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SELECCIÓN DE EDITORIALES REVISTA ENTRELIGAS DE 2008 A 2010 Por Saghache


OPORTUNIDAD PARA CRECER |

Columna Editorial

Edición Nº99 Diciembre 2008

En esta época del año, en la que por lo general sólo se habla de quienes ganaron, bien vale la pena destinarle unas palabras a quienes perdieron, a los que se quedaron en el camino o, simplemente, a quienes tuvieron un año horrible en cuanto a resultados deportivos se trata. Para ellos: tranquilos, perder hace bien. Frases para enmarcar lo dicho existen por miles: “Lo que no mata, hace más fuerte”; “Los obstáculos en el camino de los débiles, se convierten en escalones en el sendero de los triunfadores”, etcétera. Pero hay unas palabras dichas por Marcelo Bielsa, que en lo personal se transformaron en una especie de ley aplicable a todos los ámbitos: “Los momentos en mi vida en que he crecido, tienen que ver con los fracasos. Los momentos en mi vida en que he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones” Ahora no se trata de andar perdiendo por la vida, la idea es ir convirtiendo la derrota en triunfo, ponerse metas e ir mejorando año tras año las mismas, con seriedad, convicción, con hidalguía y lo más importante: aprendiendo a sacar lo positivo de cada caída. Hay algo en que los argentinos —como Bielsa— nos superan ampliamente: van sin miedo a equivocarse, asumen una falla con la naturalidad que se debe, entienden que los errores son los momentos en donde uno realmente aprende, pero nosotros —los chilenos— lo único que esperamos es jamás equivocarnos. Error fatal. Me imagino que a nadie le agrada perder, menos si se trata de una derrota tras otra. Todos alguna vez hemos sentido el fracaso, lo importante es sacar lecciones y procurar no caer donde mismo. Eso es crecer.

El Editor


FÚTBOL ES VIDA |

Columna Editorial

Edición Nº102 Mayo 2009

Al igual que todos ustedes, yo juego en una liga —en verdad en más de una—, pertenezco a un equipo, he vivido momentos buenos y malos, periodos de satisfacción y otros en que nada pareciera resultar. ¿Y saben qué?: me encanta el fútbol. Y aunque a veces sintiera que es ingrato, que incluso me hace perder tiempo, siempre llego a la misma conclusión: debemos estar agradecidos de tener la posibilidad de jugarlo, porque entrega demasiado. Esta experiencia puede ser cercana para muchos: la pelota siempre fue parte de mi vida, me ayudó a encontrar amigos durante la niñez y adolescencia, me enfrentó precozmente al mundo real cuando decidí explorar el fútbol formativo, lo cual, a su vez, me llevó a presenciar infinitas luchas de ego; me mostró cómo era entendido por algunos el liderazgo; pude también asimilar en qué consistía más o menos el trabajo en equipo y, con el tiempo, entender cómo se debía actuar para ir en busca de un objetivo. Eso entre tantas otras cosas. Lo curioso es que esa experiencia sólo fue palpable y útil hace muy pocos años, cuando tras largas conversaciones con un gran amigo, junté todo y entendí —a mi manera— de qué se trataba realmente este juego. También comprendí que podía ser llevado y utilizado para leer la vida. Fue ahí además cuando acuñé la expresión “en la cancha es donde uno realmente se muestra como es”. Si quieres conocer a alguien, anda a verlo jugar. Por eso es tan entretenida esta actividad, por eso también es tan bueno que se practique desde la infancia. El deporte, y en este caso el fútbol, constantemente nos ayuda a crecer, pues nos enseña en forma de juego cosas importantes de la vida. Nos regala conocimientos que no se imparten en ninguna universidad.

El Editor


LA FIEBRE DEL LOCO |

Columna Editorial

Edición Nº103 Junio 2009

No recuerdo haber escuchado a un académico citar a un DT en sus clases —y hoy sucede—, ni menos haber visto a un técnico de fútbol en la portada de revistas magazinescas, y ni siquiera ofreciendo él una entrevista, sino que utilizado como ejemplo de liderazgo. Según mi punto de vista, Marcelo Bielsa tiene un gran mérito: está llevando nuestro vetusto fútbol, hacia la verdadera modernización. Encontró en Chile —como si fuera un persuasivo evangelizador— suelo fértil para entregar su mensaje y encajó a la perfección con nuestras necesidades. Sin creer exagerar, probablemente adquirimos al mejor técnico del momento o, al menos, a quien verdaderamente requeríamos para aprender algunas cosas y, por como están las transacciones en el mundo, nos costó barato. Hoy parece todo natural, vemos los conceptos del fútbol en cualquier actividad de la vida y eso es gracias a la profesionalización y la disciplina que el “leproso” instauró, lo cual, más encima, logra transmitir de manera tan natural a través de los múltiples mensajes (verbales y no verbales) que difunde por los medios. Porque aparte el tipo es un comunicador extraordinario. ¿Llegará el día en que los jugadores estudien fútbol? Ahí parece estar la clave. En el fútbol moderno ya no basta con estar físicamente bien entrenado o ser extraordinariamente hábil, también hay que saber aplicar los conceptos que convierten a este deporte en un juego de estrategia, concentración, comunicación e inteligencia, pero sin desconocer la historia, la cual debería ser uno de los ramos importantes de la malla. De todas formas hay que ser cautos. Tenemos que estar conscientes de que el proceso Bielsa culminará en algún momento, pero cuando eso suceda, estaremos un par de escalones más arriba y será difícil volver a retroceder, pues la fiebre del loco ya nos ha contagiado a todos… y ojalá que se demoren en hallar la cura.

El Editor


EL LIDERAZGO |

Columna Editorial

Edición Nº104 Julio 2009

“El fútbol es una combinación de personalidad, gusto, exigencia, liderazgo... El liderazgo se aprende leyendo, viendo, viviendo. Si sólo de fútbol sé, nada sé”. Esa frase le pertenece a Manuel Pellegrini y quizás sintetiza mucho lo que ha sido su carrera, pues no ha parado de crecer como persona y, por ende, también como técnico. Hoy es la cabeza visible de un cuadro plagado de sueldos millonarios, personalidades, egos y susceptibilidades, sin embargo, como dice un amigo, parece no incomodarle ese bello problema. El liderazgo en el fútbol profesional, es una responsabilidad que recae —o así debería ser— exclusivamente en el director técnico. Pero en la mayoría de los equipos de liga, en donde las piezas no se eligen precisamente por currículum deportivo y es difícil que exista un DT con dedicación exclusiva al cargo, esa tarea la asume alguien de forma natural, ya sea por cariño, por respeto, credibilidad o por las capacidades que haya podido demostrar. En toda organización social, desde las más complejas, hasta las más básicas, como podría ser un equipo de fútbol liguero, siempre debe o debiera existir una persona que marque los objetivos generales del grupo; que indique la forma para llegar a ellos; y que logre involucrar emocionalmente a todos los integrantes con la causa. Cuando eso se logra de forma clara, los resultados quedan a la vista. Los que han vivido alguna vez la experiencia, en cualquier actividad de la vida, probablemente no logren convenir en los diversos puntos de vista que existen cuando se habla de liderar. Pero en lo que seguramente —me imagino— estarán de acuerdo, es que eso se busca, se siente y se gusta… más cuando las cosas salen bien; todavía mejor si representa la sumatoria final de un proceso bien planificado.

El Editor


IDIOSINCRACIA A PRUEBA |

Columna Editorial

Edición Nº107 Octubre 2009

Y Chile al mundial. Estoy de acuerdo con casi todo lo que bien se argumenta en muchas columnas de opinión (me baso principalmente en las de El Mercurio), pero debo reconocer que no me gusta lo que proyectan algunos de esos mensajes, o mejor dicho, lo que nos dejan como sensación final. Estar contentos por la clasificación lo encuentro normal, pero sacarnos las gafas un rato para volver a lo de siempre, no, es más, me parece nefasto. Y es que esos aires demasiado soberbios y triunfalistas de algunos redactores, mirando en blanco y negro todo proceso anterior, sólo nos hacen mal entender los momentos duros, me preocupa que eso al final nos lleve a dormir en el ego y a despertarnos de un porrazo como ha sucedido otras veces. Aciertos y tropiezos forman parte de nuestra historia, y creo que existe consenso general en decir que sin recuerdos, peor aún, sin experiencias, se comienza una y otra vez desde cero. Por esa razón, tampoco deberíamos endiosar a Bielsa; sí tenerle mucho respeto. Estamos en medio de una aparente mejoría, en donde lo que debe primar es seguir construyendo una base sólida; luego, sin desesperarse, seguir subiendo escalones; Y por último, porque nada es perfecto, continuar aprendiendo de los errores. Si logramos absorber las lecciones del proceso clasificatorio —que sí las hubo— y las mezclamos homogéneamente con vivencias pasadas, probablemente esta vez el cemento logre cuajar y, de esa forma, al fin podamos dar el siguiente paso. Sin embargo, ahora lo más importante es tener conciencia de que el progreso no llegará al fútbol por arte de magia, de que se necesita trabajo y coherencia para solidificar nuestro querido deporte. Para eso no sólo se deben contagiar de profesionalismo los involucrados directos, sino que también los hinchas, los periodistas, los políticos y toda la nación, porque como dice el escritor uruguayo Eduardo Galeano: "el fútbol es el reflejo de la identidad de cada país”.

El Editor


TIEMPOS DE CAMBIO |

Columna Editorial

Edición Nº114 Julio 2010

Primer mundial en África, flamante campeón, selecciones “grandes” eliminadas en primera ronda. ¿No son acaso muchos golpes de sopetón?, ¿Estaremos tal vez frente a un cambio de paradigma en el fútbol o algo por el estilo?. Una cosa sí está clara: no porque caigan varios de los históricos líderes futbolísticos y hayan triunfado otros nuevos, se puede decir a boca de jarro que existe un renovado aire, ¡claramente no!. Pero si analizamos con atención, tal vez nos demos cuenta de que al menos esto se puede interpretar como el síntoma de algo más grande. Algunos intelectuales dicen que el fútbol es un reflejo de la sociedad (al igual que el arte) y creen que a través de él se pueden analizar y entender complejos entramados sociales. En la conferencia de prensa que ofreció Maradona tras la derrota frente Alemania en cuartos de final, el estratega argentino fue consultado sobre qué pensaba de los bajos rendimientos de Messi, Cristiano o Rooney, a lo que “El Diez”, con su característica hidalguía y disfrazado de una especie de sociólogo, contestó textual: “El jugador de hoy es mucho más colectivo, quiere hacer todo con sus compañeros, es la nueva tendencia… Antes por ahí éramos jugadores que nos poníamos los equipos al hombro”. Interesante. Según las palabras del Diego, en los jóvenes se estaría palpando una transformación en la manera de entender las nuevas necesidades y, de la mano de eso, una aparente modificación en la forma de conseguir sus objetivos. Si agregamos que Maradona representó todo lo contrario, es decir, fue como una especie de héroe dentro de la cancha —afuera lo sigue siendo—, entonces, ¿él estaría representando la vieja escuela? Una individualidad que de estar vestido de corto, seguro le gana a los alemanes o, al menos, llega muy cerca de hacerlo. Todo esto lleva a pensar que a los líderes de hoy tal vez se les pide que puedan juntar, persuadir y encauzar a los adalides emergentes, esos que bajo la lógica universitaria se han convertido en peritos de algo específico. La duda es si esto es mejor o peor que antes, porque si triunfa el juego de un equipo como España u Holanda, que protagonizaron una pésima y fría final, ¿indicará que la moda de ahora es renunciar a la pasión?... ¡ah no!, discúlpenme, pero eso no se transa. Prefiero pensar que efectivamente se viven tiempos de cambio y que lo visto en este último mundial sólo representa un rústico comienzo, como todo nuevo camino. El Editor


LA RETÓRICA DEL FÚTBOL |

Columna Editorial

Edición Nº117 Octubre 2010

Hace un tiempo atrás, mientras jugaba baby fútbol en el Country Club con unos amigos, acuñé (sin meditar en aquello) el término “¡dialogue, dialogue!”. Durante todo este periodo no pude sacar esa frase de mi cabeza, así que le seguí dando vueltas y a lo que llegué no me pareció tan descabellado. Me explico: en el baby fútbol, una de las características que tienen los buenos equipos es la rápida circulación del balón; no hay mucho espacio para detenerla, no hay demasiado tiempo para pensar. En ese contexto el “¡dialogue, dialogue!” hacía referencia a pasar rápidamente la pelota, no quedarse mucho con ella (no abusar del monólogo); hacerla circular a modo de fluida conversación. Juntando todo, podríamos decir que si el fútbol supusiera una manera de comunicarse, el balón, por tanto, representaría el mensaje. En el fútbol once, los diálogos son más extensos, pausados, numerosos y estratégicos, por ello, se deben elaborar mensajes contundentes… y más vale no quedarse sin argumentos si lo que se busca es ganar la discusión. También se debe evitar hablar de sobra. ¿Qué dicen los expertos?. En la Retórica de Aristóteles, se postula que para ganar efectividad la argumentación debe ser persuasiva y, para lograrlo, todo mensaje debe poseer tres componentes claves: uno, que sea racional o convincente (Logos); dos, que transmita confianza (Ethos); y tres, que apele a lo emotivo (Pathos). Si retomamos la analogía, el juego de cualquier equipo estaría determinado por esos tres elementos… una triangulación mágica que debería traducirse en éxito deportivo, ¿no?. ¿Cómo visualizarlo?. Hay dos perspectivas, la del estratega, que es quien planifica el discurso; y la de los jugadores, que son los encargados de hablarlo a través de sus mejores habilidades. Todo aquello resulta en un estilo de juego, que vendría siendo el mensaje que se le entrega al equipo rival. Para no alargarnos más (este espacio es finito), podemos concluir que sin conciencia de lo que se habla, sin confianza en lo que se dice, sin pasión por lo que se hace; el mensaje —y en definitiva las palabras— se transforma en un inerte balbuceo. Más retórica… ¡por favor!.

El Editor


HASTA LA VISTA BIELSA |

Columna Editorial

Edición Nº118 Noviembre 2010

Adiós Bielsa; no hablaré del egocentrismo dirigencial. Adiós Bielsa; no me despediré llorando, lo haré aplaudiendo. Adiós Bielsa; bienvenida nueva etapa. Pertenezco a quienes tienden a pensar que todo sucede para mejor, que incluso el retroceso puede ser entendido como el impulso para dar un nuevo salto. Algunos ven esta característica como un defecto, otros lo entienden como virtud… pero ¿qué importa?, si lo que viene puede ser mejor. Aferrado a esa filosofía es que me obligo a ver positiva la salida de Marcelo. Tengo la convicción de que estamos destinados a no retroceder, que no permitiremos esa alternativa, por eso, y ya mirando a futuro, lo importante es aprovechar lo que dejó el Rosarino, entender y encarcelar el positivo ciclo que vivimos (el cual afortunadamente no terminó por desgaste). Para comprender mejor, recomiendo pensarlo haciendo una semejanza con el profesor de enseñanza básica, que es totalmente distinto al de enseñanza media y ni hablar del docente universitario (aunque en la educación esto todavía no se entienda). Ahora debe venir una nueva etapa y depende de nosotros que ésta sea complementaria a la anterior. Marcelo Bielsa nos dio los primeros cimientos de construcción, fue ese profesor de básica: nos enseñó la importancia del trabajo; la pasión que se debe tener por lo que se realiza; la fidelidad que le debemos a nuestras convicciones; el saber jugarse el todo o nada por una decisión; y por último, el acercamiento a la ilusoria perfección desde la óptica de la repetitividad. Conceptos sencillos, pero potentes. Hoy debemos decantar ese aprendizaje y seguir construyendo encima de esa estructura. Esto es clave de sopesar al momento de elegir un nuevo estratega para la selección. Los caminos a seguir son tan diversos como los nombres de reemplazantes, lo importante es mirar la sucesión técnica de la selección desde la perspectiva antes señalada, es decir: ¿con qué queremos construir encima? ¿cuál es el conocimiento que ahora nos gustaría incorporar?. Queda mucho por delante, dejen lo accesorio, preocupémonos de lo sustancial.

El Editor



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