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Elide comenzó a llorar, empujando lejos a Lorcan —Voy a ir contigo, voy a venir contigo. La chica lo haría. La chica se tendría que enfrentar a Cairn, y Maeve... Pero Terrasen necesitaría esa clase de valor. Si se trata de sobrevivir, si era para sanar, Terrasen necesitaría a Elide Lochan. —Dile a los otros —respiró Aelin, tratando de encontrar las palabras adecuadas—. Diles a los demás que lo siento. Dile a Lysandra que recuerde su promesa, y que nunca voy a dejar de estar agradecida. Dile a Aedion... Dile que no es su culpa, y que… —su voz se quebró—. Me hubiera gustado que hubiera sido capaz de tomar el juramento, pero que Terrasen lo mirará a él ahora, y las líneas no pueden romperse. Elide asintió, las lágrimas se deslizaban por su rostro salpicado de sangre. —Y dile a Rowan… El alma de Aelin se dividió cuando vio la caja de hierro que los acompañantes llevaban entre ellos. Un antiguo, ataúd de hierro. Lo suficientemente grande para una persona. Hecho a mano para ella. —Y dile a Rowan —dijo Aelin, luchando contra su propio sollozo—, que lo siento, mentí. Pero dile que todo estaba siendo tiempo prestado de todos modos. Incluso antes de hoy, sabía que todo era tiempo prestado, pero aun así me hubiera gustado tener más de lo mismo —luchó contra su boca temblorosa—. Dile que tiene que luchar. Él tiene que salvar Terrasen, y recordar los votos que me hizo. Y dile... dile que gracias, por caminar ese oscuro camino conmigo hacia a la luz. La tapa de la caja se abrió, sacando las largas, pesadas cadenas. Uno de los acompañantes le entregó a Maeve una máscara de hierro ornamentada. Ella lo examinó en sus manos. La máscara, las cadenas, la caja... se habían creado mucho antes que ahora. Hace siglos. Forjada para contener y romper a los vástagos de Mala. Aelin echó un vistazo a Lorcan, cuyos ojos oscuros estaban fijos en ella. Y el agradecimiento brillaba allí. Por los guerreros que la joven había dado su corazón, lo supieran o no. Elide le rogó Maeve por última vez: —No haga esto. Aelin sabía que le no haría ningún bien. Así que le dijo a Elide: —Me alegro de que nos encontráramos. Estoy orgullosa de haberte conocido. Y creo que tu madre se habría sentido orgullosa de ti, también, Elide. Maeve bajó la máscara y arrastró las palabras hacia Aelin:

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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