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Capítulo 57 Traducido por Sergio Palacios Corregido por Cotota

Cada paso hacia Aelin era una eternidad, y cada paso era de alguna forma demasiado rápido. Elide nunca había tan consciente de su cojera. De sus prendas sucias; de su largo y desarreglado cabello; de su pequeño cuerpo y la carencia de cualquier perceptible don. Ella había imaginado el poder de Aelin, soñado sobre cómo había destrozado el castillo de cristal. Pero no había considerado la realidad de que al verlo desatado haría que sus huesos temblaran de terror. O que los otros poseerían tan poderosos dones, hielo y viento mezclándose con fuego, hasta que sólo la muerte llovía en el lugar. Casi se sintió mal por los ilken que habían matado. Casi. Lorcan estaba silencioso. Tenso. Ella era capaz de leer su comportamiento ahora, esos pequeños detalles que él creía nadie podría detectar. Pero ahí, ese fugaz tirón del lado izquierdo de su boca. Ese era un intento de contener cualquier tipo de ira que estaba embargándolo en ese momento. Y ahí, esa pequeña inclinación de su cabeza hacia la derecha… ese era su sentido de evaluar y reevaluar cada alrededor, cada arma y obstáculo a la vista. Lo que fuera que fuera esta reunión, Lorcan no esperaba que saliera bien. Él esperaba pelear. Pero Aelin –Aelin– había ahora girado hacia ellos desde donde ella estaba de pie en ese montículo de pasto. Su príncipe de pelo plateado giró con ella. Dio un paso casual frente a ella. Aelin camino alrededor de él. Él intentó bloquearla de nuevo. Ella lo hizo a un lado con un codo y se quedó en su lugar a su lado. El Príncipe de Doranelle, el amante de su reina. ¿Cuánta influencia tendría su opinión sobre Aelin? Si él odiaba a Lorcan, ¿su desprecio y desconfianza por ella sería inmediato también? Ella debió pensar en ello, cómo se vería el estar con Lorcan. Acercarse con Lorcan. —¿Arrepintiéndote de tu elección de aliados? —le dijo Lorcan con completa calma. Como si él hubiera podido leer su rostro también. —Envía un mensaje, ¿no? Ella podría jurar que algo como dolor parpadeó en sus ojos. Pero era típico de Lorcan, incluso cuando explotó ante él en la barcaza, apenas había parpadeado. —Parece que nuestro contrato entre nosotros va a terminar, de todos modos —le dijo fríamente—.

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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