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Opinión

E

n momentos cuando la humanidad se debate en serios y profundos problemas y dificultades de diferente naturaleza y magnitud, que se manifiestan en severas crisis de alcance mediático, coyuntural y también permanentes en su duración, intensidad e impacto, el tema de la ética, la moral y los valores adquiere especial relevancia y significado, virtud de su trascendencia y decadencia. Hoy día la situación de los valores es muy crítica y preocupante en Costa Rica, dejando grandes dudas sobre su resolución y posible retorno a patrones otrora considerados como normales y aceptables. La desidia, el conformismo, la indiferencia, la comodidad personal y el desinterés en sus consecuencias y resolución, alimentan el escepticismo, fortalecen día a día los antivalores y con ello agravan la situación. Los valores ciertamente no están en crisis pero sí quienes los aplican y hacen respetar. Algunos colocan apocalípticamente la pérdida de valores como una verdadera “crisis de la crisis”, que obliga ejecutar todas las acciones y medidas posibles que nos hagan creer y tener esperanza.

Marco A. Chaves Solera • Ingeniero Agrónomo, MSc. • Ex Presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Costa Rica • chavessolera@gmail.com Los valores siempre han existido pues resultan vitales para la sana convivencia y necesaria coexistencia de los pueblos y las comunidades, ya que contribuyen ostensiblemente a orientar nuestro comportamiento en sociedad y a realizarnos como personas. Valores hay muchos y de diferente naturaleza: universales, nacionales, institucionales, religiosos, culturales, deportivos, empresariales, organizacionales, familiares, filosóficos, psicológicos, ecológicos y hasta morales, pero son estos últimos los que invoco en esta ocasión virtud de su preeminencia y actualidad. Kaptein y Schwartz describen seis valores morales que resultan a su criterio inquebrantables, como son: responsabilidad, respeto, 4 Germinar

confianza, generosidad, imparcialidad y solidaridad humana. Muchas otras opiniones se suman a esa larga lista, aunque en lo personal la honradez, la transparencia, la honestidad y la dignidad no pueden ni deben nunca quedar por fuera, pues son esencia vital de la persona recta, justa y digna. Como es fácil comprobar, la lista de valores que se exponen habitualmente en las instituciones, organizaciones y empresas es larga, florida y muy variada, muchas de las cuales no son más que anhelos, empeños, aspiraciones, intenciones que no pasan de la retórica y el discurso pues nunca se traducen en comportamientos tangibles, perceptibles y comprobables. Los valores no se ponen y quitan como un sombrero cuando interesa y

la situación es favorable pues son un asunto de credibilidad, certidumbre y convicción interna, esencia misma de la persona. El tema abordado reconozco no es fácil de analizar pues intervienen principios, creencias, experiencias, opiniones y sensibilidades no siempre firmes, objetivas y consistentes, sino por el contrario, mediáticas y cambiantes de acuerdo con la circunstancia y hasta el interés personal del momento coyuntural en que se encuentre. Pat Lencioni diferencia un valor real de una simple aspiración, manifestando que “un valor real es aquello por lo que usted está dispuesto a ser castigado por no ceder.” Si es un valor, y este es correcto, no importan entonces las consecuencias que su violación impliquen. Se dice también que

Germinar octubre 2017  
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