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Capítulo 69 Traducido por Sergio Palacios Corregido por Reshi

Aedion había enfrentado ejércitos, enfrentado a la muerte más veces de las que podía contar, pero esto... Incluso con lo que Rowan había hecho… la flota enemiga aún los superaba en número. La batalla entre barcos se había vuelta muy peligrosa, los portadores de magia muy conscientes de Lysandra como para permitirle atacar bajo las olas. Así que ella ahora pelaba ferozmente al lado de Aedion en su forma de leopardo fantasma, derribando a cualquier soldado Fae que intentara subir a su barco. Cualquier soldado que se hiciera camino a través de la ya desgastada y frágil magia de Rowan y Dorian. Su padre se había ido. Fenrys y Lorcan, también. Vio por última vez a su padre en el alcázar de uno de los barcos que tenía a su cargo, una espada en cada mano, el León listo para matar. Y como si sintiera la mirada de Aedion, una barrera de luz dorada se había envuelto a su alrededor. Aedion no era lo suficientemente estúpido como para demandarle a Gavriel que la removiera, no mientras el escudo se contraía y contraía, hasta que cubrió a Aedion como una segunda piel. Minutos más tarde, Gavriel se había ido, había desaparecido. Pero ese escudo mágico permaneció. Ese había sido el inicio del duro giro que habían tomado, regresando a la defensiva mientras meros números y peleas de mortales contra inmortales tomaban su lugar en la flota. No tenía duda alguna de que Maeve tenía algo que ver con esto. Pero esa perra no era su problema. No, su problema era la armada alrededor de él; su problema era el hecho de que los soldados enemigos con los que peleaba estaban altamente entrenados y no caían tan fácilmente. Su problema era que el brazo con el que blandía su espada dolía, su escudo estaba incrustado de flechas y abollado, y aún más de esos barcos de extendía allá a la distancia. Aedion no se permitió pensar sobre Aelin, sobre dónde podría estar. Sus instintos Fae se irguieron ante el estruendo que comenzaba a surgir de la magia de Rowan y Dorian, y luego lanzándose hacia el flanco enemigo. Barcos se rompieron en esa ola de ese poder; guerreros ahogados por el peso de su armadura. Su propio barco se disparaba de vuelta desde donde habían estado peleando gracias a la corriente de poder, y Aedion aprovechó el respiro para girarse hacia Lysandra. Sangre de sus propias heridas y algunas que él había infligido le cubrían, mezcladas con el sudor cayendo por su piel. Y le dijo a

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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