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—Así que tu compañero fue concedido a otra persona. Y dejé que se enamorara, dejé que la tomara con un hijo. Y luego lo quebré. Nadie nunca se preguntó como aquellas fuerzas enemigas fueron a parar cerca de su hogar en las montañas. Las rodillas de Aelin la abandonaron por completo. Únicamente las manos invisibles la mantenían erguida mientras lloraba. —Aceptó el juramento de sangre sin vacilar. Y supe que cuando fuese que nacieras, cuando fuese que alcanzases la mayoría de edad… me aseguraría que sus caminos se cruzaran, y con solo una mirada el uno al otro, yo los tendría completamente bajo mi control. Todo lo que yo quisiera, tu me lo darías. Incluso las llaves. Por tu compañero, no podías hacer menos. Tú casi lo hiciste aquel día en Doranelle. Lentamente, Aelin deslizó sus pies debajo de ella nuevamente, el movimiento fue tan doloroso que Elide se encogió. Pero Aelin levantó su cabeza y echó sus labios hacia atrás, dejando sus dientes al descubierto. —Te mataré —rugió Aelin a la Reina Fae. —Eso fue lo mismo que le dijiste a Rowan después de haberlo conocido, ¿no es así? —la leve sonrisa de Maeve persistió—. Presioné y presioné a tu madre para que te trajera conmigo, y así pudieras conocerlo y yo pudiera finalmente tenerte una vez que Rowan hubiese sentido el vínculo, pero ella se negó. Y ambas sabemos bien cómo resultó eso para ella. Durante los diez años que siguieron, yo supe que estabas viva. En alguna parte. Pero cuando tú viniste a mí… cuando tú y tu compañero se miraron el uno al otro únicamente con odio en sus ojos… Debo admitir que no lo anticipé. Había quebrado a Rowan Whitethorn tan plenamente que no reconoció a su propia compañera, y tú estabas tan rota por tu propio dolor que tampoco te diste cuenta. Y cuando los signos aparecieron, el vínculo carranam despejó cualquier sospecha de su parte que tú pudieras ser su compañera. Pero tú no. ¿Cuánto tiempo ha pasado, Aelin, desde que te diste cuenta que él era tu compañero? Aelin no respondió, sus ojos agitados con ira, dolor y desesperación. Elide susurró: —Déjala en paz —el agarre de Lorcan se tensó en señal de advertencia. Maeve la ignoró. —¿Y bien? ¿Cuándo lo supiste? —En el templo de Temis —admitió Aelin, lanzándole una mirada a Manon—. En el momento que la flecha le atravesó el hombro. Hace meses atrás. —Y se lo has ocultado, sin duda para evitarle cualquier culpa respecto a Lyria, cualquier clase de sufrimiento emocional… —Maeve chasqueó su lengua—. Que noble pequeña mentirosa eres. Aelin miró a la nada, sus ojos en blanco. —Tenía planeado que él estuviera aquí —dijo Maeve, frunciendo el ceño hacia el horizonte—. Ya

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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