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—El miedo es una sentencia de muerte. Cuando estés ahí afuera, recuerda que no necesitamos sobrevivir. Sólo cáusales suficiente daño para que cuando ella vuelva… ella borre el resto. Cuando. No sí. Pero cuando Aelin encontrara sus cuerpos, o lo que fuera que quedara de ellos en el mar si éste no los reclamaba… ella podría bien acabar el mundo con su ira. Tal vez ella debería. Tal vez el mundo lo merecía. Tal vez Manon Blackbeak le ayudaría a ello. Tal vez gobernaría sobre las ruinas juntas. Él deseaba haber tenido más tiempo para hablarle a la bruja. Para conocerla más allá de lo que su cuerpo había conocido. Porque incluso con los timones destruidos… los barcos avanzaban. Guerreros Fae. Nacidos y criados para matar. Aedion y Rowan enviaron otra descarga de flechas apuntando hacia los barcos. Escudos desintegrándolas antes de que pudiera impactar en cualquier objetivo. Esto no iba a acabar bien. Su corazón latía muy deprisa, y tragó mientras los barcos se deslizaban alrededor de sus hermanos naufragados, avanzando poco a poco hacia la línea de separación. Su magia se retorcía. Dorian tenía que ser cuidadoso hacia dónde apuntar. Tenía que hacer que contara. No confiaba que su poder se mantuviera enfocado si lo desataba todo. Y Rowan le había dicho que no lo hiciera. Le había dicho que esperara hasta que la armada estuviera verdaderamente sobre ellos. Hasta que cruzaran esa línea. Hasta que el Príncipe Fae le diera la orden de disparar. Porque era fuego y hielo, lo que luchaba dentro de Dorian ahora, implorando ser liberados. Mantuvo su barbilla en alto mientras más barcos pasaban sobre aquellos destruidos en el frente y se deslizaban alrededor de ellos. Dorian sabía que iba a doler. Sabía que iba a doler el destruir su magia, y luego destruir su cuerpo. Sabía que iba a doler el ver a sus compañeros caer, uno a uno. Pero aun así Rowan mantuvo el frente, no dejó que sus barcos se giraran para escapar. Cerca y más cerca, los barcos enemigos se lanzaban hacia su frente, tirados por ondeantes remos poderosos. Los arqueros estaban listos para disparar, y la luz del sol se reflejaba en la armadura pulida de esos guerreros Fae a bordo, hambrientos de batalla. Listos y descansados, preparados para matar. No iba a haber rendición. Maeve iba a destruirlos sólo para castigar a Aelin.

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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