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Los soldados no fueron lo suficientemente estúpidos como para intentar detenerlo cuando Lorcan le ordenó a quien estaba a cargo que le preparar un bote.

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Elide no podía ver la batalla desde donde esperaba en las dunas de arena, con la pradera marina agitándose por el viento alrededor de ella. Pero podía escucharlo, los gritos y los golpes. Intentaba no escuchar el fragor de la batalla, y en su lugar suplicó a Anneith que guiara a sus amigos. Que mantuviera a Lorcan vivo, y a Maeve lejos de él. Pero Anneith se mantenía cerca, flotando detrás de su hombro. Mira, ella decía, como siempre lo hacía. Mira, mira, mira. No había nada más que arena y pasto y agua y un cielo azul. Nada más que los ocho guardias que Lorcan había ordenado permanecieran con ella, descansando en las dunas, viéndose ya sea aliviados o apagados por perderse la batalla desencadenándose alrededor de la costa. La voz se tornó urgente. Mira, mira, mira. Entonces Anneith se desvaneció por completo. No… huyó. Las nubes se juntaron, viniendo de los pantanos. Dirigiéndose hacia el sol que comenzaba su ascenso. Elide se puso de pie, deslizándose un poco en la duna. El viento soplaba y silbaba a través del pasto y la arena cálida se tornó gris y apagada mientras esas nubes pasaban sobre el sol. Desapareciéndolo. Algo se aproximaba. Algo que sabía que Aelin Galathynius tomaba su fuerza de la luz del sol. De Mala. La boca de Elide se secó. Si Vernon la encontraba aquí… no iba a haber forma de escapar de él esta vez. Los guardias en las dunas detrás de ella se pusieron rígidos, notando el extraño viento, las nubes. Sintiendo esa tormenta aproximarse como algo no natural. ¿Podrían hacerles frente a los ilken el tiempo suficiente para que la ayuda llegara? ¿O Vernon traería más de ellos esta vez? Pero no era Vernon quien apareció en la playa, caminando como si se tratara de una mera brisa.

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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