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Eran las mujeres mĂĄs bellas mas no podĂ­an disfrutar como las mujeres


PRÓLOGO

Ésta es una pequeña obra que contiene dos bellos cuentos, los cuales nos llevan a un mundo que parece desconocido, pero que no es de fantasía ni de mitos; contiene una de las caras de la verdad, uno de los colores de la diversidad. Hacemos esta obra sin fines comerciales, con mucho cariño, esperando que pueda llegar a la mayor cantidad de personas posibles y para que quien lea, pueda sumergirse quizás por primera vez, en una verdad invisibilizada en la sociedad chilena. Es nuestra misión luchar por un mundo más justo, más solidario, más inclusivo, y es tarea de todos respetar, apreciar y celebrar la diversidad humana. Te invitamos a conocer las veredas del amor trans.


El Camino Amado Jaime Altamirano V.

Todas las noches me moría de frío. Tenía que pasar por un camino tan solitario como poco iluminado, y me daba un poco de miedo, me sentía sola y desprotegida, mas debía ser valiente y afrontar mi destino, pasar por allí a diario. Cuando eran como las seis, debía empezar a ducharme, secarme, peinarme, vestirme, ocultar mi pene. No tenía amigas, pero hace más de diez años, una amiga que ya murió, me había enseñado técnicas de maquillaje. Era imposible no pensar en ella todos los días cuando me miraba al espejo pintando mis labios. Cuando eran las ocho, debía perfumarme, y aun cuando usaba una colonia muy barata que me vendía una señora, me sentía limpia, atractiva, aunque nunca me consideré hermosa. Cuando abría la puerta de casa a veces me caían lágrimas, mi mamá estaba muy enferma, yo deseaba no tener que salir, pero no podía quedarme, no sabía hacer nada en la vida, ni siquiera bailar o hacer shows como lo hacen otras. Mi destino único era salir y atravesar ese camino oscuro y llegar a mi calle amiga para conseguir dinero.


Una noche, como todas las anteriores salí desabrigada y estaba lloviznando. Comencé a caminar rápido, el maquillaje se me correría y al llegar a ese horrible camino oscuro, simplemente se largó la lluvia y yo necesitaba urgente dinero. Era el peor momento de mi vida para que lloviera. Con mi cartera, que por suerte era grande, intenté cubrir mi rostro y mi pelo, pero igual me mojaba. Alguien venía por la oscuridad en sentido contrario, era la silueta de un hombre enorme, y venía justo hacia mí. Pensé de inmediato que era mi fin, deseaba matarme. Dejé de preocuparme de la lluvia y comencé a retroceder asustada. Maldije por primera vez esos tacos tan hermosos que me había regalado mi amiga anteriormente mencionada, era difícil escapar sobre ellos en la lluvia. El hombre me alcanzó. Cuando me di vuelta a verlo, el miedo se me fue. Abrió un paraguas y me cubrió de la lluvia, me sorprendí mucho. Pensé que me estaba confundiendo con una mujer biológica, por la oscuridad, y de seguro así fue. Me invitó un café, y yo sólo le dije tosiendo que debía irme a trabajar. Él me preguntó si me gustaba mi trabajo, y yo le dije que lo odiaba. Entonces me dijo que necesitaba de mis servicios, a lo que tuve que responderle: “soy transgénera”. Él se rió.


Caminamos

por

ese

camino

oscuro juntos, él me iba abrazando, eso era muy nuevo para mí. Me guió por unas calles y llegamos a un café. Me invitó la velada más bella de mi vida, sentada, escuchándole hablar. Yo no tenía ningún tema de conversación, solo pude decirle que mi mamá estaba muy enferma. No me di cuenta que pasaron rápido las horas, oyendo todo lo que me contaba. Repentinamente él me preguntó cuanto costaba la hora de mis servicios. Me sentí culpable y quise llorar, pero pensé en mi madre y en el dinero que debía obtener, y fríamente le respondí: diez mil pesos. Él miró el reloj, abrió su billetera y sacó varios billetes. Eran en total cuarenta mil pesos. “Gracias por escucharme y tomar este café conmigo, para mí eso es cuatro veces más valioso que tus servicios”. Se levantó de la mesa, me dio un beso en la mejilla, pagó la cuenta y salió del local, desapareciendo para siempre. Desde ese día misterioso, ya no siento tanto miedo ni frío al pasar por ese camino amado. Imagino que él va a llegar a buscarme, aunque se que no será así, pero ese hombre me hizo sentir valorada, quizás amada, ese hombre que sentía una gran soledad, fue feliz unas cuantas horas a mi lado, y me hizo sentir feliz para siempre.


Entre la Luz y La Oscuridad Jonathan Villalón Lizana

Nunca que pensé que volvería a la ciudad de Valparaíso,

después

de

haber

jurado

que

jamás

regresaría. Todo estaba igual; las mismas brisas, el mismo olor, e incluso la misma mentalidad prejuiciosa de algunos sectores sociales. Se podría decir, que todo me daba igual hasta que volví a ver a mi mejor amigo de la infancia. Mi corazón empezó a latir otra vez desde ese momento, pues su recuerdo ha sido mi luz todos estos años, y verle de nuevo trajo a mi mente, miles de pensamientos. ¿Cómo podría olvidar nuestros juegos infantiles y nuestros primeros besos? él ahora tiene 30 años, pero su belleza se mantiene intacta, convirtiéndose incluso, en la envidia de algunas mujeres. Decidí marcharme porque tenía miedo de amar a un hombre tan hermoso, tan delicado pero al mismo tiempo tan fuerte. Para muchos, él era “la loca de la esquina que se creía mujer” mas para mí, él era mi príncipe. Me bastó con verle a los ojos para percibir que él aun me seguía queriendo. Tomé

valor

y

le

propuse

que

nos

encontremos en el mirador a la media noche. Él aceptó con nerviosismo, y esa misma


noche lo encontré, como un digno hijo de la noche, con su vestido, y esa peluca rubia que hacía resaltar sus hermosos ojos marrones. Nos sentamos en una banca. La conversación nos llevó a recordar nuestro pasado, y sentí que volvíamos a ser uno. Fue imposible contener las ganas de besarle, así que simplemente lo hice. Dentro de mí, sabía que tenía que jugarme el todo por el todo, pues fue mi culpa que nuestra relación fracasara. Para no perder el tiempo, le pedí que fuera mi novio. Él me miró con los ojos llenos de lágrimas al oír mis palabras, su repuesta no fue lo que yo esperaba. Me dijo que lo pensaría, que tenía muchas cosas en su cabeza, unas horas después fuimos a su casa y volvimos hacer el amor. A la semana siguiente él se había marchado. Hablé con su madre, y ella me contó que no sabía hacia dónde se había ido. Entonces, me sentí destrozado, no quería perderlo de nuevo. Comencé la búsqueda de alguien que me diera una pista de él. Hasta que un día me encontré a su mejor amiga en la calle. Ella se me acercó y me dijo: “¿eres Jaime cierto?” respondí afirmativo, entonces ella me sonrió y me dijo: “sabia que eras tú, mi amigo me ha hablado tanto de ti”. “¿sabes dónde está?”, le pregunté, a lo que me respondió: “sí, pero no puedo decírtelo, se lo prometí”. ¿Qué demonios estaba pasando? Ella me vio mal, supongo que captó el dolor en mi rostro. “Creo que debes tomar un viaje a Punta Arenas,

allí

encontrarás las repuestas que buscas” me dijo. Tomé sin pensarlo mis maletas


y partí hacia allá. Creí obvio que él estaría en esa ciudad, pero me preguntaba por qué se habría ido a ese lugar tan lejano. Al llegar a Punta Arenas, busqué por cada rincón, día y noche, mas no lo encontré. Regresé rendido a Valparaíso. Pasaron tres meses sin saber nada de él, cuando un día recibí una carta inesperada: era de él. La abrí sin pensarlo y la leí con temor, no sabía qué iba a encontrar, ni mucho menos si estaba preparado para saberlo. La carta decía lo siguiente: “Sé que me estarás odiando en estos momentos, pero creo que esto fue lo mejor para ambos, no podría dejar que me vieras morir, hacerte sufrir sería lo peor que podría hacer. Antes de partir de este mundo, te pido que me perdones, pues mi enfermedad está muy avanzada, y de hecho, cuando recibas esta carta ya no estaré en este mundo, por esa razón no acepté ser tu novio y me marche lejos. Sólo quiero que sepas que te amo como nunca amé a otra persona, prometo que siempre estaré cerca de ti de alguna manera. Adiós”. Después de terminar la lectura de esta carta, me quebré, maldije al mundo entero, y lo maldije a él por no dejarme ser parte de su vida. Con el tiempo, el dolor desapareció pero su recuerdo aún sigue en mí. Todos los días, camino por los lugares que fueron parte de nuestra historia para tener un consuelo; si tan sólo hubiera tenido el valor de haberme asumido años atrás, no hubiese terminado con él, pero no se puede regresar el tiempo así que intento ser fuerte por mí y por su memoria.


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Amor Trans, Historias de Vida  

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