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Él asintió, viendo sobre su nariz. —Y recordar el disfrutar cada momento que tengamos —Ella posiblemente había aprendido eso tantas veces como le fue posible. Su delgada, dulce garganta se movió al paso de saliva, y le miró de lado bajo sus pestañas. —En verdad lo disfruto, lo sabes. Esto... lo que sea que sea. El corazón de Aedion estalló en latidos como trueno. Se debatió sobre si proceder o no con sutileza y se dio un lapso de tres respiros para decidir. Al final, optó por su método usual, aquel que había servido bien tanto dentro y fuera del campo de batalla: un preciso ataque directo, seguido de completa arrogancia para tirar a sus oponentes fuera de su defensa. —Sea lo que esto sea —Le dijo con media sonrisa—, ¿Entre nosotros? Lysandra en efecto fue a la defensiva y mostró su mano. —Sé que mi historia es... no tan atractiva. —Voy a detenerte justo ahí —Le cortó Aedion, atreviéndose a dar un paso más cerca—. Y voy a decirte que no hay nada no atractivo sobre ti. Nada. He estado con tanta gente también. Mujeres, hombres... he intentado y visto todo. Sus cejas se levantaron. Aedion se encogió de hombros. —Encuentro placer en ambos, dependiendo de mi humor y la persona —Uno de sus amantes aún era uno de sus más cercanos amigos —y el más hábil comandante en La Perdición—. Atracción es atracción —Se armó de valor—, y sé suficiente sobre ello para entender que tú y yo... —Algo se cerró en los ojos de ella, y las palabras se le resbalaron. Demasiado pronto. Demasiado pronto para tener esta conversación—. Podemos averiguarlo. No demandarnos nada que no sea honestidad —Esa era la única cosa que a él realmente le importaba pedir. No era nada más de lo que le pediría a un amigo. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios. —Sí —Ella le dijo—, comencemos ahí. Se atrevió a dar otro paso más cerca, sin importarle quién estuviera vigilando en la cubierta o en la barandilla o en la flota alrededor de ellos. Un rubor apareció en esos hermosos pómulos, y fue un esfuerzo no pasar un dedo alrededor de ellos, y luego a sus labios. Probar su piel. Pero él se tomaría su tiempo. Disfrutaría cada momento, como le había dicho a ella que hiciera. Porque esta iba a ser su última caza. No tenía intención de gastar cada glorioso momento en un sólo instante. De desperdiciar cualquiera de los momentos que el destino le había dado, y todo lo que él quería mostrarle. Cada corriente y bosque y lago en Terrasen. Ver a Lysandra reír en los bailes en círculo de otoño; tejer cintas alrededor de los mayos en primavera; y escuchar, con los ojos abiertos, los antiguos

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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