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Rowan había permanecido en silencio durante los siguientes minutos, observando. Lorcan estaba dispuesto a morir por Elide. Había estado dispuesto a hacer a un lado su viaje por Maeve para asegurar que Elide viviera. Y había entonces actuado lo suficientemente territorial para hacer a Rowan preguntarse si se había visto tan ridículo alrededor de Aelin todo el tiempo. Ahora solos, Rowan le dijo a Lorcan —¿Cómo nos encontraste? Una sonrisa. —El dios oscuro me guió hasta aquí. El ejército de los ilken hizo el resto. El mismo Lorcan que conocía desde hace siglos, y al mismo tiempo… no. Algo en él se había vuelto indiferente, no, calmado. Lorcan miró hacia la fuente de esa calma, pero su mandíbula se tensó ante su atención ahora a donde Aelin caminaba al lado de ella. —Ese poder puede destruirla fácilmente, ¿sabes? —Lo sé —admitió Rowan. Lo que había hecho hace unos minutos, el poder que había invocado y desatado… había sido una canción que había hecho a su magia estallar en masa. Cuando la resistencia de los ilken por fin había cedido ante el fuego y el hielo y el viento, Rowan no había podido controlar el anhelo de caminar en el corazón de fuego de ese poder y verla brillar con él. A medio camino de la planicie, se había dado cuenta que no sólo era el encanto de ella lo que tiraba de él. Era la mujer adentro de ello, quien podría necesitar contacto físico con otro ser vivo que le recordara a ella misma que tenía un cuerpo, y gente que la amaba, y de retroceder de esa calma asesina que sin piedad había desvanecido a los ilken de los cielos. Pero entonces las flamas se desvanecieron, los enemigos lloviendo como cenizas y hielo y cadáveres, y entonces ella lo miró… por los dioses, cuando ella lo miró, él casi cae de rodillas. Reina, y amante, y amiga, y más. No le había importado que tenían una audiencia. Él tenía el deseo de tocarla, de cerciorarse que ella estaba bien, de sentir a la mujer que podía hacer cosas tan grandiosas y terribles y aun así mirarlo con esa vibrante y aclamada vida en sus ojos. Tú me haces querer vivir, Rowan. Se preguntaba si Elide Lochan había de alguna forma hecho que Lorcan hiciera lo mismo. Le dijo a Lorcan:

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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