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Oscar Wilde

-Serán chacineros, supongo. -Eso espero, tío George, por el bien de Dartmoor. Me dicen que la chacinería es una de las profesiones más lucrativas de los Estados Unidos, después de la política. -¿Es bonita esa muchacha? -Se comporta como si fuese hermosa. La mayoría de las americanas lo hacen. Es el secreto de su encanto. -¿Por qué no se quedan en su país? Siempre nos están diciendo que es el paraíso de las mujeres. -Lo es. Ésa es la razón de que, como Eva, estén tan excesivamente ansiosas de abandonarlo -dijo lord Henry-. Adiós, tío George. Gracias por darme la información que quería. Me gusta saberlo todo sobre mis nuevos amigos y nada sobre los viejos. -¿Dónde almuerzas hoy, Harry? -En casa de tía Agatha. He hecho que me invite, junto con el señor Gray, que es su último protégé. -¡Umm! Dile a tu tía Agatha, Harry, que no me moleste más con sus empresas caritativas. Estoy harto. Caramba, la buena mujer cree que no tengo nada mejor que hacer que escribir cheques para sus estúpidas ocurrencias. -De acuerdo, tío George, se lo diré, pero no tendrá ningún efecto. Las personas filantrópicas pierden toda noción de humanidad. Se las reconoce por eso. El anciano caballero gruñó aprobadoramente y llamó para que entrara su criado. Lord Henry atravesó unos soportales de poca altura para llegar a Burlington Street, y dirigió sus pasos en dirección a la plaza de Berkeley.

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El retrato de dorian gray  

Libro

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