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Visión Industrial Volumen 1, N°3

30 de marzo de 2012

COMERCIO EXTERIOR SIN CRECIMIENTO ECONÓMICO Introducción

Contenido:

Introducción

1

Los desequilibrios de la balanza comercial

3

Una razón de fondo

8

Estados Unidos, un motor externo que se debilita

8

El problema de origen: una apertura comercial sin integración

9

Conclusiones

10

Desde la década de los ochenta, México como casi toda América Latina, se vio inmerso en la implementación de una serie de reformas económicas enfocadas a una mayor liberalización comercial, privatización y desregulación de sus mercados financieros. El proceso de apertura comercial que México inició con su entrada al GATT en 1986 (hoy la Organización Mundial de Comercio), fue potenciado con la firma y puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). En dicho contexto, las expectativas generadas sobre el desempeño comercial de México básicamente abrían la posibilidad de un crecimiento económico fundamentado en el mejor desempeño del sector exportador, particularmente por los encadenamientos productivos que se esperaban lograr con la economía de Estados Unidos. Con esta perspectiva, el extraordinario aumento del intercambio comercial total que siguió a la política de apertura, justificó el argumento previo: entre 1986 y 1994 las ventas al exterior pasaron de 21.8 mil millones de dólares a 60.8 mil millones, mientras que para el periodo comprendido entre 1994 y 2000 el nivel de las mismas superó los 166 mil millones de dólares. Bajo dicha dinámica, el país incrementó su participación en el mercado norteamericano logrando obtener su máximo en 2002

cuando representó el 11.6 % del total. Posterior a ello, la desaceleración económica de Estados Unidos y el creciente impulso de China comenzaron a mermar la participación de las exportaciones nacionales en dicho mercado. Asociado con el patrón evolutivo señalado, la estructura de los principales bienes de exportación cambió: los segmentos de mayor actividad se constituyeron por aquellos relacionados con la manufactura mientras que las ventas petroleras vieron atenuar su participación relativa: en 1980 58% de las exportaciones correspondía a ventas petroleras, mientras que para 2005 contabilizaron solo un 15% y en el 2011 16%. Básicamente, el aumento de las exportaciones estuvo liderado por las pertenecientes al ramo automotriz, maquinaria y equipo eléctrico y electrónico, así como las clasificadas como maquinaría y aplicaciones mecánicas. El incremento sostenido de las exportaciones continuó hasta iniciado el nuevo milenio cuando la recesión de Estados Unidos terminó con su expansión económica, limitando con ello sus compras al exterior y afectando el intercambio comercial con México, especialmente en los sectores relacionados con la maquila. No obstante y contrario a lo que se esperaba, una vez que la economía norteamericana comenzó a incremen-


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tar su ritmo de actividad económica, algunos de los bienes mexicanos, no se vieron favorecidos con la misma intensidad e incluso varios de ellos comenzaron a ver mermada su participación en el mercado de Estados Unidos: el ascenso de las compras norteamericanas a China se tradujo en la pérdida de mercado. Por tanto, no obstante los profundos cambios realizados, el comportamiento del crecimiento económico mexicano mantiene un desempeño por debajo de lo esperado con la firma e implementación de los diversos tratados comerciales que abrieron la economía, especialmente del TLCAN. En general, los resultados positivos del tratado han sido observados en el incremento de las exportaciones mexicanas y de la inversión extranjera directa (IED) que se dirige al país. Sin embargo, respecto a la apertura comercial existen divergencias sobre los beneficios que la misma ha generado en la economía nacional: hay sectores industriales que han recibido un impacto positivo, particularmente la manufactura encaminada a Estados Unidos, pero también otros que se han visto perjudicados por dicho proceso, especialmente los avocados al mercado interno. La razón de lo último radica en que están excluidos de la cadena exportadora, por lo que no solamente no reciben los beneficios de la apertura, sino que además deben enfrentar la mayor competencia internacional sin contar con esquemas de financiamiento que les permitan mejorar sus procesos, maquinaria y capacitación de su personal. También puede establecerse la existencia de evidencia que cuestiona los efectos que la apertura ha tenido sobre el crecimiento económico, las remuneraciones y la generación de empleo. En general, las variables citadas mantienen una dinámica mucho más modesta que la exhibida por otras naciones emergentes que efectuaron un proceso de apertura

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económica menos abrupto y más orientado a cubrir sus necesidades de largo plazo. Además, es claro que la apertura comercial profundizó la dependencia económica de México hacia los ciclos industriales y flujos financieros del exterior, particularmente de Estados Unidos. Dicha situación se ha consolidado por medio del sector exportador, específicamente en lo correspondiente a la maquila, segmento productivo que reclama una compra creciente de insumos y maquinaria y equipo del extranjero. Dado el fuerte incremento de las exportaciones y del flujo de IED que estos sectores han generado, un razonamiento válido sería el considerar que ello debió abrir la posibilidad de obtener un mayor crecimiento económico. Desde un punto de vista teórico, se considera que la apertura comercial tiene un impacto favorable, vía exportaciones, sobre el crecimiento, sin embargo, no ha sido así para el país. Para el caso de México, se ha mostrado que las exportaciones no manifiestan una relación positiva de largo plazo sobre el crecimiento, resultado justificado por el hecho de que el componente importado de la producción y exportación es demasiado elevado (gráfica 1), situación que disminuye los beneficios iniciales que el comercio exterior debería generar. Lo anterior se sintetiza por el hecho de que México tiene un déficit comercial en casi todos los años, en casi todos los sectores y con la mayoría de sus socios comerciales. En consecuencia, la generalización de los beneficios potenciales de las exportaciones se ve mermada por la cantidad de importaciones que debe realizar, lo cual a su vez se traduce en que no hay encadenamientos con las empresas nacionales que podrían surtir de insumos intermedios y maquinaria y equipo a aquellas avocadas al comercio internacional.


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Los desequilibrios de la balanza comercial Como se mencionó, la profunda liberalización comercial buscaba impulsar el crecimiento económico mediante un incremento vigoroso de las exportaciones y la diversificación de las mismas, así como con una mayor integración comercial con el resto del mundo. Ello debería propiciar la posibilidad de generar encadenamientos productivos, economías de escala y una transferencia tecnológica que debería catapultar a México al nivel de los países desarrollados. Es innegable el aumento en las exportaciones: en 1980 contabilizaron 18 mil millones de dólares mientras que para 2011 superaron los 349.7 mil millones. Sin embargo, al mismo tiempo puede observarse un incremento en las importaciones: para el mismo periodo pasaron de 21 a 350.8 mil millones de dólares.

Con lo anterior es evidente que el país continúa siendo deficitario en términos netos, situación que únicamente se ha revertido en las crisis económicas, cuando el país ha tenido que aplicar severos programas de ajuste macroeconómico y devaluar su moneda. Asociado con este hecho, México tiene un significativo y preocupante déficit comercial con la mayor parte del mundo. De acuerdo a cifras oficiales, hasta noviembre de 2005, el país había registrado un déficit comercial de 1.2 mil millones de dólares (gráfica 2), lo cual no es una cifra preocupante para el tamaño del sector exportador nacional y en apariencia tiene una tendencia a la baja. No obstante, cuando se revisa la balanza sin petróleo el déficit es mucho mayor: 57.6 mil millones de dólares (gráfica 3), dejando en claro que es la Gráfica 1

Fuente: Elaboración en base a información del Banco de México.


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dotación de petróleo la que logra subsanar el gran boquete que existe en el comercio exterior mexicano.

nuevamente puede observarse que se tiene un déficit comercial considerable: 14.7 mil millones de dólares para el 2011. Es claro que el modelo de manufacturas, particularmente maquilador no es motor de crecimiento económico. Además, por el lado de la producción es ampliamente conocido que la industria de la maquila contiene un bajo valor agregado y escasa transferencia de tecnología por lo que su principal contribución recae en el empleo creado. Alrededor de este perfil exportador debe notarse que la mayoría de los productos asociados a la maquila están concebidos para el mercado norteamericano no para competir en los mercados globales, ¿Cuál es la razón?: una proporción importante de las empresas exportadoras pertenecen a grupos trasnacionales que han generado su producción en México como parte de una estrategia enfocada en aprovechar las ventajas comparativas que el país ofrece y que les permite disminuir sus costos y ofrecerlos en el mercado norteamericano a un precio competitivo.

Adicionalmente cuando la revisión se realiza respecto al intercambio por países y regiones es claro que México mantiene un déficit con casi todos, excepto con Estados Unidos. En otras palabras es con la primera potencia mundial con la cual se disminuye el fuerte desequilibrio de la balanza comercial (cuadro 1). En este aspecto, debe apreciarse la importancia que revisten las exportaciones hacia el mercado norteamericano: de su evolución se desprende el comportamiento positivo y el equilibrio del comercio exterior mexicano. Por tanto, el desplazamiento que las exportaciones mexicanas sufren frente a China condiciona fuertemente al sector externo nacional. Asociado con lo anterior, también existe una importante dependencia sobre los productos que mantienen a la balanza comercial dentro de un rango manejable. En esencia, la mayoría de las exportaciones mexicanas se concentran en bienes manufacturados, especialmente maquila, y en las clasificadas como petroleras. En este sentido si se analiza el intercambio comercial de los bienes manufacturados

Sin embargo, debe hacerse notar que el desempeño de la maquiladora, esencial para el comportamiento del sector externo nacional, está cambiando de manera sustantiva. El

Cuadro 1 Balanza comercial por país y región, miles de millones

Total 1993 1997 2000 2005 2009 2010 2011

-13.5 0.6 -8.3 -7.6 -4.7 -3.0 -1.2

Estado Unidos -2.4 12.4 19.9 65.0 72.7 93.7 100.3

Unión Europea -5.2 -6.1 -9.6 -16.8 -15.6 -18.1 -18.6

Asia

China

-6.0 -8.9 -18.1 -48.9 -64.6 -85.2 -92.5

-0.3 -1.2 -2.7 -16.6 -30.3 -41.4 -46.3

Fuente: Elaboración en base a información del Banco de México

Corea del Sur -0.9 -1.8 -3.7 -6.3 -10.5 -11.8 -12.2

Japón

África

-3.2 -3.2 -5.5 -11.6 -9.8 -13.1 -14.2

-0.1 -0.2 -0.5 -0.2 -0.3 -0.9 -1.1


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importante crecimiento que este tipo de empresa tuvo en la década de los noventa se ha diluido notoriamente en los últimos años. Es evidente que aún en el periodo de la reciente recuperación económica de los Estados Unidos y con unos costos laborales en manufacturas que en términos relativos son menores a los que tienen otros países en el mundo, especialmente los del sudeste asiático, la industria manufacturera y maquiladora mexicana no ha podido alcanzar el nivel de empleo, inversión y, en algunos casos, de producción prevaleciente hasta el año 2008.

vinculadas a la industria automotriz, la petrolera y el de piedras preciosas (gráfica 5). En realidad el resto de saldos favorables es mucho más modesto en las industrias que logran dicha posición comercial. En lo correspondiente a los saldos negativos es evidente que los más relevantes son aquellos pertenecientes a las manufacturas, manifestando con ello que la actividad industrial precisa de la aplicación de políticas que fortalezcan su competitividad a fin de potenciar sus capacidades y con ello colocarlas en una posición más favorable frente a la competencia internacional.

Una revisión más detallada pone en claro que el superávit únicamente es alcanzado, de manera significativa, en las industrias

Gráfica 2

Fuente: Elaboración en base a información del Banco de México.


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Gráfica 3

Fuente: Elaboración en base a información del Banco de México.

Gráfica 4

Fuente: Elaboración en base a información del Banco de México.


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Gráfica 5

Fuente: Elaboración en base a información del Banco de México.

Gráfica 6

Fuente: Elaboración en base a información del Banco de México.


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Una razón de fondo En su “Historia Económica para América Latina”, Víctor Bulmer-Thomas sintetizó algunos de los factores fundamentales que explican el por qué la región no ha alcanzado una historia exitosa en su desarrollo económico. De manera muy clara puntualiza el funcionamiento de los tres mecanismos esenciales para que un país pueda obtener un mayor grado de desarrollo cuando se busca alcanzarlo mediante el sector exportador. Los elementos primordiales son: el capital, la mano de obra y el Estado. El criterio bajo el que interactúan dichos componentes, para obtener la consecución de un mayor desarrollo, es el que promueve una profunda integración de todas las cadenas productivas, no solamente de las exportadoras, el beneficio del crecimiento debe llegar a toda la sociedad. Bajo dicho esquema, la participación del Estado se concibe como la de un promotor activo y eficaz de políticas que incentiven la creación de nuevos sectores productivos profundamente vinculados entre sí. En dicho contexto es prioritario que una parte del excedente del capital dirigido al sector exportador pase a la economía no exportadora. En otras palabras la inversión y la innovación tecnológica, asociadas al sector externo, deben permear hacia la infraestructura productiva de la economía no exportadora. La razón es que el aumento de la inversión e innovación permite que las empresas eleven su productividad y competitividad. Así, se tiene la posibilidad de incrementar los ingresos de los trabajadores y con ello de potenciar el consumo doméstico, efecto que de manera implícita conlleva a un mayor bienestar de la población. La participación del Estado es indispensable

para favorecer el desarrollo integral de la economía, ya que no solo es responsable de generar los mecanismos e incentivos necesarios para fortalecer el crecimiento del sector externo, sino porque además debe propiciar, mediante su política económica, el progreso del sector no exportador.

Estados Unidos, un motor externo que se debilita Lamentablemente la experiencia de América Latina muestra que este proceso no es automático y que la apertura comercial, así como la desregulación económica, no se han traducido en un crecimiento económico sostenible para la región. En el caso particular de México los magros resultados que muestra el crecimiento económico permiten cuestionar si la apertura comercial iniciada en 1986 ha generado las condiciones y mecanismos necesarios para lograr un crecimiento vigoroso y sustentable. La dinámica económica que Estados Unidos mantuvo durante la década de los años noventa provocó un incremento en sus importaciones de bienes y servicios, favoreciendo con ello a todos sus proveedores, no únicamente a México. En el caso particular de nuestro país, lo descrito se vio reforzado por el acuerdo comercial firmado con Estados Unidos y Canadá, así como por la ventaja comparativa lograda por los bajos costos laborales que propició la devaluación del peso en 1994. No obstante, la temporalidad del beneficio fue puesta al descubierto con la entrada del nuevo milenio. El año 2000 fue el punto de quiebre del modelo exportador mexicano, cuando


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la economía y el mercado financiero de Estados Unidos dieron las primeras señales de agotamiento. Durante la recesión del 2001 una parte considerable de las exportaciones de México fueron sustituidas por las generadas en China. Sectores como el de la computación, maquinaria y equipo eléctrico, electrónica, textil, por mencionar algunos de los más relevantes, fueron desplazados por los productos de origen chino. Una situación similar ocurrió en Canadá. Entre otras razones, se tiene a la escasa integración de las cadenas productivas a raíz de la apertura comercial, situación contradictoria con la planteada como fundamental para utilizar al sector exportador como fuente de crecimiento económico. Las crisis económicas obligaron a que las empresas trasnacionales reubicaran muchas de sus factorías en otros países, buscando beneficiarse de bajos costos laborales, incentivos fiscales, infraestructura moderna, seguridad pública y de encadenamientos productivos que ya no encontraban en México. Además el debilitamiento de los países desarrollados ha implicado que las exportaciones mexicanas dirigidas a Estados Unidos, la Unión Europea y Japón enfrenten un entorno adverso que inhibe el intercambio comercial global. De igual manera, el diferencial obtenido mediante la firma de los tratados y acuerdos de libre se ha diluido ya que la mayor parte de los competidores de México también han signado acuerdos similares con las naciones desarrolladas. En este sentido es importante comprender las áreas de oportunidad que el país tiene y con ello hacer las correcciones pertinentes.

El problema de origen: una apertura comercial sin integración Como en casi toda América Latina, los cambios económicos realizados por México durante los años ochenta y noventa fueron resultado del agotamiento en el modelo de crecimiento prevaleciente hasta entonces. Dicho proceso se vio exacerbado por el incremento que la Reserva Federal de Estados Unidos aplicó a sus tasas de interés y que en última instancia provocó la denominada “Crisis de Deuda”: todos los préstamos solicitados se volvieron impagables. La crisis restringió el acceso al mercado de capitales internacionales, hecho que condujo a la aplicación de severos programas de ajuste estructural. En general, la estrategia de política económica implicó una apertura comercial sin precedentes, así como una importante privatización de las empresas públicas. En el caso mexicano, la modificación realizada mostró algunos aspectos divergentes: mientras que la apertura comercial generó una rápida expansión del sector exportador (Por ejemplo, entre 1980 y 1995 las exportaciones crecieron 237%), la privatización no logró el éxito esperado, fundamentalmente en el área de los servicios financieros. El problema de la crisis bancaria de 1995 se vinculó con el desequilibrio de las finanzas públicas, comprometiendo la sustentabilidad del gasto de gobierno, el financiamiento a las empresas y con ello el desarrollo económico del país. La falta de financiamiento al sector productivo inhibió la capacidad para obtener recursos para la mayor parte de las empresas nacionales, disociando la evolución de un


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sector exportador exitoso (gracias a la captación de inversión extranjera directa y el acceso al mercado de Estados Unidos). Un problema que no se diagnóstico adecuadamente fue el de la insostenibilidad de lo anterior: un sector externo dependiente del ciclo económico de Estados Unidos no alcanzaría a competir con otros países emergentes, particularmente con China. El hecho de que las exportaciones de origen mexicano dependieran de importaciones de insumos intermedios y de maquinaria y equipo, representaba una ventana de oportunidad para cualquier país con acceso a los mismos y que además contará con programas de desarrollo económico bien diseñados, con bajos costos laborales y una infraestructura moderna. Dicho país fue China. A partir del año 2000 China comenzó a despuntar en el mercado de Estados Unidos y Canadá, desplazando a México de dichos mercados y socavando la posibilidad de que las empresas mexicanas alcanzarán una mayor integración con dichas economías. Una de las razones fundamentales radicó en que México no logró pasar de la maquila a la manufactura de alto valor agregado. El país tampoco integró la cadena productiva a fin de desarrollar una mayor especialización y diferenciales que mermaran la posibilidad de ser desplazado en los mercados internacionales.

Conclusiones La consecuencia de lo anterior es que el país tiene dificultades para competir con aquellas naciones que tienen una ventaja comparativa mayor. Siguiendo los argumentos del comercio interindustrial, los países realizan comer-

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cio de aquellos bienes pertenecientes a diferentes industrias, en donde su dotación de factores (por ejemplo mano de obra barata o recursos naturales) es el aspecto que determina el bien a exportar por cada país, justamente el tipo de estrategia inicialmente aplicada por China. Para el caso particular de México, algunos estudios señalaban que la liberalización comercial implicada por el TLCAN podría potenciar las exportaciones no solo de las industrias que tuviesen una ventaja comparativa, sino además de aquellas con comercio intraindustrial. Este argumento implicaba que las empresas mexicanas integradas al comercio internacional incrementarían el volumen de sus exportaciones gracias a que el intercambio comercial les ayudaría a adquirir un alto grado de especialización e innovación tecnológica. La consecuencia lógica sería la de una mayor eficacia en sus procesos productivos. Una de las ventajas es que les permite enfrentar los nuevos desafíos comerciales con mayor probabilidad de éxito. A 18 años de la puesta en marcha del TLCAN es posible evaluar que las industrias exportadoras no lograron generar las economías de escala necesarias para obtener el grado de especialización necesario para ser consideradas competitivas a nivel internacional, situación contraria al objetivo inicial. El entorno es poco favorable para aquellas industrias que son importadoras netas, es decir las que acaban comprando productos extranjeros por un valor más alto del que exportan, y que por lo tanto deben transferir parte de las ganancias obtenidas en el mercado interno. De acuerdo a los estudios realizados este tipo de empresas enfrentan un serio riesgo de desaparecer, algo que ha ocurrido durante cada crisis económica que ha enfrentado el país.


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Comercio exterior sin crecimiento económico