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El incremento de la pobreza se ha convertido en un hecho incontrovertible ante el cual las políticas públicas poco han podido hacer. Medido por el Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP), el incremento registrado entre 2006 y el 2011 a nivel nacional es de 21%. Sin lugar a dudas lo anterior sintetiza que los programas de atención a la pobreza únicamente constituyen un alivio temporal, y muy endeble, a un problema estructural que aumenta con el desempleo y la precariedad laboral que enfrentan millones de mexicanos. Lamentablemente la pobreza se ha incrustado en las zonas urbanas, es decir en donde vive la mayor parte de la población mexicana. Lo anterior significa que el flagelo ya no es privativo del entorno rural. Si bien la pobreza extrema se ubica en los municipios pobres de Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Chihuahua, por citar algunas entidades, en donde el problema social es más agudo, durante los últimos años su avance ha llegado a ciudades que concentran la mayor capacidad económica, financiera e industrial de México.

Fuente: CONEVAL


Las cifras son contundentes: entre 2006 y 2011 el ITLP rural solamente se elevó en 3.8% en tanto que en el urbano lo hizo en 29.3%. Por tanto la marginación se ha generalizado. Evidentemente que parte de ello es atribuible a que un aumento de la pobreza en el ambiente rural representaría segregar a un grupo de mexicanos que ya viven en un entorno crítico. Además, a esos lugares llega una parte considerable de los recursos canalizados mediante el programa Oportunidades, el mecanismo oficial diseñado para tratar de minimizar el avance de este cáncer social. Oportunidades es bien evaluado porque ayuda a la gente más pobre a sobrellevar su situación, pero es evidente que no tiene la capacidad de contribuir a la solución de la misma.

Fuente: CONEVAL

El incremento de la pobreza urbana se encuentra vinculado no solamente a que una menor cantidad de personas no tienen la cobertura de Oportunidades, sino que además es en donde mayor fuerza ha tenido el silencioso desmantelamiento del mercado laboral. Un breve recuento de las cifras de ocupación y empleo correspondientes al cuarto trimestre de 2011 permite inferir el origen del problema: 13.9 millones de mexicanos en la informalidad, condiciones críticas de trabajo para 6.2 millones, subocupación para 4.2 millones y desocupación para 2.5 millones, 4.2 millones de mexicanos ocupados que no reciben ingreso, 6.4 millones que cuando mucho perciben un salario mínimo, 10.8 millones que ganan entre uno y


dos salarios mínimos, 30.8 millones de personas con ocupación pero que no tienen acceso a la seguridad social y 14.8 millones que no tienen contrato por escrito. El retroceso de la calidad del empleo tiene añejas razones, desde que se comenzó a utilizar al salario como uno de los elementos para contener a la inflación. Dicha estrategia se ha aplicado desde de los años ochenta, y si bien hoy se observan menores tasas de inflación, una parte sustancial de ello es atribuible al deterioro en el poder adquisitivo de los trabajadores. Al no contar con programa económico integral que permita elevar la productividad y competitividad de México, los encargados de la política económica siguen aplicando

Fuente: CONEVAL

un mecanismo que, en forma de pobreza e inestabilidad social, se ha vuelto contra sus creadores. La mejor muestra de la afirmación anterior la constituyen las cifras del ITLP correspondientes al cierre del 2011. Una comparación con el año previo pone de manifiesto que la pobreza aumentó, ello a pesar de que existió un crecimiento económico de 3.9%. Lo anterior se traduce en que a pesar de contar con un incremento en la riqueza generada, la mala calidad del mercado laboral implicó que al mismo tiempo se elevara la cantidad de personas atrapadas por lo pobreza. A nivel nacional la variación del ITLP fue de 3.3%, en tanto que para la parte


urbana la ampliación fue de 3.9%, mientras que para las zonas rurales fue de 0.4%. En resumen el crecimiento no bastó para evitar el avance de la pobreza. A nivel estatal el análisis es aún más dramático. Para el periodo 2006-2011 hay entidades que multiplicaron su nivel de pobreza de manera alarmante: Baja California (76.7%), Chihuahua (52.2%), Distrito Federal (48.5%), Guanajuato (32.9%), Nuevo León (69.4%), Quintana Roo (49.7%), Sonora (51.8%) y Tamaulipas (52.9%). Todos estos casos son la muestra más clara de que el deterioro del mercado de trabajo conduce a una merma en el nivel de calidad de vida de la población. Cuando la comparación anterior se aplica al lapso 2010-2011 las cifras son igualmente indicativas de que el crecimiento económico no basta para frenar a la pobreza: en 24 entidades aumentó la pobreza a pesar de que el Indicador de la Actividad Económica Estatal señaló que en 20 de ellas hubo una mejora. Los estados que registraron la mayor variación fueron Tamaulipas (16.2%), Nue-

Fuente: CONEVAL


vo León (13.2%), Sinaloa (10.3%), Aguascalientes (9.3%), Distrito Federal (9.1%), San Luis Potosí (7.3%), Chihuahua (6.2%) y Quintana Roo (5.5%). En contrasentido de lo descrito Coahuila (9.7%), Michoacán (-4.0%), Baja California Sur (-2.1%), Tlaxcala (-1.8%) y Yucatán (1.7%) fueron las entidades que alcanzaron una mayor disminución en sus registros de pobreza entre 2010-2011. Debe enfatizarse, que para el cuarto trimestre de 2011 el valor del ITLP fue el más elevado para 6 estados de la república desde que se realiza su medición, dentro de los cuales destacan Aguascalientes, Guerrero, Estado de México, Nuevo León, Veracruz y Zacatecas. Además se tuvo a otras 4 entidades federativas que se encontraron muy cercanas a los niveles históricos más altos: Tamaulipas, Tabasco, Baja California y San Luis Potosí. En conjunto un tercio de los estados alcanzaron elevadas cifras de pobreza laboral, a pesar del crecimiento económico. La revisión de las líneas de bienestar refleja que la incapacidad de México para solventar esta problemática es bastante cuestionable. En el ambiente rural el CONEVAL, señala que con $724 pesos al mes se puede superar la línea de Bienestar Mínimo, en tanto que con $1,394 se puede tener bienestar. Lo anterior significa que una persona con ingresos de un salario mínimo (de $58.06 pesos diarios en 2011), podría, sin problemas vivir con bienestar en el entorno rural. Una situación similar debería ocurrir para el caso de las urbes, en donde con $1,030 pesos se supera el umbral de bienestar mínimo. La única línea que no se podía alcanzar con un salario mínimo es la de bienestar urbano. Fuente: CONEVAL


Líneas de Bienestar, promedio de 2011 Bienestar Mínimo

Rural $723.17

Bienestar

Urbano $1,029.05

Rural $1,393.17

Urbano $2,206.90

Fuente: Coneval

Ingreso laboral per cápita, variación (%) Pesos corrientes

Pesos del primer trimestre de 2005

Precios del primer trimestre del 2005 deflactados con la canasta básica

2006-2011

1.3

-18.3

-24.6

2010-2011

-1.2

-4.5

-4.9

Fuente: estimaciones propias con cifras del CONEVAL

Independientemente de que las denominadas como “líneas de bienestar” reflejan una realidad que poco tiene que ver con lo que cualquier persona considera vivir bien, es decir, alimentarse tres veces al día, pagar el transporte, servicios de salud, servicios educativos, comprar ropa, pagar electricidad, agua, predial y gas, por citar algunos ejemplos; lo que puede afirmarse es que, a pesar de tener mediciones verdaderamente laxas en México, la pobreza vinculada al mercado laboral se sigue incrementando. La razón fundamental de lo anterior se encuentra en que los ingresos per cápita provenientes del mercado laboral siguen retrocediendo. En términos nominales y de acuerdo al CONEVAL, durante el 2011 la variación de dichos ingresos fue de -1.2% respecto a lo que fue en 2010 y solamente se incrementó en 1.3% si la comparación se realiza respecto a 2006, es decir, al inicio de la actual administración. Bajo este marco de referencia puede afirmarse que,

derivado de los ingresos del mercado laboral, en los últimos 5 años el ingreso de los mexicanos se ha estancado y que, nuevamente, el crecimiento económico del 2011 no se vio reflejado en el bolsillo de los trabajadores. Si la revisión se realiza en términos reales, considerando pesos del 2005, lo que puede observarse es que el ingreso per cápita de 2011 retrocedió 18.3% respecto a 2006 y 4.5% en referencia a 2010. Aún más preocupante es la caída contabilizada utilizando la evolución de los precios de la canasta básica, la que fundamentalmente contiene a los alimentos. En esta caso el deterioro del ingreso es de 24.6% respecto a 2006 y de 4.9% si se le compara con 2010. El punto aquí a resaltar es que justamente es lo que primordialmente adquiere la gente más pobre, por lo que hoy su ingreso laboral per cápita apenas vale el 75% de lo que constituía en 2006.


El ITLP marca que el problema se encuentra en los peores niveles desde el inicio de su medición, superando incluso al registrado durante la crisis de 2009, de tal manera que la estabilidad económica no se ha traducido en un mayor bienestar para la población. No puede dejarse de lado la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores: el ingreso laboral per cápita real (deflactado con el índice de precios de la canasta básica) se ha reducido en 25%.

mexicanos, así como del sector privado. En este sentido, manifiesta el debilitamiento del consumo de la población y por ende de la demanda de bienes y servicios. Contar con un empleo que genere los ingresos suficientes para poder tener la capacidad de aumentar los niveles de consumo, al menos en los aspectos más básicos (alimento, vivienda, educación, salud, vestimenta, etc.), es una necesidad impostergable para el bienestar de la población.

En este sentido, las altas tasas de desocupación provocan mayores niveles de pobreza en el país, sin embargo, la precariedad del empleo también lo hace. En este sentido, el escaso avance en materia de creación de empleo se ha dado en un contexto en el que, además, la mayor parte de la población ocupada enfrenta una condición de precariedad. Es decir, el problema yace no únicamente en la falta de generación de empleo sino además en que las plazas laborales brinden los ingresos suficientes para los hogares.

Lo más grave del asunto recae en que este desequilibrio cada vez tiene mayor incidencia y menos prospectiva de solución, carece de estrategia y no existen los mecanismos institucionales para enfrentarlo. En particular debido a que la pobreza creció desproporcionalmente a pesar de que el país se encontraba en un periodo de crecimiento económico, generación de empleos y control de precios. Por tanto de poco sirve que se preserve una precaria estabilidad macroeconómica, y los aplausos que ello genera de las instituciones internacionales, sin que esa mejora realmente llegue al bolsillo de todos los mexicanos, particularmente a aquellos que día a día trabajan honestamente por obtenerlo.

Este contexto refleja la ausencia de una política que solucione el problema de pobreza. Su dimensión pone en evidencia la gravedad del rezago en el bienestar de los

NOTA El CONEVAL creó el Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP) para conocer cada trimestre la tendencia del poder adquisitivo del ingreso laboral a nivel nacional y para cada una de las 32 entidades federativas. La fuente de información es la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) que genera el INEGI. Este índice muestra la tendencia del porcentaje de personas que no puede adquirir la canasta alimentaria con el ingreso de su trabajo. Si el índice sube, significa que aumenta el porcentaje de personas que no pueden comprar una canasta alimentaria con el ingreso de su trabajo. El ITLP no constituye una medición de pobreza, puesto que no comprende todas las fuentes de ingreso ni todas las dimensiones de la medición oficial de la pobreza dada a conocer por el CONEVAL en diciembre de 2009.


Anexos

Fuente: CONEVAL

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Fuente: CONEVAL

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Fuente: CONEVAL

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Fuente: CONEVAL

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Crecimiento y ocupación ¿soluciones al problema de la pobreza en México?  

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