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Tan lejos como podía ver, creciendo en el horizonte, la tierra se había hundido unos buenos nueve metros, una severa y brutal grieta que abarcaba desde las orillas del acantilado, no la colina, sobre la cuál estaban, como si un dios furioso hubiera estampado su pie sobre la llanura y dejado una gran huella. La plateada agua salobre cubría la mayor parte de ello, todavía como un espejo, interrumpido solamente por los montones de tierra, las islas cubiertas de hierba y las bellas ruinas que se derrumbaban. —Este es un mal sitio —susurró Elide—. No deberíamos estar aquí. De hecho, el vello de sus brazos se había erizado, cada instinto en alerta al escanear el pantano, las ruinas, los arbustos y el grueso follaje que había ahogado alguna de las islas. Incluso el dios de la muerte dejó de empujar y se escondió detrás de los hombros de Lorcan. —¿Qué es lo que sientes? Sus labios apenas tenían color. —Silencio. Vida, pero como… silencio. Como si… —¿Cómo si qué? —presionó él. Sus palabras fueron un respiro de estremecimiento. —Como si todas las personas que alguna vez vivieron aquí, hace mucho tiempo, estuvieran atrapadas dentro… como si siguieran… por debajo —señaló una ruina, un domo curveado y roto que había sido probablemente un salón de baile conectado al capitel. Un palacio—. No creo que éste sea un lugar para vivir, Lorcan. Las bestias dentro de esas aguas… no creo que ellos toleren a los intrusos. Ni tampoco los muertos. —¿Es la piedra o la diosa que te cuida la que te dice estas cosas? —Es mi corazón el que murmura una advertencia. Anneith está callada. No creo que ella quiera estar cerca de aquí. No creo que ella nos siga. —¿Fue a Morath pero no viene hasta aquí? —¿Que hay dentro de estos pantanos?—preguntó en su lugar—. ¿Por qué Aelin se dirigió hasta aquí? Esa, parecía, era la cuestión. Ya que si ellos eligieron esto, seguramente la reina y Whitethorn lo sintieron también y solo los conduciría hacia una recompensa o una amenaza. —No lo sé —admitió—. No hay ninguna ciudad o destacamento cerca —aun así, era donde el dios oscuro lo había guiado y donde aún su mano lo empujaba hacía una aventura, incluso si se estremecía. Nada más que ruinas y denso follaje en esas pequeñas islas, o seguridad de lo que sea que moraba

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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