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AQUÍ ESTAMOS y LiNGua eXPReSSa son revistas escolares editadas por el Colegio Los Peñascales con la financiación de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos. Colegio “Los Peñascales” Avenida del Pardo, s/n 28291 Los Peñascales (Madrid) Tfnos 91_630.05.63 / 91_630.02.13 Fax: 91_630.12.37 La Redacción de A QUÍ E STAMOS y LiNGua eXPReSSa agra dece a toda la comunidad educativa (alumnos, padres y profesores) el envío de originales para su publica ción. Se ruega que los originales se envíen por correo electrónico a: linguaexpressa@gmail.com Si no es posible, se solicita manuscrito cla ra mente redactado, que será tecleado por al guno de los colaboradores, a quien agradece mos su trabajo. Esta Revista es una vía de libre expre sión. El Co legio no se hace necesaria men te solida rio con las opiniones verti das por los autores de los artículos.

Editorial El pasado 23 de abril celebramos el día del libro. Fue un gran día, el motivo lo merecía: no sólo se conmemoraba el día de las letras sino que fallábamos nuestro concurso literario. La emoción estaba servida y se palpaba en el ambiente. Los profesores encargados del festejo ultimaban los detalles, conteniendo cierta tensión. Y es que el día del libro es, sin duda, una fecha especial. Sobre todo para aquellos profesores de lengua y literatura que ven reflejados en esa jornada única los variopintos contenidos de sus atribuladas exposiciones en el aula. Así, al menos, me sentía yo, que apenas estrenaba mi cargo, emocionada, con grandes expectativas y algún que otro nervio. Este año hemos querido homenajear a dos grandes escritores. Recordar un centenario y una muerte. Eran dos “Migueles”. Miguel Hernández. Miguel Delibes. Alicantino uno, vallisoletano el otro, verso y prosa, cuerpo y alma y Arte, mucho arte. Dos escritores sencillos que acompañaban al otro Miguel, a nuestro inmortal Cervantes, el cual les hacía un hueco, en ese día dedicado a él, para que alumnos y profesores pudiéramos escuchar versos como estos: La cebolla es escarcha/ cerrada y pobre./Escarcha de tus días/ y de mis noches…

Han colaborado en la edición del presente número:

Álvaro Hernández Alberto Mata Raúl Martín Silvia Nieto Ana Gómez Iñaki Palacio Jimena Romero-Toro Marta Millán Álvaro Martín Paula Muñoz Kike Jodra Alberto Marquéz Sergio Navas Jaime Gonzalo

Sin embargo, y con permiso de todos los Migueles, este fue el día de la creación literaria, sí, pero con unos protagonistas mucho más cercanos y entrañables. Nuestros chicos. Ellos, que vencían el síndrome de la página en blanco y daban lo mejor de sí mismos, ofreciéndonos sus palabras: desde esas primeras composiciones escritas, llenas de ingenuidad, puramente surrealistas, a esas otras palabras que cuentan historias deslumbrantes, que crean insólitas imágenes, finales sorprendentes o auténticos ensayos de estilo. He visto calidad en el concurso literario. Y me he alegrado de poder impartir clase de lengua y literatura a estos chicos del colegio Los Peñascales, adalides de la creatividad y de la cultura del futuro. En fin, como diría Shakespeare: “palabras, palabras, palabras”. Palabras hermosas, palabras duras, palabras tristes, palabras alegres… Palabras llenas de palabras, que crecerán y evolucionarán. Como sus jóvenes

HELENA ALBA Y FERNANDA DEAN se

dueños.

han ocupado de la coordinación editorial. El colegio agradece muy especialmente a

Permitidme mostraros algunas de ellas.

todos los que, las tardes de los martes, en

Mª Fernanda Dean Bermejo.

el Taller de Prensa, han hecho posible la salida de este y de los anteriores números

Profesora de Lengua y Literatura de Secundaria y Bachillerato.

de la Revista.

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PRIMARIA

Este año, muchos alumnos de Primaria han participado en el concurso literario. Han sido trabajos de gran calidad y creatividad. Aquí, nuestro director, Rafael Valbuena, presenta a los ganadores del concurso literario de los alumnos de 1º a 4º de Primaria. Fue un momento muy emocionante. ¡Gracias a todos por vuestra participación y enhorabuena a los ganadores!

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1º PRIMARIA

1er IO M E PR

LA BURBUJA- BUBU Había una vez una burbuja que quería subir a una montaña con mucho agua y jabón “porque si no me exploto”, pero lo que pasó fue que no pudo subir porque se resbalaba, entonces cogió unos bastones de burbujas que le ayudaron a subir y entonces vivió feliz.

Juan Tejerina es el flamante ganador del primer premio.

Juan Tejerina, 1º de Primaria.

2º PREM IO

EL MONSTRUO ASUSTABA

QUE

NO

Había una vez el monstruo Ramón. Asustó a un brujo y el brujo se desmayó, vio una gelatina de color rojo, sus preferidas. Ramón, como era tan listo y tan rápido cogió la gelatina y rápidamente se la llevó, se la comió y se volvió pequeño, pequeño, muy pequeño, de la altura de un microbio. Y se hizo amigo de otro microbio que se llamaba Microbito y Microbito era amigo de Pícara. Y al despertar, el brujo se preguntó: ¿y mi gelatina ZR33? Y se puso a llorar y debajo suyo había el brujo y se rompió porque se le cayeron sus gafas encima. Y se puso sus gafas de agua. Dejó de llorar y se fue a la piscina. Después al circo. Al día siguiente a Andorra, a dormir, a comprar y después al parque de escalada a jugar. Cuando volvió Ramón se puso muy contento porque era 21 de Abril, su cumpleaños, pero solo lo pudieron hacer Microbito, Pícara y Ramón. Miguel Duat. 1º de Primaria. Miguel Duat se alzó con el segundo premio.

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2º PRIMARIA LAS CHISPAS Y LAS GOTAS

1er IO M E PR

Érase una vez unas gotas y unas chispas que no se llevaban bien. Se estaban gastando bromas para saber quién era mejor, si las gotas o las chispas. Un día decidieron hacer un juego para saber quién era mejor, y el juego se llamaba patear el tomate, que era como el fútbol, solo que con un tomate. Al día siguiente el partido empezó y más de uno o pisaban el tomate cuando le daban o le daban con la cabeza y el tomate se explotaba. De repente, un troll gigante se los llevo a su cueva y los ató. Pero una gota y una chispa se desataron, porque la chispa echó a arder la cuerda y la gota apagó el fuego. Al final escaparon e hicieron las paces y montaron una fiesta. Luis Muñoz

PR 2º EM IO

Luis Muñoz y Miguel Castañeda, los dos ganadores de 2º, leyendo sus relatos.

EL NIÑO QUE NO SABÍA MONTAR EN BICI Había una vez un niño que se llamaba Miguel y que no sabía montar en bici. Un día quería ir a una carrera. Había 19 participantes y con él, 20.Estuvo meses en su casa y al final practicó y practicó y se dispuso a echar otra carrera. Era la final. Consiguió ganar y le dieron la copa. Sus padres se alegraron mucho y Miguel fue el mejor niño del mundo. Fin Miguel Castañeda

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3º y 4º PRIMARIA TODAS LAS HAMBURGUESAS ACABAN SIENDO PAPILLA

1er IO M E PR

En el MC Donald estaban las patatas en la bolsa de papel pidiendo su salsa especial. Luego llegó la patata sabelotodo y se enteró de una noticia buena y una mala y se fue a la bolsa de papel, y le dijo a sus amigas las patatas: - ¡Amigos, amigas me he enterado de una noticia buena y una mala! La buena es que la salsa especial se llama Ketchup y la mala es que no nos lo echan para que nos quedemos a gusto, lo hacen por los humanos, porque nos van a comer a todos ¡Ahhh!- luego vino la hamLas divertidas historias deJaime Yofre burguesa y dijo: - Os estáis gastando la voz para nada, es verdad y Daniel Izquierdo han ganado en la que nos van a comer a todos, pero no hoy, porque esta cerrado. modalidad de 3º y 4º de Primaria. Y dicen todas las patatas: – Maldita hamburguesa, ¿por qué no has venido antes?-. Pasó todo y las patatas se pusieron la medicina patatera para la voz: una pizca de sal. Un mal día, nuestras amigas las patatas y las hamburguesas murieron ante un menú extra. Jaime Yofre

EL LIMÓN MUDO Érase una vez, un limón mudo y todo el mundo se reía de él. Era verano. Más tarde, llegó una carta a su buzón. La abrió, la leyó y ponía: “Limón mudo, sé donde está tu voz. Está en el castillo tenebroso robado por el Trol Roba-voces. Ten mucho cuidado. Un beso, tus padres”. El limón mudo anduvo durante días, hizo muchos amigos que le acompañaron todo el viaje. Entraron en el castillo, no veían nada, de repente algo hablaba de forma solitaria en la parte más baja del castillo. ¡¡ Era su voz !!. Pero había un problema: ¡El Trol! Bajaron las escaleras pero el Trol les vio y les encerró.Una hora más tarde aparecieron el gato con botas y el flautista de Hamelín. El flautista se llevó al Trol y le quitó las llaves y se las dió al gato para que les sacara de allí. Volvieron a casa, el limón con su voz y el Trol en su mazmorra. Daniel Izquierdo

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5º y 6º PRIMARIA La ranita presumida

1e PRE r MIO

Este cuento lo escribo para que disfruten las personas a las que les gusten los relatos breves, aunque yo prefiero llamar al mío, como ya he dicho, cuento. Mi cuento se remonta a principio de los años veinte, en una charquita de un arroyo cerca de la vía del tren que pasaba puntualmente a las 11:50. Era una ranita llamada Lengua. Su madre le había llamado Lengua porque tenía la lengua más larga y pegajosa de todas las ranas. La pequeña Lengua tenía la voz más bonita de todas las charcas, pero no debía forzarla. Para colmo de males, Lengua tenía la piel más bonita de todo el mundo, su piel era bonita y delicada. Aparte de eso, Lengua era una rana normal, verde, con ojos saltones y patas palmeadas. A Lengua le gustaba jactarse de sus cualidades, y hacía que las demás ranitas se pusieran tristes. Un día se estaba pavoneando de su lengua, su voz y su piel, cuando las demás vieron en el reloj de la estación que eran las 11:48, al acordarse del tren salieron corriendo todas, todas menos

una, Lengua. Lengua siguió pavoneándose y, al enseñar la lengua se le quedo pegadas a las vías del tren. Al intentar despegarla, se le hizo un nudo gordísimo. De repente, oyó el sonido del tren y pensó: “Debería pedir ayuda, pero entonces mi voz se dañaría.” “Debería apartarme, pero sin lengua quedaría.” “Debería tumbarme, para no ser aplastada, pero mi piel a sucia tornaría”. Y entre pensamientos en vano y pensamientos en vano, de nuestra protagonista solo quedó un anca: Este cuento tiene una bonita moraleja: Córtate la lengua, no seas vanidoso y serás más feliz. Julia Cachinero, 5º de Primaria.

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5º y 6º PRIMARIA Christan Rande Esta historia empieza en la época

2º MIO

PRE

medieval, cuando un príncipe (no muy joven) estaba a punto de ser coronado. Su nombre era Christian Randee, era un buen caballero ya que tenia una gran habilidad con la espada. Tenía un escudero un tanto mugriento, con el que compartía sus aventuras. Un buen día, se fue con su carruaje a dar un paseo. De repente, se encontró en un lugar distinto, ¡una ciudad moderna! No había árboles, en cambio, se encontraba rodeado de edificios. Se quedó perplejo al verlo. De repente, la gente que tenía alrededor se fue alejando ya que vestía las ropas de aquella época: unas sandalias de cuero, una falda de color amarillo, un cinturón con una funda que tenía en su interior una afilada espada, una cota de malla, encima, una peto y una capa roja. De inmediato se acercó a una persona y le gritó: -“¡Eh!”, inclínate ante mí y dime, ¿qué constructor ha sido el que ha mandado construir ésto en mi territorio? El pobre ciudadano se puso a andar rápidamente para alejarse de él lo antes posible, pero no le sirvió de mucho porque nuestro caballero se puso a perseguirlo y, cuando cruzó una calle, le pitó un conductor. Entonces se acercó al coche y creyó que era una catapulta. Le gritó a su escudero y empezaron a llevar una piedra muy grande encima del coche y gritando:

- ¡Tira esta piedra a esa persona! El conductor, muy enfadado abrió la puerta y Christian y su escudero se asustaron tanto que se fueron gritando al museo británico rompieron los cristales y pasaron a la parte de la Edad Media. Se tumbó en una cama que estaba de exposición y se puso a escribir un poema. Mientras, sin que se diese cuenta, sus pies se iban petrificando. Cuando acabo se echó a dormir. Al amanecer, despertó en su cama, mientras, en el museo, estaba su cuerpo petrificado con el poema en la mano: “ Llegué a este lugar, con un aspecto singular, surgí de la nada, como si fuera un hada y no me trataron bien, sino de una forma muy cruel. Ya quiero volver a mi tierra, mi castillo, mi planeta”.

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Diego Fernández Rueda, 5º de Primaria


1er PRE MIO

1º y 2º Secundaria D

e repente, me encontré en la cola de un supermercado, de esos mal iluminados que huelen a hortalizas y cuyos dependientes jamás cruzan una palabra ni una mirada, ni siquiera un ínfimo gesto de amabilidad. De esos lugares en los que sientes frío, simplemente por el hecho de encontrarte solo en un sucio pasillo de cereales, sin saber bien si tienes algo que comprar o tan solo vas allí porque sabes que necesitas un sitio donde aceptar que estás deprimido. Reflexioné sobre la razón por la que me encontraba allí, solo, escuchando el ruido de la pistola del dependiente al pasar por el código de barras. Pagué por lo que había comprado sin llegar a creerme mi situación. Anduve durante horas dando vueltas por los límites de un parque para perros. Perdí la noción del tiempo mientras andaba sin rumbo, tan solo dando vueltas. Con la mirada fijada en el horizonte pero sin ver nada. Solo me veía a mí mismo en mi espiral de oscura soledad. Después de interminables horas de vagar ininterrumpidamente por el parque, comprendí mi desgracia y encontré la cura. Dejé las bolsas de la compra en el suelo y comencé a correr hacia mi casa. Comencé a mirar lugares exóticos que visitar en Internet. Pero todos eran destinos convencionales y de ofertas para familias numerosas. Hasta que encontré una página en la que decía: “Destinos exóticos para hombres solitarios”. Desde el avión se veía todo muy pequeño. Estaba muy nervioso pensando en los peligros que podía correr allí. Sin saber hablar el idioma local ni haber leído una sola frase sobre su cultura religión o forma de vivir. No sabía cómo sería el sitio al que me dirigía, solo sabía que allí ocurriría la aventura de mi vida. Aterricé en un aeropuerto chileno. Era espacioso y limpio, pero daba la sensación de enorme desorden en cada rincón. Supongo que así son todos los aeropuertos, pero nunca he viajado después de aquello ni nunca había viajado antes, por eso no lo sé. Acabé exhausto. Tardé mucho en encontrar transporte hasta la isla de Tierra del Fuego, pero acabé por encontrarlo. Aquella avioneta verde con un lazo a modo de bandera era un transporte moderno, rápido y ligero. Me llevó desde Chile hasta Isla de Tierra del Fuego en apenas dos horas. La mujer que me llevó no me cobró demasiado por el vuelo. Pero tampoco me regaló nada. El vuelo fue como un trayecto en taxi, uno de esos en los que el viajero va inmerso en sus asuntos mirando abstraído a través de la ventanilla y el conductor se limita a decir sonriente -Hemos llegado- y cobrar. Tierra del Fuego era un lugar espectacularmente bello. Era un punto entre el Atlántico, el Pacífico y el Antártico en la punta más baja de Sudamérica. Tierra del Fuego, Isla Nova y la isla de la Desolación eran tres islas que formaban el Archipiélago del Fuego. Estaban dispuestas en una especie de triángulo. Isla Nova era posesión chilena; la Isla de la Desolación eran tierras olvidadas de los argentinos, pero allí no vivían más que nativos de las islas. Tierra del Fuego era una isla dividida. Parte de la isla perte-

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1º y 2º Secundaria necía a Chile y la otra parte a Argentina. La bandera de la zona argentina de la isla representaba un águila. Por encima de sus alas se extendía la noche estrellada y por debajo de ellas quedaba el amanecer. La leyenda cuenta que el águila era la encargada de arrebatarle el día a la noche. La bandera de la zona chilena de Tierra del Fuego representaba una constelación capaz de guiar a los nativos de las islas del fuego. Las estrellas que la formaban brillaban sobre un cielo azul echado sobre los montes Darwin en el horizonte. Por toda la isla se extendía un grueso manto de hielo, escarcha y nieve. La gente trabajaba silenciosamente, todos ellos con las lágrimas a flor de piel. Esto le restaba encanto al lugar y a mí, que intentaba huir de mi ruin vida, no me gustó nada. Harto de ver la desolación en los rostros de la gente, me acerqué a una mujer y le pregunté cuál era el motivo de su llanto. La mujer tenía unos ojos verdes profundos y francos, que reflejaban la tristeza más honda que jamás pude contemplar. Su rostro moreno y sus mechones de pelo negro y ondulado se grabaron en mi mente a fuego. Nunca olvidaré el rostro de esa joven. Cuando habló su voz sonó dulce pero teñida de la más honda pena. -El águila, el águila está herida y no vuela más.-me dijo apenada -No te preocupes, seguro que tu mascota se pondrá bien- respondí pensando qué clase de persona tendría un águila. -No es mi mascota, es el águila, es Ketre. La de la leyenda, el águila que ha de arrebatarle la noche al cielo para regalarle el día. ¿Es que no te has fijado que ya no amanece? Miré al cielo desconcertado, apenas eran las dos de la tarde y el cielo estaba sumido en la más profunda negrura. –Dice la leyenda que esta águila es eterna, que nunca morirá. Pero los que han ido a buscarla para darle un remedio, no lo han conseguido. Todos dicen que morirá. Y si ella muere todos la seguiremos, pues el frío de la noche no alberga otra opción. Pero aún queda esperanza, existe otra leyenda, que dice que sólo una persona puede ayudarnos. Dicen que en sus ojos se puede leer la verdad, que aquello que piensa se refleja en sus pupilas. Dicen que ha vivido una vida desfavorable y que viene aquí para emprender una nueva. Dicen que el águila morirá. Pero se reencarnará en aquél que ha venido a construirse una nueva vida. Dime extranjero, ¿eres tú esa persona? El miedo corroía mi cuerpo. Era cierto que la noche se cernía por encima de mi cabeza a pesar de ser mediodía. Era cierto que yo había venido con el fin de encontrar un hogar y de empezar de cero. Y también era cierto que desde pequeño mis ojos transmitían todo en lo que yo pensaba. Todo era cierto. Miré con el terror inculcado en mis ojos y la indecisión en mis venas. La mujer miró en mis ojos y leyó la verdad. Horas después me encontraba en el viejo bólido del marido de aquella mujer. Antes de salir de mi casa en Toledo, me había prometido que correría una aventura. Y allí estaba yo, en un coche de los años sesenta, dispuesto a subir hasta la cueva del águila y aguardar a su muerte para dejar que su cuerpo y mi alma se fundiesen es un solo ser. Apenas unos días después, llegamos a la cima de la montaña; fue entonces cuando descubrí que la montaña en realidad era un volcán. Dentro no había lava ni nada aparentemente peligroso así que me metí. El volcán estaba lleno de salientes colocados a modo de escalera. Bajé durante horas preguntándome si Julio Verne encontró allí el centro de la tierra, pero en vez de eso, desemboqué en una amplia habitación. Era un círculo en cuyo centro se hundía un pequeño cráter. Y entonces lo vi. De sus alas emanaba un suave brillo naranja, como un halo. Tenía un pico poderoso y unas garras afiladas y mortales, pero solo me fijé en esto mucho tiempo después. Lo más llamativo eran sus ojos, unos ojos del color de la miel, como ámbar, como la luz del amanecer. Estos ojos no tenían pupila, solo eran un círculo de oro líquido que parecía capaz de derretir cualquier cosa. Su pico se entreabrió y su voz retumbó por toda la cueva. -Me muero -dijo con una voz clara y firme pero afectada -. No estoy herida como dice la gente de la isla, es solo que ya soy muy mayor. Nací con el mundo pero no moriré con él, el mundo necesita seguir adelante y yo no puedo aguantar más. Pero necesito un sucesor, alguien que continúe con lo que yo he empezado o al final… - Hizo una

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1º y 2º Secundaria

pausa cerró los ojos y suspiró, cuando volvió a abrir los ojos parecía más cansada que nunca. La fuerza vital se escapaba rápidamente de su ser y con sus últimas fuerzas añadió: - Te necesito. Acto seguido murió. Y yo sentí de repente una enorme tristeza pero a la vez un enorme júbilo en mi interior. Abrí los ojos y observé alrededor. Había un cadáver a mi lado. Un cadáver humano, mi cadáver. –Ahora soy Ketre, el águila -pensé. Era fuerte rápido y ágil. Pero sentía un enorme vacío en mi interior. Salí de la cueva. Enterré el cadáver de mi antiguo cuerpo y eché a volar. Por delante, la fría noche de invierno, manto capaz de helar el corazón del dios más malévolo, por detrás de mis plumas de fuego se extendía un amanecer tan bello y lleno de luz que era capaz de enternecer hasta el más duro corazón, los rayos de luz del sol penetraban en cada una de mis fibras haciéndome sentir vivo de nuevo. Desde algún punto de la isla unos ojos verdes profundos y francos observaban con aprobación el vuelo del águila que debe arrebatarle la noche al cielo para entregarle el día, Ketre, yo. Beatriz de la Puente, 1` de secundaria.

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1º y 2º Secundaria 2º MIO

PRE

La última batalla

Siete años llevo sin ver la luz o a ningún ser vivo en este oscuro mundo asolado por la guerra. La tierra está muerta y unas extrañas criaturas llamadas Sombras campan a sus anchas acabando con cualquier loco que se aventure por los áridos parajes, lejos de los fuertes y castillos. Nuestras fuerzas se preparan para la última batalla de los hombres, pues nadie sobrevivirá, todos sucumbiremos al fuego y al acero. Todos los soldados piensan lo mismo, pero no se atreven a decirlo, pues prefieren aprovechar sus últimas horas con sus seres amados. Ahora reina la quietud y el silencio, solo se oye el relincho de los alterados caballos. Por mucho que nos quejáramos al general de que éramos demasiado pocos, él insistía en que éramos más que suficientes. En los últimos años la caballería ha pasado de siete mil hombres a solo treinta; nuestras fuerzas, contando caballería e infantería, han quedado reducidas a quinientos hombres. Quinientos hombres contra más de diez mil bestias con armas mucho más avanzadas que nuestros arcos, lanzas y espadas. Al amanecer, partimos hacia una muerte segura. Nadie tuvo el valor de decir nada durante el viaje, se limitaban a mirar a los Sombra que nos acechaban desde los cerros, esperando para cazar a los rezagados. Después de largo tiempo caminando hacia la nada, rompió el silencio un ligero silbido y, tras un leve chasquido, un soldado se desplomó, y mientras exhalaba su último suspiro en aquel desfiladero todos nos giramos, viendo una flecha teñida del color de la muerte atravesando su torso y su cota de malla. La caballería pusimos lanzas al frente y acariciamos por última vez las crines de nuestros caballos. Cabalgamos con los ojos cerrados, deseando que todo hubiera sido una pesadilla, pero me vi obligado a abrirlos cuando mi lanza atravesó a una de esas bestias. Las flechas volaban sobre nuestras cabezas y el choque de los aceros nos ensordecía, los soldados caían abatidos atravesados por flechas y espadas. Los cuerpos de hombres y bestias se apilaban a nuestro alrededor. Mi corazón latía desbocado cuando vi a mi compañero de toda la vida caer. Me aproximé a él y bajé de mi herida montura. Al arrodillarme junto a su agonizante cuerpo, noté un ligero pinchazo. Él me miraba atónito al pecho mientras yo presionaba su herida. Cuando dejó de respirar, me miré el pecho, que cada vez me dolía más, y vi la punta roja de una flecha. Mi vista se tiño de rojo, miré a mi alrededor viendo los cuerpos de mis compañeros tendidos sobre el árido suelo. Mi corazón latía despacio y cada vez me costaba más respirar. La luz me hacía daño, por lo que cerré los ojos para no volver a abrirlos nunca. David Villares, 2º de Secundaria.

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1º y 2º Secundaria RELATO DEL PIRATA

3er PRE MIO

Cuenta un relato de cuyo nombre no puedo acordarme que un famoso pirata muy temido, pues rey del mar era; tras haber surcado mundo entero ahora sobre el Mediterráneo destrozado estaba. No por culpa del trayecto, sino que como se dice, “navegante enamorado es navegante ahogado”. Pues tal era su amor que su vida varias veces había arriesgado. Normal, tan bella era ella…de cabello ondulado, suave a pesar de su largo. Todo el mundo decía que sus ojos eran faros. Cierto es que tenía un defecto era demasiado salada, pero aun así, él la amaba. Se creía que poseía poderes, mas cuando enfadaba, las aguas turbias quedaban y el capitán pirata gritaba: “Navega velero mío que ante el frío y tormenta nuestra proa sigue recta, y aunque mi amada enfadada se la pueda ver, daño no me quiere hacer por ello nuestro camino no se ha de torcer”. Pero si ella alegre estaba el pirata la cantaba: “Tan hermosa tú eres debes caer en mis redes así conmigo estarías, ¡mi esposa serías!” Su amor cada día era más fuerte, hasta que no lo soportó y aun jugándose la vida, a por ella se lanzó. Ella, le suplicó, le rogó, pero él no lo aceptó, pues un velero les separaba. Acabó enojada y como es de suponer el oleaje se empezó a torcer. El pobre capitán ciego de amor no vio lo que ocurría pues su dulce melodía se perdía por las profundidades del mar… Poco tiempo tuvo para recordar su valiosa vida: Fue su barco; sus hazañas, su espíritu; la libertad, su única razón: su amada junto a la que permanecerá: la mar. Yolanda Martín 2º Secundaria

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3º y 4º Secundaria

1er PRE MIO

EL SECRETO DE LA VIDA El sol despuntaba entre las montañas y el cielo se adivinaba de un color azul claro, manchado de nubes blancas. Estaba acabando de afeitarme cuando advertí que alguien llamaba a la puerta. -Es la hora-dijo una voz apagada. Rápidamente me abroché el cinturón y agarré por la culata el rifle que se encontraba cercano a la puerta. Aunque fuese mi deber, sabía que lo que iba a hacer se encontraba fuera de toda lógica humana. El sargento ya estaba preparado junto a la puerta, impecable. Con ese rostro inexpresivo marcado por varios años de experiencia en el campo de batalla. Nos esperaba a mí y a mis compañeros. Eran las siete y media, los prisioneros se alinearon dándole la espalda a una pared blanca agujereada por el tiempo y por la locura de generaciones de odio y miedo. -¡Carguen! Observé uno a uno a aquellos hombres, de rasgos polacos, y todos parecían asustados, todos menos uno. Era robusto y de cabello rubio. Sus ojos verdes no mostraban ningún temor. Yo ya le conocía, habíamos tenido una conversación días antes. Uno frente a otro, separados por una reja de metal fría y áspera, ambos sentados sobre taburetes de madera carcomida. Me explicó con tristeza que pertenecía a un grupo de campesinos que, al verse sorprendidos por el enemigo, habían intentado revelarse sin éxito alguno. Dio la impresión de que le inspiraba confianza, pues me confesó que su familia huía hacia el Sureste. Nunca olvidaré aquella serenidad y seguridad que reinaba en su rostro. -¡Apunten! Yo no había tenido ningún hijo hasta entonces, puesto que la cárcel y un manchado historial me

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3º y 4º Secundaria lo habían impedido, y arrastraba un asunto pendiente desde hacía años. Por eso, después de aquel día me juré a mí mismo que haría todo lo posible por ayudar a su mujer y a su único hijo. -¡ Fuego! Su cuerpo se desplomó sobre la tierra húmeda. * * * Al finalizar mis servicios como soldado, dediqué todo mi tiempo a la búsqueda de aquel hijo que nunca tuve, con el fin de ayudarle económicamente y de que así pudiera tener una vida, desde mi punto de vista, digna. Para mí, la aventura no hizo más que comenzar, y sabía que pronto la policía de Berlín me encontraría y me declararía culpable de un asesinato en el que nunca tomé partido, y de cuya acusación había huido, alistándome en el ejército. Los rayo de sol dibujaban manchas sin formar sobre los árboles, y pude oír el despertar de la mañana. La naturaleza me ofrecía un espectáculo no solo audible, sino también palpable y visible. Había dormido a la sombra de un viejo roble, a mitad de camino entre la frontera de Alemania y la capital de Polonia, Varsovia. Aquel día lo dediqué enteramente a andar. Ni rápido ni lento era mi ritmo, ni desinteresado se me hacía mi propósito. Cuando cayó la noche decidí descansar en una posada a unos kilómetros de Varsovia para poder llegar temprano a mi destino. Ya en la capital, sentado en un antiguo y poco cuidado café, situado en la plaza mayor, fui testigo de algo que alertó todos mis sentidos. Dos policías entraron en la estancia. Uno era alto y corpulento, y me miraba fijamente. El otro, bajito y sudoroso, consumía un cigarro a medio acabar con tranquilidad, al no percatarse de la situación. Rápidamente pedí la cuenta y eché a correr. El policía de porte ancho pareció reconocerme, y avisó a la Gendarmería. Allí habían informado de que un sospechoso asesino había llegado a la ciudad, junto con un informe en el que aparecía la foto del supuesto criminal. Para mí, los minutos siguientes fueron confusos. Sabía que me habían estado siguiendo, pero no que me sorprenderían de aquel modo. Corrí entre las callejuelas de una ciudad transformada por los alemanes, dormida y entristecida por los rusos, y tuve la suerte de dar con la estación de tren de aquel barrio. Pedía un billete cualquiera, con tal de salir de aquella situación tan incómoda, pero justo en ese instante, me percaté de que mi cartera se hallaba vacía, y tuve que saltar el vallado para introducirme en uno de los trenes que allí estacionaban. “ Había ganado la batalla, pero no la guerra” pensé, confuso. Me desperté en un viejo asiento del vagón tres. Era de noche, había pasado toda la noche durmiendo. Me levanté y me dirigí hacia el bar.

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-Perdone, ¿me podría decir cuál es la última parada de este tren?- le pregunté con suavidad a la joven que estaba al otro lado de la barra. Entonces, observé cómo dos figuras extrañamente familiares se aproximaban hacia mí. Salté, y eso es lo único que recuerdo. Me desperté con una herida en el hombro derecho y una magulladura en la cabeza. Caminé sin rumbo fijo hasta que di con un pequeño y extraño pueblo, sacudido por las sombras. Me alojé en un discreto y sencillo hostal, cuyo nombre parecía ilegible. Día más tarde ya había conseguido hacerme con un viejo coche usado, y me encaminé hacia el sureste. Tuve poca suerte con los dos primeros pueblos, pues en ninguno se conocía el apellido Stefaniac. Tampoco en el tercero hallé lo que andaba buscando. Ya sin esperanza, di con un peculiar pueblo a orilla del Vístula. Llamé a la primera casa, con la intención de que me dieran algo de comer, y resulté encontrarme con un rostro que se me antojaba familiar. Rubio, aunque de ojos marrones, aquel hombre se llamaba Pawel Stefaniac. Me acogieron y me invitaron a sentarme a su mesa. Aproveché ese momento para contarles mi historia y mi encuentro con su padre. Pawel, entristecido y sorprendido, me ofreció alojamiento temporal. En esos días vi lo mismo que había visto en el rostro de su padre, y entonces comprendí que aquel hombre no necesitaba dinero alguno, que había encontrado el secreto de la felicidad. No tengo palabras para agradecerles lo que hicieron él y su madre por mí desde entonces. Y durante aquellos años de paz reflexioné sobre aquella frase que pensé un día, y llegué a la conclusión de que daba igual ganar o perder la guerra, y de que si aquellos hombres me encontraban, iba a estar en paz estuviese donde estuviese. Javier Borén. 3º de Secundaria

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1º y 2º Bachillerato MIÉRCOLES, 17:09 Aquel día, la cuesta me pareció interminable.

1er PRE MIO

Justo cuando, al fin, logré llegar arriba, vi un autobús pasar de largo. Evidentemente, se trataba del mío. Me paré en seco. Miré la hora: las cinco y diez. Normalmente pasa a las cinco y cuarto. Me sentía profundamente indignada. Por alguna extraña razón, el autobús que tenía que pasar prácticamente por la misma puerta de dos colegios a la hora en que acababan las clases, se había adelantado cinco minutos. Inexplicable. Miré a mi alrededor, la gente pasaba sin más, sin percatarse de la gravedad de la situación. Crucé la calle cabizbaja y me senté en la parada, dispuesta a esperar (durante una hora) al siguiente autobús. Saqué un libro de la mochila y me puse a leer un relato de Cortázar. Un hombre leía una novela sentado en un sillón de terciopelo verde, de espaldas a la puerta para, de algún modo, evitar posibles interrupciones. La novela trataba sobre dos amantes que se encontraban en un bosque y planeaban matar al marido de ella. El amante, siguiendo las instrucciones que le había dado previamente la mujer, entraba en la casa, provisto de un cuchillo, subía lentamente por las escaleras y abría la puerta del salón, donde encontraba a su víctima, leyendo una novela, sentado

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en un sillón de terciopelo verde, de espaldas a la puerta… Me gustaba el cuento, en especial su final abierto, que daba pie a que el lector se imaginase el desenlace. De modo que como tenía tiempo (gracias a la bendita puntualidad suiza que, de la noche a la mañana, había desarrollado aquel conductor de Albacete), eso fue exactamente lo que hice: decidí continuar el relato. Al leer aquello, el hombre, sobresaltado, cerró el libro, se levantó del sillón y se dio la vuelta, con el objeto de comprobar si había alguien en la puerta y, en caso de que fuera necesario, plantarle cara. Nadie. Se atrevió incluso a abrir la puerta y echar un vistazo al resto de la casa: nada. Se encaminó de nuevo hacia la sala de estar, pensativo, intentando convencerse a sí mismo de que se trataba tan solo de una coincidencia, asombrosa, sí, pero solo una coincidencia. Le temblaban las manos. Temeroso, cogió el libro, lo abrió por la página cuarenta y dos y siguió leyendo. El asesino se aproximó a su víctima que permanecía sentado en el sillón de terciopelo verde. El suelo chirriaba bajo sus pies… Oyó un ruido, tiró el libro, se dio la vuelta y, de nuevo, vio que no había nadie, estaba completamente solo. Entonces trató de tranquilizarse y analizar fríamente la situación: ¡Le daba miedo una novelilla romántica! Se rió de sí mismo, recogió el libro del suelo y siguió leyendo. Cuando el asesino ya estaba lo suficientemente


1º y 2º Bachillerato cerca de su víctima, le asestó una violenta puñalada en el costado. Dejó de leer de nuevo. Sentía un intensísimo dolor punzante en el abdomen, en el lado izquierdo, justo debajo de las costillas. Se acabó. Temiendo por su vida, tiró el libro por la ventana y decidió ir a hablar con el mismo autor de la novela: J. K. Calvin, cuyo paradero, como buen escritor de novelas románticas de moda, era por todos conocido. Un par de horas y de secretarias sobornadas más tarde, se encontraba en el salón del mismo Calvin, disfrutando de un té con pastas. Fue una conversación extraña, cuanto menos, la que mantuvieron, pues el señor Calvin no pareció sorprenderse lo más mínimo cuando nuestro protagonista le expuso su problema. Calvin le explicó que la literatura, como toda forma de arte, se encontraba sujeta a la apreciación de cada individuo, en este caso, del lector. - El texto literario - prosiguió, al ver la cara de su anonadado interlocutor - está condicionado…, es más, me atrevería a decir que depende completamente de la interpretación que uno quiera darle, de la forma en que cada uno “represente” la trama en su imaginación, del modo en que vea a los personajes, e incluso de la propia vida y experiencias personales previas del lector; es precisamente ahí donde reside la magia de la literatura. Por eso precisamente soy escritor y también por ese motivo intento hacer que mis novelas estén, por así decirlo, lo más “abiertas” posible y que, de este modo, el lector pueda involucrarse en ellas hasta el punto de poder llegar a convertirse en un personaje más…

Levanté la cabeza, acababa de llegar el autobús. Guardé el cuaderno en la mochila, subí y después de una media hora de trayecto, un trasbordo en Moncloa, otros diez minutos y una conversación en el ascensor con la vecina del 5ºB acerca del tiempo, de la crisis y del collar periesofágico del que, en el sistema nervioso anular de la gran mayoría de los equinodermos, parten cinco nervios radiales hacia otras tantas partes del cuerpo, llegué a casa. Aquella misma tarde, cuando escribía una disertación en francés sobre la repercusión estética de las hombreras en la sociedad española de los años 70, sonó el teléfono, alguien preguntaba por mí. No tardé en darme cuenta de que se trataba del mismísimo Julio Cortázar que, enfadado, llamaba para hablarme de su cuento. Por lo visto, le parecía fatal el final que me había inventado para su relato, en primer lugar, porque acababa con el misterio y la intriga del mismo al eliminar su ingenioso final abierto y, en segundo lugar, porque encontraba de muy mal gusto que hubiera incluido una reflexión sobre la importancia de la interpretación subjetiva de la literatura en boca de un escritor de novelas románticas de tres al cuarto, a quien lo único que le importaba era vender ejemplares, como si de meros productos comerciales se trataran; él no buscaba el arte en la escritura, sino beneficio personal, fama y dinero. - Y sé de lo que estoy hablando - añadió Cortázar - . Yo mismo creé a ese escritorcillo a través de los lujuriosos personajes de su novela. Avergonzada, le pedí perdón, jamás habría querido ofenderlo, y menos a través de la creación literaria. Pero, cuando me estaba disculpando, empezó a cantar. Al principio no lo entendía muy bien, algo relacionado con acelgas…Reconocí la canción, era la de mi despertador. Abrí los ojos, miré la hora y me dispuse a vestirme para ir al colegio. Irene Cerdá, 2º de Bachillerato.

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1º y 2º Bachillerato OUDE KERK

2º MIO

PRE

Se abre y se cierra el telón, detrás la decapitación de un ser inferior. Las mofas de su alrededor se oían hasta el cerrar de sus ojos contra la pared, la sangre fluía y no paraba, aún así nadie le dio importancia. Delante una prostituta, con labios de carmín, redondeadas caderas, corsé apretado que le hacía unos senos firmes, arropada con una capa parda. Era su amante, su cara repleta de sangre le hacía un rostro de aspecto melancólico. Le echaba de menos, se tiró a sus pies sin saber muy bien qué hacer, quiso llorar pero no pudo, la ira hacia el ejecutor le nublaba la cabeza.

trompicones corrió y sus tersos pechos amenazaban con salirse mientras se teñían de rosáceo de la sangre diluida. Dobló una esquina y sintió que alguien la agarraba, el hombre embozado la subió a su espalda y comenzó a correr por las transitadas calles de Amsterdam, hasta llegar a un oscuro callejón, el único transeúnte era un pobre al que le propinó una estocada que le atravesó el corazón. Entró en su morada y la tumbo en la cama, ella muy cansada perdió el conocimiento.

La gente no sabía a quién mirar si a la prostituta o al cadáver, una mujer se acercó a ella y le puso la mano en el hombro, quería darle ánimos. “No pienses más en ello, era su destino”- dijo la mujer. La prostituta se giró cabizbaja, ella pensaba cómo se había podido llegar a ese punto. A nadie le pueden matar por aquel error, aunque ella no sabía el error, como todos los amantes se ocultaban cosas. -“ No se lo merecía”- dijo la prostituta. Comenzó a llover, la gente se fue. La sangre se diluía y corrió sobre el suelo, la prostituta no se movió, notaba la extraña presencia de un hombre que la observaba. Era verdad, alguien en la esquina la estaba observando, estaba embozado, en cuanto ella fijó la mirada en él, él desapareció. Entre

…Se despertó, al lado de su cama encontró un té y unas pasas de colores, el hombre sentado al otro lado de la habitación fumaba opio en su pipa, ella no sabía qué decir, lo único que se pudo articular fue: -“¿Qué ha pasado?”. El hombre no daba síntomas de responder, tras la ventana se podía ver la catedral de Oudekerk en construcción, la mujer repitió la pregunta con un tono más enfático: -“¿Qué ha pasado?”-. El hombre se levantó, dejó la pipa y se desembozó, era su amante. “Cariño, por fin estamos solos”-.

Julio De La Cámara Hernández, 1º Bachillerato

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LiNGua eXPReSSa nº 69