te tuvieron que cortar, abrir otra vez en algunos sitios para sacar la mala carne fuera. Has estado dentro y fuera desde ése entonces. Dorian no se sentía cómodo para mencionarle que él había sido el único quien había saltado dentro del agua. Sólo… actuó, como Manon había actuado cuando ella le había salvado en su torre. Él no le debía nada menos. Lysandra, en su forma de dragón marino, los había alcanzado momentos después, y él había aguantado la pesada agua y a Manon en sus brazos mientras escalaba sobre la espalda del tramoyista. La bruja había estado demasiado pálida, y la herida en su estómago… Él casi había vomitado su almuerzo por su vista. Ella lucía como un pez que había sido descuidadamente destripado. Destripada, Aelin había confirmado una hora después cuando sostuvo una astilla de metal, por alguien con muy, muy afiladas uñas de hierro. Nadie de ellos había mencionado que eso podría haber sido un castigo, para salvarle.

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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