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Era verdad, no había nada ni nadie ahí. Ninguna amenaza más allá de lo que pudieran encontrar en los hoyos y las pozas. —Créeme, lo he estado considerando. Ella casi podía sentirlo deslizándose dentro de aquel frío y espantoso lugar, donde el instinto con el que nacía y siglos de entrenamiento lo habían hecho ver el mundo como un campo de entrenamiento, dispuesto a hacer cualquier cosa para erradicar alguna amenaza hacía ella. No era solamente por su naturaleza Fae, si no la naturaleza Rowan. Para proteger y blindar, para pelear por lo que amaba. Aelin dio un paso más y le besó el cuello. Aquellos ojos de pino verde se suavizaron ligeramente al alejarse de las ruinas para escanear su rostro. —Cuando regresemos a la civilización —dijo él, mientras su voz se profundizaba al besar su mejilla, sus orejas, su frente—, voy a encontrar la posada más agradable en éste maldito continente. —¿Oh? —él besó su boca. Una vez, dos. —Con la mejor comida, una cama asquerosamente cómoda y una bañera grande. Incluso en los pantanos, era fácil embriagarse de él, con su sabor, su olor, con su voz y al sentirlo. —¿Qué tan grande? —murmuró. —Lo suficientemente grande para dos —dijo él sobre sus labios. Su sangre hirvió ante la promesa. Lo besó una vez, breve pero profundamente. —No tengo ninguna defensa contra tales ofertas. Sobre todo aquellas hechas por un hombre guapo. Frunció el ceño al escuchar guapo, mordisqueando su oreja con sus colmillos. —Mantengo a una alta, sabes, Princesa. Como recordatorio, para pagarte la próxima vez que estemos solos por todas esas cosas maravillosas que dices. Sus dedos se retorcieron dentro de sus botas empapadas. Pero lo acarició sobre el hombro, revisándolo con absoluta irreverencia, diciendo mientras avanzaba: —Espero que me hagas rogar por ello. El gruñido de respuesta hizo que un calor floreciera en su corazón. El sentimiento, pese a todo, duró solo un minuto. Después de unos cuántos giros dentro del laberinto de paredes y pilares que se derrumbaban, dejando a Dorian para cuidar la entrada y a Rowan deslizándose hacia el frente, Aelin se encontró a si misma a un lado de la bruja, quien lucía más aburrida que otra cosa. Bastante justo. Después de todo, la habían arrastrado hasta aquí.

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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