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Oscar Wilde

-Te lo puedo contar a ti, Harry, aunque a nadie más. Renuncié a perjudicar a una persona. Parece pretencioso, pero ya entiendes lo que quiero decir. Era muy hermosa, y extraordinariamente parecida a Sibyl Vane. Creo que fue eso lo primero que me atrajo de ella. Te acuerdas de Sibyl, ¿no es cierto? ¡Cuánto tiempo parece que ha pasado! Hetty, por supuesto, no es una persona de nuestra posición, tan sólo una chica de pueblo. Pero me había enamorado. Estoy completamente seguro de que la quería. Durante todo este mes de mayo tan maravilloso que hemos disfrutado iba a verla dos o tres veces por semana. Ayer se reunió conmigo en un huerto. Las flores de los manzanos le caían sobre el pelo y se reía mucho. Íbamos a escaparnos juntos hoy por la mañana al amanecer. De repente decidí que no cambiara por mi culpa. -Imagino que la novedad de ese sentimiento te habrá proporcionado un estremecimiento de auténtico placer -le interrumpió lord Henry-. Pero estoy en condiciones de contarte el final de tu idilio. Le diste buenos consejos y le rompiste el corazón. Ése ha sido el comienzo de tu enmienda. -¡Qué desagradable eres, Harry! No debes decir cosas tan espantosas. A Hetty no se le ha roto el corazón. Lloró, por supuesto, y todo lo demás. Pero no ha perdido la honra. Puede vivir, como Perdita , en su jardín de menta y caléndulas. -Y llorar por la infidelidad de Florisel -dijo lord Henry, riendo, mientras se inclinaba hacia atrás en la silla-. Mi querido Dorian, tienes curiosas ideas de adolescente. ¿De verdad crees que esa muchacha se contentará ahora con alguien de

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El retrato de dorian gray  

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