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Sus besos gentiles y pacientes, acompasados con la suavidad de sus manos al apartar un mechón de cabello sobre sus ojos, al recorrer su cadera y su dorso. Ella levantó sus manos para acariciar su rostro, arrastró sus dedos y los introdujo en su sedoso cabello mientras se arqueaba hacía él, deseando el peso de su cuerpo sobre el suyo. La lengua de Lorcan arremetió hacia la línea de su boca y Elide se maravilló por lo natural que se sintió abrirla para él, cómo su cuerpo cantaba al contacto, su dureza en contra de su suavidad. Lorcan gimió al primer contacto de su lengua contra la de ella, su cadera presionando la suya de manera que el calor subía a través de ella, haciendo que su cuerpo se arqueara en contra de su cuerpo en respuesta y en demanda. Él la besó con pasión en respuesta a esa solicitud, su mano se deslizó recorriendo suavemente sus muslos, abriendo sus piernas para poderla colocar por completo entre ellas. Y todo él estaba listo por ella… ella se dio cuenta de que estaba jadeando, mientras se apretaba contra él mientras Lorcan arrancó su boca de la suya y le besó el mentón, su cuello, sus orejas. Estaba temblando, no de miedo sino de deseo mientras Lorcan suspiraba su nombre una y otra vez sobre su piel. Como una oración, así es como sonaba su nombre en sus labios. Ella tomó su cara en sus manos, encontrando sus ojos centelleantes y su respiración entrecortada, como la suya. Elide se atrevió a recorrer con sus manos desde sus mejillas hacia su cuello, justo encima del cuello de su camisa. Su piel era como seda acalorada. Se estremeció al toque, inclinó su cabeza de modo que su oscuro cabello se desparramara en su frente, y dirigió su cadera hacia las suyas lo suficiente para que un pequeño gemido saliera de ella. Más, se dio cuenta de que ella quería mucho más. Sus ojos se encontraron con los de ella en una silenciosa pregunta, su mano detenida sobre su piel encima de su corazón. Era un violento y estruendoso palpitar. Levantó su cabeza para poder besarlo, y sus labios coincidieron con los de él, ella murmuró y él contestó. Lorcan levantó la cabeza de golpe. Se había puesto instintivamente sobre sus pies, girando en dirección al noreste. Donde una oscuridad había empezado a extenderse a través de las estrellas, borrándolas una por una. Toda pizca de calor o deseo, desapareció de ella. —¿Es una tormenta? —Necesitamos correr —.dijo Lorcan. Aún era de noche y faltaban más de seis horas para el amanecer. Cruzar los pantanos ahora… Más y más estrellas eran engullidas por esa oscuridad reunida. —¿Qué es eso? —se esparcía más lejos con cada palpitar. Incluso a lo lejos, las bestias del pantano habían dejado de rugir. —Ilkens —murmuró Lorcan—. Eso es un ejército de ilkens.

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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