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encontrado una respuesta para la pregunta que le había hecho huir esa mañana en el barco. No, ella no estaba embarazada. Solo habían hablado sobre ese tema en una ocasión, la semana pasada. Cuando ella se apartó de él, jadeando y cubierta de sudor, y él le preguntó si estaba tomando un tónico. Ella simplemente dijo que no. Él se quedó quieto. Y entonces le explicó que si había heredado tanto de la sangre Fae de Mab, muy probablemente había heredado la inclinación de los Fae para concebir. E incluso si el momento era horrible… si ésta era la gran oportunidad de proporcionar a Terrasen un heredero y un futuro… no la desperdiciaría. Sus ojos verdes se volvieron distantes, pero asintió, besando su hombro. Y eso había sido todo. Ella no había reunido el valor para preguntarle si quería tener el bebé. Si quería tener hijos, teniendo en cuenta lo ocurrido con Lyria. Y durante el breve momento antes de que saliera volando de vuelta a la orilla para apagar más llamas, no tuvo el valor de explicar por qué había tenido el valor de tampoco explicarle por qué había vomitado hasta las entrañas esa mañana. Los últimos tres días habían sido una mancha borrosa. Desde el momento en que Fenrys había pronunciado esas palabras, Innombrable es mi precio, todo había sido una mancha de humo y llamas y olas y sol. Pero a medida que el sol se ocultaba el tercer día, Aelin de nuevo alejó esos pensamientos a medida que la embarcación de escolta comenzaba a hacer señales a lo lejos, con su tripulación trabajando frenéticamente para echar el ancla. El sudor resbalaba por su ceja y su garganta estaba prácticamente seca. Pero se olvidó de su sed y del cansancio mientras miraba lo que los hombres de Rolfe habían estado espiando momentos atrás. Una tierra llana y bañada por agua bajo el cielo nublado se extendía hacia el interior a la vista. Hierba mohosa y prados color hueso grisáceo cubrían los baches y agujeros, pequeñas islas de vida sobre las aguas de un gris pálido, cristalino, entre ellos. Y por encima de todo eso, sobresaliendo desde el agua salobre y la tierra jocosa como los restos de un cadáver mal enterrado había ruinas. Inmensas y desmoronadas ruinas, de lo que una vez fue una ciudad increíble ahogada en la llanura. Los Pantanos de Piedra.

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Manon permitió que los humanos y Fae se encontraran con los capitanes de las otras dos naves. Había oído la noticia con bastante rapidez: lo que buscaban se hallaba a un día y medio hacia el interior. Precisamente donde, no lo sabían, ni lo que tardarían en encontrar su localización exacta.

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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