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LA SEMANA SANTA QUE SE FUE

CIEZA EN LA RED www.ciezaenlared.com


Edita: www.ciezaenlared.com Dirección: Tomás Moreno Lozano José María Cámara Salmerón Fotografias: José María Cámara Salmerón © De los textos: Sus autores Cieza, abril de 2021


ÍNDICE Entrevista a Rafael Salmerón Pinar La Semana Santa de las cofradías.......,,,,,José María Cámara Salmerón Todo lo que ocurre tiene un comienzo.....María de los Ángeles Martínez Paso a paso....................................Francisco Salmerón Rios Te adoramos Cristo y te bendecimos que por su santa cruz redimiste al mundo.............................................Manuel Eloy Semitiel El Arte Sacro en Cieza. Crónica de una desesperación.................. José María Cámara Salmerón Aromas a Semana Santa Ciezana.........................Alejo Lucas López Ecos de Martes Santo....................................Antonio Camacho Luz, color, arte y devoción........................Manuel Eloy Semitiel Fe y devoción en las calles de Cieza......................Joqui Quijada Lo ganado....................................Antonio Morales Balsalobre Semana Santa, desde la calle.........................Begoña Ortega Cano Viernes Santo........ciezano..................Bartolomé Marcos Carrillo Sábado Santo Ciezano..............................Mariano Ortiz Sánchez Tenerte sin tenerte. Soñarte mientras casi te tengo.......José María Cámara Salmerón


EDITORIAL El portal digital local tiene previsto publicar durante esta Semana San-

ta más de una docena de artículos, además de una entrevista con el ex presidente de la Junta de Hermandades Pasionarias, Rafael Salmerón Pinar. Hoy se abren las puertas de una nueva Semana Santa. El reloj de la Esquina del Convento debería marcar, como el solo sabe hacer, las diez de la noche de la noche soñada durante 364 días y 12 meses. Las diez de la noche son la llamada inequívoca de que una nueva Semana Santa en Cieza debe comenzar a hacer suya, una por una, las calles de nuestra tierra. La que, por segundo año consecutivo, se quedará sin ser la cera que besa cada palmo del adoquín de las calles, la flor convertida en construcción efímera de una nueva obra de arte, el color vivo en las túnicas de las cofradías ciezanas y sin ese amplio muestrario de arte en el que se convierten, año tras año, las procesiones según Cieza. Nada será lo mismo. La añoramos, la queremos, la necesitamos y la lloramos. No habrá Semana Santa en las calles, pero si en nuestros corazones y en nuestra web. Desde Cieza en la Red queremos tenderos la mano, queremos miraros a los ojos y ayudaros a pasar esta semana llena de recuerdos, añoranza y pena. Queremos ser vuestros confidentes en la oscuridad de la cama, en el descanso en mitad de la naturaleza y en esos momentos previos al partir hacia la Casa de los Santos. Cieza en la Red estará junto a vosotros. Pero nosotros somos vosotros, somos el pueblo que nuestro colaborador, Bartolomé Marcos, ensalzaba en su pregón de la Semana Santa de Cieza del año 2002. Todos somos pueblo y, por esa misma razón, acudimos a él para que en ningún momento os sintáis solos.


Desde Cieza en la Red hemos preparado una programación a la altura de una Semana Santa que te deja sin aliento al instante, que te emociona a lágrima viva y que te resquebraja ante su ausencia. Esta Semana Santa todo el equipo de Cieza en la Red quiere sentarse a tu lado en ese recorrido procesional virtual para que nos des pipas, nos cuentes las veces que has escuchado esa misma marcha procesional, lo pesada que va la procesión, el frio que tienes y el olor a torta de pan dormido que te llega al pasar por las panaderías. Cieza en la Red va a estar junto a ti. Hemos sumado para que sueñes con la Semana Santa que añoras. Nos hemos rodeado de los mejores para no dejarte solo ni un día de esta semana para el recuerdo. A lo largo de toda una semana, cada día, nuestra portada la ocupará la pasión, el amor, el respeto, la ilusión y el recuerdo de unos ciezanos que no han dudado en ponerse a nuestro lado para hablar de lo que más les gusta: La Semana Santa de Cieza. Francisco Salmerón Ríos, Rafael Salmerón Pinar, Manuel Eloy Semitiel, Bartolomé Marcos, Begoña Ortega, María Ángeles Martínez, Mariano Ortiz, Antonio Morales, Joqui Quijada, Antonio Camacho, Alejo Lucas y José María Cámara llenarán nuestras páginas con sus artículos de opinión, su particular visión de las procesiones ciezanas y su forma de sentir la Pasión en Cieza. Esta Semana Santa queremos que Cieza en la Red sea tu casa. Ponte cómodo, ponte una marcha procesional de fondo y vente con nosotros. Queremos ser tu casa esta Semana Santa, ¿te vienes? Te esperamos a partir del Domingo de Ramos. No nos faltes.


Domingo de Ramos, Misa de Palmas


L

" a Semana Santa es una empresa colectiva, en la que es necesario el concurso de todos" Rafael Salmerón Pinar

La Semana Santa del presente lleva la firma de este amante de la na-

turaleza y las lenguas clásicas. Su teléfono es algo así como el teléfono de urgencias, a él acuden todos en momentos de tribulaciones. Rafael es el faro en medio de la tormenta y el puerto al que llegar en la calma. Nuestro entrevistado de hoy es una persona querida y respetada, pregonero de Feria en 2013 y Nazareno del año en 2014 perfecto conocedor del norte de España y amante de la buena gastronomía. Allá por donde va deja un reguero incalculable de amistades que ,todavía hoy, 12 años después, recuerdan a Rafael Salmerón Pinar como el presidente de la Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza. ¿Se está bien en Ítaca? Supongo que tan bien como en cualquier otro sitio donde uno acaba echando el ancla por propia voluntad. Aquí la mar siempre está en calma, en el cielo nunca hay nubes que amenacen tormenta y la brisa llena las estancias sólo de buenos recuerdos; además, Ítaca te brinda la posibilidad de contemplar el horizonte desde una perspectiva diferente, lo que no deja de ser también una experiencia enriquecedora. De cuando en cuando algún bajel arriba a este puerto y me trae nuevas… unas me alegran el corazón, otras lo turban un tanto; eso es inevitable, porque como dice el poema, ‘mi pensamiento todavía es elevado y la emoción sigue embargando mi espíritu y mi cuerpo’. Aquí está, por ahora, mi morada, que sigue, como siempre, abierta a todos, sin hojas en las jambas de sus puertas, y en ella procuro atender y corresponder, aunque sólo sea con mi gratitud, a cuantos a estas costas se acercan.


¿Echa de menos Rafael Salmerón Pinar, en la tarde del Martes Santo, poner un menta poleo para Don Antonio Muñoz y una palomita de Marie Brizard para Don Antonio Salas? Siempre he confesado que ése era uno de los momentos que guardo con especial cariño entre mis vivencias y recuerdos. La sobremesa de Martes Santo no sólo ponía una pausa al quehacer frenético de toda la semana, sino que, para todos los que al cabo de los años se fueron sumando a ella, se convertía en una agradable tertulia en la que, sin reservas, hablábamos de todo lo habido y por haber, siempre con la Semana Santa como telón de fondo, y en la que no cabían otros protagonismos que el que concedíamos a los argumentos y a las palabras, particularmente a los de don Antonio Salas y don Antonio Muñoz. Falleció don Antonio Salas, más adelante se marchó don Antonio Muñoz… a pesar de ello, a mis hijos y a algunos amigos que se habían ido incorporando a ella en los últimos años les ilusionaba que la sobremesa se mantuviera y siguiera siendo, como siempre, un lugar de encuentro en el que hablar, pero sobre todo en el que escuchar, sin mayor pretensión que intercambiar pareceres a propósito de la Semana Santa, de modo que, cuando nuestras vidas recobren una normalidad que lo permita, no te quepa la menor duda de que la sobremesa de Martes Santo volverá a reunirnos en la patio de la callé Empedrá. ¿Después de dieciocho años al frente de la Semana Santa no termina uno hasta las narices de la misma? La Semana Santa es consustancial a mi vida, y no, no he acabado harto; siempre descubro en ella un nuevo aliciente, aunque ese aliciente sea tan simple como el deseo de volver a vivirla una vez más. Y ahora la vivo y participo en ella como uno de tantos cofrades que se pone la túnica y comparte vara con sus hijos o que sale a ver la procesión junto a su mujer. Es una posición y una responsabilidad distinta, pero igual de ilusionante; en ese sentido mi compromiso con la Semana Santa no ha variado. ¿Es Rafael Salmerón Pinar una persona sobresaturada por la Semana Santa de Cieza?


No, porque para evitarlo he procurado, procesiones al margen, ser bastante selectivo a la hora de elegir lo que leo, lo que veo o a lo que asisto, de modo que me quedo con lo que, a mi juicio, destila calidad, aporta singularidad y ofrece un punto de vista novedoso: yo quiero que la Semana Santa me sorprenda y me conmueva en todos y cada uno de sus momentos como si se tratara de la primera vez, y que siendo la misma, parezca siempre distinta. En mi opinión, y debido en buena medida a la proliferación de actos y a las posibilidades casi ilimitadas que ofrecen las redes sociales, la Semana Santa vive hoy día una peligrosa sobreexposición, que se debiera contrarrestar huyendo de la autocomplacencia, y recurriendo a la excelencia y a la originalidad, particularmente en todo aquello que persigue dar a conocer nuestra Semana Santa más allá de nuestras fronteras. Con la perspectiva de los años, ¿cómo valoras tus dieciocho años como presidente de la Junta de Hermandades Pasionarias? Pecaría de falsa modestia si no reconociera que, en ese intervalo de tiempo, la Semana Santa experimentó un notable impulso; y hay, en efecto, muchas cosas de las que me siento orgulloso y satisfecho, pero siempre las recuerdo todas y cada una de ellas como el fruto del trabajo colectivo, no como un mérito personal. Y reitero lo que he dicho en cuantas ocasiones he tenido la oportunidad, que la Semana Santa de Cieza me ha devuelto con creces mucho más de lo que yo haya podido procurarle, lo que más allá de una frase más o menos grandilocuente es una convicción y, por tanto, una afirmación sincera. Tu claro convencimiento de la necesidad de delegar y tener “un segundo grupo de cercanos colaboradores” ¿fueron ambos aspectos clave en tu mandato? La Semana Santa es una empresa colectiva, en la que es necesario el concurso de todos. Yo tuve la suerte de tener extraordinarios compañeros de directiva y de contar también con otro grupo colaboradores de la misma categoría; la labor de unos y otros, cada uno desde su responsabilidad, y la confianza que creo haber depositado en todos ellos fueron decisivas para llevar a buen puerto todos los proyectos que se acometieron. Pertenecer o no a una jun-


directiva no debe entenderse en el ámbito de la Semana Santa como una frontera que establece quién está invitado a trabajar por ella y quién no. ¿Echas de menos estar al frente de la Junta de Hermandades Pasionarias? En caso afirmativo, ¿se ha planteado en alguna ocasión regresar a la presidencia de esta institución? No, no me lo planteo; la continuidad de la Semana Santa y su progresión siempre han estado presididas por la renovación permanente, incluido el relevo generacional. ¿Está la Semana Santa involucionando como colectivo y fiesta? La Semana Santa no, pero es innegable que las cofradías tienen hoy día mayor peso propio y no sé si eso va a llevar aparejado a corto o medio plazo un cambio en la estructura que sustenta a aquélla; sólo puedo decirte que a mí no me gustaría ni que perdiera un ápice de su identidad, ni que, de ser una Semana Santa hecha por todos, acabara convertida en la Semana Santa de cada uno. Por otra parte, como soy de los que creen que hay que hacer de la necesidad virtud, considero que la situación originada por la pandemia nos brinda una oportunidad para reflexionar serenamente sobre la Semana Santa que tenemos hoy día y empezar a trabajar en la que queremos para el mañana. ¿Por qué a la Semana Santa se acerca tanta gente con ganas de notoriedad? ¿No son un problema para el correcto desarrollo de la misma? La Semana Santa siempre ha sido un escaparate en el que se reflejaba el éxito social del individuo, pero otros también han querido ver en ella una oportunidad para medrar socialmente. En el caso de los primeros, las cofradías, y por añadidura la Semana Santa, se han beneficiado la mayor parte de las veces con su presencia; en cuanto a los otros, más pronto que tarde el tiempo acaba dejando sus vergüenzas al descubierto: el que se acerca a la Semana Santa buscando fortuna y gloria, no encuentra sitio en ella, pero es cierto que puede hacer daño.


¿Necesita la Semana Santa de Cieza una inyección económica, en promoción, tal y como ha tenido en estos últimos años FLORACIÓN? La Semana Santa se ha ganado a pulso el derecho a recibir de las instituciones, como poco, los mismos apoyos que el resto de celebraciones o acontecimientos del calendario, aunque solo sea porque su impacto en la economía local es probablemente mayor que ningún otro. Por otra parte, llevamos trabajando mucho tiempo para que las fiestas de Semana Santa tengan su espacio propio, no para que puedan acabar siendo tratadas como el apéndice o el complemento de otras. No creo, por tanto, que a nadie le sorprenda mi decepción al comprobar la clamorosa ausencia de nuestra Semana Santa en esas señales recién instaladas en la autovía para indicar los accesos a Cieza. ¿Por qué tantas prisas por buscar la Declaración de Interés Turístico Internacional? ¿No hay antes que mejorar en muchos aspectos, tanto estructurales como patrimoniales? Para mí la catalogación de la Semana Santa de Cieza como Fiesta de Interés Turístico no fue nunca en sí misma un objetivo, sino una excusa, la razón perfecta para acometer cambios y reformas que contribuyeran a engrandecerla. Con ese mismo argumento, creo que debemos enfocar la Declaración de Interés Turístico Internacional no como una meta, sino como una oportunidad para mejorar y hacer más grande nuestra Semana Santa: siempre queda mucho por hacer; sigamos sembrando hoy, aunque sean otros los que recojan mañana. Imaginemos que Rafael Salmerón es una de esas personas encargadas de decidir si nuestra Semana Santa es Declarada de Interés Turístico Internacional o no, ¿en que se fijaría para otorgarle este reconocimiento? En todo lo bueno y singular que atesoran nuestras procesiones, que es mucho, desde un Prendimiento que no tiene parangón en toda la geografía nacional a una Cortesía con un propio que la diferencia de las que celebran en otros lugares, pasando, sin desdeñar a ninguno de los restantes, por otros momentos como la Procesión del Silencio, que, junto con la más reciente Procesión del Descenso de Cristo a los infiernos, ha sido modelo a seguir en


en otras localidades, o como los tradicionales traslados a ritmo de pasodoble o como la caracola de los Armaos, única en su género; y todo ello sin olvidar el rico patrimonio imaginero y musical que atesoran nuestras cofradías. Actualmente, ¿goza de buena salud la Semana Santa de Cieza? Sin duda, pero, dado que la Historia nos enseña que a toda época de bonanza le sigue otra de escasez, conviene estar siempre preparado para lo que el futuro nos pueda deparar, particularmente ahora que vivimos unas circunstancias tan excepcionales circunstancias y que atravesamos unos tiempos tan complicados. Seamos previsores y anticipémonos al mañana; y no olvidemos alere flammam, alimentar la llama, que es hoy más que nunca una obligación y una necesidad. A tu juicio, ¿qué le sobra y qué le falta a la Semana Santa de Cieza? Le sobraría todo lo que no reúna los requisitos de calidad que una Semana Santa como la nuestra merece y sería bien recibido aquello otro que la pueda seguir enriqueciendo sin desdibujar sus señas identitarias. Pero lo que nuestra Semana Santa necesita, sin duda, es ese trabajo de mantenimiento preciso para conservar intactas su belleza y su esencia frente al paso del tiempo. ¿Cuándo crees que Rafael Salmerón Pinar se volverá a poner la túnica de los Dormis para llevar a la Burrica en la mañana esplendorosa del Domingo de Ramos? Más pronto que tarde todo s volveremos a ceñirnos nuestras túnicas, y ese día nuestra alegría se dejará sentir hasta en el último rincón de


La

Semana Santa de las cofradías José María Cámara Salmerón

Lo cierto y verdad es que esta Semana Santa no pintaba nada bien. Las se-

manas previas el ambiente no andaba muy allá por la Cochera de los Santos. Las tensiones institucionales sembraban de dudas la que, por tiempo y amor propio, debería ser una Semana Santa renovada, ilusionada y perfectamente organizada. Nada más lejos de la realidad. Había más dudas que certezas, más pasos inseguros que seguros. Me atrevería incluso a decir que, algunos, ya estaban deseando que pasara sin siquiera comenzar. Un año parecía tiempo suficiente para aprender de los errores del pasado. 365 días para estar a la altura de una Semana Santa, que, olvidándonos de reconocimientos, no tiene parangón ni comparación con ninguna otra de la Región de Murcia. Ustedes, queridos lectores de Cieza en la Red, se habrán dado cuenta estos días con todas y cada una de las colaboraciones literarias que hemos ido publicando día tras día. Entre tantas sombras y dudas se estaba fraguando una Semana Santa increíble, incomparable y que, de nuevo, ha puesto en valor a las cofradías ciezanas como salvaguardas de esta tradición tan nuestra como es la Semana Santa. Las cofradías, alejadas de todo el ruido exterior y de las batallas de sillones y poder, han conseguido que esta Semana Santa no solo sea recordada como la segunda sin pasos en la calle, sino que también sea recordada por la Semana Santa en la que la inventiva de las cofradías llegó a cotas increíbles hace tan solo un mes, y, quizás, me haya ido muy allá en el tiempo. Las cofradías, salvaguarda de la Semana Santa de Cieza y verdaderas legatarias de una tradición centenaria, han dado el DO de pecho y se han puesto de frente al pueblo de Cieza. Nada de inventar por inventar, nada de hacer por hacer, nada de buscar estridencias y nada de quedarse dormidas. Las cofradías de Cieza han sabido reaccionar ante lo vivido en 2020. El año pasado les pilló el toro, como al mundo en general, pero, sin embargo, este año han ido tejiendo, poco a


poco, un magnífico programa de actos que no nos ha hecho olvidar, ni un solo segundo que, A Cieza ,siempre, se vuelve por su Semana Santa. Las cofradías deben jalonar nuestro futuro como Semana Santa y como entidad; las cofradías deben ser el único centro de la vida cofrade de Cieza. Han demostrado, como vienen haciéndolo siempre que se les ha requerido, que no dudan en esforzarse, sacrificarse y arriesgarse para que ni un solo ciezano se quede sin cofradías cuando así lo deseen. Actos como el Vía Crucis del Lunes Santo, rebosante de Fe, oración, buen gusto y religiosidad popular, las meditaciones sobre el Prendimiento, con ese Nazareno ocupando el crucero de la Basílica, y presentado al pueblo, como lo presentó Poncio Pilato, la Agonía con esa oración de Jueves Santo, sus altares de culto y sus Sonidos del Silencio, los Hijos de María con su Virgen expuesta al culto en San Joaquín casi como si de su palio se tratara, la Verónica montando su altar de cultos a la Amargura, cuidado con Ella, que está creciendo en devoción de manera inaudita, la Magdalena decorando su capilla, San Juan iluminando la Basílica, estrenando autoría de su titular, o la Soledad con la elegancia y señorío con el que han mostrado a su Madre, los Dormis con su oración a la Cama y el cierre del portón o el Santo Cristo, estando junto a su pueblo, han hecho que no nos quepa la menor duda de que ellas deben ser, sin lugar a dudas, las que cojan y determinen la dirección hacía la que debe encaminarse la Semana Santa de Cieza. Todas ellas, junto a la Junta de Hermandades Pasionarias, que también puso su granito de arena al abrir la Casa Museo de la Semana Santa y realizar una meditación sobre el Yacente de Carrillo – erróneamente escogido para este que les escribe y más cuando una cofradía tiene por titular un Yacente- han demostrado que han alcanzado la madurez necesaria para ser ellas las que diriman el futuro de la Semana Santa. Ellas, y únicamente ellas, son las que deben seguir escribiendo los próximos renglones de la celebración, por antonomasia, de Cieza, su Semana Santa. Por otro lado, y para finalizar, destacar el trabajo constante realizado por todas las cofradías para tener presencia en redes sociales. Ha sido la Cuaresma y la Semana Santa de los podcast, las tertulias online, la recuperación de la música procesional. ¡Bendita iniciativa la de San Juan de recuperar sus obras musicales! y la de la Semana Santa en Youtube, pero


desde la institución que nos debe liderar a todos, la Junta de Hermandades Pasionarias, dotándonos de un material audiovisual del que carecía. Y, para los que nos declaramos ‘’desquiciados’’ de la OJE ha sido un regalo impagable el especial de Viernes Santo. ¡Benditas cabezas las que piensan en la Calle del Hoyo! ¡Cuánto necesita Cieza cabezas pensantes e ilusionadas como las vuestras! Y, por supuesto, a las cofradías se les ha sumado la iniciativa privada de REDES COFRADES consolidándose como el proyecto referente para los amantes de la Semana Santa. Ellos deben ser el presente y el futuro de la Semana Santa de Cieza en las redes sociales, sin lugar a dudas. No tenemos que irnos fuera para buscar calidad, la tenemos en Cieza, y de sobra, además, trabajando en conjunto con jóvenes llenos de amor por lo nuestro, como son Alberto Carabias y Rubén Sánchez. Ahora todo ha terminado, pero, sin embargo, el ciclo comienza de nuevo. Ahora comienza la Semana Santa que no se ve, la Semana Santa de las noches frías de otoño en la Casa de los Santos, la de la soledad de los directivos y la de las noches de desvelos. Comienzan los sueños para la que, esperamos, sea la primera Semana Santa en la calle tras la pandemia. Mientras otros duermen, nosotros soñamos. A Cieza por su Semana Santa.


Todo

lo que ocurre tiene un comienzo

María de los Ángeles Martínez Toledo

El

13 de abril de 2019 amaneció sin una sombra de duda en nuestros corazones cofrades: habría procesión. Las Semanas Santas tardías, como bien sabemos, no son de fiar. Se conjuran en la juventud de una primavera ya viviente y se mofan de nuestra confianza en las mañanas radiantes y las noches templadas que nos permitan disfrutar de procesiones, enviando nubes cargadas de agua y vientos grises y traicioneros. Sin embargo, aquel día, no se dio el conjuro. Todo fue tan sencillo y maravilloso como debía serlo. Desde la bendición de las palmas en la Plaza Mayor hasta la entrada festiva en la Casa de Los Dormis, nuestra Burrica discurrió por su Jerusalén ciezana arropada por decenas de túnicas moradas, cientos de túnicas multicolores y miles de ciezanos que, con una precisa liturgia, llenaron las aceras del recorrido de tradición cofrade. La Burrica llegó a nuestra semana Santa la primavera de 1950. Yo no pude asistir a su estreno (¡cómo me habría gustado!); pero ella, fiel compañera, ha asistido a todos los estrenos de mi vida cofrade. Recuerdo verla venir andando con mis siete años y mi vestido de estreno, sujetando una palma de filigrana en la Plaza de España.


Y es que la procesión de La Burrica es la procesión de las primeras veces, de los comienzos, de emprender el camino que nos queda por delante, de una nueva Semana Santa que vuelve a cogernos de la mano y a recostar su cabeza en el hombro de nuestros recuerdos. Y ese camino se recorre con la confianza de que, lo que encontraremos en él, siempre será un regalo. La entrada de Jesús en Jerusalén fue el primer paso de Cristo hacia su muerte y Resurrección. El principio glorioso de un final cargado de esperanza. Por eso, cada nueva Semana Santa es también el comienzo de nuestras primeras vivencias como cofrades. Podríamos hacer una lista interminable: la primera procesión, el primer caramelo que repartimos o el primero que recibimos, el primer encuentro con nuestra cofradía en la Plaza Mayor ¡después de tanto tiempo!, la primera vez que buscamos a alguien en las filas o en las aceras y no lo encontramos, por mucho que imaginemos su cara y recordemos sus gestos, la primera vez que nos pusimos la túnica infantil, o que se la ponemos a nuestros hijos; y ojalá sea también la primera vez que, si Dios quiere, se la pondremos a nuestros nietos. Es un día de estreno, de comienzo desbordante de ilusión, de ganas de disfrutar todo lo que aún está por venir, de recorrer juntos el camino que hará que cada Semana Santa sea diferente, mientras transmitimos el legado de las tradiciones y las hacemos parte indispensable de nuestras vidas. Es mañana de planes de un futuro, tan cercano, que ya llega con el primer redoble de tambor que retumba en nuestro corazón cofrade.  Hoy es 28 de marzo de 2021; y también será un año de primeras veces. El entrañable paso del maestro Carrillo será testigo de los caprichos del destino, viendo procesionar caras incrédulas llenas de fe y sobrepasadas por las circunstancias por la puerta de Los Dormis. Hoy no habrá una nube de palmas para recibirla en el paseo, no habrá un gentío cargado de promesas y recuerdos, de brisas y abrazos cofrades mientras, triunfal, se asoma al Paseo coronada de repiques de campana imponiendo el paso Dormi a sus anderos! La Burrica no esperará yor, pero, su presencia los Dormis. En estos cos abrazos, de tristes

la bendición de las palmas en la Plaza Mase hace más viva que nunca en la casa de años de incertidumbre, de miedo, de podespedidas, de túnicas sin túnicos y músi-


ca sin músicos, el Señor de la Burrica sigue mirando hacia delante, bendiciéndonos con su mano, animándonos a comenzar, con decisión y alegría, este camino que nos ha tocado. Un camino como nuestro Paseo cada Domingo de Ramos: lleno de palmas, colores, luces y sombras, pero en el que nunca estamos solos. En nuestra esperanza más compartida todos anhelamos, llenos de impaciencia, que las cosas sean de otro modo, con más abrazos, más procesiones y más sueños cofrades cumplidos; pero, sea como sea la Semana Santa que viene, todo empezará como ha sido siempre: con La Burrica llenando nuestras vidas de primeras veces. El camino y su final serán otro día. Hoy es Domingo de Ramos y todo comienza.


Domingo de Ramos, visita institucional a las cofradías tras la Misa de Palma


Paso

a paso Francisco Salmerón Rios

Cada

año, la llegada del equinoccio de primavera despierta en el pueblo de Cieza la ilusión de un adolescente en su primera cita. Identificada con el resurgir de la naturaleza y, metafóricamente, vinculada a la renovación de la vida, la estación mas bella del año resuena en Cieza en las marchas y pasodobles de los maestros León, Gómez Villa y García Alcázar, entre muchos otros; huele a alhelí y azahar, sabe a pan dormido; es visible en el maremágnum de colores que representan a las cofradías ciezanas; y se hace patente de la mano del pueblo de Cieza. Y es que se puede afirmar con orgullo de ciezano que la Semana Santa de Cieza es la más ciezana de todas las semanas. Una Semana Santa tangible gracias a la iniciativa de ciezanos, ideada, creada y dignificada por ciezanos, y conservada con cariño a lo largo del tiempo por las cofradías de la Semana Santa ciezana y su Junta de Hermandades. La que podría considerarse como la más popular y arraigada de las tradiciones ciezanas, además de su contenido religioso y místico, de la calidad artística y monumental de sus tallas, de sus pasos, de su valor cultural y de su fuerza como tradición popular, es también una de las más poderosas señas de identidad de los ciezanos. Y creo que se puede decir sin rubor alguno que es la semana del año en la que los ciezanos sienten mayor orgullo de pertenencia a una cofradía y en la que sacan a la calle con cariño, dedicación y devoción sus pasos y sus imágenes, sus señas de identidad, dando al mundo una lección de cómo una antigua y religiosa tradición se puede convertir, y de hecho se convierte, en un emocionante y espectacular fenómeno cultural y, en consecuencia, de un enorme valor turístico. La Semana Santa ciezana es, sin paliativos, la crónica del éxito de todo un pueblo.


Nuestra Semana Santa es el resultado de un proceso histórico que alcanza en nuestros días una dimensión tal que la sitúa a la cabeza de los rasgos que configuran la identidad de Cieza y constituye, sin lugar a dudas, el acontecimiento anual más relevante que celebra nuestra ciudad. Los ciezanos somos plenamente conscientes de la importancia de nuestra Semana Santa en sus distintos ámbitos: religioso, cultural, social, folclórico, turístico, económico... Una Semana Santa que supera las fronteras locales y regionales para convertirse en un evento que ha merecido la Declaración de Interés Turístico Nacional. Sin embargo, en un acto de humildad y progreso, también debemos dejar un hueco para la autocrítica desde el propio seno de la Semana Santa. No podemos comenzar la casa por el tejado; todavía queda mucho por construir. No podemos ir en busca de una Declaración de Interés Turístico Internacional sin haber conseguido una previa consolidación y consiguiente explotación de la DITN, Declaración de Interés Turístico Nacional; no hemos entendido todavía que no se trata de obtener un título por el título en sí, sino de una vía para la mejora de nuestros desfiles procesionales y de todo lo que éstos llevan aparejado. Todavía nos queda por entender que hay que mantener viva una tradición secular, acomodándola con acierto a la evolución de las costumbres. Todavía nos queda por comprender que la Junta de Hermandades es el máximo órgano de gobierno de la Semana Santa ciezana, pero que no es nada sin el apoyo y el buen entendimiento de sus cofradías. Todavía nos queda por reconocer que el pueblo es parte fundamental de la Semana de Pasión, desde el primero hasta el último de sus ciudadanos, puesto que sin ellos tampoco seríamos nada. Todavía nos queda por aprender que, si queremos dar a conocer la Semana Santa de Cieza en el exterior, debemos servirnos de manera adecuada de herramientas actuales como las redes sociales (que para eso están), mostrando el singular e inmenso patrimonio gráfico que poseemos (una película, Pasión en Cieza; una exposición fotográfica única, Lux Fidei; un patrimonio musical inigualable en el Sureste de la Península, varios discos de marchas autóctonas; múltiples publicaciones de la Junta de Hermandades y sus cofradías; y otras muchas que podría seguir enumerando). Aún queda por entender, por parte de las instituciones locales, que se debe trabajar en total consonancia junto a la Junta de


Hermandades y sus cofradías; y otras muchas que podría seguir enumerando). Aún queda por entender, por parte de las instituciones locales, que se debe trabajar en total consonancia junto a la Junta de Hermandades en pro de la Semana Santa y, por consiguiente, de nuestro pueblo. Sigue siendo necesario inculcar en los cofrades la necesidad de sentirse y ser cofrade durante todo el año, y no solo a la hora de procesionar. Queda aún mucho por pulir en la puesta en escena de nuestros desfiles procesionales, y mucho que hacer también para mejorar el patrimonio que no esté en consonancia con la excelencia de una Semana Santa que aspira a darse a conocer y ser admirada en todo el mundo. Y deberíamos comenzar a comprender, de una vez por todas, que, para el desarrollo y progresión de la Semana Santa, hay que dejar a un lado los egos, y apostar por un futuro de unión y cohesión, como el que inspiró la fundación de la Junta de Hermandades hace ya más de un siglo. Y no, “no es suficiente que unas cuantas cofradías lo hagan bien porque basta con que una lo haga mal para que el trabajo de las restantes resulte baldío”. Hay que tener muy presente que la Semana Santa consiste en una relación simbiótica entre las cofradías, la Junta de Hermandades, el gobierno local y el pueblo. Aún queda mucho por construir y cuanto antes nos pongamos manos a la obra, dejando a un lado el cinismo de aplaudir este discurso y seguir actuando como si nada, mejor. No creo equivocarme al afirmar que la Semana Santa ha supuesto un lugar de encuentro, en el que hemos conocido a muchas de las personas que hoy forman parte de nuestras vidas, y ése es, quizás, el logro más grande del que cualquier cofrade puede presumir. Pero es preciso también no olvidar a todos aquellos a los que conocimos gracias a ella y que ya no están aquí; por ello, no quiero dejar de dedicar unas palabras a la memoria de quien, con un espíritu repleto de entusiasmo y bondad, compartió conmigo instantes y vivencias que siempre permanecerán presentes en mi corazón, desde que, intentando emular a los mayores, comenzamos a compartir un mismo sentimiento cofrade, hasta aquel año en el que pudo cargar sobre sus hombros a su querido Cristo de la Sangre; en todo ese tiempo Pepe Paco me demostró que hay dos valores en la Semana Santa que son como el corazón y los pulmones, no se puede vivir sin ellos: la unión y la tradición.


“Apremiada y arropada por el amor cofrade llega la Semana Santa, tan efímera y fugaz que se convertirá en pasado cuando todavía no haya sido presente”. Época de reencuentro con los seres queridos, de comunión y fraternidad con el prójimo. Ambiente idílico que impregna las calles de Cieza de amistad y devoción cuando el invierno da paso a días más cálidos. Y así, anhelando el final de esta funesta pandemia, y deseando una pronta vuelta a la normalidad para que podamos disfrutar de nuestra semana grande como se merece, termino con una cita de Oliver Wendell a modo de reflexión final: “Creo que una cosa importante en el mundo es no tanto dónde estamos sino en qué dirección vamos”.


Te adoramos Cristo y te bendecimos que

por su santa cruz redimiste al mundo Manuel Eloy Semitiel

El rezo del Vía - Crucis en Cieza va unido a la existencia y presencia de

la Ermita del Calvario a extramuros de la Villa de Cieza, en el cabezo de las Horcas, con la imagen del Santo Cristo del Calvario como foco, reclamo y devoción para esta piadosa oración de cuaresma y semana santa compuesta por catorce estaciones donde se medita a cerca de la pasión de Cristo desde el momento de su prendimiento en Getsamaní hasta su muerte en el Calvario. En Cieza se tiene constancia de esta práctica religiosa y a la vez procesional desde el siglo XVII, siendo los frailes del Convento de San Joaquín (franciscanos) los encargados de guiar dicho rezo durante toda su presencia en nuestra ciudad hasta por lo menos el año 1.836, cuando dejaron el convento que durante siglos los cobijó en nuestra Villa. Después de esta fecha, serían los propios sacerdotes ubicados en Cieza, o los mismos capellanes del eremitorio del cabezo de las Horcas, los encargados de dirigir este rezo procesional en torno al Cristo del Calvario, (hoy nuestro Santísimo Cristo del Consuelo). Los distintos capellanes de su ermita como el Rvdo. D. Pedro Marín Martínez, gran devoto del Cristo junto a la gran muchedumbre de fieles ciezanos, recorrían las pequeñas ermitas con las catorce estaciones del Vía-Crucis saliendo o bajando a Cieza desde el cabezo de las Horcas hasta Cieza y su parroquial. En el año 1.897, el periódico local La Voz de Cieza nos dirá: “En la madrugada del viernes a la una, se baja procesionalmente de su ermita extramuros la venerada imagen del Santo Cristo del Consuelo, con una muchedumbre del pueblo, penitentes con cruces y cirios y rezando el vía-crucis”. El Cristo del Consuelo (antes del Calvario), desde el siglo XVII fue el crucificado protagonista de los rezos del Vía-Crucis hasta el siglo XIX, y se procesionaba con este rezo de madrugada


el Jueves al Viernes Santo, decayendo en este siglo XIX con la aparición de nuevas procesiones y modos de vivir la semana santa en Cieza. Sabemos por las fuentes escritas que en 1.901 se realiza todavía esta procesión y rezo del Vía-Crucis la madrugada del Viernes Santo ciezano, ya que se bajaba al Santísimo Cristo del Consuelo desde su ermita con devoción, rezo de las catorce estaciones del Vía-Crucis por el recorrido procesional y uso de blandones de cera para su alumbrado que portaba la muchedumbre que lo acompañaba, así como en sus andas, iluminando la bendita imagen del Señor. En el año 1.943, el Santo Cristo era bajado al pueblo a las 23 horas del Martes Santo desde su eremitorio, acompañado por una multitud de ciezanos portando cera, con gran devoción y respeto, siendo la última vez que se trajo de este modo desde su ermita desde el siglo XVII. Ya en el pasado siglo XX y en la década de los ochenta, la Junta de Hermandades Pasionarias procesionaba los viernes de cuaresma de todos los años con la imagen del Cristo de Medinaceli, obra de Francisco Palma Burgos, que recibe culto en el Convento de San Joaquín, y desde aquella década y ahora por su cofradía no ha dejado de faltar a su cita todos los viernes de cuaresma en Cieza con el rezo del Vía-Crucis por las calles de nuestra ciudad, arropado por los muchos devotos que tiene y lo acompañan. Pero el Lunes Santo ciezano estaba sin procesión alguna hasta hace tan solo muy pocos años. Solamente el traslado hasta su Casa de Hermandad de la imagen de Nª.Sª.de Gracia y Esperanza llenaba la tarde noche de este lunes en Cieza, no había nada más. Llegado el año 2001, Cieza verá como se completan los desfiles procesionales y se llena la noche del Lunes Santo con el Vía Crucis procesional del Stmo. Cristo de la Sangre, obra en madera de cedro real realizado por el escultor sevillano, recientemente fallecido D. Luis Álvarez Duarte, que bajo los auspicios de la Hermandad de Santa María Magdalena ha sabido calar en los ciezanos de tal manera y desde aquel año de una manera especial. Sobre un soberbio trono obra de Antonio Ibáñez Vallés, el SEÑOR DE LA SANGRE va sobre un monte cuajado unos años de rosas rojas y otros de


lirios morados, un bellísimo angelito recoge con su cáliz la sangre que cae del cuerpo ensangrentado del crucificado, recorre las calles de Cieza rezando el Vía-Crucis en una solemne procesión, por el itinerario tradicional. Cada estación a rezar la marca una cruz puesta en la pared para que las andas del Señor se detengan y bajo un silencio unánime se rezan, se meditan y se reflexiona sobre la pasión de Cristo, su camino hacia el Gólgota y su muerte en cruz. Abre el cortejo procesional un grupo de tambores sordos, “tocando a reo”, que anteceden a las dos filas de nazarenos y alumbrantes con cruz guía y ciriales de bello repojado. Los hermanos de la Magdalena llevan su tradicional túnica de color azul y esta noche tanto alumbrantes como anderos llevan el ciezano “gorro de verdugo” de color rojo, el paso solemne del crucificado es acentuado por las marchas procesionales de la banda de música que lo acompaña, al final....., un gentío de ciezanos acompañando al SEÑOR DEL LUNES SANTO CIEZANO, en silencio, con devoción. La imagen del Cristo entra a la Plaza Mayor en su recogida asomando por la Calle de la Hoz, calle estrecha, angosta y se adentra a la plaza donde lo espera una multitud de ciezanos para ver su entrada a la Basílica de Santa María de la Asunción y de la O, donde la imagen del Señor de la Sangre tiene su hermosa capilla, recibiendo culto todo el año, esperando el tradicional tríduo en vísperas de la Semana Santa ciezana. Una procesión que ha sabido calar dentro de los corazones ciezanos y desde estas líneas quiero recordar a mi gran amiga, vecina, semanasantera desde que nació, compañera de retransmisiones televisivas con tele Red Cieza durante más de veintiséis años, donde ella y yo retransmitíamos a todos los ciezanos las procesiones día tras día, año tras año, me refiero a Ana María Ruíz Lucas, gran devota del SEÑOR DE LA SANGRE, luchadora hasta el final, valiente, seguro que desde el Cielo verá a su Cristo todos los Lunes Santos de la eterna semana santa, la que no acaba nunca, la verdadera, y sabrá desde el Cielo lo mucho que la echamos de menos. La Semana Santa jamás le premiará por la gran labor que hizo, como tampoco premiará a los que callada, altruistamente, con esfuerzo nos han transmitido lo que tene-


mos ahora. Una gran Semana Santa, llena de fe, de arte, de todo un pueblo que ama, vive y espera con ganas y con ansias a su añorada Semana Mayor.


El

arte sacro en Cieza. Crónica de una desesperación José María Cámara Salmerón ‘’Si solo viviera de Semana Santa, nada más, ya hubiera tenido que cerrar’’, esta afirmación resume perfectamente el momento, crítico, en el que se encuentra el sector del arte sacro. Un sector que sostiene, artísticamente, algo tan valioso y rico como es la Semana Santa de Cieza. Desde que se decretó el confinamiento de España, el 14 de marzo, los artistas dedicados a la Semana Santa están heridos de muerte. Nuestra localidad puede presumir de ser una de las pocas, por no decir la única, en la que te puedes montar una cofradía, solo, y exclusivamente, gracias a los talleres ciezanos. Hoy, en 2021, es posible encontrar en nuestra localidad orfebres, tronistas, imagineros y floristas que reparten su trabajo por muchas de las poblaciones de la Región de Murcia, e incluso fuera de ella. Estos talleres se pararon en seco con el estallido de esta situación pandémica e, incluso, sus cuentas bancarias se vieron, y se siguen viendo, duramente golpeadas. Así, su volumen de trabajo se ha visto reducido al 90%, tanto Enrique Morcillo, gerente junto a su mujer de ARTEFLOR y José Penalva, gerente junto a su hermano del taller de Orfebrería ‘’Sucesores de Francisco Penalva coinciden: ’’El 95% de trabajo del taller corresponde a trabajos de Semana Santa’’; ‘’Este año solo voy a realizar el 10% del to-

tal de pedidos de flor que, en condiciones normales, realizaría durante la Semana Santa’’. Como vemos, la Semana Santa supone una gran parte de

sus ingresos anuales lo que, si no fuera por otros activos, estos talleres estarían abocados al cierre de manera indefinida. El Gobierno Regional, en estos momentos de pandemia, no ha destinado ayudas a este importante sector regional. En comparación con Andalucía, donde la Semana Santa es uno de los principales activos culturales y económicos, los artesanos murcianos tienen que sobrevivir sin apenas ayuda, por el contrario de los andaluces, los cuales, desde el gobierno regional de Juanma Moreno, han


llegado a recibir ayudas por valor de 1,5 millones de euros a través de de la concesión de subvenciones, en régimen de concurrencia competitiva, para la conservación-restauración e inventario de bienes muebles del patrimonio histórico de carácter religioso en Andalucía. Una ayuda que, ni por asomo, han recibido los trabajadores del arte sacro en la Región de Murcia; una región que cuenta con cuatro semanas internacionales. Así, el futuro se les augura complicado. Bonifacio Pérez de Yébenes, restaurador y tronista afirma: ‘’ Se dan muchos presupuestos, pero casi ningu-

no cuaja (…) me han anulado encargos previamente cerrados bien por falta de interés o por escasez económica’’. Por otro lado, José Penalva y

Francisco Penalva, orfebres citados anteriormente, coinciden en que los particulares están siendo su salvoconducto puesto que: ‘’ hasta octubre no recibí ningún encargo nuevo’’, ellos coinciden, al igual que Bonifacio, en la importancia que en estos momentos adquieren los trabajos para particulares: ‘’En estos momentos me encuentro restaurando muebles u

otros objetos que, debido al trabajo habitual, no he podido realizar durante otros años. Gracias a eso tengo trabajo para tirar hacia adelante’’.

Por otro lado, sectores como el de la flor están viendo que, ante la no realización de las procesiones, la plantación de variedades de flor se ha visto muy mermada lo que, en palabras de Enrique Morcillo, de ARTEFLOR: ‘’Ha su-

puesto un encarecimiento de hasta dos y tres euros en flores, como la margarita, que en otros años tenía un precio bastante bueno para el mercado’’.

Sin embargo, entre tantas dificultades, parece que los imagineros si ven la luz dentro de tanta oscuridad. Antonio Jesús Yuste Navarro, uno de los escultores más importantes de la Escuela Murciana de imaginería, señala: ‘’Durante el confinamiento cerré el encargo de una ima-

gen que, por el momento no puedo desvelar, y durante esta pandemia he cerrado otro encargo, en este caso una Entrada de Jesús en Jerusalén para Bullas (…) constantemente recibo solicitudes de presupuesto para futuras obras’’. Además, Yuste Navarro, destaca que el tener el ta-

ller en casa le ha permitido trabajar de manera más intensa durante el confinamiento, suponiendo un auténtico espaldarazo para los proyectos que en estos momentos lleva en liza, entre los que destaca el Santo Entierro para la Cofradía de la Samaritana de nuestra localidad.


‘’Esta situación es una Cuaresma prolongada’’, señala Yuste Navarro, una Cuaresma prolongada que está ahogando a unos creadores que sustentan su vida alrededor de una semana, una semana que supone para muchos la vida, tanto emocional como económicamente hablando. Ojalá que esta situación pase pronto y estos poetas de la creación vuelvan a engrandecer la Semana Santa de Cieza y llenar las calles de arte. Para ello también es necesario el apoyo de las instituciones gubernamentales. Necesitan de su ayuda y de la nuestra. De todos depende que en la próxima Semana Santa sus imágenes, flores, tronos y flores estén inundando de Pasión en Cieza las calles de nuestra localidad. Desde Cieza en la Red queremos agradecer a Bonifacio Pérez de Yébenes, Enrique Morcillo, María José Carrillo, José Penalva, Francisco Penalva y Antonio Jesús Yuste Navarro que se prestaran a colaborar con nosotros a través de su aporte de datos.


Aromas

a Semana Santa Ciezana Alejo Lucas

López

Abro la puerta, traspaso el umbral y todo me es familiar, como si nada

hubiera cambiado salvo por la imagen que me devuelve el espejo del pasillo, en la que veo a un señor de pelo gris en el que no me reconozco.

Una marcha de procesión suena en el aparato de música del salón. Ésta es la única banda sonora de la casa de mis padres en estos días y otros muchos más al cabo del año. El primer olor que detecto es como el de pintura, de plástico nuevo, de colores satinados sobre las brillantes páginas de El Anda. La revista está abierta sobre un pequeño atril, y muestra alegres estampas de calles llenas de gente (¡ay!) siguiendo los pasos en La Cortesía de Domingo de Resurrección. -¡Alejico! Me giro como si me llamaran, pero no es a mí, ya no soy yo ese Alejico, es otro mucho más joven que, junto con su hermana, llena de ilusión a sus abuelos. Aparto unas prendas del respaldo de un sillón y me siento. No me he dado cuenta, pero son las túnicas. Negras. De la Agonía. Mi padre ya las ha recogido. Mi madre ya las ha preparado. Me inclino para tocar su terciopelo. El suave roce desprende un sutil aroma a naftalina, a esmerado encierro de todo un año para ahora florecer como la rama joven de un melocotonero. Mi madre avanza hacia nosotros con una bandeja y se desborda la alegría de los presentes. Para mí, secretamente, también. Ansiaba ese tesoro que viene envuelto en ruidoso papel. Cuando lo abre parece que el salón se ilumina con su aroma.


Vuelo. Viajo. Rememoro. Me traslado con los ojos cerrados. Mi patria es mi infancia, aquella época en la que tenía que alzar la mano para coger la de mi padre. En ella, me suelo trastabillar al pisarme la túnica mientras persigo a mi padre camino de la Casa-Museo de los Santos… ¡Ah!, era cuando la mayoría la llamaban la cochera, y la dirigía con rectitud Miguel el Patillas y su ronca voz. –¡Niño! Eso no se toca… se te puede caer y hacerte daño. Me veo a mí mismo paseando por su vasto espacio lleno de tronos, mirando la tremenda agitación de personas y movimientos, empujando carros, colocando varas, adornando con flores, humedeciendo esponjas para insertar en ellas las ramas y plantas más grandes… un frenesí aparentemente caótico, pero en verdad muy compartimentado. Sobre todo se olía a flor, flor de todos los tipos, colores y tamaños, a la humedad de los cubos con agua, a frescor de los tallos que hacen horas aún estaban plantados en la tierra. Flor. F-L-O-R. –¡A la de tres! Una, dos y ¡tres! Media docena de personas colocan una figura en un trono. La han movido coordinadamente y con mimo. Y me recuerdan a la primera vez que ayudé a colocar a la Santísima Virgen de La Piedad en su anda. Por aquel entonces ya era uno mozo tirando a carlanco (lo que se dice un estudiante de Secundaria). Con extremo cuidado sobre dónde pisábamos, los más ágiles trepamos al trono. Lo hacíamos para ayudar a pasar la gran pieza sacada de la gubia de José Capuz. Debía encajar en el punto exacto del trono para anclarla y que procesionase el Viernes Santo noche. Era toda una proeza para mí. Hace falta confiar en los que, sobre el trono y a pulso, reciben la gran figura triangular de la Piedad, la que más pesa de entre las nuestras, trasladada en el aire desde su lugar en la capilla hasta el trono. Al acabar, noté algo… un olor dulzón en mis manos, un olor poderoso, agradable y elegante, casi sensual… era olor a madera, la de La Piedad, un perfume a madera como yo jamás creí que la ma-


dera pudiera oler. Una esencia que se te pegaba a la piel de las manos durante horas. Imaginaba a ese sutil pero fuerte aroma es a lo que olería el escultor y su taller: que ése era el perfume de la creación. Muchos sia de

minutos después de abandonar la Asunción, aún mis manos olían

a

la

Iglemadera.

–Acerca una silla para los críos, me dice mi padre en casa. Todo está preparado en la mesa. Por cierto, que no hay que demorarse mucho, que enseguida hay que ir a ver la Virgen de Gracia y Esperanza a la que con tanto cariño llevan sus hijos, los Hijos de María. ¡Ah! ¡Qué bonito recuerdo! El de aquel atardecer en el que tuve el honor de acompañarla invitado por su Hermandad. Y luego, rápido, fui a cambiarme pronto para salir con su Hijo carnal en la Agonía y en el más absoluto Silencio. Claro, en mi patria siempre es Jueves Santo. Es mi día preferido. Con todo iniciado, con todo por hacer, con todo disfrutándose. Es una jornada plena de actividad de trajines, de reflexión y oración, de labores y prisas ya desde bien pronto. La mañana concluye alrededor de una mesa, entre hermanos cofrades, presididos por el salado perfume de un capellán a la brasa desmigajado sobre un tomate partío (y olivicas del pueblo). ¡Un momento! Busco con la mirada algo en el salón de casa. Apoyado contra un retrato lo encuentro. El cirio de aquella salida de Jueves Santo. Bueno más bien el tocón que queda. Un cirio del que, durante horas, prendió la llama que derritió la cera, cera derretida que llenó el recorrido de la carrera, cera salpicada como lágrimas, cera que perfuma a grasos aceites las calles de la marcha. El que sí soltaba humo y esencia era el incienso, que para eso está, incienso que huele a día grande, a liturgia grave y solemne. Sonrío.


Sonrío al recordar cuando, siendo monaguillo de don Antonio Salas en San Juan Bosco, jugaba con el incensario. Para que el carbón ardiera bien, una vez prendido en uno de lados e introducido en el incensario, lo girábamos describiendo por completo una circunferencia a una velocidad casi sacrílega. Entonces el carbón se hace ascua encendida y la enterrábamos en el incienso guardado en la naveta. Y a bendecir, y a perfumar. Los oficios pascuales son cosa seria. –Podéis empezar, –anuncia mi madre. Y cogemos, por fin, un trocito. Un trozo de torta de pan dormido. Es la merienda por antonomasia en estos días. Mis hijos lo festejan con hurras. Mis padres se solazan con su contemplación y mi hermana ríe con la estampa. Pero yo olfateo la porción de torta, dulce, tierna, casi eucarística, hogareña, inmutable al paso del tiempo, un aroma que es un placer más de estas fechas, que es el socorrido bocado en estas jornadas de Pasión y de quehaceres, que llevamos en nuestros genes. Inspiro su aroma, y su delicadeza me recuerda a la infancia, que es mi patria con sabor a torta de pan dormido. Muerdo la torta. Y despierto. Despierto y me ubico. Es primavera, pero no hay procesiones. Me asomo a la ventana. Una mujer pasa con su hijo de la mano. Llevan palmas. Usan mascarillas. Me pregunto cómo se sobrevivirá y se recordarán estos años tan difíciles. Es casi imposible, por ejemplo, percibir así los aromas de Semana Santa. Rememoro aquellos versos que Borges pusiera en boca de Jesucristo: A veces pienso con nostalgia en el olor de esa carpintería.


Meditación sobre El Prendimiento Martes Santo


Ecos

de Martes Santo Antonio Camacho

En

lo alto del campanario de la Basílica de la Asunción comienzan a sonar las campanas que marcan las nueve de la noche, y, sin embargo, la Plaza Mayor de nuestra Cieza rebosa silencio y tranquilidad. Qué extraño se nos hace verla así en un día como el de hoy. Parado frente al portón de la Basílica, llegan a mis oídos esos Ecos de Martes Santos pasados. El redoblar de los tambores del Tercio Romano, nuestros queridos “Armaos”, callejeando por las calles de Cieza desde media tarde en busca del Redentor. Los acordes de la pieza que Antonio Salmerón compusiera para tan emblemático momento de la ciezana Semana Santa que atrae a curiosos y extraños hasta el corazón del pueblo; un pueblo que espera ansioso el oscurecer del añejo enclave para asistir, como cada año, al relato de El Prendimiento ciezano. Muchos años han pasado desde que en Cieza comenzará a realizarse, y escenificarse, tan importante acontecimiento de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Desde el lejano siglo XVIII se ha mantenido vivo el dialogo que, extraído del Evangelio de San Juan, da cohesión y sentido al que hoy en día es uno de los momentos más importantes de la Semana de Pasión en la Perla del Segura. Los Armaos cruzan la plaza, ya casi a oscuras, en su búsqueda del improvisado Huerto de los Olivos, aunque todavía es pronto para que lo encuentren. Los tambores comienzan a ser un lejano eco que se pierde por la Calle del Cid, el cornetín realiza el toque de atención bajo el pórtico del Templo y la Plaza Mayor enmudece.

“¡Oíd! ¡Oíd Todos! ¡Escuchad! ... ¡Pueblo de Cieza, acude al Prendimiento! ... ¡Venid todos al Prendimiento del Nazareno!”. Resuenan las voces de los narradores en toda la plaza. “¡Es la Convocatoria! … ¡Se nos convoca para el prendimiento de Jesús! … ¡Venid


todos!

¡Se

ha

convocado

a

todo

el

pueblo!”.

Por un breve instante, el silencio vuelve a reinar. Las melodías del Bach comienzan a sonar y, en la penumbra, desde la Calle Cartas el paso de La Santa Cena hace su entrada en la plaza. La Cofradía de Nuestra Señora de García y Esperanza, los Hijos de María, nos relatan el momento de la última cena de Jesús desde que, en 1981, el multitudinario paso, confeccionado por Antonio García Mengual, llegará a Cieza para completar la noche de Martes Santo. Las luces iluminan ahora al paso, instantes antes de que Jesús, en la voz del sacerdote, anuncie la traición: “En verdad os digo que uno de vosotros me entregará”. “¿Soy acaso yo, Rabí?” pregunta Judas. “Tú lo has dicho” responde Jesús. De nuevo la música coral comienza a sonar, y la Cena empieza, sin prisa, a abandonar la Plaza Mayor al ritmo de un tambor sordo para dar paso al siguiente momento del relato. Instantes antes que un nuevo paso ocupe su lugar en el acto, Jesús realiza las, quizás, más tristes predicciones:

“A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora … Todos os escandalizaréis de mí”. Pero Pedro irrumpe “Aunque todos se escandalicen de ti, yo, jamás me escandalizaré”. “En verdad te digo que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces” responde Jesús. La oscuridad vuelve a reinar, La Oración del Huerto comienza su incursión en la plaza, en la que, a pesar de la acusada penumbra, todas las miradas se fijan en el vaivén de la olivera que culmina el grupo. El flamante paso de la Cofradía de “Los Dormis”, protagoniza la siguiente escena, mientras la imagen del Señor, orante y temeroso, roba las miradas de cuantos allí se encuentran. Viva imagen de la obra del insigne escultor Salzillo que Sánchez Lozano supo copiar con maestría para la Semana Santa ciezana. “Abba, Padre, todo te es posible, ale-

ja de mí este cáliz, mas no se haga mi voluntad, sino la que tú quieres”.

El siguiente paso en tomar parte en el acto, no es otro que El Prendimiento, aunque más popularmente conocido como “El Beso de Judas”. Se fragua la traición, y treinta monedas de plata marcan el devenir del Redentor.

“¡Vamos a prender a ese Jesús el nazareno! … ¡Vayamos todos juntos! …


¡Judas, tu delante, que lo conoces!”. Pero Judas les había dado una señal: “A quien yo besare, ese es, prendedle y llevadlo a buen recaudo”. “Con un beso entregas al hijo del hombre” dice Jesús al recibir el beso de la traición. Entonces, el paso que José Lozano Roca talló con la más viva imagen de Salzillo, abandona la plaza, y la corneta vuelve a realizar el toque de atención. Las miradas ahora se centran en el sacerdote, llega uno de los momentos claves del acto. El predicador se deja llevar por su fe en Cristo y transmite a todos los asistentes lo que emana de su interior. Es el Sermón del Prendimiento. Son palabras que siempre calan en el interior de quien las escucha, palabras que te invitan a la reflexión y a valorar más tú fe en Cristo. La voz del sacerdote se apaga, el público aplaude y, de nuevo, la corneta irrumpe en escena. Da el toque de órdenes, y comienzan a sonar. Los tambores irrumpen a paso ordinario desde la estrechez de la Calle de la Hoz, el Tercio Romano comienza a invadir la plaza al son de su música, por fin han encontrado el Huerto de los Olivos ciezano. A oscuras, apenas iluminados por las antorchas que porta la primera de sus escuadras, avanzan con paso desafiante hasta el pórtico del templo donde, tranquilo y compasivo, los espera Jesús tras las puertas. Ha llegado el momento cumbre, las luces iluminan la plaza y Jesús se adelanta de nuevo, para preguntar “¿A quién buscáis?”. “¡A Jesús el Nazareno!” responde acto seguido el capitán del tercio. “¡Yo soy!” afirma el sacerdote por Jesús, y el cabo de tambores comienza a redoblar. Las luces se apagan, las puertas se abren en un abrir y cerrar de ojos, y de la oscuridad aparece, iluminado sobre su trono, Jesús Nazareno, quien avanza levemente hasta colocarse justo bajo el arco del portón de la iglesia. El tambor deja de redoblar y el Tercio cae rendido de rodillas ante la imagen del Nazareno. El Tercio vuelve en pie y el dialogo se repite “¿A quién buscáis? … ¡A Jesús el Nazareno!” a lo que ahora añade Jesús “Ya os he dicho que soy yo”. El tambor redobla de nuevo, y el tercio vuelve a tocar el suelo con la rodilla. “¿Para qué lo queréis? … ¡Para prenderlo! … ¡Aquí me tenéis! Haced de mí lo que queráis”. Tras el último dialogo ente Jesús y el capitán, los tambores comienzan a sonar de nuevo, ahora sin descanso. Las tropas se preparan, pues han encontrado a Jesús Nazareno, y se lo llevan


escoltado, un año más, pues Jesús ha comenzado su camino hacia la cruz. El eco de los tambores se disuelve en mis oídos y la plaza vuelve a quedarse vacía ante mis ojos. La tranquilidad y el silencio siguen reinando, y el anhelo de esos días futuros en los que poder volver a vivir “El Prendimiento ciezano” crecen en mí. Pero de lo que no tengo dudas, es que, en mi memoria, ayer, hoy, mañana y siempre, será Semana Santa ciezana.


Luz,

color, arte y devoción Manuel Eloy Semitiel

La

tradicional procesión de Miércoles Santo en Cieza es sin duda un estallido de color, luz, arte y una devoción de siglos. No vamos a hablar solamente de la procesión en sí, el día amanece lleno de preparativos para la gran noche, el epicentro de nuestra Semana Santa. Ya por la tarde se suceden los tradicionales traslados de algunos pasos que desde sus casas de hermandad se dirigen al Museo de la Semana Santa de Cieza para tomar parte esa noche en la procesión general que a las 21 horas saldrá a la calle. Actualmente solo los pasos de San Juan y Sta.María Magdalena hacen o cumplen el antiguo rito del traslado esa tarde, pero en el siglo XIX y en el XX eran tradicionales esos traslados o también llamados “la traída de los santos” a la Basílica de la Asunción para salir esa noche en procesión. En un principio esa “traída de los santos” se hacía desde la ermita del Santo Cristo del Consuelo, y en la “Puerta de la Villa” esperaban los pasos de la Oración del Huerto y la Magdalena que se arreglaban en los Ejíos de Moxó para acompañar en ese bullicio procesional y alegre a los pasos que descendían de la ermita hasta la Basílica de la Asunción. Ya en el siglo XX, después de la contienda civil, esa traída de los santos se hacía desde el Convento de San Joaquín donde eran preparados los pasos de San Pedro, San Juan, Sta.María Magdalena, a Verónica y los Azotes, mientras que la Samaritana era trasladada desde un cocherón en la Calle Reyes Católicos donde se guardaban autobuses de Ríos y Pastor hacia la Basílica de la Asunción, así como los Dormis eran trasladados desde otro bajo por la entonces Avenida de Italia (hoy Paseo José Antonio Camacho) hasta la propia Basílica de la Asunción para procesionar todos esa noche grande de la Semana Santa de Cieza . La inmensa mayoría de pasos eran decorados con flor artificial en aque-


llos años, cada paso tenía su juego de flor artificial para las procesiones, solo el paso de la Oración del Huerto o Sudor de Sangre era decorado con alhelíes blancos y morados de nuestra cercana huerta, arco de cielo o flores que la huerta daba por esas fechas. La olivera que decoraba el paso de los Dormis era traída del paraje del Cordobín y no llevaba palmera. Otro paso que también llevaba flor natural desde los años 50 del pasado siglo XX fue el de la Stma. Virgen de los Dolores, desde el año 1.953 cuando se estrenó el actual trono que porta la imagen de la Virgen, obra de Vicente Segura. Venía desde Murcia el florista Fernando Ríos para llenar de flores el paso de la Virgen que cerraba esa procesión. La imagen de Nº. Padre Jesús jamás salió esa tarde a la calle en traslado alguno, ya que tiene su capilla en la Iglesia de la Asunción y era preparado allí, justo en la capilla de la Soledad, desde allí salía a la calle la noche del Miércoles Santo. Pero hubo un año en donde todo resulto especial; era la Semana Santa del año 1.969 y uno de los hermanos de su cofradía estaba gravemente enfermo, me refiero a D. David Martínez Camacho, hijo de D. Mariano Martínez Montiel que encargó la actual imagen del Nazareno, y su hijo David lo acompañaba siempre en las procesiones, era otro mecenas de esta cofradía. Esa tarde del Miércoles Santo del año 1.969 los anderos de Nº. Padre Jesús llevaron a la puerta de D. David Martínez Camacho a su Nazareno, fue sacado de la basílica para ir a visitar por última vez a uno de sus cofrades más entusiasta y mecenas. Cuando la imagen del Señor llegó a su puerta, en el Camino de Madrid, todos se emocionaron, la imagen se paró en su puerta y la casa con las puertas abiertas de par en par allí, esperaba el hermano gravemente enfermo para ver a su Señor por última vez. Yo fui testigo de ese acto con tan solo ocho años, acto cargado de una emoción extrema, de lágrimas, de ver a un hombre enfermo, arrodillado en las puertas de su casa ante la imagen imponente del Nazareno de Cieza. Se despidió de él, y los anderos regresaron a la Asunción con el corazón encogido, con el alma llena de satisfacción. David Martínez Camacho falleció meses después, el siete de sep-


tiembre de ese mismo año, el Nazareno lo prendió y lo llevó al Cielo. Ya en el siglo XVII un acta capitular del Concejo de la Villa de Cieza nos habla de la procesión de Miércoles Santo o procesión general, así como en las actas de la Cofradía de la Soledad en el siglo XVIII ya menciona esa procesión y que salía el Señor de la Columna en ella. A principios del siglo XIX se incorporan los pasos de la Oración del Huerto o Sudor de Sangre, a mediados del siglo XIX se suman los pasos de la Stma. Virgen de los Dolores en sustitución de la Soledad, Stmo. Cristo del Consuelo y a finales del siglo XIX se suman a ella los pasos de San Juan, San Pedro, Samaritana, María Magdalena y Verónica. En el siglo XX se incorporan a la procesión general los pasos de Beso de Judas o Prendimiento, Cristo del Perdón, la Unción en Betania y por último el paso de la Coronación de Espinas en el siglo XXI, en el año 2008. La procesión general se hacía la tarde noche de Jueves Santo hasta la década de los treinta del pasado siglo XX, es en 1.935 cuando se ubica definitivamente la noche de miércoles santo por la debida concurrencia de los cofrades a los Oficios Divinos de Jueves Santo y por otro lado para que no coincidiera en tan breve espacio de tiempo con la recién formada procesión del silencio la noche de Jueves Santo que desde el año 1.931 salía a las 24hs. y era muy cansado para los que tenían que salir en las dos procesiones. Recordemos que la procesión del Silencio es la más antigua de toda la Región de Murcia y una de las más antiguas de España.


Fe y devoción en las calles de Cieza Joqui Quijada

La

luna llena era testigo muda en aquella noche eterna, un grupo de penitentes desfilan por las estrechas calles de Cieza. Varios hombres caminan descalzos muy cerca de la fortaleza y la vieja iglesia, apenas se oyen sus pasos pero si el ruido de cuerdas golpeando metódicamente sus espaldas y sus piernas. Andan muy despacio, casi con torpeza, siguen la luz de los hachones que portan sus compañeros con firmeza, estos dirigen el recorrido por las frías callejuelas. Mientras caminan los penitentes entre golpe y golpe que ellos mismos se dispensan van pensando en sus pecados, el arrepentimiento y la vida eterna. La niebla y la humedad del río que se encuentra muy cerca envuelven la senda de su dura ofrenda. La noche cada vez más oscura antes del alba, la sangre de los penitentes recorren sus espaldas, sus piernas cansadas, el dolor de sus cuerpos agotados claman por el primer rayo de sol de la mañana, pero todavía falta, siguen su ritual por la salvación de sus almas y de aquellas almas atormentadas. Desfilan estas grises figuras orando sin palabras, otros lloraban con amargura los dolores del alma pero siguen sin duda, la fe los ampara. A principios del siglo XV surge la Semana Santa de Cieza, esta manifestación religiosa se encuentra profundamente vinculada a los dominicos y especialmente a Vicente Ferrer, dominico valenciano que predicaba acompañado por un amplio número de seguidores, estos se dividían en dos grupos, los flagelantes que eran penitentes que se azotaban espaldas y piernas para purgar sus pecados y los portadores de los hachones que iluminaban el recorrido. Los primeros darán lugar posteriormente a los Hermanos de la Sangre o Penitentes y los segundos serán los Hermanos de la Luz y actualmente se les conoce como el tercio de Nazarenos.


La Semana Santa ciezana tiene 600 años de antigüedad, en el trascurso de este tiempo ha habido momentos de luces y sombras a causa de los envites de la historia. Con el paso de los años, la Semana Santa ha evolucionado hasta llegar a los desfiles religiosos de nuestra época, donde la belleza de las imágenes, la riqueza de sus tronos, el arte con el que se adornan los pasos con flores, la música que acompaña a cada paso y la seriedad de anderos y penitentes hacen que esta fiesta sea el orgullo de los ciezanos. La ta del la

primavera anuncia la Semana Santa de Cieza, envuelen la fragancia de flores y frutos de nuestras huertas, estación año en la que la luz gana a las tinieblas al igual que resurrección vence a la muerte ensalzando la vida eterna.

Hay luna llena, es Jueves Santo en Cieza, casi las doce en el reloj de la iglesia, una multitud aguarda en la plaza del ayuntamiento la salida de Cristo por las enormes puertas. La oscuridad y el silencio sumergen las antiguas calles de Cieza, la expectación y el sonido de doce campanadas son la llave que abre el desfile solemne de la tristeza, lentamente va saliendo el Cristo de la Agonía y en su semblante refleja el agotamiento, la pena y la proximidad de la muerte que lo acecha. Sus ojos con esa mirada perdida me recuerdan el final de una tormenta, el último latido, la paz después de la guerra. La música de los violines nos acercan a la inmensa soledad que hay en la sombra de su silueta reflejada en la fachada de nuestra iglesia, se va alejando muy despacio, como un peregrino vestido tan solo con su fe, recorre paso a paso su camino, ese camino marcado por la luz de la velas que con dignidad sus nazarenos llevan y muy cerca de la ventana de la iglesia una voz rompe el silencio con una saeta, canta con emoción y a todos nos llega al corazón como una flecha certera y tras cantar la pena de la despedida sigue el Cristo su camino, lentamente se aleja y ahí quedamos los ciezanos en la plaza soñando con ese momento divino de nuestro Cristo agonizando.


Lo

ganado Antonio Morales

Dicen

de lo cofrades (tantas cosas dicen) que contamos el tiempo no por años sino por Semanas Santas vividas y dicha afirmación, dentro de los tópicos que siempre nos acompañan, adquiere verdadera dimensión en esta actualidad que nos atropella y confina, en esta maldita era del distanciamiento donde regulamos a través de leyes dónde, cómo y con quién nos podemos abrazar. Hace pocos días cumplíamos un año de pandemia, pero para los cofrades, esta enfermedad nos ha arrebatado dos periodos de nuestra vida, dos años, dos sucesiones de emociones que conforme vamos creciendo y envejeciendo nos volvemos tan celosos de dejar atrás. Dos ausencias en un año en el que hemos acumulado recuerdos, añoranzas, quejas, anhelos, frustraciones, tristeza y mucho, mucho sentimiento por todo aquello que amamos, aquello que en una gran parte nos identifica y nos ha unido con la mayoría de las personas que ya forman parte de nuestro universo. Mucho se ha escrito de todo lo que a los cofrades nos ha removido por dentro la pérdida de lo que parecía seguro, nunca tantos han recurrido a la palabra escrita y hablada para completar y dar forma a ese vacío representado por una percha que sostiene una túnica quieta y solitaria en el mismo lugar en el que la dejamos hace ya dos Semanas Santas (dos en un año), esperando florecer y volver a cobrar una vida que tantos se han dejado por el camino. Estamos en plena semana, en esa única del año en el que los días llevan apellido y hoy, que celebramos uno de los más ilustres, volvemos a buscar entre papel y archivos recuerdos que hagan renacer lo que por derecho nos tocaría disfrutar en este momento. Pero precisamente ahora es el momento ideal para reflexionar y valorar no ya todo lo que añoramos, sino,


porque no, todo lo que este tiempo nos ha traído, todo lo que ha venido a reforzar lo que ya teníamos y que ahora, con la madurez que siempre otorga el paso del tiempo, somos capaces de valorar en su justa medida. Porque en este tiempo hemos aprendido a estrenar nuevas miradas con las que buscar los ojos de nuestras imágenes veneradas, mientras descubríamos que todavía son capaces de despertar en nosotros sentimientos nuevos. Porque quizá nunca como hasta ahora hayamos hablado tanto con nuestros hermanos cofrades, buscando en la palabra del otro el acompañamiento y sostén con el que completar vacíos, así como que nunca como hasta ahora hemos sabido valorar en su justa medida el valor del abrazo fraternal y amigo, incluso un beso, convertido hoy en algo reprochable, mientras vamos acumulando las ganas de sacar afuera tanto amor almacenado. Son muchos los que han vuelto a la Iglesia, reconfortándose en el silencio litúrgico con una esencia que el cofrade nunca debe de olvidar mientras soñamos con rezar allí donde nos enseñaron, en la calle revestida de túnicas. Nos hemos convencido que somos custodios de un tesoro único que va más allá de meras tradiciones festivas, para convertirse en escalofrío aterciopelado que nos hace temblar cuando nos asalta desarmados en la noche de los recuerdos. El cofrade ciezano sueña con su Semana Santa todos los días del año, pero me atrevo a aventurar que nunca lo ha hecho con tanta intensidad y fuerza como lo ha hecho en este último, por eso me resisto a seguir envuelto en mantos de fría melancolía y me quedo con lo vivido y aprendido, me quedo con lo ganado. Hemos vivido mucho y más todavía que nos queda por vivir, pero os puedo asegurar que nunca olvidaremos estas dos últimas primaveras fallidas y con el paso de los años muchos podremos afirmar… “pensé que

solo te quería, pero esos dos años me demostraron que te necesitaba”.


Y mientas todo pasa y vemos que todo llega, buscad al Dios verdadero de la mejor forma que el Evangelio nos enseñó, a través de su madre, de la Virgen que hoy volvería a desplegar su manto de Esperanza por las calles de nuestra Cieza centenaria. Si hay una verdad absoluta es que Ella nunca nos falla. Hace unos días les decía a mis hermanos en María, “Dicen que volverás, por supuesto que lo harás, por la sencilla razón de que nunca te fuiste” y así lo siento y así empiezo a disfrutarlo. Vivamos con intensidad cristiana el misterio del Triduo Pascual junto con nuestras devociones y sigamos disfrutando de la Cuaresma más larga de nuestras vidas, porque al final de todo, cuando menos nos lo esperemos, el angelote que llora a los pies de la Virgen de los Dolores se volverá a posar en el regazo de nuestra ansiosa espera para despertarnos de este largo sueño y anunciarnos que ha salido de nuevo el sol. Sed felices. Fe, Salud y Esperanza


Semana

Santa, desde la calle Begoña Ortega Cano

Semana

Santa de Cieza. Tres palabras que solo los ciezanos pueden entender. Tres palabras llenas de sentimientos. Una cita que ningún ciezano se quiere perder. Porque cuando hablamos de la Semana Santa hablamos de calles llenas de ciezanos. Ciezanos esperando en sus sillas o sentados en las aceras. Algunos acortando esa espera comiendo pipas o, incluso, aprovechando para cenar. Otros hablando con esos amigos y conocidos que se cruzan en busca de hueco para ver la procesión. Ciezanos que van al encuentro de los pasos. Gente que ne por las calles sin parar. Calles repletas de bullicio que llegue la procesión y que, en las noches más frías na Santa, se llenan también de mantas para dar algo

va y vieantes de de Semade calor.

Ciezanos que viven esos minutos de espera como parte de la liturgia de la Semana Santa. Una Semana Santa de alboroto que se comienza a silenciar cuando se ve llegar el primer estandarte que abre paso a la procesión. Un estandarte que trae consigo a los primeros penitentes. También olor a incienso. A lo lejos se comienzan a escuchar las primeras melodías que acompañan al primer trono. Y en ese momento, la tradición se apodera de todo. El silencio. La contemplación. La Semana Santa está en las calles y solo un ciezano sabe vivir ese momento. Porque siempre la Semana Santa te sorprende, te llena por dentro y te hace sentir en casa. Una sensación que solo si se ha vivido se puede entender.


Sonidos del Silencio Jueves Santo


Viernes

Santo......ciezano Bartolome Marcos

Los seres humanos somos animalicos de costumbres. De buenas y, tam-

bién, de malas costumbres. Los ciezanos, que somos seres humanos de cierto nivel, calidad, idiosincrasia y casticismo (cazurrismo también de vez en cuando, pero siempre biennacidos, porque nuestra materia prima y tribu son buenas…no como muchos otros), evidentemente, somos también animalicos de costumbres. Una de ellas, la de la Semana Santa, que, por estas latitudes suresteñas, es una bendita buena costumbre, tradicional y muy arraigada. La lástima es que hace poco más de un año llamó a nuestra puerta una inesperada desgracia: una infortunada y nefasta pandemia, y, entre otras consecuencias (algunas mucho más graves como la descomunal, irreparable y lamentabilísima pérdida de vidas humanas) la puñetera enfermedad trajo consigo la voladura inapelable de la explosión convivencial y festiva que cada Semana Santa trae consigo en nuestro pueblo. Ahora, o mejor para próximos años, toca recuperarla, porque de lo que no hay ninguna duda es de que la echamos de menos el año pasado y la echaremos de nuevo en falta este, porque, desde luego, la prioridad debe seguir puesta en librarnos cuanto antes, y definitivamente, del bicho. Como de menos la echa también, por cierto, nuestra hostelería y nuestro comercio, que lo están pasando bastante mal. Y mucha gente, en Cieza, comía, bebía y vivía también gracias a la Semana Santa. Y es que, en esta época del año, entre Marzo y Abril, tiempo de Semana Santa en Cieza, el campo se viste de verde, lila, primavera y sol… pero, por mucho sol que haga, la verdad es que, sin la Semana Santa y sus procesiones, el sol no luce y el entorno se vuelve grisón y desolado, como en esas mañanas mustias, húmedas y tristes de Viernes Santo en las que la lluvia obligaba a suspender la procesión y buscábamos refugio en el Bar Gran Vía (y menciono este local, sin desdoro del resto de los que tiene Cieza, o de los que siguen aguantando aquí y ahora el duro


embate de la pandemia, porque es al que solíamos ir, por ajuste estricto a la verdad de la crónica) para comer habas con bacalao o atún de ijá, regado con fresca y rubia cerveza, mientras el televisor nos ofrecía la repetición de la procesión de Viernes Santo en la mañana del año anterior emitida por Tele Red Cieza, en la que, incluso sin pandemia de por medio, siempre acababa desfilando algún que otro muerto reciente, que se adelantaba al mismísimo Jesucristo en la Resurrección ¡qué gracia! Constatábamos que, hasta enlatada de un año anterior, la Semana Santa y los desfiles procesionales ciezanos tenían su gancho, y estaban, y creo que siguen y seguirán estando, arraigados en lo más hondo del corazón y las entrañas de los ciezanos y de las ciezanas, como uno de sus más intensos y sentidos anhelos, afanes y querencias. Quizá sepan ustedes que en el año 2002 (han pasado, como en un “soplío” que se dice por aquí, 19 años nada menos) tuve el privilegio de pregonar la Semana Santa de Cieza desde un ambón situado junto al altar mayor de la Basílica de la Asunción. Para mí fue la más alta ocasión que vieron los siglos, y se lo debo a la confianza en mi persona de un antiguo y querido alumno, Rafael Salmerón Pinar, por entonces presidente – grande, Dios llegaron a denominarlo algunos compañeros y colegas de la Junta, para encomiar su denodado empeño y perfeccionista afán de engrandecimiento de la Semana Santa - de la Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza. Fíjense: yo, un verdadero desgraciado (por mi natural y proverbial ausencia de gracia), un taciturno, tristón y reconocido agnóstico (algo que, sin jactancia ninguna, sigo siendo), pregonando desde el ambón de una basílica católica de mi propio pueblo, en olor y loor de multitudes, con el patio a rebosar, un recurrente acontecimiento religioso que entre mis paisanos levanta devociones y pasiones, algunas incluso bastante encontradas. Rafael Salmerón obró el milagro (por algo era Dios…). Entre los asistentes al acontecimiento, aún se contaba mi madre, que moriría dos años después, en Enero de 2004, pero que, por entonces, en Marzo de 2002, a sus 88 bien llevados años, aún “aguantaba bien la vida”. Por entonces yo frisaba la cincuentena ¡Señor, qué tiempos! Bastante mejores que estos, por cierto…


El único aval justificativo de mi candidatura al honor de pregonar la fiesta mayor de mi propio pueblo, era el de haber estado muchos años- casi una década- retransmitiendo como realizador para Tele Red las procesiones de Cieza, de manera que mi planteamiento del pregón estaba “cantado” de antemano: la mía debía de ser la perspectiva del espectador. Y eso es lo que hice, montando en la Basílica de la Asunción un tinglado audiovisual considerable, muy semejante al que instalábamos en la Esquina del Convento o al final del Paseo, junto al Bar Cocodrilo (que aún existía) dentro de una destartalada Nissan Vanette, para hacer realidad la retransmisión en vivo y en directo de las procesiones de cada Viernes Santo, entre otras. Así, quienes asistieron al Pregón participaron realmente en la realización de un espectáculo audiovisual a partir de materiales grabados a los que iba haciendo referencia mi propio discurso. Era una manera de que mis paisanos vieran, a partir de mis comentarios en vivo, la Semana Santa de un espectador que había tenido también el privilegio de brindar su mirada a través del objetivo de una cámara, a otros muchos espectadores interesados durante bastantes años. Pues bien, el Viernes Santo de cada año en Cieza era ese día en el que un pueblo entero vivía a tiempo completo en clave de Semana Santa, procesión y santos en la calle, desde la mañana temprano, cuando ya podía percibirse el trasiego apresurado de gentes vestidas con las túnicas correspondientes de sus cofradías y hermandades camino de la Casa de los Santos para incorporarse a la procesión del Penitente, o el pasacalles de algunas de las bandas de cornetas y tambores que participarían en el desfile. Por la mañana, sin haber dormido nada entre la Agonía del Silencio y los claros clarines de la festiva y esplendorosa mañana del gozoso y penitencial viernes (cuando no llovía, que entonces ya lo he dicho, ¡al Gran Vía!), casi cuatro horas al cuerpo de procesión, cerrada por la bellísima y salzillesca Virgen de los Dolores. Al mediodía, el toque de clarín de los bares, que no sólo de procesiones viven los ciezanos y ciezanas, sino de la cerveza y las habas con mollas de bacalao, sudor generoso y restregado de los cuerpos y aroma de amistad y colaborativo esfuerzo bajo las varas-soporte de los pesados tronos, esfuerzo solidario y compartido para hacer realidad y poner en la calle el mayor espectáculo del mundo mundial, y sentirse a gusto y grandes sin saber muy bien por qué ni por qué no.


La tarde del Viernes Santo, cansados, pero con la procesión como droga irrenunciable que pedía más y más, apurábamos las horas entre la sobremesa del almuerzo, las copas al caer la tarde y la expectativa de la última de las grandes procesiones de cada Semana Santa Ciezana: la procesión del Santo Entierro de Cristo, la más rica, hermosa y bella de las procesiones desde el punto de vista artístico, verdadero museo en movimiento, que en apenas 24 horas escasas, en reduccionista hipérbole, brincaba de viernes a Domingo explotando en cortés cortejo, tras la ruidosa “petardada” de la noche del sábado, con la alegre ceremonia de la Cortesía, metáfora en sí misma de la Resurrección, en la plaza de la Esquina del Convento, con el pueblo llano como protagonista, en alegre y desmadrada, pero siempre cívica, explosión festiva. Fiesta de la Muerte y Fiesta de la Vida.

Así éramos y así queremos volver a ser…¡Ea! A Cieza por su Semana Santa…


Meditaciones "Eamus ad Monumentum". Viernes Santo


Sábado

Santo Ciezano Mariano Ortiz

El

portón de la casa Museo de los Dormis cae a plomo anunciando al mundo entero que Cristo ha muerto. Con su estruendo se estremecen los corazones nazarenos de todos aquellos que acaban de presenciar tan bello acontecimiento. Todavía queda correr hacia la plaza para acompañar a María, su Madre, que vuelve a la Basílica abatida tras cumplir su misión maternal y corredentora. Ha acompañado a su Hijo en el camino a la Cruz. En silencio, María es mecida por sus anderos al son de los violines que intentan mitigar su dolor mientras camina, mirando al cielo, hacia la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción. Allí, en su capilla, descansará en su Soledad y esperará el gozo del deber cumplido como Madre. De vuelta a casa sentimos un gran vacío. Evocamos aquellos momentos que la Procesión del Santo Entierro nos ha dejado grabados en la memoria y en el corazón. Aquella que, a modo de comitiva fúnebre, recorría hace unos minutos las calles de Cieza ofreciendo al pueblo una profunda y hermosa catequesis que repasa los momentos acaecidos desde que Jesús muere en la cruz hasta que es puesto en el Sepulcro. Todo se ha cumplido, un año más. Y Cieza vuelve a ser testigo de ello. Es sábado santo. El sagrario, abierto y vacío. Solo queda la oración, la tristeza y la reflexión. Lo que acaba de acontecer es tan difícil de asimilar, y a la vez tan grande, que merece un día así. Callan las campanas y los instrumentos. Como cofrades y cristianos toca esperar y refugiarse en la Esperanza en la Resurrección. Pero, desde hace unos años, dos grandes hitos vienen a sumarse al calendario cofrade ciezano, enriqueciendo nuestra querida Semana Santa y ayudando a todos los que participamos de ella a que esta espera sea más


llevadera: La Procesión del Descenso de Cristo a los Infiernos y la Procesión de los Tercios Infantiles. Dos rayos de luz que irrumpen con fuerza en el silencio transformando la desolación y el luto del Sábado Santo en Esperanza. La Cofradía de Ánimas es la encargada de abrir de nuevo las puertas de la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción para que Cristo descienda a los infiernos. En la noche del Sábado Santo una voz anuncia que la Tierra ha temblado. La coral Ars Nova acompaña a los Nazarenos que vienen desde San Bartolomé para llamar a las Puertas de la Basílica. “Kyrie Eleison”. En Plaza Mayor, que huele a cera quemada y a incienso, es noche de dolor, pero en los infiernos ya huele a Pascua. Jesús comienza su descenso al son de Oh Jesu Christe e iluminado por la luz del fuego que brota de los pebeteros de su trono. Esta luz, junto a la de las antorchas que portan los hermanos nazarenos, será la encargada de disipar para siempre las tinieblas de la muerte. “Clamavi, clamavi ad te. Miserere mei”. En la tarde del Sábado Santo, un gran estrépito rompe el clima de recogimiento y resignación. Una gran remolacha multicolor recorre con júbilo las calles de Cieza. Portan con orgullo los pasos de sus Cofradías anunciando que Jesús ha vencido a la muerte. Son los auténticos protagonistas. La mayoría son cofrades desde su nacimiento y todos ellos encuentran en esta procesión la motivación y el camino a seguir en su andar nazareno. Llenan las calles de ilusión y de esperanza. La Juventud Cofrade representa, sin duda alguna, el porvenir de las Cofradías y de la Semana Santa. Ellos son la semilla que ha de germinar y mantener viva nuestra Semana Mayor. Este año no podremos, por tercer año consecutivo, disfrutar de lo narrado en estas líneas. No habrá procesiones, pero sí Semana Santa. Nuestros recuerdos cofrades nos ayudarán en la dura tarea de la larga espera; y gracias a ellos viviremos con mayor autenticidad y religiosidad estos días tan importantes de nuestra fe. Mientras tanto, esperaremos con Esperanza e ilusión la vuelta de las procesiones a las calles ciezanas. Será entonces cuando volvamos a deleitarnos con la que es, sin duda, la Semana Santa más bonita del mundo.


Tenerte sin tenerte. Soñarte mientras casi te tengo José María Cámara Salmerón

¿Sabes?, te he visto, te he sentido y casi, casi, te he podido tocar. Sin embargo, solo me has dejado mirarte a los ojos, recordarte y decirte que te echo mucho de menos y que daría la vida, si así me lo pides, por un segundo a tu lado. Te he visto en ese padre que ante la Dolorosa le decía a su hijo: ‘’mira, hijo, aquí sale papá, cuando seas mayor tu también vas a salir aquí’’; te he visto en ese rincón de la capilla en la mirada perdida de la mujer que, absorta de todo, solo quiere encontrar a Cristo en la profundidad de su Agonía. Nada ni nadie entre ella y Cristo, solo la luz de las velas. ¡Ay cuantos momentos de esos habremos vivido bajo las andas, en la soledad del capuz o siendo un procesionista de las aceras! ¿Cuántos? Te decía, perdona que te hable de mi, que te he visto, te he visto en esa anciana que, pese al paso de los años, a la cercanía del crepúsculo de su vida, no ha querido, otro año más, acudir a escuchar tus últimos minutos en este mundo, previos a la gloria eterna de tu Resurrección. Te he visto también en la lágrima desbordada de tus Dormis, los que, como otro Viernes Santo cualquiera, acudieron a tu Sepulcro a llorarte y contarte sus penas, sus recuerdos y sus estigmas. Señor, no estás solo, ellos te llevan en su corazón cada noche de su vida pero yo, sin embargo, prefiero llevarte a ti. Prefiero recordarte en la mirada de los niños haciendo cola para entrar a la Casa de los Santos, en las miradas de esperanza en que, si tú lo quieres, vuelvas a embaucarnos y, una y otra vez, dejarnos sin sentío, ese que solamente tú eres capaz de quitarnos en un solo instante. Te he visto, mi amor, te he visto, pero has huido de mi sin dejar que te sienta como a mi me gusta, en el vaivén acompasado de los tronos, en el solo eterno de Semana Santa Ciezana, en el bullicio de la Cochera de los Santos, en el Silencio en la noche de las noches, en el reflejo de Cristo en las Claras, en el café con Dios o en el cielo en el que cada Jueves Santo conviertes el palio de los Hijos de María.


Prometo no olvidarte un segundo de mi vida. Prometo esperarte, pero, por favor, no te hagas más de rogar. Tu ausencia nos duele, nos quema y nos resquebraja a cada latido. Por favor, vuelve pronto, yo te aseguro ser fiel a ti. Te aseguro que te soñare cuando las hojas venzan, cuando los fríos luchen por apagar nuestros recuerdos y cuando tu lejanía me exaspere. Te prometo que te buscaré en la soledad de las capillas, en la lectura solitaria, en la conversación tostada con el sol murciano bañando el Muro, en la oscuridad de la noche y en la belleza del Casco Antiguo. Prometo que te buscare, pero, por favor, no me hagas más sufrir tu ausencia. No puedo soportar el no verte vestida de diecinueve sueños, cuarenta y cinco imágenes y treinta y dos mil corazones que sueñan con volverte a ver, como yo; y es que, sin quererlo, Cieza entera es cofrade, Cieza entera te sueña en el paso inexorable e imparable de los días a la vera de la Atalaya y el Castillo y en el ajetreo de Paseo o Plaza de España. Te prometo que volveré a caminar por el Casco Antiguo para buscarte de esquina en esquina, te prometo que te prepararé, te entregaré mis horas, mis mejores esperanzas y mis más locas ideas, pero, de verdad, es que te quiero, te necesito y te añoro. Por favor, no me falles, recuerda que tenemos una cita a la que no puedes fallar, no te lo permitiré otro año más. Te espero el 8 de abril de 2022 donde tú sabes, en la Esquina del Convento, a la hora de siempre, las diez de la noche. No me faltes, necesito llenar mis alforjas de recuerdos, abrazos, conversaciones, besos y lágrimas. Te necesito, no me faltes más, por favor te lo pido.

A Cieza por su Semana Santa


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LA SEMANA SANTA QUE SE FUE  

LA SEMANA SANTA QUE SE FUE es un compendio de todos los artículos publicados esta Semana Santa en Cieza en la Red. Con un importante apoyo...

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