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ejército de asesinos y ladrones y exiliados y plebeyos. Y ella lo había hecho. Había pensado y realizado hasta la última palabra. Rowan contó los barcos que se deslizaban sobre el horizonte. Contado los buques de su propia armada. Agregado los de Rolfe y los de Mycenians que se estaban reuniendo en el norte. —Santos Dioses —Dorian respiró mientras la armada de Wendlyn se iba expandiendo más y más. Las lágrimas se deslizaron por las mejillas de Aedion mientras sollozaba en silencio. ¿Dónde están nuestros aliados, Aelin? ¿Dónde están nuestros ejércitos? Ella había tomado la crítica, porque sabía que ella no quería decepcionarlos si ella fallaba. Rowan puso una mano sobre el hombro de Aedion. Todo ello para Terrasen, ella había dicho ese día, ella había revelado, ella había planeado su camino hasta obtener la fortuna de Arobynn. Y Rowan sabía que cada paso que había tomado, cada plan y estimación, cada secreto y apuesta desesperada... Eran por Terrasen. Por ellos. Por un mundo mejor. Aelin Galathynius había levantado un ejército no sólo para desafiar a Morath... sino para sacudir las estrellas. Ella había sabido que no iba a llegar a dirigirla. Pero aún se mantenía fiel a su promesa a Darrow: Te lo prometo por mi sangre, en el nombre de mi familia, que no le daré la espalda a Terrasen como tú no me la has dado a mí. Y la última pieza de eso... si Chaol Westfall y Nesryn Faliq podrían reunir fuerzas desde el sur del continente... Aedion al fin levantó la mirada hacia él, con los ojos muy abiertos mientras llegaba a la misma conclusión. Una oportunidad. Su esposa, su compañera, les había comprado una oportunidad en esta guerra. Y ella no creía que irían por ella. —¿Galan? Rowan se quedó inmóvil como la muerte por la voz que flotaba sobre las dunas. A la mujer de cabellos de oro que usaba la piel de su amada. Aedion se puso de pie, a punto de gruñir, cuando Rowan agarró su brazo. Cuando Lysandra, como Aelin, como ella había prometido, caminó hacia ellos, con una sonrisa amplia. Esa sonrisa... Se hizo un agujero en el corazón. Lysandra le había enseñado esa misma sonrisa a Aelin, ese poco de malicia y deleite, afilada con un poco de crueldad. Lysandra actuó, perfeccionada por el mismo agujero infernal en el que Aelin había aprendido de ella, fue impecable mientras hablaba con Galan. Mientras hablaba con Ilias, abrazándolo como un

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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