Memorias Expulsadas

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Memorias expulsadas: Reconstrucción histórica de los antiguos habitantes del fundo Enco y su demanda de recuperación territorial ISBN: 978-956-401-921-5 Tiraje: Versión digital Fecha: Julio 2020 Investigación: Robinson Silva Hidalgo / Ignacio Cartes Villazón Carmen Angulo Cadagán / Max Cortés Espinoza Diseño y diagramación: Ricardo Marilaf en www.marilaf.cl / ricardo.hmarilaf@gmail.com Correción de estilos: Robinson Silva Hidalgo Fotografías: Archivo personal de Jürgen Schaffer

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Testimonios Emilia Tranayao - Fernando Jara - Héctor Cea - Héctor Medina - Héctor Pino Ismael Jara - Juan Ñauriñanco - Juan Salinas - Jürgen Schaffer - Lidia Jara Luisa Escalona - Marcelino Pinilla - Mario Sandoval - Miguel Rivas - Noelia Muñoz Nubia Epullanca - Patricia Salinas - Patricio Pacheco Raúl Aguilera- Santos Manquehuel - Víctor Rivas

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Pr贸logo pag 12

Memoria El origen: Trabajar en el bosque. pag 23

Memoria De campamento al pueblo conformado. pag 37

Memoria El surgimiento de una comunidad. pag 49

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Memoria Cofomap: De la edad de oro al odio desatado. pag 63

Memoria Los aĂąos grises. pag 79

Memoria ExpulsiĂłn. pag 91

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Enco fue un fundo y poblado maderero Ubicado en la precordillera valdiviana. Hasta ahí no es más que un dato, un dato que nos habla acerca del tipo de ocupación de esos territorios por parte de la economía en auge alentada por el estado chileno, pero más allá de eso, Enco, como muchos otros pueblos y lugares de la zona, fue constituyendo a lo largo del siglo XX una comunidad de vecinos, todos unidos por una forma de vida ligada a la explotación forestal. Respecto de esa comunidad, de sus historias individuales y colectivas trata este libro, de cómo un grupo de trabajadores y sus familias hacen de un territorio extenso y difícil un hogar, un lugar donde estar en el mundo. 12

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Queremos presentarles Enco no solo como un punto a imaginar o a recordar, más bien pretendemos relatarles un espacio de vida en común durante más de cincuenta años, ubicado en la comuna de Los lagos, Provincia de Valdivia y Región de Los Ríos. En el borde cordillerano de la región, entre volcanes, lagos y torrentosos ríos no es muy fácil, y todavía menos hace ochenta años atrás, asentar un poblado que acogiera la vida humana en toda su plenitud y complejidad, solo la tenacidad de mujeres y hombres -y cierta ayuda menor del estado- pudo emprender la tarea. ¿Pero por qué hacer un libro sobre Enco? Bueno, hay que explicarnos, nuestra región está llena de múltiples iniciativas sociales desperdigadas por todo el territorio, personas que pese a las adversidades institucionales y culturales de un país sumido en el olvido y el individualismo, insisten en reunirse para alzar la voz y explicar cómo es que siguen existiendo tantos excluidos, cómo aún hay tanta desigualdad. En esos intentos es que los habitantes de este poblado deciden reunirse y fundar la corporación Raíces de Enco, a través de ellos es que surge la idea de un libro que relate sus experiencias y memorias. Para hablar de Enco y su historia, hay que remontarse a la apropiación privada del territorio. A fines del siglo XIX y principios del XX, las zonas precordilleranas de las que hacemos mención fueron ocupadas por empresarios que, arrebatándoselas al pueblo mapuche, fueron instalando poco a poco su preeminencia para explotar los bosques. En un esfuerzo empresarial, pero, con la anuencia del estado chileno, la propiedad privada se impuso, cambiando para siempre el estatus de la zona1. Ya hacia los años treinta los aserraderos y explotaciones forestales estaban presentes en el vasto territorio y con ello, masa de trabajadores fueron requeridos para esas duras faenas. Como se refiere en investigaciones recientes, el proceso tiene claros inicios: “ Entre los antecedentes del proyecto modernizador en la cordillera valdiviana, se distinguen en primer término las políticas estatales que desde comienzos del siglo XX favorecieron la usurpación del territorio mapuche y la apropiación de la tierra por parte de privados y, junto con estas, el estímulo que representó el proyecto de construcción del ramal del ferrocarril entre Lanco y Panguipulli… ”2 1

Barrena, Hernando y Rojas, p. 476 mencionan el decreto supremo N° 4363 de 1931, denominada “Ley de bosques” como la afirmación del apoyo estatal a la explotación forestal en marcha en el territorio. 2

Bize, C. El otoño de los raulíes, p. 37-38.

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El poblamiento de los distintos fundos se produjo a través de diversas migraciones que, en un régimen de trabajo cercano al paternalismo industrial, es decir, trabajadores sometidos a un fuerte control de su tiempo y actividades por parte del patrón, fueron asentando los nuevos contingentes en torno a los casi doscientos aserraderos que concentraron la actividad económica de la zona, esta situación provocó que: “A pesar de las condiciones de marginación social, laboral política dentro de los obreros, que lentamente va motivando intentos de organización sindical que en 1951 originan una movilización, que fue violentamente reprimida”.3 De esta manera, la sujeción y el duro trabajo en zonas con muy poca cobertura de servicios sociales y políticas públicas, produjo comunidades cada vez más demandantes y dispuestas a la movilización. Precedidos por intensos procesos de conflicto con los dueños de fundos y aserraderos, mediante huelgas y tomas, los pobladores fueron dando una intensa vida social a los diferentes asentamientos que, poco a poco, se fueron transformando en localidades que transitaban entre el campamento forestal y el pueblo de montaña4. Cuando las generaciones se fueron sucediendo y las memorias de la etapa fundacional fueron cediendo a una nueva era, los poblados se unieron al proceso de ingentes reformas en el estado chileno, a fines de los años sesenta los sectores populares asumen un rol activo en política, cuestión que marcaría el futuro de los territorios en donde se ubicó Enco. El histórico trabajador forestal y militante José Bravo describe de esta forma el inicio del proceso de tomas: “ Llegamos a Carranco a Medianoche. Lo primero que vi fueron las muestras de alegría de los campechas en toma que celebraban el apoyo de los que veníamos de Neltume. La realidad que vimos en la toma resultó para mí sorprendente. Era una cuestión extraordinaria. Al ingreso y en los contornos del fundo banderas chilenas señalaban la calidad del territorio tomado por el pueblo; al interior banderas rojinegras y carteles del MIR daban testimonio del carácter rebelde que habían adoptado los campesinos ”5

3 Rivas, R. Desarrollo forestal de Neltume, p. 41. Este trabajo, en su punto 4.2, relata las graves condiciones de vida de la población asentada en torno a la actividad forestal de la zona, incluyendo la falta de servicios y derechos sociales, como la fuerte represión empresarial. 4 Alarcón, N. Usted entenderá en milímetros. Hacia mediados de los años sesenta los diferentes fundos de la cordillera valdiviana contaban con escuelas públicas y/o actividad educativa de algún tipo; particularmente en Enco, la escuela comienza a funcionar en 1965, establecimiento que muestra el empuje de la comunidad de trabajadores forestales. P. 46-48. 5

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Bravo, J. De Carranco a Carrán, p. 80.

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En efecto, en noviembre de 1970 se constituyó el Complejo Forestal y Maderero Panguipulli -Cofomap- los diversos fundos privados fueron tomados por los trabajadores y sus familias en un proceso que desembocó en la constitución de una empresa estatal bajo control obrero y que se transformó en un modelo para el proceso que el país vivía bajo el signo de la Unidad Popular y el liderazgo del presidente Salvador Allende6. El Cofomap se considera el punto álgido del proceso de explotación del territorio, pero también es considerado un momento de brillantez para la vida social y política de las familias forestales, desde Carranco a Carrán se definió un espacio que hacía prever el futuro del proceso de reformas intensas que se proyectaban desde las izquierdas en Chile. El Cofomap se articuló por fundos y predios que “se extendían a lo largo de la cordillera y precordillera… el 17 de octubre de 1971 se constituyó oficialmente bajo la razón social de “Complejo Forestal y Maderero Panguipulli Ltda.” Sus socios fueron la Corporación de Fomento (CORFO) y la Forestal Pilpilco”.7 Tras el golpe de estado y la instauración de la dictadura el Cofomap sufrió una parada en seco, todo el territorio se transfirió a la agencia estatal Corfo y, desde allí, se procedió a la privatización de los diferentes fundos y se desmantelaron los aserraderos, todo ello en el proceso de desindustrialización tan típico del modelo neoliberal impuesto en los años ochenta. El médico Pedro Cardyn, presente hace décadas en el territorio lo relata así: “ Los antiguos habitantes del Complejo Maderero Panguipulli cuentan que en los años 80-85 comenzó una nueva etapa: la liquidación del Complejo como empresa estatal. Lo mejor de la madera ya había sido explotado, o más bien dicho, exterminado. Julio Ponce Lerou, yerno de Pinochet y presidente del Complejo Forestal y Maderero Panguipulli desde fines de 1975 y hasta 1982, ya se había hecho famoso por estafas y ventas irregulares de cientos de animales vacunos del Complejo, en provecho propio… ”8

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Morales, J. El MIR en las movilizaciones obreras. El impulso de los militantes miristas en la zona aportó al proceso de expropiación de diversos fundos que, en el desarrollo de los años de la Unidad Popular, constituyó el Cofomap, es así como el paisaje social de obreros forestales, campesinos y activistas políticos es fundamental para entender el proceso vivido en esos años. P. 69-80.

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Codepu, Recuerdos de la guerra, p. 31. Este texto recoge la fuerte represión vivida por estos habitantes a partir del golpe de estado de 1973, ello a partir del alto grado de organización y lucha social dado por la aparición del Cofomap.

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Cardyn, P. Sangre de baguales, p. 77.

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Pero al mismo tiempo, algo mucho más terrible sacudió a todo el territorio del Complejo, los militares tomaron los predios y aplicaron una férrea política represiva, causando cientos de víctimas, entre ejecuciones, desapariciones, tortura, prisión política y exilio. Además de la violencia económica y social que se padeció durante toda la dictadura y que sigue presente en las dinámicas locales: “La coexistencia diaria durante años y aun décadas entre víctimas y victimarios construye una memoria prisionera de los hechos de violencia, que no permite la total reivindicación de las víctimas ni la exposición abierta de los victimarios”.9 La aniquilación física y social de todo el mundo construido durante el modernizador siglo XX en estas localidades no quedó sin respuesta. Hacia los años ochenta se presenta otro evento silenciado por la historia oficial y que remeció a una población aterrada por la violencia dictatorial. La llamada guerrilla de Neltume vino a desafiar este poder autoritario, pagando muy caro ese intento de liberación: “ Cualquiera podrá estar de acuerdo, o no, con la utopía socialista que aquellos revolucionarios del MIR pretendían para su pueblo, también con los planes y métodos…Pero a la luz de la historia, nadie puede desconocer no dejar de rendirse ante la nobleza del esfuerzo y del sacrificio de ese puñado de chilenos ”10 La dictadura provocó pobreza y despojo en cada comunidad del Complejo, generó un cambio profundo en la mentalidad de las personas, en su cultura, llevándolas nuevamente al asistencialismo, no solo dejándolos sin trabajo, también imponiendo la visión clientelar propia del régimen11. Pese a ello, hubo muestras de solidaridad por parte de personas desinteresadas o de agrupaciones que, viendo el terrible panorama de estos territorios decidieron aportar: “ En lo inmediato se construyó un huerto educativo en el pueblo de Enco, a los pies del volcán Choshuenco; más tarde, se instaló un almacén de víveres, y también se prestó ayuda médica ”12

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Comité Memoria Neltume. Guerrilla en Neltume, p. 289.

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urante el año 1981 se realizaron sendos operativos cívico-militares en la zona, regalando múltiples artículos, atenciones médicas y legales, además de charlas acerca de la nueva constitución de 1980. Silva, R. Territorio en disputa, p. 21. 12

Schaffer, J. Mi periodo como director del Colegio Alemán, p. 28. Gracias al aporte de amigos y comunidad en Berlín, el profesor Schaffer pudo aportar a la castigada comunidad de Enco a mediados de la década de los ochenta.

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A raíz de este proceso represivo y de desmantelamiento económico, miles de personas, en sucesivos momentos, fueron expulsadas de sus viviendas y de los territorios que ocuparon por décadas. Hasta entrados los noventa este proceso no paró; mientras tanto, el territorio comenzó a dar un giro hacia los servicios turísticos y de servicios que minimizó la actividad productiva industrial vinculada a la madera y las actividades agropecuarias. De esta forma, la situación del territorio que acogió a la comunidad de Enco se define claramente en el actual desarrollo del modelo social y económico de nuestro país: “El régimen de explotación neoliberal se ha expresado en este territorio a partir de una construcción histórica de violaciones a los derechos humanos, el despojo de la tenencia de tierra y el enriquecimiento de privados, que han incrementado su propiedad a partir del rol que ha jugado el Estado bajo el orden neolibera”.13 Llegados al día de hoy, múltiples agrupaciones, pequeñas reuniones, contactos de amigos, familiares y vecinos dan vida a los recuerdos de la vida vivida en Enco y en todo el territorio y de cómo se perdió producto del odio dictatorial hacia los generadores de la vida, los trabajadores y sus haceres y saberes. De esas conversaciones a las visitas constantes y luego a la constitución de organización hubo un paso, reuniendo a quienes portan la memoria del lugar y aprendiendo de sus relatos, se ha ido contestando a las estrategias empresariales y a la sordera institucional, este libro busca referir esas memorias que han impulsado el proceso de recuperación de la vida en el amplio territorio de la precordillera valdiviana. Cómo es de esperar, el presente texto está basado fuertemente en los recuerdos de los habitantes de Enco, las entrevistas, las reuniones y conversaciones en los distintos puntos en los que hoy se encuentran dispersados. Los vecinos de Enco son el soporte el relato, también se ha recolectado información en archivos de prensa y múltiples fotografías de vecinos y colaboradores. La sistematización de la información ha sido compleja dada la riqueza de los testimonios y lo difícil del proceso vivido, lleno de silencio y olvido, pero que de alguna manera se intenta reparar mediante esfuerzos como el que hoy presentamos, sabiendo lo mucho que falta en este sentido. En definitiva, hemos planteado un plan que organiza estas experiencias y que sintetizamos en los siguientes seis capítulos. 13

Alfaro, K. Acumulación por desposesión en Chile, p. 253.

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En el primer apartado de este texto denominado “El origen: trabajar en el bosque”, se da cuenta de las condiciones laborales y de la cultura del trabajo forestal, situación que da pie al poblamiento de este vasto territorio precordillerano donde se inserta Enco, sin el desarrollo de la importante y ya centenaria actividad forestal, nada de la vida colectiva que aquí se relata y exalta se hubiera podido desarrollar. Por otra parte, en el segundo capítulo “De campamento al pueblo conformado”, detalla en particular la conformación de las viviendas de Enco y -dentro de ello-, las familias y vínculos que estas establecen durante décadas. La memoria de comunidad pone un énfasis muy relevante en la conformación de lazos tan profundos entre los grupos familiares y vecinales, que hoy han sido fundamentales para la reactivación del recuerdo de esta vida en común La tercera parte “El surgimiento de una comunidad” relata la constitución de la localidad, la existencia de una escuela pública, del club de fútbol, las rondas médicas y múltiples acciones en que se entiende la aparición de vida comunitaria. Tanto los privados como el estado aportaron a esa constitución de un pueblo en torno a la actividad forestal, para luego desentenderse del espacio ciudadano construido con el esfuerzo de las familias del ex Complejo Forestal y Maderero. Un cuarto apartado “Cofomap: De la “edad de oro” al odio desatado”, nos relata las experiencias en el sector, basándonos en las memorias de los habitantes, así surgen vivencias en relación con las mejoras del pueblo, del trabajo y la consolidación de la comunidad, consideración que entronca con la historia reciente de nuestro país y la destrucción del proyecto popular que buscó relevar el rol de los trabajadores en la construcción de sociedad y de nación. El capítulo quinto, denominado “los años grises” analiza los efectos de la dictadura en la comunidad de Enco, exponiendo el exilio y represión sufrida por algunos miembros de esta, también -y de forma importanteseñalando la lucha por la sobrevivencia económica y la lenta desarticulación de la vida social, producto del maltrato y olvido de las políticas públicas respecto de este sector; aunque también relevando la solidaridad entre vecinos y de otros grupos y personas para con ellos.

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La última y sexta parte de nuestro texto “Expulsión” busca exponer el proceso de expulsión y término del pueblo y la comunidad que contuvo, los lugares de destino y la situación de desolación y abandono que generó entre los vecinos debido al proceso de enajenación para favorecer al gran empresariado. Por otra parte, se incluye el proceso de recuperación y reorganización que hoy se vive en Enco, una puerta hacia el futuro de la comunidad que volverá a construir una vida en común. Queremos agradecer a la Dirección de Vinculación con el Medio de la Universidad Austral de Chile por el apoyo a esta iniciativa. También debemos dar gracias a Jürgen Schaffer, por la generosidad de su testimonio y el gran acervo fotográfico que nos aportó, del mismo modo a Valentina Muñoz quien nos colaboró en algunas transcripciones. Por último, el agradecimiento es más que debido a todos y todas quienes nos compartieron sus historias de vida: los vecinos y vecinas de Enco, sin los cuales este libro no tendría sentido.

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Memoria

El origen: Trabajar en el bosque

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El Origen:

Trabajar en el bosque Cunco, Futrono, Loncopán, Pitrufquén, Cañete, Lago Riñihue, Comuy o Cauquenes, eran algunos de los lugares de donde provenían los padres, abuelos o quienes hoy son los ex habitantes de Enco. “dijo “ya… me voy a ir trabajar un tiempo a la salitrera pa’ darle alimentación a mi esposa”, o sea a mí mamá. Y ya po’… se fue a buscar trabajo allá, pilló trabajo allá y nos fuimos pa’ allá. Y ahí llegamos al Fundo Enco… nosotros íbamos chiquitos, iríamos a ver… los mayores éramos tres, cuatro, cuatro íbamos y el resto nacieron allá.”. (Víctor Rivas) “Venían a buscar vida” instalándose en los fundos de explotación maderera, lo que significó, para muchos de ellos, radicarse en la zona, formar una familia y ver crecer a sus hijos e hijas en ese lugar. “En esa época, como esto eran puros fundos, usted buscaba dónde le alumbraba más el sol, donde tenía un poco más de dignidad, y se iba, y el fundo le pasaba casa y ahí llegaba a vivir uno, pero eran casas que no eran de uno, el día que uno se iba quedaba todo ahí, porque no era de uno, y así la gente deambulaba de fundo en fundo, en esos años. Fundo Enco, Chanchan, Molco, Paillahuinte, Neltume, Trafún, Carranco…” (Patricio Pacheco) “Mi papi nació el 1907 y toda la vida trabajó en la madera” nos cuentan los hermanos Salinas. Del lado de Futrono venían los padres de Mario Sandoval, ellos llegaron a fines de los años treinta al Fundo Enco, criando ahí a sus seis hijos. También nació en Enco, durante los años cincuenta, Lidia Jara, su papá llegó de Cauquenes, como caminero, a trabajar a la Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta, más conocida como La Salitrera, empresa dueña del Fundo Enco hasta mediados de los años sesenta.

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La Salitrera y los García, son, como lo llama Patricio Pacheco, parte de la época patronal del Fundo, luego vendría el sueño del Complejo Maderero y Forestal Panguipulli, la Dictadura y con ello la expulsión de los habitantes de Enco dispuesta por Luksic, el nuevo dueño del fundo desde mediados de los ochenta. Miguel Rivas recuerda que, antes de La Salitrera, eran dueños del fundo los Orozco, ellos iniciarían la faena forestal bajo un sistema patronal que estuvo marcado por la explotación de los obreros forestales, en una modalidad similar a la utilizada en las empresas salitreras del norte de Chile. A los trabajadores se les asignaba una casa y su salario consistía en vales que eran cambiados por comida en la pulpería del fundo en la que había abarrotes, ropa, zapatos e inclusive loza. Una vez al año hacían “un arreglo”, en el que descontaban lo entregado en la pulpería y, si es que tenían suerte, recibían dinero. La vida laboral en Enco era: “Más o menos. No muy buena, ni mala, pasadita mala, y así se balanceaba uno. Porque antes los patrones, usted sabe eran, eran así. Se ganaba una miseria. No pagaban, nos pagaban al año. Fíjese que al año hacían un arreglo de trabajo. Y como ahí en ese fundo nos llevaban pulperías, nos llevaban tiendas, entonces nosotros sacábamos pulperías, sacábamos tiendas y después a fin de año venia el balance y hacíamos el arreglo general, salíamos topados no sacábamos plata.” (Víctor Rivas) “ Y antes las cosas no eran, por ejemplo, un kilo de arroz así sellado como venía ahora, sino que todo era suelto y ahí le daban un kilo. Me acuerdo uno que daban un paquetito de fideo así suelto y tenías 5 kilos de harina y eso tenía que durar hasta los 15 días.” (Hermanos Salinas) “Para venir a buscar a la pulpería había que traer unas 10 bolsitas de distinta medida; para la azúcar, la grasa, el aceite no existía, la yerba, el poroto, arvejas y el tarro de grasa, esa se sacaba por tarro que eran 18 kg… así funcionó estos lugares y todos los fundos casi el mismo sistema.” (Patricio Pacheco) Era muy común que los trabajadores no recibieran dinero en todo el año “La plata se vino a ver después del 70, con el Complejo” señalan Patricio, Hernán y Raúl. “Sí, más encima no se veía plata, aquí se hablaba de un arreglo en dinero una vez al año, una vez al año se veía plata ¡el que salía ganando plata! lo que era muy raro... el resto “ni te pasaste ni te quedaste”, estaba copado porque ellos daban la pulpería, en la tienda, no es cierto, y ahí se sacaba lo que se podía; ropa, que era muy poca, el plato, la cuchara, entonces el poco dinero que se ganaba quedaba ahí mismo, con ellos dando vuelta. Entonces la mayoría de la gente que tenía mucha familia, en el arreglo de fin de año no iban a buscar nada, “estás debiendo” eso sí iban a buscar, y el otro año seguía debiendo.” (Patricio Pacheco)

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Desde septiembre y hasta abril de cada año era el periodo de trabajo intenso en el Fundo: “Usaban un sistema de septiembre en adelante empezaban a recibir gente para los aserraderos, para la corvina, para todo eso y llegaba mayo abril mayo a esa gente la despedían, no era gente estable. Mi viejo tuvo el privilegio, digámoslo, que lo dejaron estable, pero había gente que se recibía para la pura época de temporada porque ya después en el invierno el trabajo no era tan, tan grande, entonces esa gente la despedían pero no la echaban, eso tenían, porque si tenía economía como pa’ quedarse, pasaba el invierno acá y en septiembre la contrataban de nuevo y de repente ya quedaban estables, se salvaban y bueno.” (Patricio Pacheco) Durante la época patronal “Se trabajaba de sol a sol”. Eso significaba que los hermanos o hermanas más pequeñas, veían a sus padres y hermanos mayores solo los días domingo, puesto que salían al amanecer y llegaban en la noche, cuando no estaban un periodo en la cordillera. “Claro, porque, por ejemplo, la hora de trabajo, las horas de trabajo, aquí no se trabajaban ocho horas, se trabajaba desde que se aclaró hasta que se oscureció, y no se podía hacer nada, había que salir no más y si no, quedaba sin trabajo no más, no iba a ir uno a decir “oiga aquí cuánto gano yo aquí, jefe, cuánto estoy ganando”, lo primero que le iban a decir uno era “si no te interesa la pega, te vas no más”. Si no había derecho a nada, y hemos vuelto a lo mismo después.” (Marcelino Pinilla) El sistema de pago a los obreros forestales, era complementado con la asignación de casas y lo que se denominaba “goces”: “Nadie tenía casa propia. Todos tenían casa, rancha, lo que le hubieran llamado, pero era patronal. Nadie era dueño de nada. Aquí le cercaban este pedacito, le llamaban el goce. Para allá, para acá, la casa al medio y este es el goce del territorio que usted va a criar. Y no puede criar eso, sí puede criar esto, puede sembrar todo eso y nada más que eso.” (Noelia Muñoz) Para quienes vivieron la vida asociada al trabajo forestal, “los goces” fueron imprescindibles para la subsistencia de las familias. “La tierra sobraba para sembrar, se rosaba, se limpiaba el campo y se sembraba”, esto permitía contar con diferentes tipos de alimentos; las familias hacían huertas y criaban animales… “Lo que se compraba era la sal, el aceite, la harina…habían gallinas, chanchos, cosechaban porotos, papas”

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Además de la siembra y crianza de animales, “Lo bueno que tuvo Enco, es que si a usted le faltaba carne se iba a pescar y traía unos 4 o 5 kilos altiro”. Recuerdan la pesca de trucha, plateado, salmón o carpa, como también la recolección de murta, nalca, changles, gargales y todo tipo de hongos “Habían árboles de digüeñes que daban todos los años entonces la gente ya los conocía entonces iban a ese árbol”. A la pesca y recolección se agregaba la caza; “Hacíamos huache en las chacras para cazar los chancho jabalí”. Nubia nos cuenta que a la caza de jabalí también venía gente de otros lugares “En la noche se veían los focos” dice. De no ser por estas actividades la sobrevivencia de las familias no había sido posible, sobre todo si consideramos el tamaño de ellas; cinco, seis o hasta diez hijos que mantener. Por lo mismo, los hombres se iniciaban como obreros a temprana edad “Aprendías a escribir tu nombre y te ibas a trabajar” “Aquí mismo había gente que trabajaban tres o cuatro hijos con el papá, ahora yo me doy cuenta que nunca les pagaron el trabajo de los muchachos a los viejos, porque nosotros trabajamos con los viejos, nosotros no estábamos contratados, entonces era ayudarle al viejo porque supuestamente él iba a avanzar más y a ganar más, pero no era así, después con los años uno se da cuenta que no fue así, ese trabajo que hicimos durante años, desde los 8 años hasta que fui contratado, se lo llevaron ellos nomás. ¿Cómo justificamos que realmente le pagaron el trabajo al viejo?.” (Patricio Pacheco) Así, hombres y mujeres que arribaron en Enco, se integraban en esas condiciones a trabajar en las faenas forestales que dieron vida a la economía de esa zona durante muchos años. Quienes vivieron en la época patronal a fines de los sesenta, indican que en el sector había más de trescientos obreros, los que llegaron antes de esa época, recuerdan un número mayor, sobre todo durante el periodo de La Salitrera, donde se hicieron “Los caminos a pulso nomás” lo que requería mucha mano de obra.

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Todos estos hombres y mujeres llegaban a un territorio con un exuberante bosque nativo. El olivillo, el raulí, el lingue, el roble pellín, el ulmo, el coigüe, o el hualle, son algunas de las especies que crecieron (y crecen) en Enco. En la época patronal la especie más cotizada era el raulí “Porque los García aquí nunca voltearon el coigue, ellos buscaban puro raulí, la madera blanca” (Marcelino Pinilla) Para explotar estos bosques se necesitaban muchos trabajadores: había que extraer la madera de la cordillera, transportarla, aserrarla y enviarla a su destino a través del lago. Todo ello implicaba una serie de oficios, maquinarias y herramientas. “Estaba el tractorista, el motosierrista después llegaban al banco y ahí estaba el fogonero, el palanquero, el bocasierra, de ahí venía el listonero, el canteador, el totero, el aserrinero.” (Raúl Aguilera) El maderero propiamente tal era “el que iba a la montaña a voltear el palo, a destrozarlo, ese trabajaba con moto, y el que iba con bueyes y lo sacaba era el maderero” (Patricio Pacheco). Estos oficios se iban acomodando al paso del tiempo y a la tecnología, la motosierra por ejemplo sucedió a la corvina, herramienta tradicional del trabajo forestal. “Era trabajo duro, porque por ejemplo… los árboles se partían a combo y cuña, se trozaban a corvina, y mucha gente generalmente salía a trabajar a la montaña y se quedaba por la semana, y como se le llamaba eso: “arranchao”. La gente se iba a arranchar en la cordillera en el caso de mi papá y muchos más de Enco.” (Mario Sandoval) “En un aserradero trabajaban más o menos once personas” Estos aserraderos trabajaron con locomóvil, un motor impulsado a vapor, hacia fines del periodo forestal hubo también aserraderos que funcionaban con un tractor, el FORD 5000, como lo recuerda Fernando Jara. A los oficios que mencionamos se agregan el clasificador o los tumbadores y otros tantos en las múltiples funciones del trabajo de la madera. “Para dar vuelta un palo… había que darlo vuelta, entonces se colgaban como un copihuito las personas ahí, hasta que daban vuelta el palo, esos eran los tumbadores.” (Patricio Pacheco) 30

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Sacar la madera de los bosques requería de caminos, de ahí los “camineros” y los “fajeros”, que se encargaban de asegurar que se pudiese trasportar la madera desde la cordillera hasta los puertos que la harían llegar a sus compradores. “Habían distintas cosas. Había gente que hacía caminos, fajas como se les dice, rozan el monte, aserrar, cortar árboles, cada uno hacia su trabajo. Otros trabajan en talleres, había camiones ahí, y así, talleres me acuerdo de que trabajaba una persona. Y obviamente los que trabajan en la turbina y todo eso. En el invierno el camino, el camino había que cuidarlo, mantenerlo, haciendo una zanja para que el agua se fuera y no haga tira el camino. Pero había distintos trabajos, pero todos trabajos bruto nomas, no había trabajo liviano.” (Héctor Pino) El papá de Nubia Epullanca trabajó haciendo caminos desde Rucanahuel hasta Mae: “A él le tocaba dinamitar romper la piedra, nosotros éramos chicas y veíamos de lejos del alto donde vivíamos, cuando se sentía la explosión quedábamos mirando cómo se veía el derrumbe hacia el lago… nosotros teníamos temor que le pasara algo.” Se organizaban en cuadrillas, había cuadrillas madereras y cada una tenía su cuadrilla fajera para hacer las fajas y los arrastres que le permitían transportar el producto. Miguel Rivas formó parte de una de esas cuadrillas fajeras y recuerda que no solo hacían fajas si no que ayudaban a voltear madera a los madereros. Luego de aserrada la madera, se dimensionaba y se iban encastillando (ordenando) para después taparla evitando la lluvia y facilitando su secado. Una vez aserrada, estaba lista para comenzar el viaje a su destino, el transporte se hacía a través del lago, primero en balsas y luego en lanchones por el Riñihue. “Esto estaba lleno de canoas donde bajaban la madera aserrada y llegaba hasta abajo…. esas canoas las meten al agua y las largan con el tablón hacia abajo porque caminos no habían… y acá abajo gente sacando la madera y de aquí ya salía para allá al puerto y se iba a Riñihue, ahí había estación y ahí ya se embarcaba quien sabe para dónde.” (Patricio Pacheco)

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Entre otras cosas, rememoran lo complicado de este trabajo en invierno, periodo en que disminuían las faenas. También recuerdan que había una lancha que cruzaba el río con el camión encima lleno de madera, algo difícil de manejar en algunas épocas. La madera se vendía “Cómo venían los pedidos, porque ellos nos hacían pedidos de tal calidad y había que hacer esas maderas, se trabajó en madera siempre… en la vida patronal y en la vida del Complejo… La Salitrera explotó esto hasta un lugar que se llama “el cinco” hacia adentro, después cuando entraron los García Diesel explotaron de allí para allá, pero ellos seguían el puro raulí que era el oro en aquellos años, bueno sigue siendo el oro el raulí en cuanto a madera y no se tocó nada más porque ellos seguían el raulí, era lo que más renta les daba, y como no le iba a dar rentas si la juventud nosotros le trabajábamos gratis….” (Patricio Pacheco) Las mujeres en tanto, trabajaban en la crianza de los hijos e hijas y a cargo de las huertas familiares, algunas de ellas trabajaron también como asesoras de hogar en las casas patronales. Un oficio de enorme importancia fue el de partera, encargada de recibir a los niños y niñas de Enco, en un lugar extremadamente alejado de los centros de salud de la época.

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Memoria

De campamento al pueblo conformado

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De campamento al pueblo conformado “Porque éste fundo, la historia de este fundo, no sé Luis Orozco se llamaba el viejo llegó a Riñihue y dijo “hasta el volcán es mío” y esto era todo de él y después La Salitrera le compró de Rucanahuel hacia acá, después vino Fernando Romero y compró parte del mismo fundo Mae, ya se hicieron dos fundos más, más el que era de Orozco… se formaron tres fundos de uno solo que era antiguamente… esto cuando yo llegué, estos caminos para allá eran puras huellas no más, puras huellas, caminos que iban para arriba volvían por las orillas de las quebradas, eran días enteros para salir para allá porque no había camino…” (Patricio Pacheco) 38

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Patricio Pacheco llegó antes del terremoto a Enco, señala que la fue La Salitrera quien le puso nombre al fundo: Empresa Nacional del Cobre Enco, también recuerda los efectos del terremoto del año sesenta: “Quebró la salitrera, por el hecho del terremoto que le llevó todas las maderas, porque las maderas estaban a la orilla del lago y el lago como subió y llegó aquí, entonces levantó todo lo que había, levantó casas, castillos de madera que estaban tanto en Riñihue como los que estaban acá.”.” Años después Héctor Cea se iría de Rucanahuel a Enco, ya conocía a quienes vivían ahí porque jugaba al futbol los domingos. Cuando llegó “Enco era un poblado, teníamos luz propia teníamos turbina, teníamos agua potable que venía del cerro… había una casa de huéspedes, una pulpería que era una casa enorme y existía la población con casas por ambos lados”. También había una Escuela por la que transitaron profesores y profesoras que aún son recordados por los ex habitantes de Enco. Esta descripción de Enco corresponde a fines de la década de los sesenta, periodo en que los García eran dueños del fundo, ellos instalarían la turbina que daba luz al pueblo de Enco. Para ese entonces, la mayor parte de las casas se concentraba en la parte baja, donde estaba la Escuela, la cancha de futbol y la casa patronal. Entre otras construcciones, como el aserradero y el taller mecánico, también había una cancha de aviación donde aterrizaba la avioneta de los dueños del fundo. Con el aumento de la actividad maderera, se fueron instalando más casas para los obreros forestales. Antes del Complejo, el fundo Enco estaba dividido en cinco sectores; la sección uno camino al volcán, la dos que era la zona donde estaba la población, la tres, la cuatro y la cinco. La última sección del fundo fue Rucanahuel, colindante con el fundo Mae, ahí había un galpón, un aserradero, una fábrica para cepillar madera y también una Escuela. Con aserraderos en distintos lugares, la división en sectores permitía tener cercanía con los lugares donde se trabajaba “Había mucha gente, pa’ la uno, pa’ la tres, pa’ Rucanahuel, pa’ muchas partes estaba lleno de gente y en Enco abajo”.

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“Aquí tuvieron que haber habido sus trescientos obreros, en este puro fundo no más, que esto se componía en Rucanahuel, aquí el sector Enco que nombraba, el sector tres arriba, el refugio del sector 1 para arriba, ahí había cualquier gente arriba, si aquí tuvieron que haber habido como 300 personas, este puro fundo y ya después al final quedamos nosotros como 40 personas, 40 familias no más, trabajando por el mínimo.” (Marcelino Pinilla) Más tarde, en los años ochenta, se recuerda una sede del deportivo y la comunidad católica instaló una gruta de la virgen con asientos “bien bonitos” donde iban a rezar. Con el apoyo de Jürgen Schafer se instaló también un almacén que vendía abarrotes a bajo costo, evitando el largo recorrido hacia Choshuenco. “La escuela estuvo en varias partes en la época patronal… había un caserón grande y ahí estaba la primera escuela donde estudié yo. Después la segunda escuela ahí y la tercera ya fue aquí, bueno ahí ya yo no estudiaba.” (Patricio Pacheco) Las casas fueron construidas por los fundos… “cuando se casaban le daban trabajo y le hacían su casa” eran de matera nativa, con techo de zinc o tejuela14. “Más o menos no más las casitas, casitas echas así a la antigua no más, porque está la casa elegante, estas otras no, timbradas por afuera nomás y por dentro le poníamos cartoncito así pa’ que no entre tanto viento. Las casas eran malitas no más.” (Víctor Rivas) 14

En el fundo había máquinas para elaborar tejuelas “donde hacían cincuenta tejuelas por minuto”. 40

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Estaban en distintos lugares del fundo, siendo la parte más poblada la cercana a la escuela y la cancha de futbol. “Había una torre diez que le llamábamos nosotros. Que era la casa principal, grandes, y ahí vivían varias familias. Después cuando se desarmó la pulpería eso se hizo vivienda ahí. En esa torre vivía gente casada.” (Hermanos Salinas) “En esa casa que le estoy conversando yo, en esa parte. En el segundo piso ahí tenían los solteros. Había dos caserones. Había un colectivo que le llamaban antes, era una tremenda casa, ahí abajo y arriba vivían los solteros.” (Héctor Medina) 43


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Con el tiempo, las familias plantaron sus árboles frutales creciendo quintas alrededor de las casas. La familia Jara, por ejemplo, vivía camino al volcán, la casa de sus vecinos estaba distante a 50 metros, en su sector tenían un pozo y una quinta con castaños. Lucía Escalona recuerda: “Plantamos árboles frutales, cerezos. Unos cerezos, la cosa más linda. Castaños, ciruelas. Lo que había cuando nosotros llegamos eran tres manzanos. Luego botaron todos abajo, para que no digan que hubo población y sacaron las estacas.” La casa patronal era una casa grande con chimenea, cerca de ella estaba la casa de huéspedes o el “el pabellón de los solteros” donde se alojaban algunos trabajadores y que constituía el segundo piso de una construcción que albergaba las oficinas. “La pulpería estuvo en dos lugares aquí donde estuvo la escuela primero por qué era un caserón muy grande, tenía colegio por una punta por el otro lado tenía viviendas de familias y en la otra punta tenía la pulpería y después estuvo en la oficina grande que había allí… era una oficina muy grande que había y ahí estaba la pulpería y hasta cuando ya pasó a ser Complejo siempre estuvo la pulpería ahí, y ahí estaba la tienda de la loza, de la manta de castilla, todo estaba ahí en la vida patronal.” (Patricio Pacheco). Además de la pulpería, en la época patronal también existió otro negocio “Había una señora, no sé cómo tendría sus trámites, la señora Olga Barrientos, tenía un negocito allí para allá, en la calle central que había” “Había una turbina de la luz. Chuta’ cuando… en el invierno se embarraba el canal, que se llenaba de arena, y había que sacar el agua terriblemente helada, y había que despejar para que pasara el agua pa’ tener luz. La daban en la pura noche y en verano puta que uno sufría con la luz, a pura vela no más. En el invierno daban más luz.” (Héctor Pino) La conectividad era una de las mayores dificultades de los habitantes del pueblo. El sector más cercano era Choshuenco, distante doce kilómetros, a ese sector tendrían que acudir a comprar abarrotes, después de la época patronal, o a la posta en caso de problemas de salud, o para que los niños realizaran sus controles médicos. “Fíjese, doce kilómetros de Enco a Choshuenco. ¿Usted cree que nos daban un vehículo el día que teníamos que venir a control con los niños? Con los chicos al hombro y en este otro lado el bolso de pañales.” (Lucía Escalona) “Pa’ los chicos pa’ la leche nos costaba a nosotros, que teníamos que irnos a pie, salíamos en la mañana, llegábamos en la noche con ellos. Al hombro de repente la leche, todos los chicos. Todas las mamás, la leche al hombro, los cabros al hombro, a veces con los tres.” (Héctor Medina) 45


Para quienes no vivían en Enco, como los profesores, estos trayectos eran también recurrentes. “Era muy complicado el tema de trabajar en Enco, porque había que caminar doce kilómetros de Choshuenco a Enco para salir. En cualquier momento de la vida, había que salir a pie, caminando. La mayoría de las veces, caminando. Se presentaba, ocasionalmente, un tractor, un camión, una camioneta, lo que sea, había que salir. Pero la mayoría de los viajes que me pegué de Choshuenco a Enco fueron a pie…. y de Enco salía, llegaba a Panguipulli, llegaba a Lanco y en Lanco tomaba el tren para llegar a Los Lagos. Y de vuelta lo mismo. Salía a Lanco, Lanco-Panguipulli. Era un viaje largo. Difícil.” (Santos Manquehual) Para llegar a Panguipulli, el itinerario era más complicado, hasta mediados de los ochenta el vapor Enco cumplía ese propósito. Lidia Jara rememora que cuando eran niñas, aprovechando que no pagaban pasaje en la embarcación, solían enviarlas a Panguipulli a comprar mercadería en el Enco. Miguel Rivas navegó en él, un barco dividido en primera, segunda, tercera clase y que tenía hasta un bar a bordo, según recuerda, salía lunes y miércoles por Quechumalal y el martes y jueves por Toledo. “Tenía yo como ocho años la primera vez que viaje… salíamos a las siete de la mañana de allá y de Choshuenco salía a las ocho hasta Pangui, llegaba como a las diez acá. Y el regreso en la tarde era a las cuatro. Ahí el que quedaba, quedaba nomas. Ahí uno venía a comprar para la pulpería o si no a Pangui y luego de vuelta al Enco.” (Hector Medina) Las cosas se complicaban cuando había mal tiempo, en esos casos el barco no podía zarpar y la gente debía quedarse en Panguipulli, eso le ocurrió a Lidia Jara, quien estuvo tres días en Panguipulli esperando que el Enco navegara nuevamente hasta traerla de vuelta al Fundo. Después, dice Miguel Rivas, llegaría un barco más chico “El Águila”. Pasados los años, cuando ya existían rutas hacia Panguipulli y el Vapor Enco dejó sus recorridos, los vecinos y vecinas de Enco idearon, de forma colectiva, otras maneras de sortear las dificultades que causaba la lejanía del pueblo. “Ya después empezamos nosotros, nos unimos, con esta misma vecina, mi hija, otra que hay por allá arriba, vinimos aquí a Panguipulli a buscar las cosas una vez al mes. Arrendábamos al Negro José, que le decíamos, tenía una camioneta grande. Todos los meses veníamos donde este caballero y él nos esperaba en el bus y nos iba a dejar.” (Lucía Escalona)

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A mediados de los ochenta hubo un intento de declarar pueblo Enco, poniendo estacas para determinar sus límites. Pero ese proceso no prosperó, pavimentando así el camino para la expulsión de sus habitantes durante las décadas siguientes: “Claro, se anduvo mensurando, midiendo, pero, resulta que después los representantes del Complejo Maderero Forestal se les ocurrió vender todos los predios. Entonces ya dijeron, “no, ¿cómo vamos a dejar aquí este pueblo y vamos a perder cuantas hectáreas de vender?” Todo bajo el signo peso. De un paraguazo se borra todo, se saca a la gente y nosotros vendemos los predios sin gente.” (Santos Manquehual) Desde el inicio de las faenas forestales en el pueblo de Enco, crecieron y se formaron muchas familias. Juan Ñauriñanco nació en Enco y ahí vio morir a su padre, sus vecinos lo acompañaron en ese momento, como en tantos otros cuando la necesidad apremia. Miguel Rivas y sus diez hermanos llegaron a Enco antes del terremoto, estudió hasta cuarto año en la Escuela del fundo, y se puso a trabajar en la madera porque en ese tiempo “sabiendo poner nombre no más ya te fuiste a la pega”, hasta los 17 años trabajó con su padrastro, haciendo fajas o en el arreglo de caminos. Cerca de Enco, en Rucanahuel, nació Mario, y como otros hijos e hijas nacidos en el fundo, fue recibido por la mamá de Nubia, Palmira Morales, que era la partera del sector. “Pasamos todo eso, ese periodo de patrones, cambios de aquí por allá y… pero fíjese que yo, de todo ese sufrimiento, amo, amo ese lugar, porque yo cuando estaba soltero me casé y volví pa´ allá por la porfía. Volví a vivir allá. Fui a criar a todos mis hijos allá, mírele, habiendo Chile, siendo Chile tan grande, pero no, volví allá.” (Víctor Rivas) Los recuerdos de la vida en Enco evocan nostalgia por el pasado… “porque nosotros éramos felices ahí, tal vez no teníamos grandes comodidades, pero éramos felices” (Mario Sandoval). “Era una vida muy linda”, (Héctor Cea) “Acá nunca te ibas a morir de hambre porque tenías todos los recursos naturales, tienes murta, tienes mora, tienes salmones, tienes jabalí, todos los hongos: gargales, digüeñes, chupones, puedes sembrar.” “Teníamos huerta, podíamos sembrar papa… Y esto que tiene nalca, tiene coiye, tiene digüeñes, tenía chupones, maqui, todo natural y por eso uno se fija que a la edad que uno tiene el órgano todavía aguanta, porque al principio uno comía puras cosas buenas, saludables...todo sembrado de ahí, el cilantro se veía, la chalota estaban todo el año, el repollo era de ahí, el zapallo era de la huerta, una infinidad de cosas, nadie se preocupaba que tenía que pasar un camión con la fruta para irla comprar.” (Patricio Pacheco)

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Héctor Medina, nos habla de festividades y de toda una vida construida con los vecinos “La vida adentro de Enco era bonita, uno se podía tomar su cerveza, a veces se sacaban sus bailes y hasta hubo casamiento”. “Éramos más libres. Claro que no se hacían chacras grandes, porque tampoco había permiso, pero como le digo, los inteligentes, escondidos, así sembrábamos. Nunca nos prohibieron ir al río a sacar un pescado, de ir a comerse un asado a la orilla del río. Jamás. Era lindo porque los chicos salían a pescar. Jugaban a la pelota. Nunca hubo diferencias. Nada. Después que llegaron estos famosos, se apretó, así. Porque nos andaban vigilando.” (Lucía Escalona) “Nosotros teníamos bote. Salíamos a pescar con mi marido, con los chicos, al lago, al río. El día sábado, domingo, llevábamos para comer pescadito asado.” (Lucía Escalona) “Se cuidaba la gente, la gente era muy humilde, humilde y unida aquí… muy unida y se conversaba harto… si no tenías papas, uno igual iba donde el otro…. uno le decía “wacho no me quedan papas”, puta yo tengo, no sé, tengo un saco allí, anda a buscarlo, sí, y uno también, les decía yo “puta, tengo 2 quintales de harina” tengo ahí a veces en la casa, si uno tenía harta familia sabía lo que a uno le faltaba y al que le faltaba se ayudaba, así era.” (Marcelino Pinilla) La vida era compartida “Éramos todos una familia” dicen quienes relatan sus memorias en Enco.

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Memoria

El surgimiento de una comunidad

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El surgimiento de una

Comunidad

La vida en Enco comenzaba con la ayuda de parteras que asistían a las mujeres en Choshuenco o en Panguipulli. Doce kilómetros aproximadamente separaban el trayecto que las mujeres caminaban cuando el parto se precipitaba, de ahí un viaje en barco aproximaba la llegada de los nuevos habitantes. En ocasiones la exigencia del trayecto complicaba el embarazo y exigía llevar a mujeres en trabajo de parto a algún centro de salud que pudiera atender la urgencia que ponía en riesgo la vida de las mujeres y sus hijos. “En una oportunidad, a mi mamá la llevaron por aquí a Riñihue. Y ahí la echaron al tren, la llevaron a Los Lagos y después a Valdivia. […] Echaron tres días para llegar al tren, pero cuando llegaron al hospital mi hermano ya había muerto.” (Noelia Muñoz) Las situaciones de enfermedad también debían ser atendidas de la misma forma, desplazamientos muchas veces improvisados y acudiendo a la solidaridad de los habitantes del pueblo lograban aproximar los enfermos niños, niñas y ancianos a lugares de atención médica. La creatividad era imperiosa para resolver la vida de montaña. “… uno usa la inteligencia para vivir en el campo. Donde trabajaba compré unas ruedas. Mi papá con un fierro hizo el eje, hizo una carreta de mano, como carreta para bueyes, pero de mano. Ahí echábamos a mis hermanitos y los llevábamos a control a Choshuenco.” (Noelia Muñoz)

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Mario Sandoval recuerda su infancia marcada por juegos en interacción con la naturaleza y por la cercanía a las actividades laborales de su padre: “La infancia de nosotros fue bonita, porque uno niño vive no más, te preocupas de jugar; teníamos colegio, estaba la cancha de futbol, salíamos a pescar, a cazar pájaros. Vivíamos como vive un niño de campo. […] Mi papá hacia durmientes, muchas veces le fuimos a ayudar, talaron tremendos árboles e instalaron un aserradero en una cacha de aviación.” (Mario Sandoval) Los niños de Enco asistían a la escuela del pueblo donde trabajaron hasta cinco profesores. El profesor Santos Manquehual así recuerda su llegada a Enco: “… cuando llegue ya habían disminuido las familias, porque era un poblado grande, donde trabajaban cinco profesores en la escuela y cuando llegué, ya llegué solo. La mayoría de las familias estaban emigrando, presionados para salir del poblado de Enco. […] Era muy complicado trabajar en Enco, porque había que caminar doce kilómetros desde Choshuenco a Enco para llegar. En cualquier momento de la vida había que salir a pie, caminando, se presentaba ocasionalmente un tractor, un camión, una camioneta para salir.” (Santos Manquehual) La distancia y conectividad con otros poblados marcaba el funcionamiento de la escuela, pero el esfuerzo de desplazamientos también era compensado por la colaboración que facilitaba la vida de montaña. “El tema de hacer clases en las zonas rurales era muy difícil. Había que ser del cuero duro para enfrentar, no tanto a los alumnos ni a los apoderados…el aislamiento que había, porque el profesor tenía que ser todo terreno. Entonces, si había que subirse a un bote, cruzar un río, a pata, entonces, era muy sacrificado y Enco no era la excepción. Pero lo más gratificante para mí, que me llegaba al alma, era cuando ese niño comenzaba en primero básico y por ahí por octubre empezaba a leer. Eso me llegaba al alma. Decía, “este niño, donde te vayas en Chile y en el mundo, vas a saber qué palabra, qué significa eso.” Enseñarle las cuatro operaciones, para que pueda él sacar su cuenta, cuando trabaje él va a poder solito darse cuenta cuánto va a ganar a fin de mes. […] En Enco tuve treinta y nueve alumnos, de primero a sexto, en una sala, entonces era complicado trabajar, pero no había otra alternativa, había que hacerlo.” (Santos Manquehual)

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La escuela, además de ser un espacio que permitía la formación escolar de niños y niñas de Enco, era un espacio de encuentros donde se desarrollaban otras actividades que venían a enriquecer la vida comunitaria entre sus habitantes. Con colaboraciones de Alemania y algunos docentes de la Universidad Austral de Chile Jürgen Schafer, ciudadano alemán que llegó a Enco en la década de los ochenta, comenzó a realizar un huerto escolar que pudiera proveer de vegetales a los estudiantes y sus familias. “Yo no sabía que el terreno, como te dije, era estatal. Entonces, empezaron a llegar donaciones de Alemania, de colegios, de la iglesia, de mi familia y ahí nos reunimos en Valdivia con gente de la UACh, un profesor de agricultura y amigos y decidimos qué hacer y el primer proyecto era crear una huerta escolar, porque la gente no tenía para comer.” (Jürgen Schafer) La realización de la huerta escolar fue un trabajo realizado por los escolares, el profesor y los padres. “Los niños hacían la huerta y Santos. Fuimos un fin de semana, empezamos y los niños después de horas llegaron y después los adultos. Preparamos “hot dogs”. Mario dijo que ese fue el primer “hot dog” en su vida. Así empezó la huerta. Después pasamos semillas y herramientas a la gente para que lo hagan en su casa […] este profesor de la UACh…era especialista en maíz. Él empezó a sembrar maíz en Enco y resultó muy bien. Él dijo que por la tierra, es una tierra especial que tiene mucho zinc.” (Jürgen Schafer) Aun cuando las actividades comunitarias en la escuela de Enco fueron realizadas con amplia participación de los habitantes del lugar, el gobierno de facto ejercía un fuerte control sobre el territorio, las actividades de la escuela quedaron restringidas exclusivamente a las tareas educativas. Ese fue el caso de las rondas médicas que utilizaban la infraestructura para dar atención y educación a la comunidad. “… después nos pararon, no nos permitieron entrar al colegio. Primero sacábamos las sillas afuera, hicimos charlas afuera, después nos prohibieron usar las sillas. Hicimos charlas con médicos y enfermeras de Valdivia, nos íbamos encima sentados en los sacos de harina que llevábamos [para los habitantes de Enco]. Hicimos charlas a la gente de cómo usar el agua, fueron a las casas a atender gente y todo eso.” (Jürgen Schafer) 57


Otro de los espacios de participación comunitaria era la cancha de futbol que se utilizaba para la organización de partidos promovidos por el Club Deportivo de Enco. También era utilizado como lugar para fiestas y celebraciones. Generalmente se reunían los domingos y entre todos y todas montaban entretenimientos con música, comida y bebida donde participaban ancianos, adultos y niños. “Todos los días los más viejitos se sentaban arriba, había unos asientos, y miraban como jugaban los jóvenes. Eso era todos los días. Y también jugaban los más mayores y a veces al tejo. Tenían su cancha de tejo y jugaban al tejo, y lo otro era al naipe me acuerdo. Porque había una calle, que no tiene nombre, pero como la calle principal que hay ahí, había unas digamos un tronco cuadrado un basal que le llaman, un árbol cuadrado que lo usaban de asiento. […] Recuerdo que todas las tardes se jugaba a la pelota, s iempre había gente ahí.” (Héctor Pino) La organización del club de fútbol Deportivo Enco funcionaba en una sede social ubicada en un caserón compartido con familias que vivían ahí. Eran organizados tres equipos más uno integrado por los mayores: “… nosotros éramos hartos. Salían como tres equipos aparte de los viejos tercios que le llamaban. Jugábamos entre nosotros pichangas, a veces eran como quince por lado. Éramos hartos, harta gente, harta juventud, de puros viejos también salía un equipo. Jugábamos en torneos que se hacían en Neltume, Choshuenco, Huilo-Huilo. La gente participaba harto, en tractores o en camión no más, eso era la diversión que había ahí.” (Héctor Pino) Los partidos de futbol congregaban a toda la comunidad y eran recordados como un momento muy significativo en la vida colectiva: “… era lindo aquí, se colocaba música a todo chancho con parlantes grandes, llegaba harta gente. […] se veía a las damas allá arriba, de ahí miraban, escuchaban la música, todo bien organizado.” (Marcelino Pinilla) Junto a los partidos de futbol, la comunidad organizaba distintas celebraciones. Navidades y fiestas patrias eran motivo de encuentros organizados por los habitantes de Enco: “Los vecinos siempre fueron unidos. […] Juntos como vecinos se hacían ramaditas, ahí la gente festejaba. Algunos tomaban sus bebidas y los otros jugaban, la gritería y la alegría.” (Noelia Muñoz) 58

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Como contraparte de la entretención, la actividad comunitaria también permitía resolver problemas de subsistencia colaborándose mutuamente en el cuidado de huertas familiares para proveerse de la alimentación. “… en Enco teníamos un terreno de una hectárea más o menos y así todas las casas en Enco tenían un terreno grande, porque obviamente aparte de lo que se sembraba fuera de la casa hacían sus huertas. Entonces en la casa se cultivaba lo más a mano para el día a día y lo que se cultivaba más alejado era para guardar en invierno, pero se cultivaba mucho, se cultivaba de todo y eso ayudó bastante el tema de la salud.” (Mario Sandoval) Los trabajadores no recibían dinero como salario por las actividades realizadas. Esto hacía de la huerta familiar una actividad de importancia vital. Los productos que no eran cosechados en las huertas familiares eran conseguidos mediante sistema de vales que eran intercambiados en pulperías. ““Pero si no le digo, adónde usted iba a ir a comprar. ¿Con qué? si no le daban un peso a nadie. Los patrones le daban una listita cada quince días, pero había que ver el abono de los días trabajados, cuánto tenía en plata y de eso le sacaban cuanto le podían dar en mercadería. Nunca pagaban plata, había que sacarlo así, pero se lo daban restringido. [Nunca sobraba abono] Siempre estaban debiendo. Era una pulpería, de propiedad de los patrones.” (Noelia Muñoz) La pulpería estaba ubicada en el pueblo y su funcionamiento se extendió como lugar de distribución de productos incluso después de la instalación el Complejo Forestal bajo control de los y las trabajadores(as). “…siempre estuvo la pulpería ahí, y ahí estaba la tienda de la loza, de la manta de castilla, todo estaba ahí en la vida patronal, entonces la gente se encalillaba y después salía debiendo porque ¡vamos a ver cuánto le recargaban a las cosas! y la gente de ahí para allá era toda redonda, no sabía ni leer ni escribir entonces imagínese cómo le embrollaban la plata a esos pobres viejos, trabajando de sol a sol, porque había que hacerlo para poder mantener, más encima que todas las familias en aquellos años eran grandes, nosotros fuimos once y en el resto quince, doce, diez.” (Patricio Pacheco) 63


La situación de provisiones para la alimentación en muchas ocasiones se resolvía bajo la lógica de colaboraciones entre los habitantes de Enco, es decir, se prestaban productos entre los mismos vecinos. “… usted conseguía un tarrito de azúcar, no se lo pasaban lleno, pero lo marcaba hasta donde venía. Le prestaban un poquito de grasa, porque en esos años no había aceite, entonces también el pedacito lo dejaban en un papel marcado y de ese tamaño cortaban el pedacito de grasa.” (Noelia Muñoz) La situación de pobreza, sumado a las relaciones de solidaridad al interior de la comunidad, constituyeron las condiciones de posibilidad para que surgieran ideas de colectivización de la propiedad y de producción en la actividad forestal. El Gobierno de la Unidad Popular abría espacios para promover las transformaciones en la estructura productiva del país y en Enco, como en otros fundos del Complejo Forestal, comenzaba la apropiación de la tierra por parte de los trabajadores y trabajadoras en la toma de fundos. “… vivíamos mal, éramos atropellados por los patrones, por ejemplo, yo tenía 12 años cuando tuve que salirme del colegio, porque o perdía el trabajo mi papá que tenía que irse si sus hijos no trabajábamos. Así les pasó a todos los padres, a todos los hijos. El patrón les decía: para qué estudia tanto tu cabro, si no sacan nada con estudiarlo, si va a seguir lo mismo que haces tú, si no hay otro trabajo aquí, pura madera.” (Marcelino Pinilla) Entre reuniones en las noches y cuidados de no ser vistos por patrones ni padres, algunos de los habitantes de Enco organizaban las tomas de fundos buscando mejorar las condiciones de vida entre sus habitantes que desarrollaban labores en jornadas laborales extensas: “… mi papá salía de noche y llegaba de noche.” ““… comenzábamos a reunirlos todos los que más o menos podíamos y escondidos de los papás, si los papás tenían miedo de que hiciéramos eso, nosotros todos escondidos, porque aquí había muchas personas que no querían perder la pega. Si se sabía los ricos los echan a todos.” (Marcelino Pinilla) 64

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Memoria

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De la edad de oro al odio desatado La experiencia del Complejo Forestal y Maderero Panguipulli tiene un recuerdo de dulce y agraz en los vecinos de Enco, de haber sido una oportunidad llena de esperanza se convirtió en una cruda y lenta enfermedad hasta su desaparición de la mano de la corrupción y las políticas neoliberales que, hacia los años ochenta, fueron parte de la cruzada del gobierno dictatorial. Pero todo comenzó con una hermosa, -a la vez que difícil- historia de tomas de fundos, en una oleada de sucesos que desembocaron en el Complejo, tal y como es conocido por los vecinos. En el caso de Enco, el fundo fue tomado a inicios de febrero de 1971. “Ese momento fue difícil para nosotros, teníamos que andar en la noche escondidos, que los patrones no supieran que íbamos a tomar el fundo porque si no ponían guardias, ponían gente que no estaba de acuerdo… en todos los predios había gente que estaba a favor de los patrones y gente que quería la libertad, entonces había que primero empezar a reunir a la gente seis días después, ir directamente a quitar el fundo no más, y ahí se dejaba a la gente que estaba de acuerdo, se dejaba como guardia, y quedaba todo ahí cuidando su fundo.” (Marcelino Pinilla)

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Pero el derrotero que siguieron las tomas no fue del todo deseable, en opinión de Marcelino Pinilla: “Cuando nos tomamos el fundo después ya no hubo la producción que se hacía, tenía que haberse hecho, porque mucha gente le comenzó a dar la espalda al gobierno... Se pudo vivir bien ahí, porque ahí ya compramos zapatos, nosotros nos pusimos zapatos y todo eso.” El vecino profundiza en su opinión: “Primero, cuándo fue empresa de los trabajadores, cuándo estuvo Allende anduvo bien, cómo le dijera yo, no había tanta aplicación, lo que se producía en el predio, se producía no más. Pero la gente también tiene culpa algunos, porque la gente no supo aprovechar lo que tenía, muchos no salían a trabajar, los jefes daban, ya preguntaban “oye, ¿Cuánto hiciste tu para hacerte el abono de trabajo?”, resulta que trabajaban, aquí habría unos 50 obreros, de esos 50 trabajaban 25, y esos 25 hacían la producción de predio, entonces ahí comenzó mal la cosa.” Los conflictos propios de una nueva etapa de instalación dónde las relaciones sociales y económicas cambiaron, no tuvieron tiempo de madurar, el Complejo en la idea de la UP no duró más de dos años, en ese período la empresa bajo control obrero tenía la siguiente organización: “ahí mismo en las oficinas que eran Patronales antes, pero la central donde se sacaban todas las órdenes venían de Huilo Huilo, que estaba la oficina central, dónde está la cabeza, incluso estaba la bodega donde llegaban los repuestos de las motosierras, repuesto de vehículo… y el taller central de toda la maquinaria de esa empresa estaba aquí en Chan Chan… El taller de aquí se trasladó a Chan Chan, sacaron todo, si después sacaron los animales sacaron todas las cosas porque aquí quedamos nosotros.” (Patricio Pacheco) Marcelino Pinilla nos relata cómo se organizó el territorio en ese tiempo y la ubicación de Enco en el mismo: “… y después pasó a manos del Estado, reunió todo esto, todos los fundos los colocó, por ejemplo, el área 1, el área 2, el área, 3 por ejemplo acá el Enco… era un área, Huilo Huilo, Neltume, Puñir era otra área, y después seguía allá…”

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Respecto a los jefes del fundo Enco, durante la UP, Héctor Cea nos señala: “La gente por apoyo popular se elegía a uno que los encabezara, un representante. (En Enco) Humberto Sepúlveda, pero pasaron muchos, después estuvo Jaime Astroza, pasaron como cuatro”. El torbellino de sucesos que significó el periodo de la Unidad Popular se tradujo en un ejercicio de poder para los trabajadores que significó un gran desafío, el Complejo contó con profesionales, pero el grueso fueron los obreros forestales que, a cargo de la producción, vieron sumadas nuevas tareas hasta ese momento desconocidas, un cambio respecto a las costumbres del periodo anterior se produjo con la aparición del dinero: “Nunca vieron la plata, porque esa plata no se veía, la plata se vino a ver después del setenta… ahí recién supimos lo que era plata” (Héctor Cea). En el campo del trabajo, hubo nuevas tareas, un tanto desconocidas hoy en día: “Ahora no, cortan el bosque nativo y le plantan pinos y eucaliptos y se acabó, y se acabó la vida. Porque los animales que viven de eso el Puma no tienen comida, por eso ahora la gente reclama que le comen las ovejas. Claro porque tienen que bajar a comer. Abajo del eucalipto no se da nada, nada de nada. Todo lo que hay ahí muere. Y en ese tiempo no, no se daba eso, si no que plantaban raulíes. Raulí me acuerdo de que plantaban harto, coihue también, un montón de plantas. Trabajé harto en la poda yo también me acuerdo, eso era ya por el mínimo, pero eso lo empezó el Complejo Forestal y Maderero.”(Héctor Pino) Efectivamente el autocuidado del bosque por parte del Complejo hizo que muchos trabajadores tomaran conciencia de la reparación luego de explotar esas montañas, este aprendizaje vino de la mano de planes para realizar ese trabajo. Respecto a la producción, al parecer no todo el Complejo tuvo el mismo cuidado: “…se trabajó en madera siempre y en todo el Complejo, se trabajó en la madera en la vida patronal y en la vida del Complejo. Madera, porque ese era el pozo de oro que había en esta zona y después pasó que llegó se industrializó mucho esta cosa, llegó mucha maquinaria y le sacaron el diente a la cordillera, estos fundos están más cuidados, pero de Neltume para allá usted ve la cordillera y no hay nada que sirva aserrable.” (Patricio Pacheco)

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Respecto a esto mismo, Héctor Pino nos cuenta como Enco estaba en plena producción y floreciendo como comunidad: “Por ahí en Enco había harta gente. Había bastante gente cuando yo llegué porque había harto trabajo cuando aserraban madera, pero era una cuestión controlada, no como ahora que destruyen. Yo me acuerdo de que ahí se volteaba en una época y en el invierno cuando estaba la savia abajo no era llegar y cortar árboles al lote. Y el aserradero igual, cuando llegaba el aserradero la madera no se partía.” La fuerte identidad obrero forestal se acentuó durante los años del Complejo, los temas del bosque, su crecimiento y producción estaban en el centro de la preocupación de todos quienes habitaban esas tierras y construían su proyecto de vida allí. Esto se demuestra en la actividad social, por ejemplo, con el fútbol, que en los años del Complejo tuvo una época dorada y un sentido aglutinador de las comunidades asociadas al Complejo: “La gente, la gente unida. La cancha los domingos aquí, sobre todo. Es que era unida la gente, unida, los partidos venían de todos lados. Es que aquí no era solamente la gente de aquí po’, de aquí los fundos pa’ aquí pa’ arriba, el 3 que le nombro yo. Antes en esos años que vivía mi papá había cualquier gente pa ´arriba, yendo pal’ volcán pa’ allá arriba igual..” (Juan Carlos Salinas) Aun así, las formas de economía familiar siguieron estando presentes: “Teníamos chanchitos, animales, teníamos de todo eso. Cuando estaba el Complejo ahí. Ahí todos los vecinos tenían de todo. Tenían sus animalitos igual.” (Héctor Medina) Del mismo modo, la actividad forestal preponderante se compartió con la ganadería, siempre presente y de gran importancia: “En la época del Complejo Forestal aserraban madera. Pero en el fundo en ese tiempo había animales también, sembraban papás y esa cuestión les daban a las vacas. Y el fundo antes que llegaran los Luksic, sí había animales todo eso.” (Héctor Pino)

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Todo este desarrollo se vio interrumpido por los trágicos hechos del martes 11 de septiembre de 1973, cuando un golpe de estado derriba no solo al gobierno, también esta experiencia de gestión y control obrero de su sobrevivencia económica, también de su forma de vida social. Lucía Escalona nos cuenta el profundo cambio y la pérdida que le significó a su familia ese fatídico hecho: “Así que de ahí nos trasladaron al Fundo Enco, después que pasó esto todo del 11 de septiembre. Estuvimos, pasamos muchas cosas ahí nosotros. En esa parte en Pilmaiquén y después nos trasladaron, desde el Complejo Maderero, a Enco. Ahí llegamos nosotros en esa época y de ahí quedaron trabajando, empezaron a trabajar a plantar ellos y así hacer lo que les convenía. Después, por el mínimo, Ganando el mínimo.” Respecto a los sucesos de ese día 11, en Enco sucedieron algunos hechos que Héctor Cea nos relata: “Mira, acá hay un puente que se llama puente El Blanco, entonces, cuando se supo del golpe de estado fue el 11 de septiembre como a las once de la mañana, la gente dijeron… vienen los milicos y mucha gente salió ignorante con palos y cuestiones, murreros que les llaman acá pa’ donde están las moras a parar los vehículos que venían de los militares ¿te puedes imaginar que con eso tú ibas a para algo? Pero gracias a dios no se dio, porque en Choshuenco había un jefe de retén que era Salas y el paró la cosa pa’ que no vinieran a torturar aquí.” Marcelino Pinilla cuenta acerca del proceso de persecución vivido por los obreros que tuvieron cargos de representación o responsabilidad en el fundo Enco: “Aquí se escogió en el grupo de gente, un jefe, democráticamente. Aquí se dijo “¿a quién sirve como jefe?”, y a todos les dimos el voto, y el contador era el mismo, una persona que merecía estar en el puesto, así que se dejó en el puesto… y el jefe era Santos Quezada, y así cuándo ya vino el Golpe de Estado, a esos los echaron altiro, presos algunos estaban, los llevaron presos, los dirigentes del Sindicato que había aquí, porque aquí hubo un sindicato también, pero esos se fueron todos detenidos.” Su opinión es tajante acerca del responsable de la represión en esas tierras: “Sí, si el que metió la mano fue Pinocho no más y ahí fue donde quedó la crema, y así pue, lo que pasó dentro del Complejo”. En la misma línea, Marcelino es claro y consciente de la arbitrariedad y el abuso generalizado: “Claro, hubo detenciones, después ya se comenzó, por ejemplo, ese mismo día se fue a buscar a la gente en ruca, en camión se bajaron toda la gente ahí, no sabían porque era, porque fue un milico y un chofer porque los necesitaban aquí abajo, entonces fue por eso, por eso mismo, para castigarlos, no los castigaron así de chicotazo, pero psicológicamente…”

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Así, durante la dictadura el miedo y la pobreza se instalaron en las comunidades, de manera violenta e injusta la expulsión se impuso. La discriminación hacia la gente del Complejo se vivió en múltiples ámbitos, por ejemplo, en el servicio militar: “…porque nosotros que éramos del Complejo que éramos 300 más o menos que en esos años entramos (al servicio militar) no dejaron a ni uno porque supuestamente nosotros éramos guerrilleros, entonces por haber llegado un día atrasado me metieron para allá me tuvieron como 6 meses y cuando volví mis viejos no estaban allí donde vivían, cosa que me preocupó porque no sabía nada de lo que había pasado, pensé que los habían venido a matar…” (Patricio Pacheco) Además del miedo y la revancha, los años de incertidumbre económica asediaron a muchos, don Patricio, como tantos, perdió su trabajo y hubo de acercarse a sus padres para colaborar con él dada la persecución a los trabajadores: “Perdí mi trabajo aquí, entonces de repente empiezo averiguar y en la ventana de la oficina estaban todos los tipos no gratos a trabajar dentro del Complejo y en los cuales estaba yo”. La situación desesperada desde el punto de vista económico se sumaba a la sensación de pérdida vivida por todos los vecinos y trabajadores del Complejo, como lo expresa don Marcelino Pinilla: “y así empezó eso hasta que después, se empezó el Complejo por vías de Pinocho, nos quitaron esto a nosotros, y siguió, aquí esto era antes la empresa de los trabajadores”. El Complejo durante la dictadura vivió una fuerte decadencia, intencionada o provocada por el nuevo rumbo de la política económica y social que Chile tomaba, la gente se vio obligada, forzada a salir, cuando no por razones políticas, por la pobreza y finalmente por la decisión del nuevo empresariado que se hizo de las tierras del Complejo hacia los años ochenta. Patricio Pacheco tuvo que reconvertirse para seguir en Enco, percatándose del permanente asedio de las autoridades dictatoriales hacia la población: “Había camino antiguo entonces se pasó la línea y se hizo la faja, se trajeron los postes y cuando llegaron los postes para encajar en el Complejo, se le hizo cuña a Saesa y no dejaron que Saesa trajera la luz, si no nosotros en ese tiempo ya hubiésemos tenido luz, eso fue el setenta y nueve. Y ahí logré ganar dinero en ese tiempo yo logré ganar en Saesa $15000 que era un sueldazo, que eran como cinco sueldos de los que ganaban contratados en el Complejo.” 78

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Según relata Héctor Cea, el Complejo en época de dictadura tuvo un devenir bastante confuso: “Después vino el golpe de estado y esto quedó, creo que llegó un señor que era… aquí fue administrado por varios, porque hubieron jefes de Complejo que se llamaban, fueron administrados por mucha gente y después vino Tomás Monfil, un tipo nefasto, a la gente la basureaba y la gente tenía que quedarse acá trabajando por qué, por necesidad, era un autoritario, era un milico más.” Además de todo esto, la corrupción se instaló en el territorio, de la mano del mismísimo yerno de Pinochet, Julio Ponce Lerou, quien a través de sus cargos en Conaf primero y en la Corfo después fue conocido por su ilegítimo actuar, Héctor Pino nos dice: “Me acuerdo de que una vez el yerno de Pinochet se robó casi todas las vacas eso salió en las noticias. Pero sí el Complejo Forestal y Maderero tenía hartos animales, hartos, ahí había como cuatro o cinco camperos, sí había harto trabajo en ese tiempo.” Pero su negra sombra no solo se consideró como una anécdota, una eventual apropiación de ganado, también se propagó a la actividad principal del Complejo: “… por eso yo me extrañaba porque este huevón sabe dónde están las maderas vírgenes, los fundos vírgenes que quedaban en el Complejo y era Julio Ponce, el de las lucas, el que se llevó todo lo del Complejo, las diez mil cabezas de ganado, todas las canchas de madera de raulí las vendió, él hizo el remate de todas las maquinarias, se las llevó el y como él sabía, cómo estuvo de gerente del Complejo nombrado por Pinochet, entonces sabía dónde estaban las maderas y puso un palo blanco allá para que no se supiera que era Julio Ponce Lerou, pero eso yo lo vine a saber después con los años, igual después cuando me fui para Argentina de vuelta.” (Patricio Pacheco) El fin del Complejo fue una muerte agónica, lenta, en medio de la pobreza de quienes ahí persistían. En Enco fueron cada vez menos las familias que habitaban el otrora vivo pueblo, un triste recuerdo es el del empleo mínimo, justo cuando el Complejo terminaba: “Pero eso me acuerdo yo de los Luksic, que llegaron a Chan Chan. Yo estaba en Chan Chan porque mi papá les trabajaba a ellos. Pero los otros chiquillos de Enco se quedaron y yo no sé cómo fue… pero me acuerdo de que cuando quebró el Complejo Forestal y Maderero, ahí vino el mínimo. En ese tiempo estaba el mínimo.” (Héctor Pino) 81


Del mismo modo, Héctor Pino define este final del Complejo comparando el destino de los nuevos ricos respecto a las miserias que debieron soportar los antiguos obreros constructores de este territorio: “Se fue y llegó toda esa cuestión de Pinochet y ahí empezó a entregar fundos yo creo. Yo tengo entendido que los fundos los compraban a cien años, nada. A cien años, un viejito que vende muere no le alcanza”. Mario Sandoval nació en Enco, y su infancia transcurrió en esas tierras tan ricas como hermosas, es por eso que recuerda esta pérdida, la de Complejo, como un proyecto de vida familiar inacabado: “Él formó una vida con la mamá en Enco, ahí nacimos todos, nosotros somos 6 hermanos y nacimos todos ahí, nos criamos ahí, estudiamos ahí, había una vida, había un proyecto de vida espectacular como todo lo que eran los fundos del Complejo, y fue horrible po’.” La nula opinión de las comunidades fue característica, enviarlos de un fundo a otro como en las viejas haciendas de trato inquilinal minó la voluntad de los trabajadores, los agotó debido a tanto desplazamiento fundado en la desconfianza y el desprecio. “En el Complejo nos empezamos a venir de a poco a mitad de camino por allí y un tiempo después más abajo y después, cuando ya pasó la dictadura, a mis viejos lo sacaron de aquí, los mandaron a otro lugar pero dentro del Complejo, porque estos trataron de evitar que la gente que se conocía mucho siguiera unida.” (Patricio Pacheco) La era del Complejo se acabó, sin perspectiva de futuro Enco comienza a morir, aunque los recuerdos impiden que así sea todavía, las páginas de su historia no se agotan y muchas vivencias -desafortunadas la mayoría- aún quedan por relatar.

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Los Años Grises El Golpe de Estado de 1973 extendió su violencia por todo el territorio nacional, distintos territorios padecieron la barbarie en la negación de una sociedad que alcanzaba, al inicio de la década de los setenta, la más amplia participación de trabajadores y trabajadoras en las decisiones sobre la estructura productiva que garantiza la vida de nuestras relaciones sociales. Enco, como todos los fundos expropiados por trabajadores que conformaron el Complejo Forestal y Maderero Panguipulli, fue un lugar que albergó la vida de un pueblo que dejaba atrás la forma de propiedad privada y la administración patronal bajo lógicas del capitalismo chileno del siglo XX. Jornadas laborales extenuantes, sistemas de pago por vales para ser cobrados en pulperías y escasez de servicios básicos quedaban atrás para volcarse a la construcción de formas sociales distintas entre los habitantes de montaña en la que actualmente se conoce como Región de los Ríos. La Dictadura Militar fracturó la historia de Enco y expuso a sus habitantes a una asfixia que terminó por extinguir la vida social que se desarrollaba en la montaña. Primero la autoridad militar exilió la comunidad en la disolución conseguida con detenciones, miedo, pobreza, prohibiciones y desplazamientos entre poblados vecinos. Y después la recomposición de la propiedad privada en un régimen neoliberal vino a concluir la expulsión de los habitantes de un poblado que albergaba toda la complejidad de la vida comunitaria en la montaña.

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Enco, como todos los fundos que componían el Complejo Forestal, fue administrado por los trabajadores hasta el Golpe de Estado de 1973, existían sindicatos y los jefes que organizaban las obras eras escogidos democráticamente entre sus pares. “… cuando salió Allende y se tomaron los fundos, ahí pasamos nosotros a ser los dueños de esto y había un jefe de predio que era como el cabeza que veía los trabajos y todo, bueno en el fondo entre todos programamos donde se iba a trabajar, donde se iba a explotar, donde se iba a instalar un aserradero, pero ya era cuento de nosotros no teníamos patrón, y fue una parte muy brillante porque fue el único gobierno que hizo un reajuste al ciento por ciento sobre los sueldos, y cumplimos con las 8 horas porque en la época patronal trabajamos diecisiete y dieciocho horas diarias, porque había que salir a las cuatro de la mañana y estábamos llegando a la casa a las once de la noche.” (Patricio Pacheco) La organización y los liderazgos sobre las actividades productivas eran resoluciones colectivas. Todo eso fue destruido a partir del Golpe de Estado y el derrotero que le continuó con una sistemática asfixia a los habitantes de Enco. Como en todo el país las detenciones comenzaron a ser comunes entre los habitantes de Enco: “… en camión se bajaron toda la gente ahí, para castigarlos. No a chicotazos, pero psicológicamente. […] El 73 se llenó esto de milicos, había un colegio, ahí se llevó la gente. A las 7 de la mañana llegamos aquí a un colegio, ahí quedamos guardados, con los brazos arriba, levantados. Y así iba llegando la gente. Pusieron a uno a que tocara la campana, para que la otra gente que está durmiendo despertara y se preguntara qué pasó ahí.” (Marcelino Pinilla) Junto a las detenciones, se publicaron listas con los nombres de aquellos a quienes no se les daría trabajo en las actividades forestales y se efectuaron desplazamientos de personas entre los distintos fundos para desarticular la vida comunitaria y la actividad política. “… a mis viejos lo sacaron de aquí, los mandaron a otro lugar, pero dentro del Complejo, porque estos trataron de evitar que la gente que se conocía mucho siguiera unida, separarlas y traer a otros a esta posición y los de aquí mandarlos para allá, o sea cortarles la comunicación que había supuestamente, era una parte política, que no tuviera mucho contacto político.” (Patricio Pacheco) 88

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El impacto de la represión sobre Enco se expresó en las detenciones, el amedrentamiento, el desplazamiento de personas para quebrar la comunidad, y además en el cese de las faenas productivas durante tres meses. En este periodo las familias no pudieron generar ingresos y muchos se vieron forzados a migrar buscando posibilidades laborales. “… la gente se comenzó a ir para el Golpe de Estado se comenzó a ir altiro, claro, mucha gente empezó a migrar altiro, estuvimos tres meses sin hacer nada, si no había trabajo, no había nada, lo puro que había, era lo que se sembraba la gente no más, para poderse mantener un poco, si no había nada. Estuvo como tres meses sin hacer nada este fundo, claro, el Golpe de Estado fue en septiembre, octubre, noviembre, en diciembre vinieron a colocar trabajo, así que en esa fecha se fue bastante gente de aquí, aquí tuvieron que haber habido sus trescientos obreros y después al final quedamos nosotros como cuarenta familias.” (Marcelino Pinilla) Las condiciones de subsistencia quedaron reducidas al trabajo en las huertas familiares desde donde podían proveerse de los requerimientos alimenticios. La antigua cohesión de la comunidad estaba rota y resultaba más difícil tejer vínculos solidarios entre los habitantes de Enco. Para diciembre, cuando se retomaron las actividades forestales bajo la administración del Estado, la situación de pobreza y la escasez de productos era crítica. Patricio Pacheco, quién migró un tiempo a Argentina para conseguir trabajo relata la situación que encontró en Enco a su regreso: “El 75 cuando tenía veinte años me parece, tuve que irme para Argentina...yo estuve seis meses allá y cuando volví, ya esto estaba malísimo, no había que comer, la gente no tenía que comer y obligados a trabajar, sabe que llegué y conseguí un caballo, yo llegué un día sábado y después de doce no se movía nada, conseguí un caballo a un campero… me fui a Choshuenco y traje un quintal de harina porque era lo que podía traer de a caballo y algunas pequeñas cosas, porque acá no había nada, habían puras papas cocidas no más, en la misma tarde quedamos sin harina po’, del quintal ese que traje yo, porque llegaban las vecinas “deme un platito” y que le iban a negar si habían dos cabritos no les iban a dar piedra a los cabros...” (Patricio Pacheco)

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La política económica de la dictadura implementó el programa de empleo mínimo durante la década de los ochenta. Con ella los habitantes de Enco volvieron a actividades laborales bajo la lógica de una empleabilidad precarizada como fue el caso en todo el país. “… se implantó el plan de empleo mínimo que es el PEM, no había otra solución que trabajar en eso no más y en ese camino que se hizo para Riñihue, ganábamos $60 quincenales, $60, alcanzaba para medio quintal de harina y mis otros hermanos trabajaban en otro plan de empleo mínimo en el Complejo, yo empecé a trabajar en el plan de empleo mínimo con la Municipalidad de Los Lagos y ellos entraron a trabajar en el Complejo aquí también en el plan de empleo mínimo.” (Patricio Pacheco) Los recuerdos de estas políticas de empleo están marcados por ser una situación difícil donde los trabajadores y las trabajadoras se vieron forzados a desarrollar tareas que no se correspondían con las actividades que desarrollaban tradicionalmente en las faenas forestales. “Hubo el golpe de Estado y nosotros ahí estuvimos meses sin trabajar, y después el Estado se hizo cargo y puso trabajo, puso trabajo por el mínimo. […] Trabajamos todos a pulso, los que éramos profesionales. Porque en ese tiempo yo ya trabajaba en talleres, era soldador después de ahí andábamos con un murrerito cortando murras y…. fue una pasada media crítica de esa época. […] Tuvimos que trabajar con el puro sueldo mínimo, ganábamos solo para comer y nos daban por kilito las cosas, nos mandaban a la pulpería también. Así que… más o menos la vida, fue media dura también.” (Víctor Rivas) Junto a la violencia con la que se rompió la comunidad, también comenzaron una serie de prohibiciones que asfixiaban la vida en Enco. Se restringieron los espacios para los huertos familiares y se impidió la crianza de animales destinados a la alimentación familiar. “…mi papá, el criaba hartos chanchos, muchos chanchos, llegamos a tener como setenta a ochenta chanchos, y gran parte de la gente cultivaba, criaba sus animalitos, y después ya no se pudo. Fue prohibido, y claro como la gente no sabía, muy sumisa, siempre sometida, a eso creo que es el término más correcto que uno le podría poner a este cuento. Siempre sometido y con miedo. Mucha gente criaba sus animalitos para sus sustentos ya que la gente no tenía esa mentalidad de generar y generar dinero a cualquier costo. Yo creo que la gente cultivaba en general para el sustento, para el año, y después se fue restringiendo eso, que acá ya no se puede cultivar y que allá tampoco.” (Mario Sandoval)

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La situación de escasez de recursos, sumado a las prohibiciones para las actividades de cultivo y crianza de animales promovió relaciones de solidaridad con personas ajenas al pueblo de Enco. Este fue el caso de Jürgen Schafer que logró gestionar recursos en Alemania para implementar proyectos orientados a mejorar las condiciones de vida de la comunidad durante la década de los ochentas. Tal fue el caso de la Huerta Escolar, también la gestión para visitas de profesionales de la salud que realizaron charlas y la organización de trabajos voluntarios con grupos de scouts y estudiantes. “…llevábamos un grupo de Scout también a Enco y ellos pasaron sus vacaciones con los niños e hicieron una encuesta. Les pedimos que hicieran una encuesta entre la gente sobre qué les faltaba más. En primer lugar, trabajo. Incluso, nosotros pensábamos hacer una piscicultura, porque había mucha agua entre la montaña y el río, pero no fue posible, porque el terreno era estatal. Y después, en segundo plano, era el almacén, porque no había nada en Enco. La gente caminaba hasta Choshuenco, doce kilómetros, y compraban un saco de harina y tenían que volver con eso. Y les vendían en un precio alto, porque también los llevaban a Enco, porque no podían llevarlo así, entonces los llevaban en auto, pero les cobraban y tenían deudas, altas deudas con esa persona.” (Jürgen Schafer) No fue fácil instalar el almacén. Muchas trabas se gestionaban desde la institucionalidad que reglamentaba la vida social de los habitantes de Enco. Finalmente, la implementación del almacén fue posible con el visado de la autoridad militar. “Nos pidieron planos, arquitectos de agua que no existen allá, electricistas. Entregamos todo, pero no nos dieron el permiso. Entonces fuimos a la autoridad militar, al gobernador militar. Al final él autorizó.” (Jürgen Schafer) Los productos ofertados en el almacén eran vendidos al costo que se conseguían en Valdivia y el traslado era financiado con donaciones. Se capacitó a integrantes de la comunidad para promover la existencia de una oferta de productos permanentes. También se intentó implementar una posta “y una radio sin lograr conseguirlo por la presión y prohibiciones de la autoridad militar”. “El último proyecto. Quisimos hacer una posta. Tuvimos un acuerdo con el ambulatorio de Choshuenco. Nosotros le pagábamos la bencina en caso de una emergencia. Y quisimos instalar una radio en Enco para comunicarse con Choshuenco y eso nos lo prohibieron. Ahí terminó el proyecto. Eso fue lo último. Una niña de Enco llevábamos a Valdivia a hacer…para educarla en primeros auxilios, pero nunca eso resultó, porque nos prohibieron usar una sala del colegio. Esa era la idea. Una de las salas no usadas, quisimos instalar una radio.” (Jürgen Schafer) 94

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Hacia 1985 el hostigamiento se profundizaba y las acciones solidarias para asistir a la comunidad de Enco comenzaron a causar efecto. Las visitas de voluntariado y de profesionales de la salud cesaron, y la administración del almacén quedo en manos de Samuel Epullanca quien continuó trabajando con el almacén hasta la expulsión del pueblo de Enco. Actualmente el almacén continúa en actividad manteniendo su nombre “Provisiones la Esperanza”, pero ahora en Panguipulli.

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Expulsión El proceso de expulsión de los habitantes del poblado de Enco es la etapa cúlmine de un cambio paulatino pero profundo en la vida de cada uno de los actores de esta historia. No más animales, no más cosechas, no más trabajo, fueron cambios que prepararon el escenario final de la expulsión, proceso que - amparado en el contexto político de la época – finalizó entre los años 1992 y 1993 quedando marcado para siempre en la memoria colectiva de los habitantes de Enco. “Y de ahí, cuando entraron estos señores Luksic, ellos no querían tener compromiso con gente, ellos querían que los fundos estén desocupados. Ellos ponían trabajo, pero ellos buscaban a una persona que esa tenía que ver con todo el personal. Ellos conversaban con una sola persona. Y yapo ahí empezó la cuestión, ellos empezaron a echar la gente pa’ afuera (…) Porque los patrones eran poderosos, tenían plata. Ellos tenían poder para hacer todo esto, así que empezaron a botar la gente. Le daban su casa donde vivía, le daban un par de pesos y pa´ fuera.” (Víctor Rivas) Fue un momento duro que tuvieron que soportar cada una de las familias que lograron permanecer hasta finales de la década de los ochenta e inicios de los noventa. Con lo “puro puesto” muchas familias tuvieron que salir y rehacer su vida fuera de su tierra y territorio común, en un éxodo que ninguno jamás se lo espero: “Es como si tú hubieras lanzado una bomba y quedó desierto, saltaron esquirlas para todos lados, así saltamos nosotros, hay gente que se fue a los Lagos, a Villarrica, a Constitución, buscando tus familiares porque nadie te tendió una mano.” (Mario Sandoval)

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Mientras en el país la clase política celebraba la vuelta a la “democracia” y la llegada de la “alegría” los habitantes de Enco experimentaron en qué consistía esta nueva etapa política en el Chile neoliberal. Los motivos exactos de la expulsión no están claros entre los familiares de los antiguos habitantes de Enco, pero a pesar de lo anterior hay una idea fuerza que se trasmite en el imaginario colectivo de las familias: “Porque no había trabajo no más. Porque ellos no querían tener más gente”. La reorientación del rubro forestal (plantaciones de pinos y eucaliptos) que instalaron los nuevos dueños de Enco, fue requiriendo de menos trabajadores y de más hectáreas libres para expandir el negocio, por lo que tener un poblado y gente viviendo ya no era positivo – en términos económicos – para los Luksic. Así, sin más, la familia Luksic no quería más gente y los habitantes de Enco fueron expulsados de su lugar de origen: “Claro ahí nos avisaron, ya usted no va a tener más trabajo y se le avisaba a los jefes no más, a los de campo. Don Víctor no va a haber más trabajo. Le dan una lista a uno, de cuantas personas iban a quedar y el resto mes a mes le iban avisando a uno. Le iban dando un mes de plazo para que se prepare. Y a fin de mes le pagaban y le daban su sobrecito, y ahí venía el papelito azul que le decíamos nosotros y ahí decía despedido no hay más trabajo.” (Víctor Rivas) El desarrollo de la expulsión fue paulatino como relata don Víctor. A cada familia se le avisaba mes a mes, a través del administrador de turno, que debían abandonar el pueblo, teniendo una semana o días para preparar la salida: “A mí me dieron una semana, yo iba solo a desarmar, no iban a echar a fulano con gente para que desarmara la casa, era una casita grande con su pieza.” (Marcelino Pinilla) No fue un proceso tranquilo, muchas de ellas tuvieron que soportar el constante amedrentamiento de la nueva administración para que se fueran luego del fundo: “Y comenzaron; que se vayan, que se vayan no más. A nosotros todavía nos quedaba huertecita y como estaba la calle ahí mismo, a veces yo solía estar sacando verduras de mi huerta cuando ellos pasaban: bip bip, “señora, que está haciendo huerta, tiene que irse.” Me tenían cansada.” (Lucia Escalona)

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A la señora Noelia con garabatos y amenazas le notificaron que tenía que irse: “Venían un día y nos decían “¿usted es fulana?”, “sí”, “mira, conchetumadre, te vas por las buenas o te cago”. Así. “Tení’ que irte, conchetumadre y si no, te vamos a tomar y te vamos a dejar al otro lado del puente El Blanco y vamos a echar abajo el puente y vamos a echar a todos los hueones al otro lado del puente”. Un año me hincharon las pelotas.” (Noelia Muñoz) Y los que intentaban oponerse a la situación les esperaba el uso de carabineros como relata Héctor Medina: “Al último ya eran amenazas, o sea tenían que salir y si no, nos pescaban con el camión y con los pacos pa’ afuera. Y uno que va a hacer ahí. Nosotros ya nos quedamos callados porque uno tenía cabros chicos. Y todos po’, no yo no más. Esa era la amenaza. Y si nos quedábamos ahí… ‘tabamos fritos, ¿a quién le íbamos a trabajar po’? Tamos mal ahí.” Cuando a la familia se le notificada que era su turno, llegaba un periodo de “preparación” hasta la espera del camión que los iba a recoger. Ese periodo de “preparación” era el más complejo porque consistía en desarmar las viviendas, arrasar con las huertas familiares, dejar los animales de crianza y quemar lo que no se podía salvar. En definitiva, terminar con un modo de vida y de ocupación del territorio construido por años. En tales circunstancias afloraban momentos de solidaridad entre los mismos vecinos, como sucedió en el caso de Juan Ñauriñanco, ahora en Melefquén, que cuenta como los vecinos le tendieron una mano en proceso de desarme de su vivienda: “Desarmar tenía por lo menos… yo me pongo a desarmar mi casa pa’ allá, mientras los otros tienen desarmado yo desarmo la mía, y estoy listo ya. El que estaba listo de… desarme su casa se iba y luego el otro y el otro, hasta que salimos todos. Uno ahí tenía que… por lo menos yo estaba solo. Claro entre amigos se ayuda… uno a otro, y ahí ellos me ayudaron acá… el Medina me ayudó a desarmar mi casa y cargar toda la cuestión y nos venimos. Y así nos ayudamos los unos a los otros.” (Juan Ñauriñanco) 103


No obstante, para la mayoría de las familias ese momento significó una prueba emocional de envergadura ya que dejaban atrás toda una infancia y una vida de trabajo. Como relata Mario Sandoval: “Fue horrible, y ver ahí, tener que desarmar tu casa y sacar pura leña, o sea como llegas tú a otro lugar a armarte de nuevo, fue muy triste, muy triste, muy doloroso porque psicológicamente como niño, como joven, te hacen pedazos. Porque nosotros éramos felices ahí, tal vez no teníamos grandes comodidades, pero éramos felices.” (Mario Sandoval) Lo más complicado para las familias era el desarmar las viviendas y tratar de rescatar algo del material. En la gran mayoría de los casos, las casas tenían treinta años de antigüedad, pues databan de la época anterior al Complejo Maderero y Forestal Panguipulli, cuando el fundo pertenecía a los García. Las condiciones climáticas de la zona, el paso del tiempo y el poco cuidado, habían impactado en la calidad del material haciendo imposible que fuera reutilizado para levantar una nueva vivienda: “Si las casas eran pura pudrición. Usted saca eso, se quiebra todo, usted no hace nada. Esas eran las primeras casas que hicieron los García, porque esos eran los dueños del Fundo Enco.” (Lucia Escalona) “Mi papá triste y a la vez enojado, de todo un poco, porque sentía yo, claro… por todo eso, con impotencia todo. Y decía, cuando se rompía la madera, decía eso, todo eso: “al fuego quémense, si no sirve para nada”, enojado, muy enojado, y desarmamos todo ahí… y esa noche tuvimos que quedarnos afuera a dormir no más porque no quedó nada, desarmamos todo el resto de casa que quedaba y quedó solamente una leñera ahí con un techito, abierto por un lado y solamente atrás tenía cerrado, y ahí tuvimos que armar las camitas no más esa noche. Hicimos un fuego grande y quemamos todas las maderas que no servían, trajimos poco no más, si no servía casi la madera porque se iba desarmando, yo misma ayudé a sacar clavos, mi papá me decía “saca clavos, ayúdame a sacar clavos” porque si se puede rescatar esa madera para volver hacer alguna cosa si podemos, pero nunca pudimos hacer nada porque al final fue poca la madera que se puedo rescatar de eso, no servía… y eso.” (Nubia Epullanca) Ya finalizado el desarme de la vivienda, a la familia lista para irse se le entregaba un vale por un monto de 250 mil pesos. Muchas familias utilizaron gran parte del dinero en costear el camión que los iba a buscar y trasladar hasta fuera del fundo, ese fue el caso de la familia Jara:

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“A nosotros nos avisaron como en diciembre del 91. Diciembre, octubre, noviembre… o sea había comentarios que querían echar a la gente, y como en diciembre ya empezaron a apretarnos fuerte que, o sea nos salíamos o nos salíamos. Porque una era, por ejemplo, nos daban, nos dieron 250 mil pesos, a nosotros pal flete pa’ trasladar lo que podíamos traer, 250 mil pesos, que el camión cobró 80 mil pesos hasta Villarrica. Tuvimos que hacer dos viajes, traer las cosas… 160 mil pesos en viaje y ya con el resto se compró un poquito de mercadería y con los clavos viejos con todo eso empezamos a armar si… con lo que sobró se compró un poco pa’ poder subsistir eso pa’ mientras esperar el mes que recibiéramos un poco plata.” (Familia Jara) Esta sucesión de etapas no fue igual para la mayoría de las familias que fueron expulsadas. Muchas permanecían expectantes a la llegada del camión que en algunos casos no se presentaba en la fecha acordada: “Nosotros salimos el 92. De a poco se fueron yendo las familias, esperaban dos días y se iba otro, así porque le daban un camión tal fecha y de repente no venía, que estaban con las cosas listas y no podían irse.” (Nubia Epullanca) Para Nubia Epullanca, los atrasos significaron desarmar la vivienda por etapas: “A nosotros primero nos avisaron que iba a ir un camión a buscarnos, pero al final no llegó. Entonces, ya, desarmamos la mitad de la casa y quedamos como en dos piezas, viviendo ahí no más, y esperando que avisaran si iba a venir o no venir el camión.” De parte de la administración no existió tampoco un plan de reubicación, “acá no se reubicó a nadie, todos tuvieron que arreglárselas solos no más”, al mismo tiempo no quedó constancia formal del habitar de estas familias en Enco, como relata Mario Sandoval: “Nosotros por lo menos de documentación de cuando llegó mi papá ahí, mi papá pasó al retén de Neltume, como venía el camión cargado con leña, eh… mi papá tuvo que avisar que se venía a Puerto Fuy y el documento está firmado por el retén, el jefe retén de ese momento en esos años de Neltume. Eso es el único registro que hay y algunas liquidaciones de sueldo que acreditan que mi papá trabajo para Luksic, trabajo para Enco.”

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Se quería borrar de parte de la administración toda evidencia de la existencia de algún poblado en el fundo Enco. Los árboles frutales que habían plantado las familias con mucho esfuerzo fueron cortados: “Cortaron hasta la murta. ¿Usted conoce la murta? Fíjese, para que la gente no vaya. Botaron los castaños. Todos los árboles frutales, porque la gente iba a buscar. El fruto, ese que se hace dulce, el mosqueto, lo mandaron a rozar. La murta está saliendo más linda ahora. ¿No ve que son malos? Es gente que no tiene criterio.” (Lucía Escalona) La escuela fue desmantelada, al igual que la turbina, el negocio y los demás inmuebles. Ya completada la expulsión, el destino de las familias se extendió por todo Chile centrándose la mayoría en la región de Los Ríos, en las comunas de Panguipulli y los Lagos. El abandono y la precariedad fueron las características de esta nueva etapa. Muchas familias simplemente con lo “puesto”, con los niños y niñas al “hombro”, y con las pocas cosas que lograron salvar, tuvieron que rehacer su vida nuevamente con ayuda de familiares en otros sectores o prácticamente solos. Armando ranchas provisorias o viviendo de allegados, cada una de las familias se las ingenió para sobrevivir y levantarse nuevamente. A Puerto Fuy fue a parar la familia Sandoval, con ayuda de familiares lograron levantar una “leñera” con el poco material rescatado y asentarse provisoriamente: “Nosotros llegamos a Puerto Fuy aquí a vivir en una leñara que le pasó un primo a mi papá. En una leñera con todas las cosas ahí amontonadas, pasamos harto tiempo porque imagínate tener que comprar madera para construir de nuevo una casa y partir de cero.” También pasó en Melefquén, a donde llegó una gran cantidad de vecinos de Enco. Este fue el caso de la señora Noelia, quien logró gestionar algunos terrenos con ayuda de la Municipalidad de Panguipulli donde posteriormente, luego de limpiar el “potrero”, fueron construyendo precarias viviendas con lo que tenían más a mano: “estacas” de madera. La familia Medina relata su llegada al pueblo de Melefquén: “Si, ellos pagaron el camión, pagaban todo para sacarnos. Pero con esa plata que ibas a hacer tu aquí, si llegamos aquí… así “agotaos”. Cuando llegamos aquí fue como llegar a un potrero no más. Los “treiles” estaban aquí mismo donde estábamos nosotros. Si aquí donde llegamos sae’, los cajones aquí le digieran, aquí había monte, todo acá era montaña, murra, hualve, todo esto de allá.”

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En Panguipulli se instalaron los Epullanca y la familia Pinilla, la situación de allegados fue uno de los principales fenómenos vividos por muchos de los vecinos: “A Panguipulli llegué yo, ahí me costó más de un año para poder armar una casita, tenía que andar de allegado.” (Marcelino Pinilla) El éxodo se extendió por Neltume, a donde llegó la familia de don Patricio Pacheco, por Los Lagos, donde se asentaron los hermanos Rivas y sus familias y por distintos lugares del territorio nacional: Calama, Santiago, Constitución, Santa Olga, Villarrica, entre otros. Cada uno de los miembros de estas familias tuvo que dedicarse a trabajos ajenos a la actividad forestal que habían ejercido por años, algunos se convirtieron en artesanos por cuenta propia, camioneros, trabajadores estacionales, entre otros oficios. Lo anterior indica que no solo hubo una pérdida material de sus antiguas formas de vida, sino también de su propia identidad como habitantes de un territorio particular. No obstante, a pesar de la experiencia traumática que vivieron las familias en la etapa final del poblado, aún queda en la memoria colectiva los años maravillosos vividos en Enco, lo que impulsa, en la actualidad, a que muchas de estas mismas familias, con los hijos a la cabeza, sean quienes lideren una nueva etapa en Enco. Porque la tierra donde creció lo “tira siempre pa’ allá” como menciona don Víctor Rivas: “Yo toda mi vida he tirado por ese lugar. Me gusta ese lugar. Por eso yo le digo a mis cabros que yo voy a pelear por volver allá. Si Enco tiene que volver a ser pueblo, si era pueblo, en el mapa aparece como pueblo, aparece que es pueblo. Tendría que haber seguido siendo pueblo.” Estas experiencias y la memoria colectiva que se vislumbra en Enco no solo quedan en el pasado, sino que se proyectan para construir un nuevo presente: “Por eso yo volvería ahí a la tranquilidad. Me gusta eso y el turismo igual, es bonito. Del tiempo que estuve en Enco nunca fui al volcán, nunca y eso que estaba cerquita. Nunca fui al volcán. Ahora cuando yo llegué no lo había visto, la maravilla que hay ahí arriba es hermoso, lamentablemente lo hayan vendido a particulares, eso fue lo más malo, que lo hayan vendido a particulares… es bonito disfrutar de Enco. Y así fue mi vida, un cortometraje.” (Héctor Pino) Es así como la memoria se va encauzando nuevamente para reconstruir una historia quebrada por la dictadura y la imposición neoliberal, pero no acabada completamente en el imaginario colectivo. Son ahora estas familias las que deberán, como en el pasado lo hicieron sus ancestros, trabajar la montaña y construir un futuro para ellos y para los que vendrán.

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