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Guillermo Basagoiti obra

1975

2010


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Centro LeonĂŠs de Arte Instituto LeonĂŠs de Cultura 9 de marzo al 9 de mayo de 2012


Guillermo Basagoiti obra

1975

2010


«Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara». Jorge Luis Borges Epílogo a El hacedor


Presentación Isabel Carrasco Lorenzo Presidenta de la Diputación de León

La Diputación de León, por medio del Departamento

de Arte y Exposiciones del Instituto Leonés de Cultura viene desarrollando una intensa labor que intenta potenciar, difundir y aproximar al público en general algunos de los fenómenos creativos más interesantes y significativos que se han producido durante el siglo XX. Para ello, dentro del proyecto programático del Departamento se han articulado varias líneas de trabajo que se consideran como estructurales en la propuesta y desarrollo de exposiciones: una de tipo internacional, otra nacional y por último la de ámbito provincial.

La muestra que presentamos en esta ocasión en el

marco emblemático del Centro Leonés de Arte, se encuadra perfectamente en el ámbito nacional y pretende aproximar a uno de los autores que participó en el desarrollo de una de las vertientes y enfoques más interesantes de la historia de la escultura española, precisamente aquella que tomó como material fundamental el metal.

Por primera vez se organiza una exposición que pre-

tende mostrar una visión retrospectiva por medio de la exhibición de algunas de las obras fundamentales creadas por el

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gran escultor Guillermo Basagoiti, partiendo de una propuesta muy sintética pero que nos permite visualizar un recorrido por las diferentes etapas y vertientes de sus propuestas creativas desde los años setenta hasta los años noventa del siglo pasado, sin obviar las destacadas aportaciones que ha realizado en el ámbito de la pintura y de la instalación, aspectos que quedan perfectamente reseñados en el catálogo.

Sin duda, esta muestra servirá para facilitar una aproxi-

mación directa y didáctica a las creaciones más destacadas de este significativo escultor y al mismo tiempo podrá restablecer su figura y obra. Otro de los objetivos fundamentales que se pretende es situar a este artista de forma adecuada y merecida dentro de la historiografía especializada tanto en el ámbito asturiano como nacional.

Una propuesta muy interesante que sin duda no dejará

indiferente a nadie.

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Aproximaciones Luis García Martínez Director Dpto. de Arte y Exposiciones del ILC. Diputación de León

Francisco Zapico es un crítico de reconocido prestigio

y gran comunicador especializado en alguno de los fenómenos creativos más significativos del siglo XX en Asturias, pero sobre todo buen compañero en las múltiples y diversas lides que me ha tocado compartir y por supuesto un excelente amigo. Cuenta con una amplia experiencia como conservador de museo, actividad en la que coincidimos y desarrolló con gran dedicación y entusiasmo en el Centro de Escultura de Candás Museo Antón. También es un experto comisario de exposiciones y, en este momento, considero que es de justicia reseñar que sus aportaciones críticas a la bibliografía artística son una contribución de gran relevancia. Aproximadamente, desde finales de la década de los años ochenta del siglo pasado, ha venido realizando con discreción y empeño, un sistemático, constante e intenso trabajo de documentación e investigación centrado en alguna de las figuras más emblemáticas del arte asturiano con las que ha estado o está muy próximo o ha mantenido una buena sintonía tanto vivencial como artísticamente, o que en algún momento han despertado su atención y reflexión.

Como no podía ser de otra forma, Francisco Zapico nos

propone un excelso texto analítico sobre la figura y la producción creativa de Guillermo Basagoiti que supone una aproximación

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humana y afectiva, pero también técnica y crítica de gran interés, que se convierte hoy en fundamental para conseguir una comprensión adecuada de esta figura señera de la escultura española. El mismo está realizado con atenta vigilancia, mimo y esmero desde la distancia cognoscitiva más idónea, pero aún así, creo que será necesario el transcurrir del tiempo para que alcance su verdadera dimensión y significación. Sin duda es el análisis de un amigo y de un hombre que ha compartido con Guillermo muchos años de vivencias, emociones, ilusiones, peripecias, proyectos, alegrías y también, por qué no decirlo, dolor y muchos sinsabores, aspectos todos ellos que han servido para fraguar un humus fértil y fructífero que ha posibilitado desde la verdad sentida y la sinceridad de las palabras, crear una argumentación lúcida y coherente que posibilita, sutil y sosegadamente, desentrañar algunos de los mimbres esenciales que integran la urdimbre de la poética creativa de este gran hombre, Guillermo Basagoiti.

Por otro lado, me gustaría matizar que normalmente

la historia y mucho más en el caso del ámbito artístico, no se suele escribir de forma clara y lineal, es más frecuente que se conforme finalmente por medio de una engorrosa interrelación de renglones torcidos y desdibujados que se reconstituyen con el paso del tiempo. Por tanto, aquellas aspiraciones o proyectos expositivos que se plantearon en alguna ocasión con gran ilusión y complicidad, tuvieron que ser relegados y dejar que reposaran en un cierto olvido de buhardilla, con no poco duelo. Así, es cierta, y admito mi plena responsabilidad, la

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cita que hace Francisco Zapico en relación a la muestra fallida Forma de Encuentro, propuesta por el Departamento de Arte y Exposiciones del ILC para ser presentada en la sala Provincia; un proyecto ambicioso que proponía una interrelación y diálogo sincero y abierto entre cuatro grandes escultores asturianos: Amador Rodríguez, Joaquín Rubio Camín, Guillermo Basagoiti y Pablo Maojo. Pero no es menos cierto que gracias al trabajo, empeño y confianza de mucha gente, en León se ha podido apreciar la extraordinaria exposición retrospectiva centrada en la obra de Amador Rodríguez titulada Amador Presencia Ausencia que se mostró en la sala Provincia en el año 2005. También en el año 2010 y gracias a la generosa colaboración del Museo Barjola de Gijón, recaló la muestra retrospectiva que analizaba las aportaciones creativas del gran maestro Joaquín Rubio Camín, comisariada por Soledad Álvarez, titulada Entorno Camín, y se exhibió en la sala Provincia, en el Centro Leonés de Arte y en la sede de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia. Hoy, creo muy sinceramente que podemos y debemos felicitarnos todos y celebrar al mismo tiempo esta exquisita producción expositiva que nos aproxima la figura de Guillermo Basagoiti, un gran desconocido para la mayoría de la gente. Así como de la edición de este sobrio pero primordial catálogo que como no podía ser menos cuenta con el toque exclusivo y personal de uno de los mejores editores. Sin duda, espero sinceramente que algún día podamos presentar una relevante muestra que nos aproxime al destacado creador Pablo Maojo, intentando dejar así escrita, aunque de una forma muy diferente, la historia.

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En relación a la figura de Guillermo Basagoiti, creo

que precisamente la década de los setenta del siglo pasado en la cual se incorpora al panorama creativo español, es crucial, esencial y la base del cambio sociopolítico y al mismo tiempo cultural de una España que pretendía abrirse al exterior e incorporarse sin complejos al ámbito internacional. La década de los setenta son momentos de cambio, de tensión, de lucha y de búsqueda de una identidad que esperanzaba a todos. Es el momento de resurgir de las cenizas, de construir el futuro entre todos, pero desde las bases esenciales y constitutivas propias en diálogo con las diversas realidades del exterior, no desde una mimesis internacionalista absurda que pretendía avasallarlo todo, imponiendo modas. Situándonos en este contexto, es en el que opino que Guillermo supone una aportación muy significativa al panorama artístico español y forma parte de ese selecto grupo que posibilitó el reconocimiento de una nueva escultura con trascendencia internacional.

Guillermo construye su lenguaje plástico, por medio

de la asimilación y reinterpretación de los grandes maestros de la escultura nacional e internacional surgida del metal, partiendo de un conocimiento intuitivo y sensitivo, pero también racional. Por lo tanto su obra escultórica es heredera y está inmersa dentro de esa gran línea que emplazó al arte español en los territorios internacionales más importantes. En esta vertiente podríamos situar a los grandes creadores: Julio González, Picasso, Gargallo y algunos más próximos en

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el tiempo como Oteiza, Chillida, Chirino, Palazuelo o Camín entre otros muchos.

En los años setenta y sobre todo en los ochenta del

siglo XX, en España se produce un giro muy importante en la escultura. Es un momento eufórico con la aparición en escena de una nueva generación de artistas que alcanzan una clara proyección tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Ese grupo de escultores es heterogéneo en planteamientos y enfoques, pero dentro del mismo se puede observar con cierta nitidez que produce una línea de trabajo, en la que están algunos destacados creadores, que toman como punto de partida o se relacionan con esta vertiente de la escultura en metal que hemos comentado anteriormente, teniendo un peso muy destacado la figura de Oteiza como punto de referencia. Así se convierten en cierto modo en continuadores o mejor dicho en renovadores de esta herencia, tomándola como punto de reflexión y partida, para dar un nuevo paso o salto cualitativo que abrió nuevas vías, como ocurre en el caso de Txomin Badiola, Sergui Aguilar o Susana Solano entre otros. Guillermo por derecho propio pertenece a este grupo selecto de artistas del cambio, si bien es cierto que sus aportaciones se producen únicamente en dos décadas y abandonará en cierto modo la actividad creativa, para centrarse en la dirección de la Fundación Museo Evaristo Valle, cuestión que ha hecho que su obra haya caído en un injusto olvido. Pero la generosidad, la sensibilidad, el trabajo bien hecho y la creatividad innata de Guillermo han hecho posible

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el milagro de que la Fundaciรณn Museo Evaristo Valle se haya convertido con el tiempo en un espacio emblemรกtico del arte asturiano. Por sus salas y jardines han pasado los creadores mรกs destacados y siempre ha sido un lugar de refugio, de encuentro, de diรกlogo, en el que cualquier joven creador ha podido encontrar apoyo y aliento. Gracias por tu generosidad y amistad.

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Guillermo Basagoiti De creador a hacedor Francisco Zapico DĂ­az


«Todo arte es una prefijada costumbre de pensar la hermosura» Jorge Luis Borges «La vida humana entendida como interacción del yo y la circunstancia es la realidad radical de la filosofía y del arte» José Ortega y Gasset «La cordura es una locura que se usa para bien; la vida despierta es un sueño controlado» George Santayana y Borrás «Esto vive en función de aquello» Zhuangzi

Origen

Hace algunos años, pasada la mediana de la década de

los noventa, Luis García Martínez, que por entonces ya dirigía la Sección de Arte y Exposiciones de la Diputación Provincial de León, me propuso la organización de una amplia exposición que incluyera piezas de Amador Rodríguez, Joaquín Rubio Camín, Guillermo Basagoiti y Pablo Maojo. Acepté con gusto el encargo; la integridad artística y humana de aquellos creadores contaba con mi adhesión más ferviente e incondicional. Cabe reseñar que, aun partiendo de tan decidida convergencia, dicha colectiva no buscaba nutrir hipótesis alguna sobre la eventual existencia de una escuela asturiana de escultura; planteaba algo mucho más simple, trivial, un puro ejercicio de plástica

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comparada que extremara por igual tensión perceptiva y nivelación armónica, que fuera fiel a la singularidad de cada artífice y también consecuente con la supuesta participación de todos ellos en un arcano fondo común. Le puse un nombre: Forma de encuentro, y trabajé muy inclinadamente sobre ella durante bastantes meses. Llegué a definirla, teorética y materialmente, con bastante precisión. No obstante, por razones que no vienen al caso, nunca llegó a celebrarse.

Quizá como demostración de que la mayor parte de las

cosas importantes no se fraguan en el éxito, guardo de aquella malograda experiencia útiles y gratos recuerdos. Entre los más preciados y tangibles, unas fotos, tomadas por José Pañeda, de los cuatro escultores posando a la orilla de la ría de Villaviciosa.

Amador Rodríguez, Pablo Maojo, Guillermo Basagoiti y Joaquín Rubio Camín, en la ría de Villaviciosa, 1997.

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Conste que si menciono tan remoto y frustrado pro-

yecto es por su condición de substancia amniótica de otros muchos que sí vieron la luz y la imprenta. La presente individual, que supone el despliegue panorámico de la labor escultórica de Guillermo Basagoiti García-Tuñón, y este catálogo, que la reduce y documenta, responden a ese nebuloso origen.

En cuanto al contenido textual quiero aclarar que sus

principales mimbres proceden de dos sembrados muy diferentes: del muestrario −gráfico, bibliográfico y hemerográfico, ciertamente estimable por contenido y volumen− que recopilé gracias a la generosa y paciente colaboración de los supuestos encontrados en aquella abortada mas no inane Forma de encuentro, y de las vivas y largas conversaciones que he sostenido con Guillermo Basagoiti −va para veintisiete años que estoy muy próximo a su persona y a su trabajo− o, más precisamente, del eco que de ellas aún rebota en mi memoria.

Dicho lo que antecede, me resta hacer un par de

observaciones o advertencias relativas también a la naturaleza epistémica y narratológica de estas notas.

La primera se refiere a su carácter argumental y causal.

Obviamente, pertenecen a esa codificada modalidad de escritura conocida como ensayo de catálogo, en consecuencia, tratan de cumplir el legítimo y utilitario objetivo que les corresponde: potenciar, con la mayor eficacia y amenidad, el interés per-

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ceptivo y la curiosidad apreciativa del público. Sin embargo, no están orientadas, exclusivamente, hacia la pura asimilación fruitiva o hacia el mero despliegue informativo, albergan además cierta ambición interpretativa: pretenden establecer, lo más cuidadosa y estrechamente posible, la concreta especificidad de las obras que se muestran y del autor que se expone.

La segunda concierne a su entramado narrativo,

muy semejante a lo que en novela policial se denomina howdhecatchem, historia donde el nudo argumental se conoce de antemano y el relato en sí consiste en la despaciosa averiguación y acumulación de evidencias que llevan a resolver la situación inicial, formato opuesto al típico whodunit, donde casi nada se revela hasta el final. Así, los primeros párrafos declaran ya las cualidades nativas y casi todos los atributos esenciales de la obra de Guillermo Basagoiti. Luego, como quien compone un extenso mosaico, voy agregando y alternando, a modo de teselas o módulos, datos y observaciones que al final intento hacer converger en síntesis, en sentido concordante con los enunciados de partida. No sé muy bien por qué elegí esta estructura, quizá por temor a que lo intrincado se convirtiera en caótico.

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Zona portuaria de la rĂ­a de Bilbao, aĂąos setenta.

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Acotación

El reducto poético nativo de la obra de Guillermo

Basagoiti fue la ciudad de Bilbao y su trayectoria artística un camino derecho desde él hacia la plena madurez de su mensaje eficiente. Puedo aclarar y apuntalar testimonialmente esta aseveración que quizá parezca demasiado firme y precipitada: «Todo lo que he hecho en escultura nació en mis años de Bilbao», me dijo hará un par de inviernos durante una grata charla de sobremesa en un bar de Campo Caso. Necesito forzar muy poco la memoria y la imaginación para reconstruir, al menos parcialmente, aquella conversación. Rememoró sus veraneos en la casa de su abuelo paterno, un edificio del barrio de Neguri en el municipio de Getxo. Recordó que, no siendo un estudiante muy convencido, tenía que tomar clases en una academia del centro metropolitano, lo que le obligaba a cruzar a diario casi todo lo que hoy conocemos como Gran Bilbao. Se

demoró

reviviendo,

minuciosamente,

observaciones

y anécdotas reveladoras del interés y el asombro que le procuraba el complejo y fascinante espectáculo de aquella vigorosa y metastásica conurbación que iba invadiendo y fagotizando, como una colosal y monstruosa criatura, todo el territorio contiguo a la ría del Ibaizábal y del río Nervión.

Se acordó también de la máquina de fotos que le ha-

bían regalado por entonces y de lo pronto que se volvió maravillosa extensión de sus propios ojos en aquellas obligadas y

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entusiásticas singladuras. Sacó a relucir al chaval dinámico e hiperestésico que, con reverencia y convicción, se empeñaba en rescatar de entre aquel abrupto y hostil entorno los más fieles, dignos y bellos emblemas de humanidad. La conversación fue menguando al mismo ritmo que la luz que entraba por la ventana. Se imponía volver a Gijón y así lo hicimos. Se dice que los días felices no tienen historia, sin embargo, de aquella jornada todavía trabajan en mi pensamiento la lluvia mansa, la niebla densa, el viento frío…, y otras muchas imágenes y sensaciones que ahora no merecen demora.

Orientados sobre el peculiar linaje ideal y sentimental

del lenguaje artístico de Basagoiti, que fluye con perfecta naturalidad desde su infancia, ahora necesitamos graduarlo. Medir algo así parece tarea inasequible; no lo es tanto si pensamos que, como Evaristo Valle, Bernard Shaw, George Santayana o José Ortega y Gasset, Guillermo es un adepto al culto vitalista. Esa filiación, que nunca es el resultado de una elección consciente, pues responde siempre a esos impulsos imperiosos e impersonales que en terminología jungiana llamamos arquetipos de conciencia, nos permite, justamente a la manera orteguiana, hablar con claridad de una escala de distancias con respecto a la realidad. En esa escala, los grados de proximidad equivalen a participación sentimental con los hechos; los de alejamiento, por el contrario, significan liberación objetiva o autista, puro tema de contemplación. Situados en uno de los extremos nos encontramos con un aspecto del mundo −perso-

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nas, cosas, situaciones− que es la realidad «vivida»; desde el otro, en cambio, se ve todo en su aspecto de realidad «contemplada». Un vitalista como Guillermo carece de obsesiones contemplativas. Aquella ciudad, matriz de su escultura, no le interesaba por su amplia y potente dimensión escénica, le interesaba como fondo simbólico del hado, como expresión de la alteridad, como entrañable y entrañada silueta del acontecer humano. A mi juicio, cualquier apertura interpretativa y analítica de su obra ha de tener presentes esas dimensiones.

La admisión de un sentido arquetípico, o de un sen-

tido simbólico, no implica el rechazo del sentido literal o del

Guillermo Basagoiti con su esposa Alina Brown y sus hijos Bill y Pablo, Villaverde, Asturias, 1975.

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histórico, y al revés, dar prevalencia a estos no implica reducir a fábula fantástica aquello que es solo accesible desde modos indagatorios recónditos. Más o menos así sentenció René Guénon la vieja y siempre actual controversia sobre los diversos planos de significación y valoración en el orden de lo artístico. Yo, que en tal sentido soy proclive a oscuras minucias, hace años que he aceptado ese juicio maestro y he orillado mis reticencias sobre la utilidad evaluativa propia de la historiografía, que nace de concebir la cronología documentada como indicio plausible de evolución, desarrollo y finalidad. En consecuencia, dado que el árbol genealógico de la estatuaria ferruginosa es muy joven, aunque su tronco principal sea grueso y su frondosidad amazónica, trataré de situar, lo mejor que pueda, la obra de Guillermo Basagoiti bajo su sombra.

Es sabido e innegable que la escultura en hierro se

debe al genio inventivo de Pablo Picasso, y que el hierro hizo posibles muchos de los grandes y decisivos cambios que sufrió, y nunca mejor traído el verbo, la creación tridimensional durante el pasado siglo, el mayor de los cuales no fue la transición del cuerpo cerrado o sólido a la compostura abierta o construida, sino, tal vez, la afirmación de la estatua como entidad autónoma, desligada de todo programa edilicio. Es curioso constatar que, desembridada en el espacio, sustentada en el concepto y reflejándose en los media, la escultura corre el albur de su definitiva desaparición. Lo que parecía un camino abierto a horizontes de libertad e independencia se ha convertido en un callejón sin

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aparente salida. Siendo esto así, dejemos que el imprevisible futuro se encargue de tales paradojas y volvamos a lo nuestro.

En la obra de Guillermo Basagoiti convergen al menos

dos de las principales ramas de la escultura en hierro y acero del siglo XX. Por un lado, la manera tradicional del forjado a partir del bloque de metal, línea en la que trabajaron extraordinarios pioneros como Julio González y que encontró fecunda continuidad en numerosos artistas; pensemos por ejemplo en Eduardo Chillida o en Alain Kirili. Por otro, la manera basada en el montaje de elementos siderúrgicos, línea que se subdivide a su vez en dos excrecencias: la que enlaza con el rechazo del momento negativo del ciclo industrial, aquel en el que los productos, reducidos a chatarra y llevados a fundición, son devueltos a su estado inicial de materia prima, y la afirmativa del momento positivo, que retoma los nuevos transformados del acero e impulsa una relectura conformativa de las antiguas posiciones constructivistas abierta a los más variados contenidos configurativos, decorativos, metafóricos, metafísicos…; César Baldaccini o David Smith y Shirazeh Houshiary o Anthony Caro serían representantes, no siempre canónicos, de esas tendencias.

Estos renglones son deliberadamente divulgativos,

pero, insisto, son también perseguidores del esquema verosímil de un programa intencional para el arte de Guillermo Basagoiti, están por ello abocados a poblarse no solo con la plenitud de sus

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esculturas, sino también con la limitación causal -la existencia y el tiempo son caudalosos azares- de algunos de sus sucesos o sucedidos vitales.

La más cumplida presentación de su obra y de su bio-

grafía nos la ofrece el propio Guillermo en un lugar humilde: el anverso de la postal que sirvió para anunciar su individual de 1984 en la galería gijonesa Cornión. El leve y breve background que sigue recoge y actualiza el que allí se incluía.

Pintor, fotógrafo y escultor, Guillermo Basagoiti García-

Tuñón nació en Madrid el año 1944, aunque, como evidencian sus apellidos, es de raíces vascas y asturianas. En 1967, tras abandonar los estudios de ingeniería, se inicia en el campo de la informática. El trabajo en tal actividad tampoco le satisfizo y, cuatro años después, siguiendo una vocación precoz, ya se había manifestado en 1956, decide dedicarse profesionalmente a la fotografía. Practica la vertiente publicitaria, la industrial y también el reportaje, y llega a publicar en Life, Sports Illustrated y en otras prestigiosas revistas europeas y americanas. Por estas mismas fechas su simétrico interés por otras formas de expresión le lleva al ámbito de la escultura. En 1971 contrae matrimonio con Alina Brown, que será desde entonces su más firme apoyo y su más capaz impulsor. En 1975 se traslada, junto con ella y sus hijos Bill y Pablo, a la localidad de Villaverde, en el Principado de Asturias, donde abre casa y taller. Posteriormente, alternará su residencia entre Asturias y Madrid. En

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1982, quizá colmando su destino -había trabajado durante años en una serie de fotografías titulada Ventanas de museo- abandona la asiduidad configurativa escultórica y, en conformidad y colaboración con su esposa, asume el reto de poner en marcha la Fundación Museo Evaristo Valle, institución que pilota desde entonces con manos seguras y generosas. En 1984 se instala definitivamente en Gijón. En 1987 acepta una nueva y difícil iniciativa: definir y hacer funcionar el Centro de Escultura de Candás Museo Antón, otro enclave emblemático dentro del panorama cultural asturiano, que dirigirá con acierto y probidad hasta el año 2001. Durante la última década ha seguido el juego de la vida, manteniéndose infatigable, animoso y probablemente feliz.

Dos trazos cabe destacar del anterior bosquejo. Uno, la

concentrada brevedad de su trayectoria artística o creativa −entendiendo artista o creador en el estrecho sentido de aquel que nutre con sus obras el mercado del arte−, ya que en apenas once años, los que van de 1971 hasta 1982, y de manera tan indecible y vertiginosa como la de los sueños, alcanza su plena madurez y su completa resolución. Otro, la inicial simultaneidad en la práctica de dos oficios de arte: fotógrafo y escultor. A mi parecer, bien se puede decir que ambos rasgos apuntan justo al centro poético de su obra. Abundo a continuación en tal sugestión. La fotografía −que involucra una operación conjunta del cerebro, del ojo y del corazón− es pasmosamente eficaz extrayendo, fijando y almacenando la enigmática y evanescente abundancia de lo real. Como arte es, quizá, el único que no aspira a la condición

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de la música, que es forma en el tiempo, porque ya es tiempo con forma. Y ese instante sustraído al propio discurrir del tiempo brinda la posibilidad de experimentar una sutil emoción, muy cercana a la virtud de lo inmediato y a la plenitud de lo eterno, el desvelamiento de nuestra fugaz condición; algo que, según señaló aquel virtuoso de la cámara y de la palabra llamado Henri Cartier-Bresson, en vez de irritante o doloroso, resulta más bien jocoso o festivo, porque conlleva aceptar la vida en su plena plenitud. Tengo para mí que uno de los mayores aciertos de Guillermo Basagoiti fue aprehender esa delicada emoción y transformarla en palpable indicio inscrito en la estatua; y que, por otro lado, su gran peculiaridad como creador fue dar luego alcance, desde la renuncia y desde la experiencia, a otro nivel de enlace e intercambio entre la realidad exterior y la subjetiva. Insistiré sobre esto mismo luego, más extensamente y quizá más acertadamente.

Escultura

Ya he dejado apuntado que Guillermo Basagoiti reco-

gía en aquella lejana postal promocional de 1984, en la que no había nada banal ni adventicio, además del concentrado curricular que hemos copiado y ampliado, casi todos los nombres de su repertorio escultórico. La nómina, que apunta certeramente hacia procesos relacionados con funcionalidades expresivas, temáticas y poéticas, es esta: Relieves, Barras sólidas, Espacios

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temporales, Angulares, Espacios ortogonales, Signos encontrados y Decolages navales. No debe inferirse de tal clasificación una partición de su trabajo según secciones tipológicas estancas, sino más bien un verdadero agregado de vasos comunicantes. Tampoco debe entenderse como una cronología evolutiva; entre los diferentes grupos no hay sucesión, hay la soterrada vibración cordial de lo que crece parejamente.

En adelante, siguiendo las pautas analíticas e interpre-

tativas que ya hemos señalado, me ceñiré a ese sabio orden serial de Guillermo Basagoiti, que me libra de errores, pues me exime de la ardua tarea de tipificar su escultura, de encontrar correspondencias y de ajustarlas a una norma común.

Tiempos, 1976, aglomerado, pintura y serrín, 60 x 240 x 4 cm, de la serie Espacios temporales.

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Declarar una obvia y postrera cuestión; a la hora de

evaluar cognitivamente los eventuales sentimientos e ideas que hicieron posible o que habitan el universo escultórico de Guillermo Basagoiti he operado según dos direcciones heurísticas divergentes: partiendo de la información, la descripción o la alegoría para convocar o, más bien, evocar al objeto o marchando desde el objeto hacia las palabras, hurgando en su superficie sensual o en su trasfondo factual.

Relieves y Espacios temporales

He leído casi todo lo que se ha escrito sobre la

escultura de Guillermo Basagoiti. Puedo constatar que abundan los comentarios elogiosos y que hay coincidencia en consignar la presencia en su obra de unas capacidades referenciales muy hondas y de un gran vigor expresivo nacido de la contención y la mesura. Empero, sobre estas series, cuyas piezas fueron concebidas y realizadas con evidente cuidado y complacencia, solo he encontrado unas pocas líneas del profesor Javier Barón; repetidas dentro de los templados artículos que dedica a Guillermo Basagoiti en la Gran Enciclopedia Asturiana y en la Enciclopedia temática de Asturias, su fiel literalidad es esta: «Por entonces realiza también pintura espacialista, combinando en dos planos, de modo muy elemental, relieves a veces texturados». Tanta

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exigüidad no requiere mayores elucidaciones que las de fecha: 1975, y las de contexto: Guillermo ya trabajaba en Villaverde sobre la serie Barras sólidas.

En mi caso, voy a dejar de lado cualquier cavilación so-

bre la especificidad háptica, volumétrica, masiva o espacial de la escultura para volver los ojos hacia lo que considero clímax indagatorio de estas primerizas series: hacer fluir el espíritu en la materia o, más bien, evitando términos trascendentes, lograr la emergencia de la figura y del significado en el contexto de la más estrecha interlocución con lo sensible.

Al iniciar su tarea, esto es, al disponerse a gestar una

forma precisamente con un material dado y de acuerdo con unas determinadas proporciones, el escultor −y hablo genéricamente, pues esto es un simple esqueleto praxiológico− debe replegar la materia sobre su propia estructura de escritura, es decir, debe calibrar cabalmente su inteligibilidad intrínseca. Desde ahí arrancan, pareja y automáticamente, el diálogo conformativo y el configurativo, y aparecen áreas de continuidad y discontinuidad, acotaciones de lugar, esquemas compositivos, diagramas de sentido…, esto es, la propia materia dispuesta ahora como lectura estética y, finalmente, como forma plástica. Es pues el lenguaje quien informa y es la materia quien despierta la forma. Así funcionan la liberación del sentido y la concepción de la figura. Y no estoy tratando de oscurecer el proceso apelando a una descripción deliberadamente oscura; como sa-

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ben todos los artistas creadores me estoy refiriendo a cuestiones de carácter eminentemente práctico. Aludo a una especie de principio de integridad en las formas y en los materiales: «Debe ser esto concretamente con aquello». Estos grupos se ajustan admirablemente a tal postulado.

Me apresuro a repetir que lo dicho es un esquema, fre-

cuente y funcional, de las relaciones entre los datos hiléticos y las vivencias intencionales. Es posible que algún escultor conciba la estatua como algo que responde a un minucioso plan activo y productivo trazado a priori y seguido con fidelidad; tal no es el caso de Guillermo Basagoiti.

Marcar posibles filiaciones estilísticas es algo que

me interesa tan poco como discernir si la tridimensionalidad exenta y neta es más escultórica que una suave y leve orografía de huecos y salientes. Con esto no niego que parte de la poesía esté en reconocer la entonación. De hecho, hay en estas series ciertas piezas de una límpida armonía que ganan en fuerza al reconocer en ellas la presencia de la sabiduría matemática, intuitiva y metafísica de Jorge Oteiza. Otras, de carácter más orgánico, ganan en sabor si les añadimos las sombras de Hans Arp e Isamu Noguchi, es decir unos toques de dadaísmo y ergonomía.

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Con Joaquín Rubio Camín, durante el montaje de la exposición Camín esculturas, Fundación Museo Evaristo Valle, 1983.

Angulares

Como advierte María Soledad Álvarez Martínez, en su

excelente monografía Camín escultor, y cito casi textualmente: «La influencia de las creaciones de Joaquín Rubio Camín se acusa en algunos artistas de generaciones posteriores, especialmente en Guillermo Basagoiti, que tras el contacto con la escultura del maestro gijonés abandona su primer estilo, más ligado a las técnicas artesanales, y emprende una indagación con el perfil angular de acero próxima a la de aquel». Esta afirmación,

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como todas las verdades, es casi verdadera. Ahora trataré de explicar por qué. Ciertamente, la escultura de Basagoiti depende esencialmente de la de Camín. Pero hablo de dependencia nativa, no de semejanza o de paralelismo. La diferencia, que puede parecer trivial, no es en absoluto gratuita. Sé por boca del propio Guillermo Basagoiti que si algo abrió definitivamente las compuertas y permitió que el íntimo imaginario infantil y juvenil, forjado con las experiencias y las referencias adquiridas durante sus veraniegas estancias en Bilbao, desembocara en su carrera de escultor, fue la conmoción emocional que recibió al ver una exposición personal de Joaquín Rubio Camín, concretamente, la que presentó en las salas de la Dirección General de

Carteles de las exposiciones de Oviedo y Nueva York, febrero y octubre, 1978.

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Bellas Artes durante los meses de enero y febrero del año 1973. Para que se dé un artista es necesario que confluyan en el tiempo muchas circunstancias y que algunas de ellas tengan capacidad de germinar; en el caso de Guillermo Basagoiti fueron suficientes catorce excepcionales angulares, una presentación de impecable sobriedad y un enorme capital de sensibilidad. Se halló a sí mismo a través de aquellas esculturas de acero, y eso es mucho más que descubrir las posibilidades conformativas de un concreto estándar modular. Camín determinó la vocación de Basagoiti y podríamos decir lo mismo de Evaristo Valle con respecto a Joaquín Rubio Camín. «Valle está presente en mis obras, pero no en su superficie», le oí decir bastantes veces. Nada nuevo, alteridades que afirman identidades, vidas que convergen.

Conversando con Michel Tapié durante la exposición en la Bibliotheque Espagnole, París, 1979.

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No se vea en lo anterior una crítica a la competen-

cia apreciativa de María Soledad, que es extraordinaria y está fuera de cualquier duda. La desviación en la que incurrió era inevitable. La mayor parte del trabajo escultórico de Guillermo Basagoiti, que supera las trescientas piezas, permanecía y permanece disperso y repartido, circunstancia que lo mantenía y mantiene en un limbo de silencio e invisibilidad. Sin una exhaustiva y detallada visión era imposible concluir que la trabazón entre las distintas series que lo marcan no es secuencial, que su desarrollo responde a un laboreo simultáneo.

Tampoco puede negarse que desde coordenadas ico-

nosintácticas y pragmáticas los angulares de Basagoiti y los de Camín enuncian semejante voluntad y manifiestan similares logros: captan el espacio, envuelven el espacio, se convierten en espacio y establecen las condiciones de la escultura.

Comparten la condición dinámica, que se revela en la

fluidez estenográfica del contorno lineal; la condición rítmica, que se evidencia en las cadenciosas transiciones entre las piezas diédricas; y la condición estática, que se basa en el equilibrio organizativo de la composición. En un artículo de 1973 aparecido en Nuevo Diario, José Hierro definió, con impecable precisión lírica, lo que buscaba Camín en sus angulares: «Se diría que crear cárceles al aire, mágicas plataformas para apoyar nubes de distinta intensidad, gestos de brazos de hierro que aluden a lo infinito, volutas que nacieron con vocación de llama

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y quedaron congeladas por la geometría». Volviendo a la huera retórica prosaica se diría que si Camín busca y encuentra la epifanía del espacio organizado y mesurado, probablemente el sustrato poético de esta serie de angulares de Basagoiti también sea la conversión del espacio continuo en espacio discontinuo y jerarquizado, en el que no se extravíen ni la inteligencia ni la sensibilidad, rebusca, por lo demás, no muy diferente a la que se plantea en sus Barras sólidas.

Emerson dijo que la poesía sale de la poesía, y acier-

ta María Soledad al afirmar que Guillermo utiliza la vía lícita y tradicional de la cita. Pero no se concita exclusivamente a un escultor. El programa creativo de esta serie alterna, competentemente, una geometría de indagación intuitiva, a lo Camín, y una geometría de operadores instrumentales, a lo Amador. Dos piezas, casi coetáneas y de igual carácter conmemorativo, Homenaje a Evaristo Valle y Homenaje a Rafael Leoz, valdrían como ejemplos sobresalientes de esas maneras parejas que se engranan admirablemente en la escultura angular de Guillermo Basagoiti, siempre escueta y esencial, siempre grácil y armónica.

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Homenaje a Evaristo Valle, 1976.

M贸dulo Hele, Homenaje a Rafael Leoz, 1976.

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Barras sólidas

Aunque atendiendo a sus condiciones de producción

las piezas de esta serie no responden estrictamente a las de la forja artesanal −Guillermo Basagoiti las trabajó directamente, pero en un taller de metalistería dotado de herramientas ciertamente más sofisticadas y precisas que las de una simple fragua−, cabe entroncarlas, estilísticamente hablando, con el registro tradicional de la escultura en hierro al que ya hemos hecho mención.

Quizá desde una perspectiva puramente sensual, es

decir, situándose al margen de cualquier sugerencia o contenido simbólico, la mayor virtud de estas obras es su marcado carácter fronterizo o combinatorio. Por un lado, tienden al preciosismo, al extremar audazmente torsiones y dislocaciones en una substancia tan rígida e intratable como el hierro; por otro, acumulan pregnancia, esa cualidad de las cosas para seducirnos por el equilibrio o estabilidad de su esqueleto estructural. De una parte, dada su robustez hierática y densa, exaltan los valores táctiles de la masa mensurable y del lugar ponderable; de otra, dotadas de una vivacidad tensa y florida, proclaman los valores visuales de la línea delicada y exacta. Tales contrastes les confieren una enorme pulsión cinética y un eficaz dinamismo oscilatorio, que inducen alternancias apreciativas entre bloque íntegro y el volumen diáfano. Vistas así, como esculturas enteramente abstractas, en el sentido convencional de una plástica

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pura e inventada que no se remite a un tema o a un motivo precedente, pues en el recto sentido filosófico toda obra de arte es una concreción real, Guillermo Basagoiti se manifiesta en ellas como un refinado escultor intuitivo y, asimismo, como un poeta de la humildad, de la paciente y dificultosa lucha del ser humano con la materia, de la grandeza del hacer y de la alegría de ver nacer las cosas de nuestras manos.

Tomando un ángulo más teorético, estas piezas son

palmaria e inequívoca prueba del agudo sentido hilemorfista de Guillermo Basagoiti que, exprimiendo su condición de objetos no neutrales, de materiales con historial propio, supo extraer un sutil mensaje, distinto del que proviene de su tensión háptica, de su fluidez sintáctica o de su impecable tectónica.

Con Severo Ochoa y su esposa Carmen de Albornoz, Nueva York, 1978.

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Por supuesto, para captar tan tenue aviso es preciso

tener noticia de que esas barras pasaron primero por el fuego para ser vulgares ejes de carro. Ignoro si desde un principio fue consciente del double coding implícito en estas esculturas. No obstante, conozco una anécdota, relativa a su individual en Nueva York del año 1978, que jalona inequívocamente su uso intencional. Ocurrió durante la visita que hizo a la exposición el profesor Severo Ochoa. Mientras le acompañaba, como señalan la cortesía y la etiqueta, en su recorrido por la sala, Guillermo hizo mención del modesto y utilitario origen de aquellos exactos arabescos lineales que contemplaban. De inmediato, por el brillo en sus ojos, pudo comprobar cuánto más calaban en la entraña emotiva de nuestro eximio Nobel, que, probable y melancólicamente, conjugaba aquellas precisas presencias con el difuso eco de alguna lejana escena de su infancia asturiana, con prados verdes, carros cantores y bueyes dorados de amplia cuerna.

S/T, 1975, hierro forjado, de la serie Barras sólidas.

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Tan poderoso potencial de traspaso emocional, com-

parable con la inmensa capacidad de permear del orbayu −esa llovizna fina, menuda, lenta y persistente−, solo aparece en esta serie como alígera insinuación, pero en otras, particularmente en Decollages navales, es explotado concienzuda e intensivamente, y llega a convertirse en el principal eje poético.

S/T, 1975, acero, de la serie Barras sólidas.

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Signos encontrados y Compresiones

Sitúo el primer grupo, integrado por piezas formal-

mente muy heterogéneas, entre los más felices e imaginativos de Guillermo Basagoiti y también entre los más reveladores de su específica manera de concebir la escultura como juego y como experiencia. Juego o aprendizaje hedónico, sin el cual la actividad específicamente artística, que consiste en ampliar y definir el área de la conciencia coherente, no sería posible. Experiencia o adherencia a la forma de huellas de existencia; una forma donde no quedase rastro alguno de vivencia sería algo absolutamente ininteligible.

Otra notable característica de este curioso conjunto

es que sus elementos son refractarios a cualquier título o a cualquier comentario. Por ejemplo, no sería ardua tarea encontrar una pieza que cuadrase con el nombre de Lira, dada su semejanza con ese primitivo instrumento musical o con el de Mano abierta, en recuerdo del célebre diseño de Le Corbusier. También se podrían hallar sin esfuerzo un Bumerán, una Pala, una T y una especie de visor constructivista que admitiría, sin mayor dificultad, el apelativo Mirándome en Ródchenko. Pero sería trabajo baldío, nada más puestos los nombres, como cuando se explica un chiste, quedarían yertos la gracia, el sentido y el sentimiento. En estas esculturas, el resorte emotivo está inextricablemente ligado a los datos sensibles, hay algo en ellas que está por decir, pero que se esfuma al

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decirlo. Según Borges, esa inminencia de una revelación que no se produce es, quizá, el hecho estético.

Borges nos ha enseñado también que todo arte de-

vuelve la imagen de su artífice. Pues bien, las esculturas que aquí se presentan reflejan el rostro del Guillermo más respetuoso y amoroso con las propiedades nativas del entorno, y el del Guillermo más burlón y sañudo con los procesos inherentes a la psique. Por un lado, parece que se complace en demostrarnos que hasta lo más insignificante está preñado de sentido. Por otro, que engendrar significados resulta un proceso banal, pues, de hecho, significar es simple y literalmente hacer signos, con lo que todo puede traspasarse en contrasentido. En cierto modo, esa paradoja encaja a la perfección con nuestro tiempo, y demuestra que la serie ha aguantado muy bien su paso. Ahora que la teoría se pone por encima de la práctica y de la realización, ahora que tener grandes pensamientos acerca de historias y estrategias parece ser más noble que el trabajo manual, ahora que nos inunda un arte exageradamente entrecomillado, contemplar esas piezas que obstinadamente reniegan del mensaje es algo tan saludable como un buen masaje.

Hay una regla que reza: No hay regla sin excepción que

la confirme. En cierto modo, Grúa de Neguri juega ese papel. Esa boya que no flota en el agua, sino que suspendida de un cable besa la hierba, y que manifiestamente alude a una pieza de Giacometti, La boule suspendue, evocativamente bastante

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menos casta, es de plasticidad mucho más verbal que la de sus compañeras. Pero también cobija una bella historia, un estado de felicidad que no se revela, luego cumple, en parte, los requisitos de estos Signos encontrados. Aunque pienso que se acerca mucho a más a los de Compresiones, grupo muy próximo también a la boule del gran maestro suizo, que a su vez responde al programa escultórico dadaísta conocido como Mundo del objeto, y denominado por Paul Eluard: Física de la poesía; y detengo aquí tan larga cadena referencial, acato el perspicaz consejo de Juan Cueto, que recomienda desterrar de la escritura la erudición, mas, si es posible, no la sabiduría.

Decollages navales

Una forma escultórica debe afirmarse tanto por el

continente como por el contenido. Atendiendo al continente, el acero no es precisamente el material más apto para sugerir lo patético. Las asociaciones que posee son las que provienen de nuestra asfixiante y arrogante civilización tecnificada y mecanizada: estabilidad, firmeza, energía, poder, movimiento, progreso, suspensión, destrucción, brutalidad. Solo apelando a su condición de sustancia duramente obtenida y trabajada es posible evidenciar su intenso valor de signo humano. Yo diría que justamente la siembra de esa sugerencia es el principio poético o, lo que viene a ser lo mismo, la teoría o causa profunda que justifica y orienta la serie. Como cabe esperar

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de un rótulo o título tan claro y nítido, Guillermo Basagoiti recurrió para elaborar estas piezas a los desechos de la industria naval, algo que abundaba en el Gijón de la década de los setenta, cuando buena parte de la dársena local había sido convertida en un enorme desguace al que arribaban, como cetáceos heridos de muerte, viejos barcos condenados al soplete y a la cizalla. Un ojo adiestrado, y el suyo lo estaba desde los estimulantes años bilbaínos, siempre puede rescatar algo

S/T, acero, de la serie Decollages navales, 1975.

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sensualmente interesante de una intrincada montaña de mugre, basura y chatarra. Pero la facilidad cinegética ocular no es suficiente para hacer de un cúmulo de fragmentos de acero un trozo de realidad fértil, capaz de mover y agitar el ánimo de un observador infundiéndole afectos tan precisos y vehementes como para desembocar justo en una intensa afirmación de humanidad. Para lograrlo, es necesario dominar al menos dos habilidades: la de la misteriosa y santa simplicidad y la del lúcido y estricto ajuste del tamaño.

Decollage naval III, acero, de la serie Decollages navales, 1981.

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Entre las aproximaciones a la naturaleza de la simpli-

cidad, la más razonada y completa es la de Frank Lloyd Wright. Para aquel genial arquitecto americano «el único secreto de la simplicidad está en el hecho de que no hay nada que pueda considerarse simple en sí mismo; toda cosa debe conquistar la simplicidad». La labor de eliminar lo inútil es algo que nada tiene de automático, «saber qué hay que suprimir y qué hay que añadir, dónde y cuándo, quiere decir estar educados en el conocimiento de la simplicidad orgánica», y Guillermo Basagoiti sabe cómo dejar las cosas en su desnudez justa, sabe cómo despojarlas de todo lo accidental y sabe cómo hacer anidar en ellas el hallazgo trascendental.

El secreto de la escala, el del tamaño relativo al perfil

humano, es tan grave como el de la simplicidad. Y no va ligado a exóticos virtuosismos métricos, pues no basta con apoyarse mesuradamente en el terreno, sino que hay que brotar de él; implica modular metonímicamente y aceptar empáticamente la realidad entitativa; sencillamente: todo lo que vemos fuera es un poco de nosotros. Así es como Guillermo Basagoiti rehace materiales y formas periclitadas y las hace comparecer como magro remanente ontosimbólico del factor humano.

Quiero señalar además que las piezas de este grupo,

fruto de un código lingüístico riguroso y de un escrupuloso respeto del compromiso estructural, exhiben una excepcional variedad en su apariencia. Unas veces se presentan como acu-

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mulaciones atorbellinadas propias del expresionismo más desmedido; otras, como organizaciones hirsutas y controladas propias del constructivismo más reflexivo; y, a veces, como figuras de una suavidad y una quietud acogedoras propias del orientalismo más contenido. Y por último, observar que el proceso de esta escultura de Guillermo, que recoge una compleja reflexión vivencial sobre el espacio humanizado, le hubiera conducido, sin esfuerzo, hacia la práctica de otro oficio del arte: el de arquitecto; por fortuna, en varias ocasiones así ha ocurrido.

Espacios ortogonales y Superficie del cubo

Las esculturas del primer grupo, de planificación nítida

y estereometría elemental, pero plena y expresiva, me traen a la memoria otras de Amador Rodríguez, que son mezcla portentosa de pensamiento y forma. Impregnadas de la misma austeridad y de las mismas soledades, estas piezas, de seca claridad geométrica y de vívida piel, piel que guarda la memoria de los procesos que las han traído a presencia, vuelven a ser estatua que trata de la huella humana, empero sin énfasis, sin vehemencia. Masivamente rotundas, mas no abrumadoras, se diría que buscan la precisión no la sugestión. No es así; la euritmia retiene una crudeza feroz y la armonía amortigua una melodía desgarrada, y todo se recoge en silencio, y a su abrigo se manifiesta lo bello, con una pureza primigenia y una claridad de éxtasis. Pero

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lo bello no puede regresar para dar esplendor a la nada. Precisamente en el desafío al inmenso caos del mundo funda Guillermo Basagoiti su necesidad de orden y de verdad. Densidad y unidad de pensamiento y de conciencia que guardan relación con su voluntad de dignificar el destino de la criatura humana, un deseo ético y estético tan viejo y digno como el viejo y digno constructivismo de Naum Gabo.

La serie Superficie del cubo, integrada por una pareja

de esculturas minuciosas hasta el escrúpulo, parece complementaria de la anterior. Indudablemente, existe parentesco, aunque hay que buscarlo en un nivel profundo. Pero hay una manera de apreciarlo en superficie, basta con cambiar algunas palabras y atender a los procesos. Si antes hablábamos de recogimiento, aquí hemos de decir apertura; si antes hablábamos de densidad, aquí hemos de decir hueco; si antes hablábamos de silencio, aquí hemos de decir vacío; y debemos introducir además dos nuevos términos: tiempo y entorno. Guillermo opera a partir de las caras de un cubo de acero laminado asimiladas a límites diafragmáticos, y mediante matizados desplazamientos y ensamblajes construye una escultura que, al no trabarse en una posición única, temporaliza el hueco, a fin de no dejar ni una sola de sus moléculas inerte, para integrarlo luego en el entorno. Luces y sombras, interior y exterior, pueden moverse ahora en consonancia o disonancia, desplegándose o replegándose, cediendo o resistiendo a equilibrios y desequilibrios sorprendentes. Y es por ese camino del vacío poblado y del espacio

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abierto, por donde devuelve la sustancia a la estatua y por donde regresa a la densidad y al silencio; es decir, a la hermandad con Espacios ortogonales.

Instalaciones

Hay mucho de espectral en mi apreciación de las pie-

zas de esta serie, pues salvo La casa de la nostalgia, ni me rodearon ni las enfrenté jamás directamente. Mi experiencia de su existencia se reduce a muy pocos pero muy valiosos pecios: un vídeo, unas cuantas fotografías, algunos recortes de periódico y un par de carteles; es decir, sonidos, imágenes y textos tan explícitos como enigmáticos. Por el epígrafe −que no se debe a Guillermo y que probablemente ni es feliz ni exacto, y cito posibles rótulos sustitutivos como: acción poética, arte programado, arte ambiental, arte procesual, arte de la participación…, quizá mucho más oportunos− se advierte raudamente que las obras de este grupo o ciclo se afirman en interesantes nociones radicalmente intelectuales. No obstante, fuera de apuntar su carácter de manifestaciones pioneras en tierras asturianas, todas se presentaron al público en la década de los ochenta, no voy a tratar de penetrar en la concreta y consistente armadura de exquisitas agudezas conceptuales que las sustentan, ni voy a demorarme rememorando la espesa envoltura de referencias propias de aquella época cultural, tan propicia a la germinación de lenguajes expresivos presuntamente nuevos

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o novísimos. No, lo que me planteo es insistir en su carácter de arte hondamente inscrito en la vida de su artífice y en su especial vertiente de estatuaria gnómica o sentenciosa, si se me permite aplicar al orbe de la plástica una noción propia de la estética literaria.

Casi todo el material textual relativo al ambicioso y

preciosista montaje Túmulo para un árbol, accesible en la Sala Polivalente del Centro Cultural Campoamor durante catorce días de febrero del año 1988, insistió en la misma lectura: el respetuoso y amoroso paralelismo entre dos peripecias existenciales, la de un árbol de principio a fin y la de un hombre de principio a finalidad. No se equivocaban los comentaristas

Un aspecto de Túmulo para un árbol, Centro Cultural Campoamor, Oviedo, 1988.

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porque ambos estaban allí como formas representativas de la vida, que es misteriosa tarea que se va cumpliendo en perpetua tensión, y es extraño quehacer entreverado de fatalidad y libertad, y es proceso que no se complace en resultado sino en recurrencia perpetua. No se equivocaban porque el tema de aislar al menos un nodo de ese ciclo sin tregua de lo natural ha sido y sigue siendo uno de los más queridos y frecuentados por Guillermo Basagoiti; y esta obra, como casi todas las suyas, es conspicuo testimonio de esa aspiración. También es prueba de que las verdades fundamentales, aunque proteicas, aparecen siempre en el mismo sitio.

Píldora de gracia e inteligencia, la pieza Tríptico para

el agrimensor ¿Vales lo que pesas? es notable en su doble temple de humorada ácida y de emblema de lealtad a un destino: el del hombre que se juzga no ya en su relación con un bien o un mal trascendentes, sino por lo mucho o poco que pueda hacer. Como la famosa sentencia de Giambattista Vico: verum ipsum factum, «lo verdadero es lo mismo que lo hecho», en esta obra se resume la moral entera de Guillermo Basagoiti. Una moral del empeño práctico, responsable y concreto, sin la cual no hay problemas particulares ni generales que podamos resolver.

Cifro lo poco que conservo de Tren de luz: un cartel,

cuya imagen parece reproducir un fragmento de una antigua carta mercatoriana española, en el que figuran las islas de

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Tríptico para el agrimensor ¿Vales lo que pesas?, 1986.

Luzón y de Formosa y una referencia al meridiano de Madrid; una página del periódico La Nueva España, correspondiente al viernes 15 de junio de 1990, que incluye una minúscula foto de la instalación y un breve comentario del crítico Rubén Suárez; y, cometiendo abuso de lenguaje, algunos datos biográficos, relativos a Valle y a Basagoiti, vinculables a esos menguados

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residuos. Cosas amortiguadas como un latido lejano, pero que me traen, imparable, implacable, una emoción retardada que se desborda sobre lo actual.

Llegados a este punto, perfectamente válido para ce-

rrar este texto, voy a ceder a la tentación de elucubrar, a riesgo de volverlo todo aún más turbio de tanto agitarlo, sobre lo que enuncian y contienen estas obras de Guillermo Basagoiti: la compacta solidaridad que le llevó en 1982 a trocar una vocación, la de creador −el que se planta decididamente ante sí

La casa de la nostalgia.

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abriéndose a lo real−, por una misión, la de hacedor −el que se implica incisivamente en lo real abriéndoselo a los otros−, y el sereno sino de mediador esforzado en traernos delante un extraordinario venero de hermosura y humanidad y en procurarnos un ámbito intermedio e intermediador entre esa creciente luz que se salva y la belleza de la otredad que se abriga en su crecimiento.

Es difícil resolver en razonamiento algo que ya se

maneja como intuición; por eso he buscado una expresión metafórica capaz de subsumir el anterior párrafo, tan trabajado y tan trabajoso, que he aventurado como corolario, no sé si la he hallado en las siguientes palabras de Octavio Paz, que se leen en El arco y la lira: «Astros, zapatos, lágrimas, locomotoras, sauces, mujeres, diccionarios, todo es una inmensa familia, todo se comunica y se transforma sin cesar, una misma sangre corre por todas las formas y el hombre puede ser al fin su deseo: él mismo. La poesía pone al hombre fuera de sí y, simultáneamente, lo hace regresar a su ser original: lo vuelve a sí. El hombre es su imagen: él mismo y aquel otro».

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Obra

1975

2010


Relieves y Compresiones


s/t, 1975 113 x 74 x 3,8 cm Aglomerado, serrín y pintura acrílica Colección del artista

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s/t, c. 1974 86 x 106,4 x 9,6 cm Aglomerado, madera, pintura sintética y serrín Colección del artista

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s/t, c. 1973 46,2 x 61,3 x 5,5 cm Madera y pintura sint茅tica Colecci贸n Ana Basagoiti

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s/t, 1979 29 x 29 x 4 cm Hierro fundido y bronce Colecci贸n del artista

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s/t, 1979 29 x 29 x 4 cm Hierro fundido y bronce Colecci贸n del artista

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s/t, 1979 29 x 29 x 4 cm Hierro fundido y bronce Colecci贸n del artista

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Barras s贸lidas


s/t, 1975 45 x 24,8 cm Hierro forjado Colecci贸n Ubi帽a, Nueva York

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s/t, 1977 30 x 10,5 x 10,5 cm Hierro forjado Colecci贸n particular, Par铆s

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s/t, 1975 60 x 13 x 7 cm Acero y madera Colecci贸n Emanuel Poons, Nueva York

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s/t, 1978 30 x 10,5 x 17 cm Hierro forjado y acero Colecci贸n Somolinos, Gij贸n

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s/t, 1978 17,1 x 31,7 x 9 cm Hierro forjado y acero Colecci贸n del artista

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s/t, 1977 91 x 46,5 x 18 cm Hierro forjado y acero Colecci贸n Edgar Hertzka, California

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Decollages navales


s/t, 1980 201 x 200 x 75 cm Acero Colecci贸n del artista

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s/t, 1980 150 x 65 x 34,7 cm Acero Colecci贸n Circa XX - Pilar Citoler, Cuenca

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s/t, 1980 180 x 78 x 52 cm Acero y madera Colecci贸n particular, Madrid

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s/t, 1980 67 x 167 x 66 cm Acero y madera Colecci贸n del artista

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s/t, 1980 152 x 62 x 18 cm Acero Colecci贸n del artista

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s/t, 1979 50 x 39,8 x 12 cm Acero Colecci贸n del artista

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Signos encontrados


s/t, 1977 110 x 48 x 24 cm Hierro forjado y madera Colecci贸n Avelino Alonso, Gij贸n

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s/t, 1983 35,1 x 56,2 x 21 cm Acero y pintura Colecci贸n del artista

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s/t, 1980 175,5 x 20 x 20 cm Acero, madera y pintura Colecci贸n del artista

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s/t, 1983 62 x 50 x 12 cm Acero y granito Colecci贸n del artista

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s/t, 1983 138 x 30 x 20 cm Acero y madera Colecci贸n del artista

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s/t, 1980 130 x 55 x 37 cm Acero pintado y madera Colecci贸n del artista

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s/t, 1980 105 x 130 x 75 cm Acero pintado Colecci贸n del artista

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Homenaje a una grúa [Grúa de Neguri], 1981 430 x 230 x 75 cm Acero Colección del artista

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Espacios ortogonales y Superficie del cubo


s/t, 1979 35 x 15 x 15 cm Acero Colecci贸n del artista

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s/t, 1979 35 x 15 x 15 cm Acero Colecci贸n del artista

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s/t, 1979 35 x 15 x 15 cm Acero Colecci贸n del artista

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s/t, 1979 15 x 45 x 15 cm Acero Colecci贸n Pelayo Ortega, Gij贸n

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s/t, 1979 15 x 45 x 15 cm Acero Colecci贸n del artista

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s/t, 1976 15 x 35 x 25 cm Acero Colecci贸n del artista

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s/t, 1981 30 x 15 x 30 cm Acero Colecci贸n del artista

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s/t, 1981 14,6 x 32,2 x 32,2 cm Acero Colecci贸n del artista

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s/t, 1981 Dimensiones variables Acero Colecci贸n del artista

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De la superficie del cubo, 1982 57 x 42 x 57 cm Acero Colecci贸n del artista

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De la superficie del cubo, 1982 47 x 77 x 57 cm Acero Colecci贸n del artista

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Polar, homenaje a Cam铆n, 2010 32 x 32 x 25 cm Acero Colecci贸n del artista

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Exposiciones


1975 Exposición Colectiva [Fernando Alba, Adolfo Bartolomé, Guillermo Basagoiti, Joaquín Rubio Camín, Ernesto Deira, Xosé Díaz, Trinidad Fernández, Alejandro González Pascual, Acisclo Manzano, José Mar, Poldo Novoa, Orlando Pelayo, Nicanor Piñole, Seoane, Antonio Suárez, Evaristo Valle], Galería Atalaya, Gijón, inauguración: 19 de diciembre, 1975. Catálogo: tarjeta con nómina de artistas participantes. 1976 Guillermo Basagoiti, individual, TAP Gallery, Coral Gables, Florida, inauguración 1 de marzo, 1976. Católogo: impreso de presentación, incluye la famosa cita del arquitecto Mies van der Rohe: “Less is more”; tríptico con texto de agradecimiento, frase de Mies y tres fotografías. Spanish Artists / To Commemorate The Bicentennial Celebration, colectiva, Gables Art Gallery, Coral Gables, Florida, inauguración 9 de abril, 1976. Catálogo: tríptico con nómina de los participantes. Guillermo Basagoiti / Esculturas, Collages, individual, Galería Atalaya, Gijón, Octubre, 1976. Inauguración: lunes, 4 de octubre. Catálogo: díptico con información curricular. I Bienal Nacional de Arte Ciudad de Oviedo, Museo Provincial de Bellas Artes, Oviedo, 13 de octubre-13 de noviembre, 1976. Participó con una obra titulada Tiempos, [catálogo 20]. Obras maestras del arte contemporáneo / Óleos, pequeño formato y esculturas, colectiva, Valle Ortí Galería de Arte, Valencia, diciembre, 1976. Catálogo: díptico sin ilustraciones, con listado de piezas y nómina de artistas participantes.

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1977 Basagoiti, individual, Galería Ynguanzo, Madrid, mayo-junio, 1977. Inauguración: 27 de mayo. Catálogo: Basagoiti, Gijón, 1977, 12 pp., 9 ilustraciones, textos: ensayo de catálogo [s/t] por Joaquín Planell, reseña biográfica. Doce escultores de hoy, exposición de grupo, Galería Berdusán, Zaragoza, 1977. El grupo estaba formado por Javier Aleixandre, Francisco Barón Molina, Joaquín Rubio Camín, Teresa Eguibar, Feliciano Hernández, Lorenzo Frechilla, Pepe Antonio Márquez, Carlos Muela, Ignacio Bayarri Nassio, Juan Antonio Palomo, José Luis Sánchez y Guillermo Basagoiti. Doce escultores de hoy, exposición de grupo, Galería Valle Ortí, Valencia, 1977. Doce escultores de hoy, exposición de grupo, Museo de Arte Contemporáneo del Alto Aragón, Huesca, julio-agosto, 1977. Galería 99, colectiva, Bay Harbour Island , Florida, 1977. Galería 24 Collection [The Twenty Four Collection], Miami, Florida, 1977. 1978 Guillermo Basagoiti / Esculturas, individual, Galería Tassili, Oviedo, 9-21 de febrero, 1978. Catálogo: desplegable de gran tamaño, incluye, además de una cita extraída del epílogo de El hacedor de Jorge Luis Borges, dos reproducciones fotográficas. Basagoiti Sculptures, individual, Spain Art Gallery of Spanish Tourist Office, Nueva York, 17 de octubre-17 de noviembre, 1978. Catálogo: Basagoiti, Gijón, 1978, 16 pp., 15 ilustraciones, textos: cita de El hacedor y agradecimientos.

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1979 Guillermo Basagoiti, individual, Salle Arte al Día, Bibliothèque Espagnole, París, 1-15 de febrero, 1979. Catálogo: tarjeta con información curricular. Artexpo NY, colectiva [con la Galería Ynguanzo], New York Coliseum, 8-12 de marzo, Nueva York, 1979. 7 años en Ynguanzo, colectiva, Galería Ynguanzo, Madrid, 1979. Inauguración: 3 de octubre. Catálogo: postal de presentación, incluye la extensa nómina de los participantes entre los que cabría destacar: Amador, Berrocal, Dubuffet, Jesse, Le Corbussier, Ben Nicholson, Marca-Relli, Pablo Serrano, Saúl Steinberg, Wolf Vostell. 1980 Exposición colectiva, Madridejos, Toledo, 1980. Guillermo Basagoiti / Esculturas, individual, Galería Ynguanzo, Madrid, 1980. Inauguración: 26 de noviembre. Catálogo: postal, la clásica de esta sala, en la que se reproduce la entrada de la galería y junto con el nombre del artista que expone sobreimpreso en color verde. Fotorreportaje sobre la exposición realizado por Luis Pérez-Mínguez. 1981 Panorama 81 del arte asturiano [I Centenario del Centro Asturiano de Madrid], colectiva, Círculo de Bellas Artes, Madrid, 10-29 de febrero, 1981. Catálogo: Panorama 81 del arte asturiano, Oviedo, 1981, pp. 83, texto: “Panorama 81 del arte asturiano”, por Jesús Villa Pastur.

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1984 Guillermo Basagoiti / 8 esculturas + fotografías, individual, Librería Cornión, Gijón, 1984. Inauguración viernes 10 de febrero. Catálogo: tarjetón con información curricular y un excelente retrato. 1986 VIII Bienal Ciudad de Zamora / Escultura Ibérica Contemporánea, Zamora, 20 de septiembre-20 de octubre, 1986. Catálogo: VIII Bienal Ciudad de Zamora / Escultura Ibérica Contemporánea, coedición [Junta de Castilla y León, Ayuntamiento de Zamora, Diputación de Zamora], Zamora, 1986, 264 páginas, ilustración reproduciendo la pieza Decollage naval III, texto: “A modo de carta de navegación / Apuntes para una aproximación a la escultura asturiana”, por Ramón Rodríguez. 1988 Instalación / Túmulo para un árbol / Guillermo Basagoiti, individual, Centro Cultural Campoamor, Sala Polivalente, Oviedo, 12-26 de febrero, 1988. Catálogo: desplegable y cartel, cuatro fotografías, texto: breve ensayo de catálogo [s/t] por Avelino Alonso [que firma con el seudónimo Joan Davies], información curricular. 1990 El tren de luz, instalación, Galería La Sala, Oviedo, 10-15 de junio, 1990. Catálogo: cartel con imagen e información curricular. 2004 La industria en el arte, CMAE [Centro Municipal de Arte y Exposiciones], Avilés, 3 de noviembre-6 de diciembre, 2004. Catálogo: La industria en el arte, Asociación Cincuentenario de la Escuela de Aprendices

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de Ensidesa, Avilés, 2004, textos: “Adiós a la Pax”, de Juan Carlos de la Madrid, “El reflejo de lo industrial en el arte”, por Francisco Zapico, “Lo industrial utilizado por los artistas” y “Desde la ruina industrial”, ambos de Ramón Rodríguez, pp. 62, 70 y 71, incluye dos ilustraciones correspondientes a sendas piezas de la serie Decollages Navales. 2007 El Paisaje en el Coleccionismo Leonés, colectiva, Palacete Torbado [Centro Leonés de Arte], León, 2007. Catálogo: El Paisaje en el Coleccionismo Leonés, Instituto Leonés de Cultura, León, 2007, 155 pp., texto “El paisaje en el coleccionismo leonés”, por Luis García Martínez, incluye ilustración: Homenaje a Rafael Leoz I (Módulo Hele), p. 110. 2010 Modo de encuentro 3/35, colectiva [escultura de Guillermo Basagoiti, escultura y fotografía de sus hijos Bill y Pablo Basagoiti, respectivamente], Vorágine, Avilés, 2010. Catálogo: postal con una hermosa foto de 1975, donde aparecen todos ellos junto con Alina Brown.

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Bibliografía y Hemerografía


1975 Castañón, Luciano, “Exposiciones / Colectiva”, El Comercio, Gijón, 24 de diciembre, 1975. 1976 Anónimo, “Exposición”, Diario Las Américas, Miami (Estados Unidos), domingo 29 de febrero, 1976. Alude a la inauguración de la exposición celebrada en TAP Gallery en marzo de 1976. Anónimo, “Basagoiti realiza su primera exposición de esculturas de hierro”, Resumen / Bimestral de Arte y Cultura, 10, III, Miami, Florida, abrilmayo, 1976. Incluye una fotografía del artista y reproduce dos de sus piezas. Anónimo, “Exposición en el Gables Art Gallery Conmemora el Bicentenario”, Diario Las Américas, Miami, Florida, miércoles, 7 de abril, 1976. Anónimo, “Obras de ocho artistas españoles”, Diario Las Américas, Miami, Florida, miércoles, 7 de abril, 1976. Anónimo, “Spanish Art”, Times / Guide, Miami, Florida, miércoles, 7 de abril, 1976. Basagoiti, Guillemo, Guillermo Basagoiti, TAP Gallery, Coral Gables, Florida, marzo, 1976. Tríptico editado con motivo de la exposición homónima. Incluye agradecimientos, una famosa cita del no menos famoso arquitecto Ludwig Mies van der Rohe, “Less is more”, y la reproducción fotográfica de tres piezas. Castañón, Luciano, “Gijón / Colectiva”, Gazeta del Arte, Madrid, 11 de enero, 1976.

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Castañón, Luciano, “Crónica de Galerías / Asturias”, Gazeta del Arte, Madrid, 11 de julio, 1976. Catálogo exposición Guillermo Basagoiti / Esculturas, Collages, Galería Atalaya, Gijón, 1976. Díptico con información curricular. Catálogo exposición I Bienal Nacional de Arte Ciudad de Oviedo, Museo Provincial de Bellas Artes, Oviedo, 1976. Catálogo exposición Obras maestras del arte contemporáneo / Óleos, pequeño formato y esculturas, colectiva, Valle Ortí Galería de Arte, Valencia, diciembre 1976. Díptico con relación de obras y participantes. González, Marcelino, “Fotógrafo, pintor, escultor…: artista / Guillermo Basagoiti, un romántico del arte”, El Comercio, Gijón, 11 de enero, 1976. González Marcelino, “Expone otra vez en Gijón Guillermo Basagoiti, nueve meses después”, El Comercio, Gijón, 5 de octubre, 1976. Larga entrevista con motivo de la individual en la Galería Atalaya, incluye dos fotografías: un retrato del artista, donde puede reconocerse una escultura y un collage. Pena Monte, Gustavo, “Abren exposición de esculturas de hierro”, Diario Las Américas, Miami, Florida, martes 2 de marzo, 1976. Alude a la exposición celebrada en TAP Gallery (marzo, 1976). Recoge interesantes declaraciones del artista y menciona el artículo de El Comercio firmado por Marcelino González. 1977 Anónimo, “Basagoiti”, Canal [journal quinzomadaire d’informations culturrelles/ Été 1977], París, junio, 1977. Suelto relativo a la exposición individual en la Galería Ynguanzo, Madrid, mayo-junio, 1977.

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Anónimo, “Esculturas y pinturas de Guillermo Basagoiti”, Telva, Madrid, junio, 1977. Nota crítica sobre la exposición individual en la Galería Ynguanzo, Madrid, mayo-junio, 1977. Anónimo, “Exposiciones”, Cambio 16, Madrid, 289, 20-26 de junio, 1977. Suelto relativo a la exposición individual en la Galería Ynguanzo, Madrid, mayo-junio, 1977. Arce, Evaristo, Primera Bienal Nacional de Arte Ciudad de Oviedo, Oviedo, 1977. Catálogo de la exposición homónima celebrada en Oviedo entre el 11 de octubre y el 11 de noviembre de 1976. Basagoiti, Guillermo, memoria sobre su escultura Homenaje a Rafael Leoz / Módulo Hele, inédita, Madrid, diciembre, 1977. Catálogo: Basagoiti, Gijón, 1977, 12 pp., 9 ilustraciones, textos: ensayo de catálogo [s/t] por Joaquín Planell y reseña biográfica. Editado con motivo de la individual en la madrileña Galería Ynguanzo. Castro Arines, José de, “Paginas de arte”, Informaciones, Madrid, junio, 1977. Breve pero elogiosa crítica relativa a la individual en la madrileña Galería Ynguanzo. Ferrer Gimeno, Félix, “Huesca / Doce escultores de hoy”, Artes Plásticas, julio, 1977. Reseña de la colectiva homónima celebrada en el Museo de Arte Contemporáneo del Alto Aragón. Moreno Galván, José María, “Arte / Esculturas de Basagoiti”, Triunfo, Madrid, XXXII, 755, 16 de julio, 1977. Crítica, relativamente pompier como corresponde a su autor, relativa a la magnífica individual de nuestro artista en la madrileña Galería Ynguanzo.

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Sheerin, Jerry, “Art”, This week in Spain / Guidepost, Madrid, 24 de junio, 1977. Suelto sobre la exposición individual en la Galería Ynguanzo, Madrid, mayo-junio, 1977. 1978 Anónimo, “Exposición en Tassili de Guillermo Basagoiti”, La Nueva España, Oviedo, jueves 9 de febrero, 1978. Anónimo, “Exposición de esculturas de Guillermo Basagoiti en las Oficinas Españolas de Turismo”, Impacto, Nueva York, 25-31 de octubre, 1978. Anónimo, “Gente / Guillermo Basagoiti”, El País, Madrid, viernes 10 de noviembre, 1978. Suelto sobre la exposición en la Galería de Arte Español de la Oficina de Turismo de Nueva York. Guillermo Basagoiti / Esculturas, Gijón, 1978, catálogo de la exposición homónima en la Galería Tassili. Desplegable de gran tamaño, incluye, además de una cita extraída del epílogo de El hacedor de Jorge Luis Borges, dos reproducciones fotográficas. Basagoiti, Gijón, 1978, 16 pp., 15 ilustraciones, textos: cita de El hacedor y agradecimientos. En portada se reproduce la escultura Homenaje a Rafael Leoz. Catálogo de la exposición homónima en la Spain Arte Gallery of Spanish Tourist Office, New York, octubre, 1978. Planell, Joaquín, “Basagoiti expone en Nueva York”, Noticias de New York, noviembre, 1978. Villa Pastur, Jesús, “Arte/ Pintura, escultura y cerámica en las exposiciones ovetenses”, La Voz de Asturias, Oviedo, 15 de febrero, 1978.

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1979 Anónimo, “Galerie Arte al día / Exposition février 1979 / Guillermo Basagoiti”, Le Noveau Journal, París, 3 de febrero, 1979. Suelto con anuncio de la exposición. Anónimo, “Galerie Arte al día / Exposition Guillermo Basagoiti”, Panorama du Medicien, París, miércoles 7 de febrero, 1979. Suelto con anuncio de la exposición. Anónimo, “El escultor Guillermo Basagoiti expone en París”, El Comercio, Gijón, 8 de febrero, 1979 Anónimo, “En Bref… Le sculpteur Guillermo Basagoiti”, Le Figaro, París, viernes 16 de febrero, 1979. Anónimo, “Les Expositions / Guillermo Basagoiti Sculpteur”, Le Noveau Journal, París, 24 de febrero, 1979. Barret, Robert, “La vie des galeries”, Panorama du Medicien, París, 709, miércoles 21 de febrero, 1979. Giraudon, Georges, “Galeries”, L’Économie, París, 1365, 13 de febrero, 1979. H. H., “Guillermo Basagoiti”, Journal de l’Amateur d’Art, París, 15 de febrero, 1979. Comentario sobre la individual Guillermo Basagoiti, Salle Arte al Día, Bibliothèque Espagnole, París, 1-15 de febrero, 1979. 1980 Anónimo, “Exposiciones / Basagoiti”, Cambio 16, 472, Madrid, 15 de diciembre, 1980. Reseña relativa a la exposición en la Galería Ynguanzo.

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Anónimo, Batik, Panorama general de las artes, IX, 59, Madrid. Casanelles, María Teresa, “Basagoiti”, Hoja del Lunes, Madrid, 15 de diciembre, 1980. Calvo Serraller, Francisco, “La difícil vocación de la escultura”, El País, Artes, 57, Madrid, sábado 6 de diciembre, 1980. Collado, Gloria, “Arte / Cultura / Escultura en hierro”, Guía del Ocio, 263, Madrid, 29 de diciembre, 1980 - 4 de enero, 1981. Marín Medina, José, La escultura española contemporánea (1800-1978) / Historia y evaluación crítica, Madrid, Edarcón, 1978, p. 320. Planell, Joaquín, texto inédito [s/t] sobre la exposición en la Galería Ynguanzo, Madrid, 23 de noviembre, 1980. 1981 Barón Thaidigsmann, Javier, “Diccionario de pintores y escultores”, en AA. VV., Enciclopedia temática asturiana, t. 5, Gijón, Silverio Cañada,1981, pp. 284-285. Catañón, Luciano, “Basagoiti, Guillermo”, en AA. VV., Gran enciclopedia asturiana, t. 15, Gijón, Silverio Cañada, 1981, p.135. Se reproduce la pieza Homenaje a Evaristo Valle. Guisasola, Félix, “Panorama crítico de la modernidad plástica en Asturias / (Desde la postguerra hasta la actualidad)”, en AA.VV., Enciclopedia temática asturiana, t. 5, Gijón, Silverio Cañada, 1981, p. 221. Marín Medina, José, “3.ª dimensión / La joven escultura española”, Guadalimar, 56, Madrid, enero, 1981.

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Huici, Fernando, “Un censo del cantábrico”, El País, Madrid, sábado 21 de noviembre, 1981. Comentario sobre la exposición colectiva Panorama 81 del arte asturiano [I Centenario del centro Asturiano de Madrid], Círculo de Bellas Artes, Madrid, 10-29 de febrero, 1981. Villa Pastur, Jesús, Panorama 81 del Arte Asturiano, “Colección grandes exposiciones, 5”, Oviedo, Servicio de Publicaciones Caja de Ahorros de Asturias, 1981, pp. 10, 18 y 80. Catálogo editado con motivo de la exposición homónima celebrada en 1981, Salas del Círculo de Bellas Artes, Madrid, conmemorando el primer centenario del Centro Asturiano de Madrid. 1984 Argüelles, Teodoro, Guillermo Basagoiti / Esculturas, inédito, inteligente y sentido comentario sobre la exposición en la Sala Cornión, 1984. Anónimo, “Exposición de fotografías y esculturas de Basagoiti”, El Comercio, Gijón, 11 de febrero, 1984. Barón, Javier, “Esculturas y fotografías de Basagoiti”, La Nueva España, Oviedo, miércoles 7 de marzo, 1984. L., “En la Sala Cornión / Guillermo Basagoiti: España es uno de los países más punteros de la escultura”, Hoja del Lunes de Gijón, Gijón, 13 de febrero, 1984. 1986 Montero Aparicio, D., “La Bienal de Zamora llega a su fin / La escultura ha muerto. ¡Viva la escultura!”, El Correo de Zamora, Dominical, 19 de octubre, 1986.

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Rodríguez, Ramón, “A modo de carta de navegación / Apuntes para una aproximación a la escultura asturiana”, en VIII Bienal Ciudad de Zamora / Escultura Ibérica Contemporánea, coedición [Junta de Castilla y León, Ayuntamiento de Zamora, Diputación de Zamora], Zamora, 1986, 264 páginas, ilustración reproduciendo la pieza Decollage naval III, catálogo editado con motivo de la exposición homónima. 1987 Martínez-Novillo, Álvaro, “El auge de la nueva escultura”, ABC de las Artes, jueves 10 de diciembre, 1987. 1988 Anónimo, “Exposición de Guillermo Basagoiti”, El Comercio, Gijón, 26 de enero, 1988. Anónimo, “Exposición de Guillermo Basagoiti, El Comercio, Gijón, 12 de febrero, 1988. Anónimo, “Homenaje al eucalipto”, La Nueva España, Oviedo, 14 de febrero, 1988. Alonso, Avelino, “Guillermo Basagoiti / El artista cerca del científico”, Vetusta, 33, enero-febrero, 1988. Casaprima Collera, Adolfo, “Hoy se inaugura en el Campoamor una instalación titulada Túmulo para un árbol / Guillermo Basagoiti tras los nuevos pasos de la escultura”, El Correo de Asturias, viernes, 12 de febrero, 1988. Crabiffosse, Francisco, “Extra domingo / Arte / Guillermo Basagoiti: Túmulo para un árbol”, La Nueva España, Oviedo, 21 de febrero, 1988.

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Instalación / Túmulo para un árbol / Guillermo Basagoiti, Oviedo, Fundación de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo, 1988. Desplegable y cartel editado con motivo de la exposición homónima y de un ciclo de conciertos [Concierto de Campanas de Llorenç Barber y Audición de música electrónica por el Gabinete de Música Electroacústica de Cuenca], incluye cuatro fotografías, textos: breve ensayo de catálogo por Avelino Alonso que firma con el seudónimo Joan Davies, información curricular. M. A., “Las casas más bellas del mundo”, Arquitectural Digest, HeresMondadori, año 11, 4, enero, 1988, p.108. Rubiera, Pilar, “Sociedad y Cultura / El escultor y director del museo Evaristo Valle de Gijón muestra estos días una de sus instalaciones artísticas en el Centro Cultural Campoamor”. Basagoiti: “Todavía se ve al creador como un tipo socialmente peligroso”, entrevista, La Nueva España, Oviedo, 21 de febrero, 1988. 1989 Álvarez, Blanca, “Sociedad / Retratos impresionistas / Guillermo Basagoiti”, La Hoja del Lunes, Gijón, 25 de septiembre, 1989. 1990 Álvarez Martínez, María Soledad, “Escultura del siglo XX en Asturias” [Artes de la Modernidad en Asturias (II): Escultura y Arquitectura, 49], en Historia de Asturias, t. 4, Oviedo, Prensa Asturiana, 1990, p. 860. Suárez, Rubén, “Artes Pásticas / un tren de luz”, La Nueva España, viernes, 25 de junio, 1990.

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1991 Álvarez Martínez, María Soledad, Camín escultor, Caja de Ahorros de Asturias, Oviedo, 1991, p.78. 1993 Barón, Javier, “Basagoiti, Guillermo”, Gran enciclopedia asturiana, t. 18, Gijón, Silverio Cañada, 1993, p. 82. 1995 Rodríguez, Ramón, Asturias: escultores de cinco décadas. / Apuntes para una cronología de la escultura de la modernidad en Asturias, Servicio de Publicaciones del Principado de Asturias, Oviedo, 1995, p. 43. Libro publicado con motivo de la exposición homónima, itinerante por diversas casas de cultura de Asturias. Villa Pastur, Jesús, “La Crítica / La escultura contemporánea asturiana y algunas consideraciones en su entorno”, La Voz de Asturias, Oviedo, jueves, 1 de junio, 1995. 1997 M. S. M., “Sociedad y Cultura. El Arte en Asturias / La escultura resurge en el último tercio de siglo, tras el declive de la guerra civil / Javier Barón, profesor de arte de la Universidad de Oviedo, asegura que la verdadera renovación de la escultura asturiana del siglo XX se produce en las últimas décadas”, La Nueva España, 7 de junio, 1997. Rodríguez, Ramón, “Escultores asturianos nacidos en las décadas 40 y 50”, en Escultores asturianos nacidos en las décadas 40 y 50, Servicio de Publicaciones del Principado de Asturias, Oviedo, 1997. Catálogo de la muestra homónima celebrada en el Museo Juan Barjola, Gijón, 1997.

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Ă?ndice


pág. 9

Presentación. Isabel Carrasco Lorenzo Presidenta de la Diputación de León pág. 11

Aproximaciones. Luis García Martínez Director Dpto. de Arte y Exposiciones del ILC Diputación de León pág. 17

Guillermo Basagoiti. De creador a hacedor Francisco Zapico Díaz pág. 61

Obra pág. 63

Relieves y Compresiones pág. 71

Barras sólidas pág. 79

Decollages navales pág. 87

Signos encontrados pág. 97

Espacios ortogonales y Superficie del cubo pág. 111

Exposiciones pág. 119

Bibliografía y Hemerografía


CRÉDITOS:

CATÁLOGO:

Instituto Leonés de Cultura Diputación de León

Edita: Instituto Leonés de Cultura Diputación de León

Presidenta: Isabel Carrasco Lorenzo Vicepresidente: Marcos Martínez Barazón Director: Jesús Celis Sánchez Director Arte y Exposiciones: Luis García Martínez

EXPOSICIÓN: Organiza y promueve: Instituto Leonés de Cultura Diputación de León Comisariado: Francisco Zapico Guillermo Basagoiti Diseño y dirección del montaje: Guillermo Basagoiti Antonio García Celada

Fotografías: Guillermo Álvarez Guillermo Basagoiti Pablo Basagoiti Alejandro Braña José Ramón Cuervo-Arango José Pañeda José Antonio Varela Diseño y producción editorial: Chiwake Comunicación Fotomecánica: Asturlet Imprime: Gráficas Summa Catálogo razonado e investigación: Francisco Zapico © de los textos y fotografías: Sus autores

Actividades didácticas: Noemí Álvarez

© de la presente edición: Diputación de León Instituto Leonés de Cultura

Fechas: 9 marzo al 9 de mayo de 2012

Depósito legal: AS-95-2012

Espacio: Centro Leonés de Arte

ISBN: 978-84-89410-27-5


En la memoria, mis antepasados: pescadores, navegantes, artistas, forjadores de la industria y las finanzas en MĂŠxico, Cuba y EspaĂąa... A mi mujer, mis hijos, mis nietos.



Guillermo Basagoiti