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había enfurecido por ello, el pase de esta carga a uno de sus descendientes. Brannon había hecho lo que había podido por ella. Para aliviar el golpe de aquella promesa, si no podía cambiar por completo su curso. Para darle a Aelin una oportunidad de luchar. Mi precio es innombrable. —No entiendo qué significa esto —dijo Manon en voz baja. Aelin no tenía palabras para decirle. No había sido capaz de decirle a Rowan. Pero luego Elena apareció, tan real como ellas lo eran, y observó la debilitada luz dorada del templo de Mala, mientras los recuerdos se esfumaban. —Lo siento —le dijo a Aelin. Manon se tensó ante la aproximación de Elena, dando un paso hacia el lado de Aelin. —Era la única forma —dijo Elena. Con genuino dolor en sus ojos. Arrepentimiento. —¿Fue una elección, o solo para salvar el precioso linaje de Gavin, que yo fuera la única en ser seleccionada? —la voz que provenía de la garganta de Aelin era cruda, despiadada—. ¿Por qué derramar sangre Havilliard, después de todo, cuando podías volver a caer en tus viejos hábitos y escoger otra persona para soportar la carga? Elena se encogió. —Dorian no estaba listo. Tú lo estabas. La elección que Nehemia y yo hicimos fue para asegurar que las cosas se produjeran de acuerdo al plan. —De acuerdo al plan —exhaló Aelin—. ¿De acuerdo a todas tus conspiraciones para hacerme limpiar el desastre que comenzaste con tus malditos hurtos y cobardía? —Ellos querían hacerme sufrir —dijo Elena—. Y lo he hecho. Sabiendo que tú tenías que hacer esto, soportar esta carga… Ha sido una constante e interminable trituración de mi alma durante miles de años. Fue tan fácil decir sí, imaginar que serías una extraña, alguien quien no necesitaría conocer la verdad, que solo estuviera en el momento correcto con el don correcto, y sin embargo… sin embargo me equivoqué. Estuve tan equivocada. —Elena levantó sus manos ante ella, las palmas hacia arriba—. Pensé que Erawan resurgiría y el mundo lo enfrentaría. No sabía… No sabía que la oscuridad caería. No sabía que tu tierra sufriría. Que lo hacía mientras yo intentaba evitar que la mía sufriera. Y había tantas voces… tantas voces incluso antes que Adarlan fuera conquistado. Fueron aquellas voces las que me despertaron. Las voces de aquellos que deseaban una respuesta, ayuda —los ojos de Elena viajaron hacia Manon, luego de vuelta hacia ella—. Provenían de todos los reinos, de todas clases de razas. Humanos, brujas, Fae… Pero tejieron un tapiz de sueños, tantas súplicas por aquella sola cosa… Un mundo mejor. —Entonces tú naciste. Y fuiste una respuesta para la creciente oscuridad, con esa llama. La llama de mi padre, el poder de mi madre, reencarnado por fin. Y tú fuiste fuerte, Aelin. Tan fuerte y tan vulnerable. No contra las amenazas externas, sino contra la amenaza de tu propio corazón,

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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