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Ella había intentado decirle. Justo antes de que los ilken convergieran. Intentado decirle que había vomitado sus tripas en el barco ese día no porque estuviera embarazada sino porque se había dado cuenta de que iba a morir. Que el costo del sellado de la puerta, el forjar de una nueva Cerradura, era su vida. Su vida inmortal. Con Goldryn tendida junto a él, su rubí opaco en el sol brillante, Rowan recogió dos puñados de arena y dejó que los granos se deslizan fuera, dejó que el viento se los llevara hacia el mar. Era todo tiempo prestado de todos modos. Aelin no esperaba que fueran por ella. Ella, que había ido por ellos, y los había encontrado. Había dispuesto que todo cayera en su lugar cuando ella dio su vida. Cuando se dio por vencida mil años para salvarlos. Y Rowan sabía que ella creía que ellos harían la elección correcta, la elección racional, y permanecerían aquí. Dirigir sus ejércitos a la victoria: los ejércitos que había conseguido para ellos, adivinando que no iba a estar allí para verlos. Ella no pensó que lo vería de nuevo. Él no aceptaba eso. No podía aceptar eso. Y no aceptaría que la había encontrado, y que lo había encontrado, y que habían sobrevivido a tanta pena y dolor y a la desesperación juntos, sólo para ser separados. Él no podía aceptar el destino que había sido dado para ella, no aceptaría que su vida era el precio para salvar este mundo. Su vida, o de la de Dorian. No lo aceptaría ni por un segundo. Pasos resonaron en la arena, y él olio a Lorcan antes de que él se molestara en mirar. Por medio segundo, se debatió por matar al macho donde se encontraba. Rowan sabía que hoy él ganaría. Algo se había fracturado dentro de Lorcan, y si Rowan atacaba ahora, el otro macho moriría. Lorcan ni siquiera podría poner mucha resistencia. La cara labrada de granito de Lorcan era dura, pero sus ojos... Eso era agonía en ellos. Y pesar. Los otros bajaban por las dunas, detrás del aquelarre restante de la bruja, y Aedion se puso de pie. Todos lo miraron mientras Rowan permanecía de rodillas. El mar se alejó, ondulando bajo el limpio cielo azul. Él lanzó esa promesa al mundo, como una red de pescar. Arrojándolo fuera con su magia, su alma, su corazón roto. La buscaría.

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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