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Bloque de Fundamentos Macroeconómicos, Metodología y Escuelas de Pensamiento Económico

CAUSALIDAD EN ECONOMÍA

Autor de la nota: Mariel Manes Cátedra: Macroeconomía II – FCE - UNLP Profesor titular: Lic. Pedro Dudiuk Responsable: Mariel Manes “If we reason a priori, anything may appear able to produce anything. The falling of a pebble may, for caught we know, extinguish the sun; or the wish of a man control the planets in their orbits. It is only experience, which teaches us the nature and bounds of cause and effect, and enables us to infer the existence of one object from that of another.” David Hume, "An Enquiry Concerning Human Understanding” (1748)

Esta nota de clase pretende esclarecer algunos temas relacionados con la causalidad en economía. Las cuestiones a desarrollar, están divididas en dos bloques; el primero de ellos tiene que ver con los conceptos principales que tenemos que tener en cuenta para tratar la causalidad en las ciencias económicas, y los temas a comentar dentro del mismo son los siguientes: 1-. Breve introducción al tema de la causalidad en el conocimiento científico 2-. ¿Por qué estudiar causalidad en economía? 3-. Distinción entre Vieja y Nueva Causalidad. 4-. El problema de la palabra causalidad. 5-. Primeras aproximaciones a la concepción de la causalidad en economía. 6-. Idealismo y Realismo: Un acercamiento a la causalidad de mediados y fines del siglo XX. 7-. Los tipos de Causalidad según Hicks. 8-. Causalidad Probabilística. El segundo bloque de cuestiones a tratar se refieren a la aplicación del concepto de causalidad. En este contexto, los temas que discutiremos son los que siguen: 9-. La Causalidad en los modelos “estáticos” y los de “equilibrio”. 10-. Causalidad contemporánea: stocks y flujos. 11-. Causalidad contemporánea en Keynes. 12-. Causalidad secuencial. 13-. Causalidad y control de la política económica. Como dijimos, vamos a comenzar tratando las cuestiones centrales de la causalidad en la ciencia económica, para esto, comenzaremos hablando de la causalidad en el conocimiento científico en general para luego aplicarlo a la economía en particular. Material de estudio del curso 2006

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EL CONCEPTO DE CAUSALIDAD 1-. INTRODUCCIÓN A LA CAUSALIDAD EN EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO El tema de la causalidad es una cuestión ampliamente tratada tanto desde el punto de vista metafísico1 como desde el punto de vista epistemológico2. Históricamente se le ha dado un doble tratamiento. En el primero, se concibe la causalidad como una relación racional, por la que la causa contiene la razón de su efecto. Así Platón afirma que la verdadera causa es un principio de donde procede la razón de ser del efecto. De esto se sigue que la causa del dos es la dualidad y la causa de lo bello es la belleza. En el segundo enfoque, la causalidad es concebida como una relación empírica o temporal, en la que el efecto no es deducible de la causa, pero es previsible por razón de la constancia y uniformidad de la relación de sucesión entre causa y efecto. Este enfoque elimina de la relación causal la idea de fuerza generadora. En este sentido, algunos autores afirmaban que el conocimiento de una cosa no lleva consigo, y bajo ningún título, el conocimiento de una cosa diferente. Así, la proposición "el calor calienta" sólo se puede conocer a través de la experiencia. Pero es David Hume quien de una manera más acabada nos plantea la tesis de la no deducibilidad del efecto respecto de la causa. Descarta, por tanto, que nuestros conocimientos a priori puedan probar y dar certeza que el efecto se deduzca de la causa. Por el contrario, nos ofrece una nueva visión subjetiva y escéptica del conocimiento, el que debe estar fundamentado en la experiencia. Hume negó, sin embargo, que pudiéramos obtener conocimiento cierto de las observaciones. Incluso si observamos que ha salido el sol cada mañana, no podemos estar seguros de que saldrá mañana. ¿Esto quiere decir que Hume refutó la existencia de relaciones causales porque ellas no se podían probar? No, Hume creyó que saldría el sol al día siguiente. Las relaciones causales se basan en observaciones. Éstas no pueden ser verificadas, pero podemos creer en ellas hasta que se falseen. Con el propósito de sentar las bases de una teoría de la causalidad, Hume establece dos tipos de relaciones fundamentales: las relaciones de ideas y las cuestiones de hecho. En referencia a esta última afirma que todos nuestros razonamientos consisten en comparar y descubrir relaciones constantes o inconstantes de los objetos entre sí. Pero la causalidad es la única de las relaciones de hecho que permite a la mente ir más allá de lo inmediatamente presente a los sentidos y nos informa de objetos que no vemos o que no podemos ver o sentir, como las relaciones: fuego-calor, electricidad-luz, enfermedad-dolor, etc. En consecuencia, la causalidad es el resultado de una secreta conexión que permite a la mente inferir o tener la creencia de la existencia o acción de un objeto cuando es seguido o precedido por otro ¿En dónde se origina la idea de causalidad o cuál es la impresión primaria que nos permite inferir que A es causa de B? A este respecto Hume afirma que esta relación no está basada en ninguna de las cualidades particulares de los objetos, y

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Metafísica: Disciplina filosófica que trata de la esencia de la realidad total y entraña una concepción total de la vida y del universo. 2 Epistemología: Disciplina filosófica que estudia los principios materiales del conocimiento humano. Es decir, mientras la lógica investiga la corrección formal del pensamiento, su concordancia consigo mismo, la epistemología pregunta por la verdad del pensamiento, por su concordancia con el objeto; la primera es la teoría del pensamiento correcto, la segunda la teoría del pensamiento verdadero. Los principales problemas epistemológicos son: la posibilidad del conocimiento, su origen o fundamento, su esencia o trascendencia, y el criterio de verdad.

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aunque descubre dos relaciones como la contigüidad y la prioridad de tiempo entre A y B, reconoce que el elemento fundante y principal es la conexión necesaria3. Sin embargo, Hume es enfático en afirmar que, no obstante todo el esfuerzo que pongamos, no llegamos a conocer la impresión original de la conexión necesaria en los objetos. Esa conexión se da en nuestra mente como resultado de la constante conjunción de dichos objetos y no por cualidades objetivas de los mismos. Como una cuestión de “hábito” o “costumbre”, la repetición de las observaciones de la causa seguida del efecto suscita en nosotros una expectativa, según la cuál se seguirá el mismo efecto, dada la observación siguiente de la causa. La causalidad no es una característica del mundo físico conocido por la razón o por la observación empírica; es un producto de la imaginación humana. Según Hume, entonces, la causalidad no es más que lo que hoy en día se denomina respuesta condicionada. Si la concepción de Hume fuera correcta, implicaría que no puede haber algo como la causalidad en el mundo físico, al margen de las expectativas humanas. No podría haber habido causalidad antes de poblar el mundo las personas u otras criaturas inteligentes. La causalidad dejaría de existir si todas esas criaturas llegaran a extinguirse. Este punto de vista es difícil de aceptar. Podemos estar convencidos, por ejemplo, de que el Gran Cañón del norte de Arizona fue producido – causado – por la erosión del río Colorado durante un periodo de muchos millones de años, mucho antes de haber existido en la Tierra seres humanos u otras formas de vida inteligentes. No es, por tanto, sorprendente, que muchos filósofos buscaran socavar la posición subjetiva de Hume. Como la intención principal de esta nota es la explicación y aplicación del concepto de causalidad a la economía, dejaremos en este punto el desarrollo de la causalidad en la filosofía de la ciencia. A pesar de que el concepto siguió estudiándose y perfeccionándose, debemos aclarar que, como veremos más adelante, la Economía se vio profundamente influenciada por la visión de Hume. Según Hicks, el autor que analizaremos más en detalle aquí, la “conexión necesaria” de Hume viene dada por las teorías que usamos para explicar por qué A causa B. Hume con su teoría de la causalidad nos abre a otra dimensión del pensamiento moderno ilustrado: nos crea la duda escéptica y nos demuestra con argumentos firmes las limitaciones de nuestro conocimiento, y por tanto invita a las ciencias a una búsqueda constante. Veamos cómo se ha avanzado con el concepto de causalidad en la ciencia económica.

2-. ¿POR QUÉ ESTUDIAR CAUSALIDAD EN ECONOMÍA? De acuerdo con Hicks (1979), causalidad y economía no suelen encontrarse unidas. Los economistas, a pesar de hablar con frecuencia de los efectos y algunas veces de las causas, se contentan con dejar la cuestión del significado de estos términos a otros. Existen tres razones por las que la aplicación económica del concepto de causalidad es particularmente instructiva. La primera se basa en el simple hecho de que el conocimiento económico es extremadamente imperfecto. Existen muy pocos hechos económicos que 3

Para una descripción más acabada de las ideas de Hume, consultar, por ejemplo: http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiamedievalymoderna/Hume/HumeCriticaRelacionCausalidad.htm

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conozcamos con precisión; la mayoría de las magnitudes “macro” que aparecen tan ampliamente en discusiones económicas, están sujetas a errores y ambigüedades. Son escasas las “leyes económicas” que pueden considerarse firmemente fundamentadas. Nadie puede adjudicar el grado de certeza de las ciencias naturales a predicción económica alguna. La economía es un vivo ejemplo del conocimiento incierto. Si podemos comprender la significación del conocimiento incierto, estamos en condiciones de incorporar luego el caso del conocimiento cercano a la certeza, simplemente disminuyendo el grado de incertidumbre. En cambio, si tomamos el caso del conocimiento cuasi – cierto como nuestro caso típico, encontraremos mucho más difícil llegar al conocimiento incierto, que entonces aparece como radicalmente diferente. Esta es la primera razón por la que resulta conveniente tomar el caso de la economía: su posición en el límite de las ciencias. La segunda razón es la relación entre la economía y el tiempo. Fue Hume quien sostuvo que la “prioridad en el tiempo de la causa respecto del efecto” es una propiedad “esencial de las causas y los efectos”. Como veremos más adelante, Hicks no está del todo de acuerdo con que esta propiedad sea tan “esencial” como Hume lo supuso; pero es innegable que existe en la relación de causa y efecto alguna referencia temporal. El mero hecho de que el economista esté comprometido con los asuntos corrientes, le otorga una responsabilidad particular respecto del tiempo. La ciencia experimental, en su naturaleza, está fuera del tiempo histórico4. Por cierto, hay ciencias experimentales que incluso tienen sus propios calendarios. En cambio, el presente del economista es nuestro presente, el día que vivimos. El presente es efímero; no tenemos tiempo de pensar en él antes de que sea pasado. De modo que decir que el economista está comprometido con el presente, es sólo otra manera de decir que está comprometido con el pasado y con el futuro. Se trata del pasado reciente y del futuro inmediato. El economista se interesa tanto en el futuro como en el pasado, pero es del pasado desde donde debe comenzar. Es el pasado quien le provee los hechos que utiliza para hacer sus generalizaciones, que luego son utilizadas como base de predicciones y como consejo para la planificación. El historiador se preocupa por el pasado en su relación con el presente; el economista se preocupa por el presente y por su compatibilidad con el pasado. Si, como vimos, la economía está en el límite de las ciencias, también está en el límite de la historia, ocupando así una posición clave. Naturalmente, puede objetarse que la misma posición clave es ocupada por otras ciencias sociales, como la ciencia política o la sociología. Sin embargo, hay una tercera razón que hace que Hicks elija a la economía, una razón que las otras ciencias sociales no comparten en el mismo sentido. La economía está especialmente vinculada con la toma de decisiones y con las consecuencias que se siguen de las decisiones; esto tiene profundas repercusiones.

3-. DISTINCIÓN ENTRE VIEJA Y NUEVA CAUSALIDAD Tomemos por ejemplo el campo que es común a la economía y a la historia: el estudio del pasado, con el propósito de descubrir, no sólo lo que sucedió, sino por qué ocurrió. Esto es causalidad; si el estudio tiene éxito, debería permitimos establecer una causa; tendríamos que decir que A causó a B. A, en historia (en historia política, así como en economía), será a menudo una decisión que alguien tomó; B será las 4

Cabe aclarar que, como veremos más adelante siguiendo a S. Dow en el capítulo 6 de su libro, no todas las escuelas de pensamiento económico trabajan con tiempo histórico. En particular, el Maistream, trabaja con tiempo mecánico.

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consecuencias que según nuestros argumentos emergen de la decisión, de manera tal que no hay duda de que, causa y efecto son secuenciales. La búsqueda de una causa de este tipo consiste en identificar la decisión particular que dio origen a B. Tal vez baste con saber quién fue el que tomó la decisión, quién fue el responsable, aunque quizás este sea más el caso en historia que en economía. Por consiguiente, podemos distinguir un sistema de pensamiento (al que podríamos llamar Vieja Causalidad) en que las causas son siempre concebida como acciones de alguien; siempre existe un agente, ya sea humano o sobrenatural. Se suponía que las acciones humanas eran buenas o malas, pero ¿qué debía pensarse de la cualidad moral de las acciones sobrenaturales? Para los más fieles representantes de la Vieja Causalidad esta era una pregunta que no debía formularse; pero era inevitable que alguien lo hiciera. El "justificar los modos de obrar de Dios para con los hombres" era una tarea que debía intentarse. De ahí surge el optimismo de Pope; Dios actúa a través de las leyes naturales, y las leyes son buenas aún cuando sus consecuencias puedan ser deplorables. Pero ¿por qué deben ser buenas esas leyes? Normalmente nos ayudan a ganar el pan de cada día, pero también son responsables de desastres como el terremoto de Lisboa. El ocaso de la Vieja Causalidad quedaba a la vista. La solución la encontraron los filósofos de la ilustración, Hume y Kant. Y era la solución, ya que, su Nueva Causalidad era una adquisición permanente. Era la vieja asociación entre Causalidad y Responsabilidad lo que debía reprocharse. La causalidad es una cuestión de explicación; pero cuando explicamos, no necesariamente aprobamos o condenamos. El espectro de cuestiones en las cuales es pertinente la categoría de causa y efecto es más amplio que aquellas en las cuales es pertinente la aprobación o la condena. ¿Qué queremos decir, entonces, en el marco de la Nueva Causalidad, cuando afirmamos que A causó B? Podemos decir que A es algún acontecimiento que ocurrió en algún momento del pasado y que B es algún acontecimiento que por ahora diremos que debe haber ocurrido en algún tiempo posterior. Supondremos que contamos con evidencia satisfactoria que comprueba que ambos hechos ocurrieron realmente. En causalidad debemos sostener que si A no hubiera existido, B no habría existido; si noA, entonces no-B. Pero no-A y no-B no son acontecimientos que han ocurrido; son acontecimientos que no han ocurrido. Por lo tanto, debemos considerarlos construcciones teóricas; no podemos decir nada de ellos a menos que tengamos alguna teoría acerca de la forma en que las cosas se relacionan. En una aseveración causal, se está aplicando una teoría. En tanto mantenemos la Vieja Causalidad, podemos afirmar que todo acontecimiento debe tener una causa; debe ser causado por alguna acción, ya sea humana o sobrenatural. ¿Es posible afirmar igualmente, en el marco de la Nueva Causalidad, que todo acontecimiento debe tener causa? Dentro de este nuevo marco sólo podemos formular una aseveración causal si poseemos alguna teoría o generalización en la que puedan encuadrarse los hechos observados; pero suponer que poseemos teorías en las cuales se puedan encuadrar todos los hechos es una pretensión desmedida. La Economía se ha comprometido con la Nueva Causalidad, con la búsqueda de leyes o generalizaciones mediante las cuales podemos afirmar algo acerca de las causas de los hechos. Es una búsqueda que en el caso de la economía se torna obviamente interminable ya que es una ciencia característicamente imperfecta. El vínculo que une a la economía con la Nueva Causalidad es bastante especial. Ello se debe a que la economía se ocupa de acciones y decisiones humanas, de modo que, en Material de estudio del curso 2006

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cierta forma se acerca a la Vieja Causalidad. La disputa entre libre albedrío y determinismo5, que fue una cuestión tan candente en los últimos días de la Vieja Causalidad, tiene aún importancia para la economía. Pero en economía encontramos una solución. Esta solución tiene que ver con lo que puede denominarse la relatividad del tiempo. Para el economista, que sabe que estudia el pasado en aras del presente, la doble visión es una necesidad. Siempre está dominado por la necesidad de mirar al pasado de estas dos formas: desde el punto de vista del pasado, y desde el suyo propio; o, como acostumbra decirse, ex-ante y ex-post. Es a través de esta doble visión que está en condiciones de trascender la vieja controversia entre Voluntarismo6 y Determinismo. La gente, toma decisiones ahora, mirando al futuro. No hay razón por la cual, al mirar hacia delante, debamos dudar de nuestro sentimiento de libertad para elegir un curso de acción en lugar de otro. Pero ninguna decisión presente puede afectar lo que ha ocurrido en el pasado. Por lo tanto, con respecto al pasado se puede ser completamente determinista. Ello equivale a decir que no hay hechos pasados cuya explicación no se pueda intentar. El voluntarismo aplicado al pasado nos lleva nuevamente a la Vieja Causalidad; sólo puede interpretarse como que existen algunos hechos del pasado (decisiones pasadas) cuyo examen está prohibido al investigador. El determinismo aplicado al futuro (en términos teológicos, predestinación) es igualmente dificultoso.

4-. EL PROBLEMA DE LA PALABRA CAUSALIDAD En las ciencias sociales la palabra causa fue objeto de un debate muy fuerte. Se pasó del realismo7 al constructivismo8. Las relaciones de causalidad plantean la idea de cuáles son los impactos entre las variables. De esta manera, sin causalidad no hay posibilidad de hacer política económica porque no hay forma de ver como controlando una variable puedo controlar otra. Existen varios conflictos relacionados con el uso de la palabra causalidad. Enumeraremos tres de ellos. El primer conflicto surge porque la palabra causalidad lleva al realismo extremo. Entendemos aquí por realismo que sólo existe una definición correcta de las cosas. Aquí se ve a la causalidad como algo que está en la realidad de los objetos (a diferencia del nominalismo, donde se cree que la causalidad está en la mente). Por lo tanto, muchas veces, cuando decimos “A es la causa de B” se podría estar interpretando como que A es la única y posible causa de B, porque, en definitiva, B es parte de la realidad de A. Como veremos más adelante, esto no es así en las ciencias, particularmente, no es así en la economía, dónde establecer causas unívocas es una tarea prácticamente imposible. 5

Determinismo: Doctrina metafísica que afirma que todo fenómeno está determinado de una manera necesaria por las circunstancias o condiciones en que se produce, y, por consiguiente, ninguno de los actos de nuestra voluntad es libre, sino necesariamente condicionado. 6 Voluntarismo: Doctrina psicológica que considera a la voluntad como la actividad esencial del alma humana, de la cual dependen todas las demás y especialmente las intelectivas. Sus principales representantes son Wundt (1832-1920) y Paulsen (1846-1908). En algunos pensadores, como Schopenhauer (1788-1860), el voluntarismo ha llegado a ser una doctrina metafísica que considera a la voluntad como la esencia propia, no sólo de nuestro propio ser, sino de todas las cosas. 7 Realismo: Doctrina epistemológica y ontológica, que afirma la existencia de objetos reales independientes de la conciencia y asequibles a nuestras facultades cognoscitivas. 8 Constructivismo: según la posición constructivista, el conocimiento no es una copia de la realidad, sino una construcción del ser humano, esta construcción se realiza con los esquemas que la persona ya posee (conocimientos previos), o sea con lo que ya construyó en su relación con el medio que lo rodea. El contructivismo plantea que no existe una única realidad objetiva.

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El segundo conflicto está relacionado con la pérdida del individualismo. Según Hicks, se pierde esta noción ya que no se tienen en cuenta las particularidades de cada individuo. Si suponemos que después de una causa viene un determinado efecto se olvida que los individuos pueden influir sobre esta relación. Esta crítica es superada de alguna manera por Keynes al utilizar una definición probabilística de causalidad, en lugar de una definición determinística9. Sin embargo, la definición usual de causalidad en economía es la de tipo determinístico, y el uso de supuestos como el de la existencia de agentes representativos están negando la diversidad individual. El tercer conflicto fue planteado por Lucas (1976) y Sargent (1981), respecto a la estabilidad de los parámetros y a la posibilidad de hacer econometría. En efecto, Lucas y Sargent argumentan que los agentes económicos modifican sus conductas ante cambios de política económica lo que genera a una inestabilidad estructural de los parámetros del modelo en cuestión. Bajo estas condiciones es difícil simular, con la precisión necesaria para propósitos de política económica, el comportamiento de los agentes económicos ante modificaciones en los precios de mercado. Sin embargo, la econometría moderna ha desarrollado diversas pruebas estadísticas, conocidas como condiciones de exogeneidad, que permiten conocer las posibilidades para utilizar un modelo econométrico con propósitos de pronóstico o simulación de política económica. Por lo tanto, para utilizar una determinada relación causal, debe demostrarse la estabilidad intertemporal de los parámetros y superexogenidad.

5-. PRIMERAS APROXIMACIONES AL CONCEPTO DE CAUSALIDAD EN LA ECONOMÍA La evolución de los conceptos de causalidad en economía ha estado íntimamente ligada a la evolución de los conceptos de causalidad en filosofía. Varios filósofos y economistas – además de Hicks, cuyo libro analizamos en mayor profundidad – realizaron algunas aproximaciones a lo que ellos creían que implicaba el concepto de causalidad en economía. Por ejemplo, las concepciones causales de Hume aplicadas a la economía, son abiertamente empiristas. Hume (1752) presenta la teoría cuantitativa del dinero, que establece que el stock de dinero en relación al stock de bienes, causan los precios. Otra declaración causal es el mecanismo de ajuste “flujo de especie – precio” (el dinero es la causa de los precios); la doctrina de los fondos prestables (la oferta y la demanda de préstamos causa la tasa de interés); y la doctrina sociológica ("el comportamiento y las costumbres de las personas” causan la producción, los beneficios y los préstamos). A pesar de tener un enfoque básicamente empírico, Hume no confundía causas con correlación (o regularidades empíricas)10. De acuerdo a las afirmaciones causales en Hume (1752), las tasas de interés y el dinero están correlacionados. No obstante, no hay un efecto causal directo entre ellos; ni la tasa de interés causa al dinero, ni el dinero causa la tasa de interés. Ellas están correlacionadas porque están causadas por la misma fuente, que es "el comportamiento y las costumbres de las personas”. Hume está convencido de que la causalidad es una cuestión determinística y sólo admite probabilidades si están relacionadas con la ignorancia de los humanos (o la imposibilidad de procesar toda la información).

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La idea de causalidad determinísitca o estocástica se da cuando tenemos una relación causal que es una ley axiomática en donde no existe incertidumbre. 10 Mientras que la causalidad es asimétrica (sólo es simétrica la causalidad mutua) y transitiva, la correlación es simétrica e intransitiva.

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Los economistas clásicos, según se percibe en sus trabajos, fueron profundamente influenciados por la visión regularista de causalidad de Hume. Sin embargo, ni Adam Smith ni David Ricardo sugirieron nunca una definición explícita de causalidad. Con el surgimiento de la escuela neoclásica, la crítica romántica de la causalidad también afectó a la economía. De acuerdo con esta visión, todo afecta a todo. En particular, la aproximación al equilibrio general seguida por Walras acentúa su punto de vista de la interdependencia general en contraste con la causalidad asimétrica. Bajo la influencia de este punto de vista, se acostumbró a atacar explícitamente la causalidad. Esta actitud permaneció hasta hace relativo poco tiempo. Respecto de esto, Knight sostuvo que en una llamada relación causal, no podemos ver nada más que “una relación funcional, la causa que comienza en la variable independiente y su efecto en la variable dependiente”. La visión prevaleciente fue frecuentemente anti – causal, como se ve en un ensayo muy influyente de Robbins que hace referencia a que “lo importante no es tanto el tema de las causas por las cuales se determinan ciertas variaciones en la producción y en la distribución, sino en las condiciones de equilibrio de varias cantidades económicas”. Una actitud similar puede encontrarse en autores comprometidos con el tema del equilibrio general. Por ejemplo, en su libro “Money, Interest and Prices”, Don Patinkin sostuvo que “es insignificante hablar de relaciones causales a lo largo de variables dependientes y, en términos generales, entre variables económicas”. Sin embargo, la revolución marginalista no borró los conceptos de causalidad de la economía. La tradición causal sobrevivió en las escuelas Marshallianas y Wicksellianas. La tradición marshalliana fue desarrollada en una dirección causal por Keynes quien, en su Treatise on Probability, detalló una concepción muy original de la causalidad probabilística la cual luego fue aplicada por él mismo en sus trabajos económicos. Las aproximaciones causales post-keynesianas y post-wicksellianas fueron mezcladas en un debate metodológico, en los años ’30 y ’40, acompañados por los primeros desarrollos econométricos, los cuales estaban influenciados por Tinbergen, Haavelmo, Hansen y Wold. Estos autores se combinaron con la tradición keynesiana y con la wickselliana, que luego se razonaron en términos causales, a pesar del descrédito en el cuál había caído la causalidad dentro de la teoría ortodoxa. Como resultado, el rápido desarrollo de la economía en los años ’30 produjo un reavivado interés en el tema de los conceptos de causalidad en econometría. Una metodología estadística diseñada para “verificar tanto la existencia como la dirección de la causalidad entre variables económicas” es la desarrollada por C. W. Granger (1969). La definición de “causalidad de Granger” dice que si una variable exógena (X) ayuda a pronosticar a una variable endógena (Y), en el sentido de disminuir la varianza de los pronósticos de Y, entonces se dice que X “causa en el sentido de Granger” a Y. Sin embargo, según G. Vera (1984), entre los economistas han surgido divergencias en la adopción de esta metodología, ya que la definición de causalidad que implica no corresponde a la definición filosófica de la misma, además de que en diferentes evaluaciones empíricas los resultados son contradictorios. En la misma dirección de pensamiento, Vercelli (2001) nos señala: “El enfoque de causalidad que ha prevalecido en economía en las últimas dos décadas es el basado en la peculiar definición de causalidad probabilística sugerida por Granger. (...) Este nuevo concepto de la causalidad no fue inmediatamente aceptado porque la mayoría de los economistas eran en ese entonces sospechosos de cualquier concepto de causalidad asimétrica, ya que creían que contradecía la interdependencia general de variables económicas representada en la Teoría del Equilibrio General, mientras que los pocos Material de estudio del curso 2006

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economistas que se ocupaban de causalidad asimétrica utilizaban conceptos de la causalidad determinista, y no estaban preparados para reconocer la legitimidad epistemológica de ningún concepto de causalidad probabilística.”

En realidad, Granger distingue cuatro casos de causalidad: 1. Causalidad unidireccional de X hacia Y es la indicada si los coeficientes estimados sobre la X rezagada son estadísticamente diferentes de cero considerados en grupo y el conjunto de coeficientes estimados sobre Y rezagada no es estadísticamente diferente de cero. 2. Causalidad unidireccional de Y hacia X es la indicada si los coeficientes estimados sobre la X rezagada no son estadísticamente diferentes de cero considerados en grupo y el conjunto de coeficientes estimados sobre Y rezagada es estadísticamente diferente de cero. 3. Retroalimentación o causalidad bilateral, es sugerida cuando los conjuntos de coeficientes de X e Y son, en ambas regresiones, estadísticamente diferentes a cero. 4. Independencia, cuando los conjuntos de coeficientes estadísticamente significativos en ambas regresiones.

de

X

e

Y

no

son

Sin embargo, es necesario reiterar que sobre la definición de causalidad de Granger hay que hacer algunos comentarios tales como que, según G. Vera (1984), es una definición básicamente estadística que “no es intuitiva ni completa, en la medida de que es una definición parcial que no incorpora explícitamente el conocimiento teórico de los fenómenos”. A pesar de esto, su éxito en economía pareciera descansar en la fuerte afinidad con la nueva corriente del análisis económico, cimentada en las expectativas racionales y en técnicas de modelación basadas en procesos estocásticos y la visión subyacente del mundo real concebido como cerrado y estacionario11. Hay varios problemas con la definición de causalidad de Granger. El primero ya lo vimos en relación a Hume y el hecho de que no tiene porque existir relación causal entre variables que están correlacionadas (por ejemplo, Sober (1988) encuentra altas correlaciones entre el precio del pan en Inglaterra y el nivel del mar en Venecia). El segundo problema es que puede existir relación causal entre variables que, al momento de la medición, no están correlacionadas. Para ver esto, supongamos que tenemos una variable A que es causada por dos variables, B y C. Supongamos también que C es una variable controlada por el gobierno que puede manejarse para evitar las fluctuaciones de A. En ese caso, aun cuando hay relación causal, si A no se mueve, no se encontrará correlación. Por ejemplo, en el modelo IS – LM, supongamos que la tasa de interés es A, un shock real es B, y C es el stock de dinero. Entonces B y C causan A. Pero, ante un shock, el Banco Central puede modificar el stock de dinero para que la tasa de interés permanezca inalterada12. 11

Definimos el mundo como “cerrado” siempre que quien toma las decisiones conozca todos los estados posibles, todos los actos posibles y la probabilidad de ocurrencia de todas las consecuencias posibles de estos actos en cualquier estado posible. Definimos el mundo como “estacionario” siempre que se asuma que el set de estados posibles, los actos y las consecuencias no cambian en el tiempo, y el mismo acto conduce a la misma consecuencia condicional al mismo estado con la misma probabilidad. Aunque estas dos características atribuidas al mundo verdadero son muy demandantes, se asumen explícitamente en el objetivismo recibido de la Teoría de la decisión (Morgenstern-von Neumann, 1944) o el subjetivismo (Savage, 1956), que son la base de Teoría económica ortodoxa y de la causalidad de Granger. 12 Es importante notar no obstante que a los efectos de estudiar el efecto que sobre una variable – en nuestro caso, la tasa de interés – posee otra variable – el stock de dinero – las técnicas empíricas disponibles permiten estimar una relación funcional que admita más de una variable explicativa (lo que se

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De este modo, notamos que el concepto de causalidad de Granger está ampliamente influenciado por la idea de ordenamiento temporal.

Simon (1952, 1953) proporciona una definición que no confía en el ordenamiento temporal. El enfoque de Simon se centra exclusivamente en la relación epistemológica entre causa y efecto concebidas como el orden en el cual las soluciones de un sistema de ecuaciones lineal se puede calcular. Este orden está completamente determinado cuando el sistema es recursivo. El orden causal de esta visión está, entonces, relacionado con una propiedad puramente sintáctica de un sistema matemático. Simon es totalmente consiente de que las relaciones epistemológicas por sí solas no dicen nada acerca de las relaciones causales empíricas, a menos que seamos capaces de detectar alguna clase de correspondencia entre la relación epistemológica y la empírica. La identificación de los sistemas causales con sistemas recursivos es ciertamente cuestionable, pero podemos explicar las razones para ello. La principal es epistemológica, y se refiere al “reduccionismo estímulo – respuesta”. De acuerdo a este punto de vista, el último fundamento de la causalidad económica es originado en el nexo, existente a nivel de los agentes individuales, a través del estímulo recibido por el tomador de decisiones y su respuesta. Ambas son consideradas la verdadera relación causal, fundamental, y todas las otras relaciones se derivan de esta. Los sistemas de equilibrio son típicamente caracterizados por relaciones simétricas entre variables endógenas, caracterizadas generalmente dentro de sistemas independientes. El debate acerca de sistemas recursivos o independientes se puede interpretar como un conflicto entre dos principios de inteligibilidad. La preferencia por sistemas recursivos ha sido a menudo la expresión de un alto nivel de atención dada al rol de los procesos de desequilibrio (como en las escuelas Keynesianas o Wicksellianas) o al rol de la racionalidad limitada (es el caso de Simon). Por otro lado, la preferencia por sistemas independientes ha sido a menudo consecuencia de una profunda creencia en la racionalidad plena.

6-. IDEALISMO Y REALISMO: UN ACERCAMIENTO A LA CAUSALIDAD DE MEDIADOS Y FINES DEL SIGLO XX Según los empiristas, todas las ideas se derivan de la experiencia; por lo tanto, el conocimiento del mundo físico no puede ser más que la generalización de eventos particulares y nunca pueden lograr más que un grado alto de probabilidad (o sea, no pueden lograr certeza). Los empiristas tienden a basar sus declaraciones causales sólo en regularidades empíricas. El idealismo moderno puede ser visto como una “síntesis” entre el racionalismo (la razón nos llevará a la verdad) y el empirismo (el conocimiento es derivado de experiencias). Para darle sentido a las experiencias tenemos que aplicar la razón. La misma observación puede interpretarse de maneras diferentes, dependiendo de los supuestos. Por consiguiente las observaciones empíricas son necesarias pero no suficientes para establecer leyes causales. Las regularidades empíricas también deben conoce como “controlar” por otras variables), de modo de que es posible obtener resultados que pueden ser interpretados como el cambio en la variable explicada ante un cambio en una de las variables explicativas, cuando todas las demás variables explicativas se hallan constantes. Es decir, en este contexto, sí captaríamos los movimientos en la tasa de interés. En los términos de nuestro ejemplo, el único caso donde la metodología deja de ser válida es cuando la política contracíclica actúa perfecta y totalmente de modo que compense exactamente el efecto del shock, de manera que para el período sobre el cual se disponen los datos, la tasa de interés se mantiene de hecho constante. En este caso, las técnicas empíricas no son capaces de obtener una estimación de la relación funcional de interés.

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tener sentido dentro del cuerpo existente de conocimiento conceptual a través del cuál interpretamos nuestras percepciones y experiencias, para tratarlas como relaciones causales. En economía, los economistas austríacos (Carl Menger, Ludwig von Mises, Friedrich A. von Hayek, etc.) y los nuevos economistas clásicos (como Robert E. Lucas) puede ser clasificados como idealistas. Los economistas idealistas ven la macroeconomía como redundante porque, para ellos, las relaciones entre los agregados no son más que la suma del comportamiento individual13. Los macroeconomistas post-keynesianos (entre otros) han sido caracterizados como realistas críticos14. Según el realismo crítico, el mundo real existe independientemente de nuestra conciencia, y nuestra comprensión del mundo real debe corregirse y debe interpretarse. Lawson propone una ontología diferenciada y defiende un método específico, la retroducción, para establecer conocimiento sobre el mundo (y su contenido), que se presume que existe. La retroducción, que no es ni deductiva ni inductiva, implica que el análisis procede de fenómenos manifiestos y va hacia las estructuras “profundas”. La teorización realista supone ir de los fenómenos superficiales hasta los mecanismos causales más profundos. Sin embargo, estas estructuras más profundas no son en ningún sentido inmutables. Más bien, se propone una visión específica de la actuación humana basada en la intencionalidad de los agentes (económicos) y su capacidad transformadora. Muchos mecanismos causales pueden trabajar al mismo tiempo, y si ellos trabajan en direcciones diferentes, la variable causada por estos mecanismos puede no cambiar. El mecanismo causal puede trabajar por consiguiente aún cuando no puedan observarse empíricamente. Lawson (1994, 1995, 1997) afirma que la economía neoclásica está apuntalada por una filosofía positivista tipo Hume según la cual la realidad comprende la conjunción constante de acontecimientos atomizado, una perspectiva ontológica de sistema cerrado. En este enfoque, el objetivo de la ciencia económica es elaborar regularidades universales de acontecimientos y proporcionar explicaciones teóricas de la forma (general) “siempre que se produzca el acontecimiento (del tipo) X, entonces tendrá lugar el acontecimiento (del tipo) Y”. Esta estructura de ciencia se deduce vagamente de dos formas particulares de cierre: la intrínseca y la extrínseca. La condición intrínseca de cierre se refiere a la inmutabilidad del fenómeno en cuestión y puede decirse que, aproximadamente, sugiere que una causa produce siempre el mismo efecto. La condición extrínseca requiere que el fenómeno en cuestión sea aislado de las influencias externas y se refiere a la condición de que un efecto tiene la misma causa. Juntas, estas dos condiciones de cierre permiten una relación determinada de acontecimientos regulares. En cambio, un enfoque de sistema abierto sostiene que, en general, las condiciones de cierre no son aplicables, debido a que el fenómeno en estudio es transmutable y/o vinculado orgánicamente. Como resultado, incluso cuando se puedan considerar acontecimientos regulares en el ámbito social, los que pueden existir debido a la interacción continua entre el agente reflexivo (intrínseco) y la estructura, éstas regularidades serán parciales y multifacéticas, y ni predecibles ni universales.

13 14

Este”error” metodológico es habitualmente conocido como “falacia de la composición”. El mayor exponente del realismo critico es Tony Lawson.

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7-. LOS TIPOS DE CAUSALIDAD SEGÚN HICKS Luego de haber analizado como evolucionó la noción de causalidad en economía, vamos a detenernos en realizar un análisis más riguroso de la definición de causalidad que utiliza Hicks en su libro, a saber, “no-A implica no-B”. A es un acontecimiento que ocurre en el tiempo Ta; B es algún acontecimiento que ocurre en el tiempo Tb, que, por ahora, seguiremos suponiendo que es posterior. En primer lugar se deduce de la afirmación de “A causó B” que A y B realmente existen (u ocurren). Esto parece obvio, pero no es difícil encontrar ejemplos de presunta causación en los cuales la solo existencia de la “causa” o del “efecto” resulta dudosa. Debe notarse además que no es preciso que Ta y Tb sean instantes; pueden ser períodos de tiempo. Resulta evidente que una causa puede tener muchos efectos, y es igualmente evidente que un efecto puede tener muchas causas. La afirmación de que A causó B es entonces en cierto grado ambigua. Puede significar que A fue una de las causas de B (causación débil) o que A fue la causa única de B (causación fuerte) La causación fuerte implica la causación débil, pero también implica que no hay otra causa potencial que sea admitida como causa de B; es una combinación de una causación débil para A con una negación de causación débil para otras alternativas. Por consiguiente, la definición básica es la de la causación débil; una vez que ha sido firmemente establecida, podemos construir a partir de ella la noción de causación fuerte, en tanto la necesitemos. Existen además dos clases de causación débil: separable, en que se afirma que A es una causa de B, por sí misma; y no-separable, en que no se afirma que A sea más que una parte de una causa separable. Si A es una causa separable de B, ha de ser posible concebir una situación hipotética en que A no ocurra, pero todos los otros hechos (todas las otras causas separables potenciales) sean las mismas que ocurrieron en Ta. Está implícita en la afirmación de causación separable que dicha situación puede ser construida en teoría; sólo cuando es así se puede proceder a dar el paso final y afirmar que si esa situación hubiese ocurrido en el tiempo Ta, entonces en Tb, B no hubiera sucedido.

Pueden distinguirse, entonces, cuatro elementos en la afirmación de causación separable de B por A: (1) A existió. (2) B existió. (3) Puede construirse la situación hipotética en que A no existió, ceteris paríbus. (4) Si dicha situación hubiera ocurrido en el tiempo Ta, B no hubiera ocurrido. Los

cuatro elementos son necesarios. Llamaré a la construcción definida en (3) “construcción no-A”, ya que es el significado que hemos de atribuir al no-A con el que comenzamos. Si es posible construir no-A: y si dado no-A, B no hubiera ocurrido, diré que A pasa la prueba; dadas la existencia de A y la de B, se muestra que A es una causa separable de B. Consideremos ahora el caso de dos posibles causas separables, que denominaré A1 y A2. Cuando construimos no-A1, A2 está entre las otras cosas que deben permanecer invariables; A1 pasa la prueba si B no ocurre cuando A1 está ausente y A2 presente. A2 pasa la prueba si B no ocurre cuando A2 no está presente y A1 si. Se trata

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de diferentes pruebas, de modo que no hay inconsistencia si A1 y A2 son afirmadas simultáneamente como causas. ¿Debe deducirse de esto que, si ambas son afirmadas simultáneamente como causas, B no tendría que ocurrir si A1 y A2 estuvieran ausentes? (No A12). Parece que en la mayoría de los casos sería así: las causas separables habitualmente son aditivas. Pero esto no es necesario. Vemos así que hay más de un tipo de causalidad separable. Consideremos la siguiente tabla, en la cual designamos con “+” la ocurrencia de B y con “-“ su noocurrencia. Hay tres pruebas: por no-A1, por no-A2 y por no-A12; de modo que, en principio, existen ocho posibilidades (incluyendo en la tabla una columna “real” en la que tanto A1, A2 y B ocurren).

La primera posibilidad (1) es la más sencilla: A1 y A2 pasan la prueba separadamente y en forma conjunta. El efecto no aparecerá a menos que se den ambas causas; son causas aditivas. En el caso (2) A1 pasa la prueba pero no lo hace A2; es irrelevante que A2 esté presente o no, de modo que A1 es única causa. De modo similar, en el caso (3) A2 es única causa. En (4), ninguna es causa. Ninguno de estos casos presenta problemas, si la causa fuera siempre aditiva se podría presentar cualquiera de estos casos.

Real

No-A1

No-A2

No-A12

1

+

-

-

-

2

+

-

+

-

3

+

+

-

-

4

+

+

+

+

5

+

+

+

-

6

+

-

+

+

7

+

+

-

+

8

+

-

-

+

El (5) es el caso de causas superpuestas. Aquí el efecto sólo ocurre si solamente una de las causas está presente. Es dable pensar que es un caso excepcional. Hemos estado suponiendo que A1 y A2 poseen la misma referencia temporal. Supongamos, en cambio, que A1 precede a A2. En el caso (1) tiene poca importancia. Es cierto que el efecto no ocurre luego de A1, sino de A2 siendo esta la causa inmediata. Pero el efecto no hubiera existido si no hubiera tenido lugar previamente A1. Los efectos son aditivos, ya sea que las causas estén separadas en el tiempo o sean contemporáneas. Sólo cuando las causas son contemporáneas es preciso distinguir el quinto caso. Examinaremos los casos restantes, del (6) al (8). Notaremos que en cada uno de estos casos hay un + en la columna No-A12; decimos que B hubiera ocurrido aun cuando A1 y A2 hubieran estado ausentes. En este caso, se asemejan al cuarto caso. Aquí también debemos buscar otra causa, llamémosla A3 de forma que No-A123 tendrá

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un “-“. Los casos (6) a (8) deben entonces leerse como casos donde existen tres causas, siendo la interacción entre las tres lo que les da su carácter peculiar. Tres causas pueden ser simplemente aditivas, como en el caso (1), o pueden superponerse, ya sean en conjunto o de a pares, como en el caso (5) Lo que se afirma en el caso (6) es que aunque B hubiera ocurrido si ni A1 ni A2 estuvieran presentes (estando presente A3) y ocurrió efectivamente cuando A1, A2 y A3 estaban presentes, no hubiera ocurrido en no-A1, o sea cuando sólo A2 y A3 estaban presentes. A2 es así una “causa negativa”, o medida preventiva; si actuara sola eliminaría el efecto de A3. Pero de hecho no actuó sola, fue asimismo eliminada por A1. Si asimilamos B a un desastre, esto se entiende rápidamente. A3 es la causa “definitiva”. A2 es una medida preventiva que, tomada por sí sola, hubiera evitado el desastre. A1 es una complicación (o una interferencia con la medida preventiva) que anula la prevención. Así es que el desastre ocurre. El caso (7) es el mismo que el (6), excepto que aquí A1 la causa negativa. En el caso (8) A1 y A2 son causas negativas. Se afirma que cualquiera de ellas, tomadas separadamente, habría sido efectiva como prevención, pero al ser tomadas en forma conjunta interfieren recíprocamente y el desastre ocurre. Hay algo en las últimas explicaciones que no satisface totalmente. Nuestra tabla se basa en la suposición de que A1 y A2 (y mas tarde A3) eran causas separables; pero no hemos abandonado ese supuesto en las interpretaciones que acabamos de dar para los casos (6) a (8)? Si, por ejemplo, A2 y A3 son causas separables, tendría que ser posible que una de ellas ocurriese sin la presencia de la otra; pero, ¿cómo puede haber una prevención si no hay nada que prevenir? Si A2 es una medida tomada para eliminar el efecto directo de A3, A3 es en sí misma una de las causas de A2; si no-A3, entonces no-A2. Así que no podemos completar nuestro análisis sin tener en cuenta las causas no separables15.

Hay un caso de causas no separables que es reconocido muy a menudo. Podemos afirmar que tanto A como A* son causas de B, pero que no creemos que sea posible que una pueda ocurrir sin la otra. Si no-A, entonces no-A* ; Si no-A*, entonces no-A. No podemos distinguir entre ellas considerando un no-A con A* presente o viceversa, ya que ninguna de esas alternativas se puede construir. En la única alternativa que se puede construir teniéndolas en cuenta, ninguna de las dos está presente. Esta relación entre A y A*, ¿es causal? Se asemeja mucho, pues afirma que noA implica no-A*; parece ser una relación causal en ambos sentidos. No obstante, si nos atenemos al principio de Hume de que la causa precede al efecto, no puede ser una relación causal, pues, de serlo, A debiera preceder a A*, y A* a A, y esto es imposible. Sin embargo, Kant reconoció que existe una analogía entre esta relación y la causalidad. En la versión inglesa se tradujo el nombre de la relación como “reciprocidad”, pero la traducción literal del alemán seria causalidad mutua. Sería realmente lógico aceptar la causalidad mutua como una clase de causalidad; y si aceptamos que el efecto no puede ser anterior a la causa, es una clase de causalidad que debe ser contemporánea. Si siempre es cierto que la causa precede al efecto, A3 (como causa de A2) debe preceder a A2; y A1, A2 y A3, como causas de B, no son contemporáneas. Deberá 15

No puede negarse que sea posible la existencia de una causa negativa separable; podría haber eliminado la causa original sin haber sido causada por ella. Pero los casos interesantes de causas negativas aparecen cuando son prevenciones; y éstas deben ser causadas por la original.

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recordarse que comenzamos afirmando que B ocurrió en el momento Tb, mientras que sus causas ocurrieron en Ta, de modo que cada causa ocurrió, al mismo tiempo que las restantes. En realidad, estamos bastante acostumbrados, sobre todo en ejemplos históricos, a admitir que un hecho puede tener causas de fechas diferentes. Siempre se ha concebido a la causa y el efecto como operando, cada uno, en un momento del tiempo. Si ambos deben ocurrir en idéntico momento, parece no haber lugar para que la causa actúe. Esto es, en parte, un resabio de lo que he llamado Vieja Causalidad; pero no es este el motivo fundamental por el que debemos oponernos a esto. Como dije al principio, Ta y Tb. No tiene porqué ser momentos, pueden ser períodos, e incluso, bastante largos. Cuando se los entiende así, no hay razón que impida que ambos, (Ta y Tb) sean el mismo período. En un período hay tiempo suficiente para que una causa produzca su efecto16. Afirmo, entonces, que existen muchas causas contemporáneas que no son recíprocas. He insistido en que la aseveración “si no-A, entonces no-B” es teórica, se deriva de algo que en el sentido más general puede describirse como una teoría o un modelo. De ninguna forma es necesario que una relación teórica entre acontecimientos contemporáneos sea recíproca; en la mayoría de nuestros modelos económicos encontramos algunas relaciones recíprocas, pero también otras que no lo son. En realidad, tenemos un nombre para los elementos que sólo pueden entrar en relaciones que, desde el punto de vista de la teoría, son no-recíprocas; los llamamos exógenos. Desde el punto de vista de la teoría, un elemento exógeno, no puede ser un efecto, sólo puede ser una causa. La causación contemporánea, tal como aparece en economía, no suele extenderse por sobre períodos tan largos, comúnmente la confinamos a períodos mucho mas cortos, por ejemplo, un año. La economía está mayormente vinculada a magnitudes “flujo”, lo que se produce, se consume, o se gasta en ese período. Las relaciones entre esas magnitudes pueden ser recíprocas, pero a menudo nos encontramos tratando una como exógena y otras como consecuencias, o sea, una como causa, y otras como efectos. Parece que existe una clase de causalidad que está fuera del tiempo. Pueden darse relaciones causales que, en lo que a nosotros concierne, pueden considerarse permanentes. Esta causalidad estática puede considerarse como un caso límite de la causalidad contemporánea, una causalidad contemporánea en la cual el período durante el cual la causa opera y produce el efecto se ha extendido tanto que resulta indefinido. No obstante, sostengo que cuando llegamos a ese límite se produce un cambio cualitativo. Nuestra negación del principio de Hume de que la causa necesariamente precede al efecto, ha aclarado el tema. Hemos distinguido tres clases de causalidad con relación al tiempo: secuencial (en que la causa precede al efecto), contemporánea (en la que ambos se refieren al mismo período de tiempo) y estática (en que ambos son permanentes). La clasificación lógica, con la cual comenzamos, puede interpretarse en cualquiera de estos sentidos temporales. Aún la causalidad estática puede ser fuerte, o débil; aditiva o superpuesta y no dejamos de lado las causas negativas. Puede ser en un solo sentido o puede ser mutua. Pero es siempre cierto que cualquier afirmación de causalidad, de cualquier clase que sea, hace referencia a una teoría. Es porque consideramos a los acontecimientos que afirmamos que se relacionan causalmente como casos de una teoría, que podemos 16

También puede objetarse que si A y B son contemporáneos, B debe ser una de las otras cosas que deben permanecer invariables en no-A; luego, no-A implica no-B no es posible. Debe recordarse, no obstante, que definimos no-A como “todas las otras causas potenciales separables”. La manera que deben identificarse estas es cuestión de teoría. No hay nada ilógico en tener una teoría en que B no sea una causal potencial.

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enunciar una relación entre ellos. Todas las afirmaciones de causalidad tiene que ver con la aplicación de una teoría.

8-. CAUSALIDAD PROBABILÍSTICA17 En la sección anterior analizamos los tipos de causalidad según Hicks. Ese tipo de causalidad es básicamente determinística. En esta sección haremos una breve introducción a la causalidad probabilística, de la que Keynes es uno de los precursores18. En sus contribuciones a la economía, Keynes empleó frecuentemente el lenguaje causal, pero en sus escritos, nunca clarificó explícitamente el significado de los conceptos causales utilizados. En su Treatise of Probability (1921) encontramos un muy interesante ejemplo de causalidad probabilística, la cual refleja en muchas de sus características a las teorías más maduras y más recientes. Los que se dedicaron a interpretar a Keynes negaron esta unión. Lo primero que Keynes enfatiza es que: “dado que nuestro conocimiento es parcial, en el uso del término causa existe siempre una referencia explícita o implícita a un limitado cuerpo de conocimientos”. Este marco conceptual debe explicitarse ex ante tan claramente como sea posible en orden de clarificar el significado y el alcance de cualquier aseveración causal. En particular, en ausencia de este marco conceptual no podremos distinguir entre causas espurias o genuinas. Keynes sintió que era necesario un sentido mucho más amplio del concepto de causalidad que el tradicional. Lo que se requiere es el concepto de “causa probable, donde no existan implicancias de necesidad y donde los antecedentes nos guiarán a consecuencias particulares a veces y a veces no”. Los principales problemas aparecen cuando se tiene la convicción de que el determinismo físico no se puede cuestionar. Keynes trató de evitar este obstáculo introduciendo una distinción crucial entre la llamada causa essendi, la causa ontológica19 o determinística (su ocurrencia es vista básicamente como una condición necesaria y/o suficiente – ceteris paribus – para la ocurrencia del efecto), y la llamada causa cognoscendi, la causa epistemológica, la cuál se concibe como probabilística. La primera se concibe como una causa limitante de la segunda, mientras tengamos el preciso y suficiente conocimiento de los conjuntos de fenómenos capaces de individualizar causas suficientes y necesarias. El nexo entre causalidad ontológica y epistemológica es clarificado por Keynes a través de una secuencia de definiciones formales de causalidad, definiciones que progresivamente relajan la hipótesis de información completa. El punto inicial es dado por la definición de causa essendi: 1.

Un evento A es causa suficiente de uno B en condiciones “ld”20, si y solo si:

(a) La proposición “a” describe al evento A por referirse a momentos que son previos a los referidos en la proposición “b” que describe el evento B. (b) b/ald = 1 y b/ld ≠ 1

17

Esta sección está basada en Vercelli (1992 y 2001) y Hoover (2003). Luego veremos que, parte de la teoría de Keynes puede ser tomada – y de hecho, Hicks lo hace – como causalidad determinística. Sin embargo, la noción de causalidad probabilística en Keynes surge de un temprano trabajo del autor, llamado “Treatise on Probability” (1921). 19 Ontología: Metafísica general. Los principales problemas ontológicos son: el concepto de ser, sus modos, sus principios, sus propiedades sus divisiones y sus causas. 20 “ld” se refiere a “l”, la proposición que describe las condiciones generales L, y a “d”, la proposición que describe a las condiciones existenciales D. 18

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La última y más débil definición es la de causa cognoscendi, la cuál es concebida como una relación puramente epistemológica, que no necesariamente implica una relación ontológica. 2. Un evento A, descripto por una proposición “a”, es una causa congnoscendi de un evento B, descrito por una proposición b, relativa al conjunto de conocimientos “hld”21, si y solo sí: b/ahld ≠ b/hld22. Keynes se detuvo allí en el Treatise, porque la teoría de la causalidad epistemológica termina superponiéndose con la teoría de la probabilidad. Todavía hoy, no es impropio considerar a Keynes un precursor de la moderna teoría de causalidad probabilística. En el Teoría General Keynes clarifica que las causas epistemológicas (causa cognoscendi) pueden desempeñar el papel de causas ontológicas en economía (causa essendi). Un cambio en la calidad y la cantidad del conocimiento relevante de parte del tomador de decisiones puede modificar, incluso perceptible y precipitadamente, las expectativas sobre las variables que afectan las decisiones. Por lo tanto, en el campo económico, incluso las causas ontológicas puede ser, y son típicamente, probabilísticas. Tenemos una cadena de causas que va desde la nueva evidencia disponible hacia el cambio de las expectativas (causa epistemológica) que determinan un cambio en las decisiones que produce un cambio en el comportamiento observable que afecta la evidencia disponible, cerrando el “feedback” entre las condiciones cognoscitivas y las condiciones empíricas. Incluso si consideramos el nexo entre un cambio en las expectativas y un cambio en el comportamiento como determinista, la causa ontológica que conecta un nuevo acontecimiento observable con un cambio en el comportamiento tiene que ser concebida en principio como probabilística puesto que media de una manera crucial en una causa epistemológica probabilística. El esquema que sigue ayuda a aclarar esta idea.

Nueva evidencia

Cambio en las expectativas

CAUSA EPISTEMOLÓGICA (probabilística)

Cambio en las decisiones

Cambio en el comportamiento observable

CAUSA ONTOLÓGICA (determinística)

RELACIÓN PROBABILÍSTICA

21

“hld” se refiere a las dos mismas proposiciones anteriores “ld”, mas un nuevo conjunto de condiciones hipotéticas H, descriptas por la proposición “h”. 22 Hay dos tipos de causalidad (no habitualmente consideradas en la época que Keynes escribió) explícitamente admitidas dentro de esta definición de Keynes: la causalidad contemporánea (ya que el autor no requiere un retraso temporal entre la ocurrencia de la causa y el efecto) y la causalidad inhibitoria (ya que una causa puede – eventualmente – reducir la probabilidad de ocurrencia del efecto).

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Por lo tanto, y como resumen de las conclusiones de Keynes, tenemos que: La causalidad epistemológica es, en principio, probabilística en cualquier campo de la ciencia, puesto que nuestro conocimiento es limitado y no puede detectar conexiones deterministas entre los acontecimientos o las variables, incluso cuando creemos que tales conexiones deterministas existen en el mundo verdadero. Esto es verdad no solamente de ciencias sociales sino también de las ciencias naturales donde Keynes acepta la convicción prevaleciente sobre la naturaleza determinista de la causalidad empírica. Dado que la causa epistemológica es probabilística, también la causalidad ontológica es generalmente probabilística en las ciencias morales porque en este caso – a diferencia de las ciencias naturales – los eventos observados son mediados de forma crucial por conexiones epistemológicas, tales como creencias o expectativas, que deben ser descriptas en términos de causalidad probabilística. Esta conclusión es extremadamente innovadora para el momento en que Keynes las expresó.

Luego de ver este importante antecedente de la causalidad probabilística, pasemos a analizar la versión “moderna” de las formas probabilísticas de causalidad. La primera forma que viene a nuestra mente es que A causa B si la probabilidad de que B suceda, dada A, es mayor que la probabilidad de que B suceda. En símbolos: P(B/A) > P (B). Por ejemplo, supongamos que la proposición A es “ingerir algún alimento” y la proposición B es “se me pase el hambre”23. La relación de causalidad va desde A hacia B, es decir ingiriendo alimentos se me debería pasar el hambre; o, siguiendo nuestra definición probabilística: la probabilidad de que, ingiriendo algún alimento, se me pase el hambre, es mayor que la probabilidad de que se me pase el hambre por sí sólo. Sin embargo, para Hoover (2003), hay algunos problemas con esta forma probabilística de causalidad, ya que es equivalente a P(A/B) > P(A)24 que es una proposición muy poco atractiva. Es decir, siguiendo con el ejemplo, esta última definición implicaría que la probabilidad de que, dado que se me pase el hambre, ingiera algún alimento, es mayor que la probabilidad de que ingiera algún alimento. Por esto, es mejor decir que A causa B si P(B t +1 A t ) > P(B t +1 ) que no es

equivalente a P(A t +1 B t ) > P(A t +1 ) . Esto último es el corazón de la causalidad de Granger. A

partir

de

aquí,

Suppes

(1979)

define:

“Si

A

precede

a

B

y

P(B t +1 A t ) > P(B t +1 ) , entonces A es la prima facie causa de B”. Hoover considera que aún existen problemas en esta definición, sobre todo por el hecho de que podría existir una tercera causa común. El problema de interpretar la causalidad probabilística como causalidad de Granger es, según Hoover, que dicha forma de causalidad no toma en cuenta que las estructuras teóricas son anteriores a las causalidades observadas25. Pero también nos advierte Hoover que esta necesidad de teoría previa no nos debe llevar a creer que asumiendo ciertos parámetros y relaciones causales que de hecho existen podemos 23

Se puede demostrar que la proposición P(B/A) > P(B) es equivalente a la proposición, más intuitiva: P(B/A) > P(B/-A) que significa, en términos de nuestro ejemplo, que A causa a B si la probabilidad de que B pase (se me pase el hambre) condicional a que A pase (ingiero un alimento) es mayor a la probabilidad de que B pase cuando A no ocurre (en los casos en donde no ingiero alimento, -A). 24 Esta equivalencia surge de: si tenemos P(B/A) > P (B), y sabemos que, por el teorema de Bayes, P(B/A) = P(A/B)*P(B)/P(A). Reemplazando P(B/A) en la primera ecuación, simplificando la P(B) a ambos lados de la desigualdad y pasando P(A) hacia el lado derecho, obtenemos que P(A/B) > P (A) 25 En algún sentido, ignorar esto nos lleva al problema de correlación espuria.

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encontrar la estructura causal de cosas que no conocemos. Quizás con un ejemplo sea más sencillo de entender a que nos referimos: es conocido que el Banco Central puede controlar la tasa de interés de corto plazo con sus operaciones de mercado abierto, pero esto no quiere decir que esta misma estructura causal oculte relaciones causales entre el dinero y el PBI u otras variables. Además de proponer una muy restrictiva noción de causalidad probabilística en términos econométricos, Hoover nos recuerda que: “las causalidades pueden ser determinadas, aunque no utilizando únicamente el método estadístico”. La necesidad de tomar en cuenta el “estado del conocimiento histórico e institucional” resulta fundamental.

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CAUSALIDAD APLICADA: EL USO DE LA CAUSALIDAD EN ECONOMÍA Una vez analizados los distintos tipos de causalidad, pasaremos a analizar algunos ejemplos de la aplicación de la causalidad a ciertas teorías económicas y revisaremos cuáles son las conclusiones que podemos obtener.

9-. LA CAUSALIDAD EN LOS MODELOS “ESTÁTICOS”

Y LOS DE “EQUILIBRIO”

Podemos destacar un aspecto de la diferencia entre las otras ciencias y la economía. En las otras ciencias hay muchas mediciones que, dentro de un amplio campo de aplicación, pueden considerarse constantes, pero no existen constantes de ese tipo en economía. El mundo económico está inherentemente en un estado de cambio continuo. Los paralelos más cercanos entre la economía y las teorías físicas deben encontrarse, en las teorías estáticas. No se trata de teorías estáticas del tipo que se encuentran en los libros de texto, que requieren de una gran adaptación antes de que puedan aplicarse a la realidad; sino de teorías estáticas que tengan referencia directa a hechos. Estas no son muy comunes y es más fácil encontrarlas en los comienzos de la economía, en teorías desarrolladas para comprender hechos económicos que no cambiaban tan incesantemente como lo hacen en la actualidad. Desarrollaremos entonces un ejemplo histórico, tomado de Adam Smith. El argumento puede exponerse de la siguiente manera. Comienza con la división del trabajo (especialización), una gran fuente de mejoras en la productividad. Pero la división del trabajo está limitada por la extensión del mercado. Smith sabía que las restricciones artificiales no hacían más que agravar aún más las restricciones naturales que se debían a los costos de transporte. También estaba en conocimiento de que el transporte por agua era, en sus días, más barato que el transporte por tierra. Se sigue claramente de estas dos consideraciones, al evaluarse en forma conjunta, que los lugares con fácil acceso al transporte marítimo tendrán una ventaja locacional. Y eso llevará a que tales localidades lleguen a ser más ricas que sus vecinas, y Smith, mirando a su alrededor, pudo certificar que, al menos con bastante frecuencia, lo eran. Las condiciones a que se refiere parecían, en tiempos de Smith, permanentes. Aun la relación entre los costos de transporte marítimo y terrestre constituía un hecho que en su tiempo parecía permanente. Procedamos ahora a dividir el tema. Pueden distinguirse cinco pasos. El primero es el enunciado acerca de las economías provenientes de la especialización. Según se presenta en Smith; esto no constituye una necesidad lógica sino que es claramente una cuestión de observación. El segundo es la baratura relativa del transporte por agua, aplicándose a este paso, quizás más obviamente, las consideraciones del anterior. Ambos son observaciones empíricas. El tercero, sin embargo, es una deducción. Si se dan los dos primeros, se sigue de ello la ventaja locacional de las localidades con buenos accesos marítimos o fluviales. El cuarto, es el paso de la ventaja locacional a la riqueza relativa. Esto parece obvio, pero veremos que resulta crucial. Pospongámoslo por un momento y pasemos así al quinto que, de acuerdo con el modelo sugerido, consistiría en la confrontación Material de estudio del curso 2006

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con la experiencia del efecto que se ha deducido. ¿Son, en realidad, más ricos los lugares con buenos accesos por agua? Es decir, ¿eran más ricos en los tiempos de Smith? Smith podía esperar presentar alguna evidencia favorable. Pero difícilmente dejaría de encontrar excepciones. Por lo tanto, no podía pretender haber hecho más que identificar una de las causas de riqueza relativa. Pero volvamos ahora al cuarto paso: la ventaja relativa implica riqueza relativa. Este es un paso que Smith da a menudo. Es dado tan comúnmente, no sólo por Smith, sino por casi todos sus sucesores, que necesitaremos darle un nombre. Hicks lo llama Principio Económico26. ¿Cómo se ha de justificar este principio? Podemos considerarlo empírico, como los dos primeros pasos. Podemos decir que se manifestaba en las economías con las que Smith se ocupaba: la gente actuaba económicamente, o sea que cuando se presentaba la posibilidad de una ventaja, la tomaban. ¿Puede ser esto otra cosa que una observación empírica? Muchos autores posteriores han concluido que efectivamente eso es. Pero también se puede interpretar a Smith de otra manera. Si una economía es perezosa, de manera tal que cuando surge una oportunidad, sólo es aprovechada una pequeña parte, el resto seguirá estando allí para que otros la aprovechen. De este modo tendrá que llegar el momento en que otros reaccionen y, algún tiempo mediante, la reacción se difundirá hasta que se torne "suficiente". Si no sucede esto, y si la oportunidad continúa estando abierta, deben seguramente existir obstáculos a su difusión. Smith estaba en pleno conocimiento de estos obstáculos. Seguramente estaría de acuerdo en que los obstáculos presentes en un tiempo y lugar no son los mismos que se presentan en otro tiempo y lugar; así que la aplicación del principio a diferentes tiempos y lugares es, en esa medida, un asunto empírico. La solución sería sostener que se trataba de una definición, o de una clasificación. Nadie niega que la gente actúa a veces en búsqueda de sus propios objetivos. Lo que hace Smith es definir esa clase de acción como económica, admitiendo que su "libre juego" puede verse dificultado por obstáculos. Aun en el caso en que se suponga ausencia de obstáculos, de manera tal que las oportunidades sean aprovechadas, queda pendiente la siguiente cuestión: ¿el proceso de reacción será rápido a lento? Es posible interpretar la lentitud de reacción como debida a su vez a obstáculos; pero en una teoría estática, utilizada para estudiar la causalidad estática, es improbable que sea adecuado. Aquí es más conveniente usar el método de equilibrio. Como hemos visto, Smith dijo que la baratura relativa del transporte por agua era una causa de la riqueza relativa de algunos lugares que contaban con buenas comunicaciones acuáticas. En términos de nuestro análisis de causalidad, está comparando lo que sucedió en su tiempo, con lo que hubiera sucedido si los costos relativos del flete terrestre y por agua hubieran sido diferentes, mientras que los demás factores permanecían constantes. Por tanto debemos pensar que Smith está construyendo un modelo teórico en que los costos relativos cambian pero los otros elementos permanecen invariables. El cambio en el tiempo, dentro de su período, no puede introducirse en el modelo, ya que ese cambio es irrelevante para él. Este es el primer sentido en el cual el modelo debe estar en equilibrio. Pero cuando se aplica el principio económico a tal modelo se sigue que todas las posibilidades de cambio ventajoso que se presenten 26

Con la expresión “Principio Económico” Hicks se refiere a que cuando se produce una oportunidad de ganar, ésta será tomada.

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dentro del modelo deberán aprovecharse. Así que también en este segundo y más profundo sentido, el modelo debe estar en equilibrio. El Principio Económico por sí mismo no garantiza que pueda establecerse un equilibrio. Los economistas, sin embargo, han sostenido generalmente que sus modelos, en especial sus modelos estáticos, poseen un equilibrio; y en la versión más simple de un modelo clásico resulta claro que así es. En ese modelo los precios de los productos son determinados por consideraciones técnicas, a través de las cantidades de los distintos factores de producción (identificados como capital, tierra y trabajo) que se necesitan para producir una unidad de cada bien. Estos coeficientes técnicos, como después se los denominó, determinan el costo de producción de cada producto, y el Principio Económico mantiene los precios iguales a los costos. Si existiera alguna divergencia, la movilidad del capital y de la mano de obra desde actividades menos a más ventajosas restablecería la igualdad. Así, si los coeficientes técnicos fueran distintos, el equilibrio variaría en una forma que se podría deducir. Las condiciones reales de una economía real en un período particular no se corresponderían exactamente con el modelo, pero podría darse alguna configuración de coeficientes que fuera aproximada a la real; el modelo podría entonces usarse para demostrar (muy aproximadamente) cómo se habría modificado el sistema si algunos de los elementos exógenos (los coeficientes técnicos) hubiesen cambiado. De modo que es posible la causalidad en sentido estático para algunos problemas, como, por ejemplo, el aspecto locacional con el cual comenzamos. La confianza en los coeficientes técnicos - relaciones cuya realidad seria difícil cuestionar, aun cuando fueran importadas desde otras economías - fue la fuerza de este modelo clásico. En lo días de Adam Smith las técnicas de producción no cambiaban rápidamente, de manera tal que los coeficientes técnicos podían considerarse bastante firmes. Pero la firmeza de los coeficientes técnicos no podría haberlos ayudado tanto como lo hizo, si no hubiera sido por las aplicaciones a periodos largos, de las cuales surgió, como hemos sugerido, la teoría. El espectro de problemas al cual podría aplicarse dicho modelo era, sin embargo, limitado. Porque, en rigor, sólo si existe un único factor primario a cuyos términos pueden ser reducidos todos los costos (la teoría del valor – trabajo) se da que los coeficientes técnicos son suficientes para determinar los costos relativos; si hay más de un factor, los precios relativos de los factores pueden también desempeñar un papel. De esta manera, sólo será posible usar el modelo simple con gran margen de seguridad en los problemas donde los cambios en los precios relativos de los factores puedan despreciarse. Si esto sucede, la teoría clásica simple puede usarse. Cuando no podemos usarla, estamos en un campo más problemático. Será útil delinear algunas de las dificultades que entonces aparecen y clasificar luego los tipos de respuestas que los economistas les han dado. Estas nos conducen a diferentes tipos de análisis estático; cada uno de ellos tienen sus limitaciones, pero se trata de diferentes limitaciones. Uno observa rápidamente que si un modelo debe ser estático, invariable en el tiempo, las ofertas de los factores deben permanecer invariantes. Así que se podría resolver el problema de precios de los factores diciendo que dichos precios deben ser tales que no produzcan variaciones en las ofertas de los factores. Es plausible suponer que los precios de los factores tienen alguna influencia sobre su ofertas, de modo que debe existir alguna tasa de salarios que deje invariable la oferta de trabajo, y alguna tasa de ganancia que logre que la oferta de capital sea constante. ¿Pero por qué ambas tasas tendrían que ser consistentes entre sí? No es obvio que pueda ser así. Tendríamos entonces que añadir a las propiedades estáticas del modelo la Material de estudio del curso 2006

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constancia de su tasa de crecimiento. El modelo estaría entonces en lo que ahora se denomina estado estacionario (steady state). De esta forma se podría restaurar la consistencia entre las “funciones de oferta” de factores. Suponemos que existe un salario de subsistencia, con la cual la tasa de crecimiento del trabajo es igual a cero. Igualmente podemos suponer la existencia de alguna tasa de retorno del capital que haría que la oferta del mismo permaneciese constante. Como vimos, no hay razón para suponer que el salario y la tasa de retorno deban coincidir; pero si las ofertas de trabajo y capital permanecen constantes, ambos deben igualarse. En una economía en expansión el dilema se resuelve fácilmente. Si el salario de subsistencia haría que la oferta de trabajo permaneciera constante, un salario mayor le permitiría incrementarse. Así es que puede construirse curva de oferta de trabajo en términos de su tasa de crecimiento y una similar curva de oferta del capital. Cualesquiera sean las pendientes de las curvas, deberá haber alguna tasa de crecimiento en la cual se intercepten. La debilidad del modelo radica, como efectivamente señaló David Ricardo, en la suposición de que dichas curvas permanecen invariables en el proceso de expansión. ¿Qué sucederá si existe un factor (la tierra en el modelo Ricardiano) cuya oferta tiene un máximo fijo que es independiente de la retribución que obtenga? Mientras dicho factor no haya sido totalmente empleado, puede darse la expansión uniforme antes mencionada, pero cuando se ha llegado al pleno empleo de dicho factor, la expansión debe detenerse. Llegaremos a un equilibrio estacionario en el cual el trabajo y el capital obtendrán su mínima retribución, mientras que la tierra (el factor fijo) se llevará todo el excedente. Semejante equilibrio estacionario es posible desde un punto de vista lógico; pero como modelo a usarse en el estudio de la causalidad no ha sido visto en general como atractivo. Por ejemplo, si nos atenemos a un modelo estable, un aumento de la productividad de la mano de obra llevaría a un salario y a una tasa de crecimiento del factor trabajo mayores, mientras que en el marco de un modelo de estado estacionario el único efecto de un aumento en la productividad del trabajo será la elevación de la renta de la tierra.

Sin embargo, no es sorprendente que los economistas posteriores (los llamados neoclásicos) concibieran un equilibrio estático diferente. Ellos encontraron más conveniente tratar las ofertas de los factores, no sólo del trabajo, sino también del capital, como variables exógenas. O sea que las mismas no variarían en el tiempo, ya que el modelo seguiría siendo estático; variarían de un estado a otro del modelo (los estados hipotéticos que aún necesitamos para el análisis de causalidad) pero esa variación no sería explicada por el modelo. ¿Pero, cómo podrían determinarse entonces los salarios y las ganancias en un modelo menos ambicioso como éste? Todo lo que se necesitaba era un total abandono de los coeficientes fijos; los precios de equilibrio de los factores se determinarían entonces por su productividad marginal27. Si se la estudia apropiadamente, se concluye que no puede ser más que una teoría estática. Su campo de aplicación es el de la causalidad estática: la comparación de una situación real que se produzca durante un periodo de tiempo bastante largo con la condición estática hipotética que hubiera existido si algunos datos (la oferta de factores), hubiesen sido diferentes. Sin embargo, cuando el punto se presenta de este modo, resulta manifiesto que no hay esperanzas de formar un modelo de crecimiento enhebrando entre sí estos equilibrios de modo que se sucedan en el tiempo. No se ha 27

La teoría de la productividad marginal aparece, en este sentido, en Longfield (1834) y von Thunen (1850). Entre los “neoclásicos” la encontramos en los primeros trabajos de Marshall, aunque luego la abandonó. Un adherente posterior fue Pigou. A su vez, esta teoría no está ampliamente presente en los otros “neoclásicos”: Walras, Pareto o los austriacos. Nada tiene que ver con la utilidad marginal.

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demostrado, ni puede demostrarse, los medios por los cuales la economía puede pasar de uno de estos equilibrios a otro (esto implica que, por ejemplo, nada puede decirse sobre la acumulación del capital). El método es efectivo en estática comparativa, pero aún allí tiene debilidades que no pueden soslayarse. En primer lugar, requiere que seamos capaces de decir, cuando comparamos dos estados estáticos, que el volumen de capital de uno es mayor que del otro, o sea, que se requiere que podamos, en esa medida al menos, medir el capital. La segunda debilidad proviene del hecho de que el abandono de los coeficientes fijos clásicos crea cierto problema. Como hemos visto, los coeficientes fijos podrían ser tomados como bastantes firmes, mientras que la “función de producción” neoclásica no lo es. Se supone que es la expresión de una “tecnología” dada, un conjunto de técnicas conocidas que podrían emplearse, entre las cuales se elige finalmente una. Podría darse por supuesto que las técnicas responden – al menos algunas veces – a cambios en los precios de factores; pero lo que sucede usualmente es que un cambio en los precios relativos de los factores estimula la búsqueda de una nueva técnica que economice el factor que se ha tornado relativamente más escaso. Una función de producción cuya tecnología incluye sólo las técnicas conocidas, deja muy poco campo para ciertos ajustes esenciales a la productividad marginal, aun cuando ésta sea tomada en su sentido estático comparativo más estricto. Pero si incluimos técnicas que podrían ser descubiertas, ¿dónde trazamos la línea divisoria? Una tercera debilidad se refiere a la manifiesta dependencia de la productividad marginal sobre una forma particular de organización económica, conocida comúnmente como competencia perfecta. Igualmente Hicks cree que la dependencia de la productividad marginal con respecto a la competencia perfecta no es tan completa como sus críticos suponen. Con esto, hemos terminado de analizar dos teorías típicas: el estado estacionario "clásico" y la Función de Producción "neoclásica", que son los métodos principales que los economistas han desarrollado para la formación de una teoría general, o "macro", sobre un esquema estático.

10-. CAUSALIDAD CONTEMPORÁNEA:

STOCK Y FLUJOS

Según Hicks, la causalidad contemporánea es la forma característica de la relación causal en la ciencia económica moderna. Él cree que esta es la visión que se afirmará en la economía, tan pronto como el tiempo sea tomado con seriedad, o sea, tan pronto como se haga una distinción adecuada entre pasado y futuro. En los modelos estáticos que estuvimos considerando, el tiempo no se toma seriamente; el pasado y el futuro son lo mismo, y siguen siendo lo mismo aunque vayamos mucho más adelante o mucho más atrás. Gran parte del trabajo de los economistas concierne al futuro, con pronósticos y planes. Pero los pronósticos son triviales y los planes inútiles a menos que se basen en la realidad, y la realidad que está a nuestra disposición está constituida por hechos del pasado (aún cuando sean del pasado reciente). El propósito del análisis aplicado a estos hechos es la explicación de lo ocurrido. A menos que hayamos intentado esa explicación, nuestros pronósticos no serán más que meras extrapolaciones, y las mismas son muy dudosas.

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Los hechos que componen la historia económica pertenecen en gran parte a un tipo particular de hecho histórico. Para explicarlos no se necesitan registros de dichos hechos como en la historia, sino que se necesitan estadísticas. Las estadísticas, en forma de series temporales, dan valores a ciertas variables económicas en fechas particulares del pasado. Una serie temporal es más útil cuanto más continua sea, sin acontecimientos políticos como guerras y revoluciones que la interrumpan. Podemos hacer más progresos en su interpretación o explicación cuando la serie incluye años interesantes y aburridos en conjunto. Debemos observar que, según Hicks, existen dos clases de series temporales, con diferentes tipos de referencia temporal. En una de ellas cada ítem se relaciona con un punto en el tiempo, mientras que la otra se relaciona con un periodo. Un ejemplo clásico del primer tipo es una serie temporal derivada de censos poblacionales, donde los datos se refieren a la cantidad y características de las personas que viven en un país en una fecha en particular. Como ejemplo básico del segundo tipo de series encontramos las series de producto bruto interno. Todas las estadísticas históricas son de una u otra de estas clases, refiriéndose ya sea a flujos o a stocks. El tratamiento conjunto de stocks y flujos en economía es dificultoso. Para observarlo, veremos primero un caso en el cuál los “stocks” pueden no tenerse en cuenta, por ejemplo, cuando evaluamos la demanda de un bien no durable. Si tenemos una serie temporal de ventas a consumidores finales de un bien no durable, existirá un saldo despreciable en poder de los consumidores desde un periodo a otro; de manera que lo que ocurra en cada periodo puede ser analizado sin referencia a los stocks iniciales y finales. Las ventas son un flujo que se extiende a lo largo del periodo, de modo que es natural buscar causas que también se extiendan a lo largo del periodo, o sea, que constituyan también flujos. Se deben determinar ahora dos cosas: cuál es el efecto, y la lista de causas posibles. Las causas operan a través del comportamiento de los consumidores; pero si la cantidad adquirida ha de depender del comportamiento de ellos, se debe sobrentender que son libres de adquirir cuanto deseen. Si esto se da por supuesto, entonces se sigue que la cantidad comprada es el efecto, mientras que las cosas que puedan influir en la decisión de comprar serán las causas. Se supone que las decisiones de los consumidores estarán de acuerdo con el Principio Económico, esto es, que cuando se produzca la oportunidad de ganar, ésta se tomará. El consumidor que actúa de acuerdo con el Principio Económico, elige sus compras de forma tal de maximizar su utilidad. Por otro lado, la teoría que decidamos utilizar nos indicará, por lo menos, cuáles son las variables económicas referidas al periodo que debemos considerar: el precio del bien, el ingreso de los consumidores y el precio de los otros bienes en los cuales puede gastarse el ingreso. Todo esto (y por supuesto mucho más) puede decirse del caso de demanda de un bien no durable, cuando los stocks al comienzo y al final pueden ser dejados de tomar en cuenta. Pero aun en el caso de un bien no durable, esto puede no ser suficiente, puesto que los bienes vinculados a él pueden ser de diferente carácter. Un ejemplo claro es la demanda de combustibles. El stock que el consumidor transfiere de un periodo a otro pueden muy bien ser despreciables, pero su demanda es altamente complementaria de la demanda de automotores, en cuyo caso habrá con seguridad transferencias de stocks. La demanda de combustibles en el presente periodo está afectada por las decisiones de compra de automotores tomadas en periodos

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precedentes. Pero esto no implica que, en un estudio de demanda de este tipo haya que abandonar la causalidad contemporánea. Esta puede ser rescatada, reemplazando aquellas decisiones previas por el stock de automotores existente al iniciarse el periodo en el que ellas se materializan. De esta manera el stock inicial de automotores deberá ser tomado como una de las causas de la demanda de combustibles del periodo. Se objetará que estos no son contemporáneos, ya que el comienzo del periodo precede al periodo mismo. Sin embargo, no es correcta, ya que el stock de autos continúa durante el periodo (aumentando con la nueva producción y sustrayéndose de él las bajas) y que es ese stock que continua durante el periodo el que debe considerarse como causa de la demanda de combustibles del periodo. La variable stock adecuada es una variable stock del periodo, o sea, contemporánea.

11-. CAUSALIDAD CONTEMPORÁNEA EN KEYNES La teoría formal keynesiana28 se divide, en tres partes: 1. la función de consumo, que relaciona al ingreso (Y) con la inversión (I); 2. la eficiencia marginal del capital, que relaciona la inversión con la tasa de interés

(r); 3. la preferencia por la liquidez, que relaciona la tasa de interés con la cantidad de

dinero (M). Dado que tanto I como Y se miden a lo largo de un periodo de un periodo, está claro que la primera de estas relaciones es una relación de flujo; pero como la cantidad de dinero es un stock existente en un momento dado, la tercera es una relación de stock. La situación de la segunda no es tan obvia. La curva de demanda, que relaciona la cantidad demandada de un bien a lo largo de un periodo de tiempo con su precio promedio en el mismo periodo, puede tomarse como una relación de flujo. Aparentemente lo mismo podría decirse para la relación entre interés e inversión; pero aquí, como veremos luego, existen complicaciones. Analizaremos a continuación las tres relaciones anteriores.

La función de consumo Comenzaremos por la función de consumo y el multiplicador. Utilizaremos la versión del multiplicador de Keynes, que no es secuencial29. Vamos a utilizar una versión particular de lo que se llama método del equilibrio. Esto puede verse más claramente si consideramos, la aplicación histórica. Buscamos explicar el nivel de ingreso (que, dado un cierto nivel de salarios monetarios, implica un nivel de empleo) obtenido en un año particular del pasado, por ejemplo 1975. Conocemos los hechos de ese año, cuáles fueron la inversión y el ingreso de ese año. 28

Debemos aclarar que, con “la teoría formal de Keynes” Hicks se está refiriendo a su propia interpretación de la teoría de Keynes. Esto trae algunas consecuencias, como ser la suposición de la igualdad entre ahorro e inversión, o la definición de la eficiencia marginal de capital como la función que relaciona la inversión con la tasa de interés. Si estos conceptos están realmente así o no en la Teoría General – o si se los puede definir así sin perder la pureza del análisis - sigue siendo materia de discusión. Sin embargo, más allá de que se esté de acuerdo o no con Hicks, como aquí se está siguiendo su libro, nos limitamos a reproducir sus ideas. 29 Existe una segunda versión de la teoría del multiplicador, que es claramente secuencial. Dicha versión es la de Kahn.

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Debemos compararlos con lo que hubiera sido si alguna causa (que consideramos como exógena) hubiera sido diferente. Esto sólo puede deducirse con la ayuda de alguna teoría. Debemos construir un modelo en el cual se permitan variaciones del elemento exógeno, mientras otras cosas se mantengan invariantes mientras sea posible. Keynes construyó el modelo en forma consistente de modo que la igualdad entre ahorro e inversión (que es una identidad contable), debe mantenerse en el modelo, tal como ocurre en la realidad. Por lo tanto, en caso de existir una relación confiable entre ahorro e ingreso (según la cual al aumentar el ingreso, aumenta el ahorro, pero en menor proporción), un aumento del ingreso debe estar aparejado por un aumento del ahorro y, por ende, de la inversión. También debe observarse que un aumento de la inversión debe estar aparejado por un aumento más que proporcional en el ingreso (el multiplicador). Si hacemos como Keynes en esta parte de su teoría y tratamos la inversión como exógena, queda analizar la relación del multiplicador. Keynes consideraba a su función de ahorro (o función de consumo) como una función teórica, basada en el razonamiento, a partir de aspectos más bien obvios del comportamiento observado y no una función empírica (inducida del comportamiento de las variables en años anteriores). Para su propósito, era suficiente pensar en la elección entre ahorro y consumo como una elección sencilla entre la provisión para el futuro y el gozo para el presente. En realidad (en “1975”) se asignó una parte del ingreso del preceptor representativo a cada uno de ellos. Los dos objetivos son diferentes, por lo tanto, si se aumenta el ingreso, se podrá satisfacer mejor a cada uno de ellos. El incremento del ingreso se dividiría entre ellos, que es lo que dice la función consumo. Este es el comportamiento que razonablemente podríamos esperar que el individuo representativo planee hacer. Si tiene o no éxito en realizar lo que ha planificado, es otra cuestión. En los datos reales, no conocemos el “ahorro planeado” para 1975, así como en la teoría no conocemos los “ahorros efectivamente realizados”, por lo tanto, debemos suponer que unos y otros son iguales, y en ese sentido, el modelo está en equilibrio. Es por ello que Hicks dice que el uso de la función consumo para establecer un multiplicador es un ejemplo del método de equilibrio. Ahora, si como dijimos antes, el equilibrio tiene como significado fundamental que las oportunidades disponibles son aprovechadas30: ¿cómo puede ser el equilibrio consistente con el desempleo (como Keynes afirmaba que era)? ¿los desempleados no pudieron encontrar oportunidades disponibles compitiendo con los empleados, ofreciéndose a trabajar por menores salarios? La respuesta sería que el nivel de salarios es exógeno al modelo, por lo cuál el modelo se encuentra restringido por esta condición, por lo que puede estar en equilibrio respecto a las otras elecciones, aún cuando haya desempleo.

La eficiencia marginal del capital El concepto de Keynes se refiere a la inversión como función de la tasa de interés. No es un concepto estático (como la productividad marginal del capital) sino que es prospectivo, y el desconocimiento del futuro resulta crucial. Consideremos una vez más la aplicación histórica. Sabemos cual fue la inversión en 1975, estamos investigando porqué no fue mayor (o menor). Las causas hacia las que Keynes dirige nuestra atención son obvias; la inversión hubiera sido mayor si:

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Este es el concepto de equilibrio que dio Hicks en el modelo de Adam Smith.

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el progreso tecnológico hubiera aumentado las posibilidades de inversión; los negocios hubieran sido más optimistas o confiados; si hubiera sido mas fácil para las empresas aumentar su capital, es decir, si se hubieran reducidos las tasas de interés. Un historiador podría tratar todas las causas como contemporáneas, al igual que el multiplicador: se refieren a 1975 y continúan actuando a lo largo de éste. Sin embargo, el optimismo y la confianza son estados de expectativa y estas condiciones (en el momento de la desición) pertenecen al futuro. Pero durante el periodo, el futuro se desplaza; como dijimos antes, no hay tiempo de pensar en el futuro antes de que este se convierta en pasado. Entonces, el contenido del futuro ha cambiado. Para sus propósitos, Keynes cortó ese nudo. Limitó su atención a la Inversión en Capital Fijo, cuyo incentivo depende de las expectativas, pero de expectativas sobre acontecimientos que pertenecen (principalmente) al futuro lejano, a lo que ocurrirá después de terminado el año. De esta manera, dichas expectativas, son invariantes a lo largo del periodo. Si quisiéramos evitar esta simplificación podríamos recurrir al método del equilibrio, definiendo que las expectativas son invariantes dentro del periodo en el sentido que las expectativas se van transformando en realidades dentro del periodo. En cuanto a las expectativas del futuro lejano, lo más sencillo es considerar que nada de lo ocurrido durante el año las modifica. Un modelo de este tipo no es realista, ni pretende serlo. Debemos usarlo simplemente como patrón de comparación con la realidad. Veamos como encaja todo esto con la tercera relación keynesiana.

La preferencia por la liquidez Como dijimos, esta tercera parte de la teoría relaciona la tasa de interés (r) con la oferta monetaria (M). Esta es una relación de stock, que no se refiere a un periodo sino a un momento del tiempo. ¿Cómo hacemos para ajustarla a las otras relaciones, si éstas se refieren al periodo (es decir, son de flujo)? Esta pregunta es la misma que surgió en la Teoría Cuantitativa, que respondió a la misma introduciendo como puente a la velocidad de circulación del dinero. Pero en este caso, no basta con recurrir a la secuencia: dado que M y r son la posición de liquidez al inicio de 1975, la inversión y el ingreso le siguen como efectos durante el año; porque el efecto de Y sobre la tenencia deseada de dinero continúa durante el transcurso del año. Hicks propone suponer que la relación de balance sea en sí una relación que persiste durante el año, tal vez en términos de un promedio de balances a lo largo del año. Si esto es posible, todo se vuelve anual, y se abre el camino para una interpretación de la teoría keynesiana – en sus tres partes – en términos de causalidad contemporánea. Pero ¿es esto posible? Acá tenemos el mismo problema de expectativas: la liquidez esperada para el principio de 1975 es diferente de la esperada para la mitad del año. Acá no se puede recurrir tan fácil al método del equilibrio porque en este caso una característica esencial de la liquidez es que es una cuestión de expectativas inciertas: no podemos evitar la transición, que se da en el presente, de la incertidumbre a la certidumbre; el pasado y el futuro son inherentemente distintos y

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no pueden ser promediados. Por lo tanto, el método del equilibrio para la liquidez no es adecuado. Sin embargo, existe una forma posible de salvarlo. Supongamos que se crean las expectativas en forma tal que los valores esperados de las variables que afectan las decisiones pertenezcan a un intervalo particular. Esto da cabida a la liquidez, ya que no hay expectativas ciertas sobre lo que ocurrirá; pero también permite la existencia de un equilibrio, en el sentido de que lo que ocurra caerá dentro del intervalo esperado. Un estado de equilibrio es un estado en el cual no hay sorpresas. Lo que ocurre (en el periodo) cae suficientemente dentro del intervalo de lo esperado como para que no sea necesaria ninguna corrección de expectativas. Aún así, la parte más débil del modelo keynesiano convencional, parece ser, después de todo, la relación de preferencia por la liquidez, que desde otros puntos de vista más importantes, es su rasgo característico. Parece ser que la liquidez no es del todo compatible con el equilibrio; y, por lo tanto, no del todo compatible con la causalidad contemporánea. Seguramente podemos explicarla mejor con la causalidad secuencial.

12-. CAUSALIDAD SECUENCIAL Llegamos, por último a la causalidad secuencial, en la cual el efecto, sigue a la causa. Para afirmar que A fue la causa de B cuando la fecha de B fue posterior a la de A necesitamos algo más que la conexión lógica que hemos considerado hasta ahora. Requiere conocer que pasó entre esos dos hechos y porqué transcurrió ese lapso de tiempo y no más o menos. A menos que podamos determinar aceptablemente la respuesta a estas preguntas, nuestra aseveración causal no estará bien establecida. Las cadenas causales que le interesan al economista tienen un carácter especial. La economía se ocupa en gran parte de las decisiones; las decisiones surgen como una etapa intermedia en la mayoría de los procesos causales. La causa inmediata de un efecto económico es, casi siempre, una decisión que alguien tomó (o la combinación de varias decisiones tomadas por distintas personas). Pero en el análisis económico no basta con referir el efecto a la decisión; también nos interesan las causas de las decisiones. Por lo tanto, aún el caso más sencillo de causalidad secuencial en economía tiene dos pasos: un paso previo, de la causa objetiva a las decisiones basadas en ella, o influenciadas por ella, y un paso posterior, de las decisiones a sus efectos objetivos. El paso previo corresponde a la formación de la decisión, el posterior, a su ejecución. Cada uno de estos intervalos plantea problemas diferentes. Hicks da algunos ejemplos: tomemos la función de consumo que analizamos antes, ahora considerada secuencialmente. Un aumento del ingreso, o del poder adquisitivo, es aquí la causa objetiva; el aumento del consumo es el efecto; las decisiones de aumentar el consumo son intermedias. A su vez, pueden distinguirse dos casos: si son bienes durables de consumo, el intervalo posterior puede ser largo (por ejemplo, si se encarga construir una casa). En cambio, si hablamos de bienes no durables, que abundan en los negocios, el intervalo posterior puede despreciarse. El consumo está interrelacionado a lo largo del tiempo, por lo cual el impacto de un aumento del ingreso (dependiendo de la opinión acerca de si el aumento del ingreso es temporario o permanente) no necesariamente se manifiesta de inmediato. Material de estudio del curso 2006

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Consideremos un segundo ejemplo: el caso del efecto de los costos sobre los precios. Si un empresario no está atado a contratos a largo plazo, puede aumentar los precios de sus productos en el momento en que decida hacerlo; de modo que, una vez más, no hay intervalo posterior. El intervalo anterior, por otro lado, debe ser muy importante en este caso, ya que puede ser muy variable. El empresario debe averiguar cuanto puede aumentar los precios sin peligro, observando el comportamiento de sus competidores y considerando el curso probable de la política gubernamental respecto al nivel de demanda y a la protección. El primero de estos ejemplos es un efecto sobre cantidades, el segundo sobre precios; en la mayor parte de las relaciones causales económicas se trata de efectos sobre unas u otros. En ambos casos el intervalo posterior es bastante claro. Puede ser largo – por ejemplo cuando es la decisión de iniciar un nuevo proceso productivo – pero siempre es bastante confiable31. El intervalo anterior es mucho más complejo, ya que la causa objetiva no provoca necesariamente una reacción; es, una “señal” y la reacción a la señal puede ser rápida o lenta32. Según Hicks, una de las características de la economía moderna es que muchos de los que toman decisiones tengan algunas reservas33. Por lo tanto, no están inmediatamente obligados a responder a las señales; si éstas persisten, tienen tiempo para reaccionar. Las reservas otorgan la facultad de demorar la reacción, pero no la anulan. Volvamos un momento al tema de la liquidez. Podemos ver que la posesión de fondos líquidos siempre favorece la expansión, la facilita. Esta es la manera en que la liquidez aparece en la teoría keynesiana y en los mercados financieros, como una relación entre la oferta de dinero y la tasa de interés; pero el concepto de liquidez es, según Hicks, más amplio. Para Hicks, la liquidez es libertad. Cuando una empresa realiza una acción que disminuye su liquidez, disminuye su libertad; se expone a sí misma al riesgo de disminuir o demorar su capacidad de responder a oportunidades futuras. De ahí que sea plausible explicar este tipo de relación con la causalidad secuencial. Hoy se toma una decisión que disminuye mi liquidez, y eso afecta como voy a reaccionar ante posibles oportunidades futuras.

Pero más allá de los ejemplos que podamos mencionar de este tipo de causalidad, lo que le interesa a Hicks remarcar, es que le ha interesado el campo de la aplicación a través de la explicación: cuando buscamos identificar una causa, buscamos una explicación. A través de mostrar que en economía hay distintos tipos de causalidad, Hicks dice que para cada tipo (sea estática, contemporánea o secuencial) existe un tipo de teoría que le corresponde. A la causalidad estática le corresponde la teoría estática: es la parte de la teoría económica más desarrollada, pero que deja insatisfechos a todos por su estrecho campo de aplicación.

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Podría interrumpirse, igualmente por problemas laborales, escasez de materiales, etc. Pero igualmente, las causas que provocan la interrupción son notorias. 32 Hicks propone dividir el intervalo anterior en dos partes: una que va desde la causa objetiva hacia la percepción de la oportunidad que ésta ofrece, y la segunda es aquella en la cual se hacen los arreglos para hacer efectiva la decisión. La primera es esencialmente una cuestión de información en tanto que la segunda es una cuestión de negociación. 33 No es necesario que las reservas asuman una forma financiera; también puede ser la posesión de existencias no vendidas.

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A la causalidad contemporánea le corresponde la teoría formal de Keynes. Y es justamente la habilidad que tiene la Teoría Keynesiana para tratar estos problemas la que la ha llevado a tener éxito. A la causalidad secuencial le corresponden las relaciones que involucren tiempo en la toma de decisiones. En este último caso, vale pensar, por ejemplo, en la reacción de dos tipos de países (desarrollados y subdesarrollados, por ejemplo) a un avance tecnológico: hay, obviamente, diferente velocidad en la respuesta a las nuevas oportunidades y esto influirá en diferentes relaciones causales del shock tecnológico con los efectos en cada uno de los países.

13-. CAUSALIDAD Y CONTROL DE LA POLÍTICA ECONÓMICA Tratemos de discutir ahora, por qué un concepto de causalidad probabilística y no determinístico puede provenir de Keynes. Recordemos que Keynes fue un precursor de la causalidad probabilística y, sin embargo, Hicks clasifica algunas de sus proposiciones teóricas como diferentes formas de causalidad determinística34. De acuerdo con Hoover (2003), para el hombre común, la causalidad generalmente implica alguna forma de control de un instrumento, que tiene la capacidad de provocar que algo pase. El ejemplo típico sería el instrumento de política económica. El hecho de conocer la causalidad permite manejar los instrumentos de política para que, con algún grado de probabilidad (posiblemente importante), se pueda solucionar algún problema de la economía. Entonces – tomando a Keynes – si pensamos que un aumento de la demanda agregada provoca con una probabilidad “x” una disminución del desempleo, entonces necesito un instrumento (el gasto público, por ejemplo) que genere, con una probabilidad “y” un aumento de la demanda agregada. Este tipo de causalidad probabilística – y secuencial, de acuerdo a Hicks – está detrás de las recomendaciones de política de Keynes. Entender el funcionamiento del sistema económico (sus cadenas causales) le da control sobre el mismo al policy maker. Sorprendentemente, muchos economistas no suelen identificar causalidad probabilística con “grado de control”, sino más bien con la “Causalidad de Granger”, que es, en esencia, una forma probabilística de “post hoc ergo propter hoc”35. Ya vimos antes los problemas que intrínsicos que la causalidad “a la Granger” presenta. La idea de entender la causalidad como un indicador de controlabilidad es muy importante en la macroeconomía. Si podemos encontrar la relación causal entre variables controladas por el gobierno y otras variables económicas, podremos entender como las “variables objetivo” cambian cuando cambia la política económica. Identificar las relaciones causales es, entonces, necesario para entender como los cambios de política afectan la economía.

La Plata; Agosto de 2006; FCE-UNLP; Macroeconomía II. 34

Debemos aclarar que, en principio, no hay demasiados obstáculos en reinterpretar las clasificaciones de causalidad que hace Hicks como probabilísticas; sin embargo, el mismo autor declara que la concepción mayoritaria de causalidad en economía es determinística; mientras que Vercelli y Hoover rescatan versiones probabilísticas de causalidad en economía: en particular, la Causalidad de Granger, y la causalidad de Keynes. 35 Del latín: “después de esto, luego a causa de esto”: fórmula con que designaban los escolásticos al error consistente en tomar por una causa lo que sólo es un antecedente.

Material de estudio del curso 2006

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BIBLIOGRAFÍA

Apuntes de clases dictadas por Demián Panigo.

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"La

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Causalidad  

Causalidad en economia

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