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Aris es un chico de 24 años, perdido en la vida, inseguro, desconfiado y arrepentido toda su vida de lo que no ha hecho. Solo está seguro de una cosa, y es pasar el resto de su vida con su princesa, su princesa moderna. En una noche, reunido con sus amigos, como hacía de manera habitual, empieza a hablar sobre princesas y les explica a Alejandro y Felipe, sus dos mejores amigos, el porqué la considera princesa, y al mismo tiempo, cómo está de distorsionado por la sociedad, según él, el concepto de Princesa.


Carlos Macedo “Charrúa”

PRINCESA MODERNA


Título original: Princesa Moderna Autor: Carlos Macedo “Charrúa” Diseño de la portada: Delfín Mestre Editor original: Charrúa TiVí Corrección de erratas: Mi perro, Chiqui. Consejos de escritura: Lucas Falcó.


Dedicado a todas las princesas, que dĂ­a tras dĂ­a luchan por ser ellas mismas, a pesar de esta sociedad de mierda en la que vivimos. Y por supuesto a ti, mi princesa, que haces que mis dĂ­as valgan la pena.


Escrito entre Noviembre y Diciembre. En Mataró, mientras vivía soñando, y soñaba despierto. Porque soñaba con volverla a tener, y tenerla para mi siempre ha sido un sueño.


Somos instantes de los que nunca se olvidan. Somos momentos. Somos risas, llantos, alegrĂ­as y penas. No somos perfectos, somos reales. No somos nada y lo somos todo.

SOMOS NOSOTROS


PRINCESA MODERNA CARLOS MACEDO


Y ahí estábamos, los tres de siempre, como cada noche. Era nuestro ritual, nuestro espacio, nuestro sitio de confort. Nos encontrábamos como si se tratase de un bar de los de antes, donde los amigos se reunían para hablar de todo tipo de cosas. Ése era nuestro “bar”. Nuestro sitio de sinceridad, relajación y donde solo pensábamos en ser libres. Disfrutar de la compañía del otro, aunque estuviésemos a miles de kilómetros de la otra persona. Así es. Cada uno en su casa, disfrutando de una partida de un juego asqueroso e insulso, en la cual no prestábamos demasiada atención. Solo era una excusa para bebernos esa cerveza virtual de cada noche, en nuestro momento de desahogo y liberación. Disfrutábamos de partidas absurdas de un juego muy malo, pero tan bueno, como para reunirnos casi cada noche, y más allá de rescatarnos de tanta mierda vivida durante el


día, para sacarnos una sonrisa y pensar que el día siguiente podría ser diferente y mejor, o al menos, no sería tan malo como lo había sido ese que acabábamos de vivir. Siempre hablábamos de todo tipo de cosas. Desde las más serias hasta las más incoherentes, aunque sinceramente, predominaban más las absurdas. Las de la risa fácil. Esas que con gestos o simples palabras te transportan de ese mundo lleno de decepciones a un mundo paralelo donde estaba con dos personas que sentían lo mismo que yo en su día a día, y que estando juntos, provocábamos ese momento de felicidad y evasión que pocas cosas provocan. Pero aquel día fue diferente, aquel día yo, Aris, tenía un sentimiento y pensamiento en mi cabeza que quería compartir con aquellos dos personajes tan surrealistas que eran mis amigos. Un sentimiento de júbilo entre tanta mierda diaria que provocaba en mi tanta felicidad que tenía que soltarlo.


Al mismo tiempo, entre tanta alegría, se me planteaba una cuestión sobre un concepto que parecía que no encajaba en mis ideales y... ¿Qué mejor ocasión que soltarlo en aquel momento “bar”? Sucedió en una noche como cualquier otra, y al mismo tiempo especial y única. Tras una partida en la cual habíamos quedado todos bastantes cabreados (es lo que pasa cuando le das mas importancia al propio juego que a la situación que te provoca estar en ese juego), plantee la pregunta. Realmente en ese momento, si lo pensaba fríamente, cualquier reacción por la parte de ellos hacia mi, sea el tema que plantease, iba a ser negativa, lo sabía. No tenía que haber planteado el tema si estaban enfadados, pero no lo pensé fríamente, y sin venir a cuento, lo solté:


-¿Ustedes creen que siguen habiendo Princesas? ¿Mujeres la cual tú las miras, y sabes que son Princesas? -pregunté. Obviamente la reacción no fue la que yo esperaba, sino que fue una reacción entre carcajadas, y casi al mismo tiempo se escuchó: -De eso ya no existe hoy en día. -dijo Alejandro. -Las mujeres son todas iguales... -dijo Felipe. Al escuchar esto, en parte me sorprendía, por supuesto, pero en definitiva ¿Qué van a decir? -Dejando de lado como sean: pijas, canis, hipsters, gamers...son mujeres, y las mujeres, son todas iguales. -Insistieron ambos.


Curioso, pensé. Siempre escuchamos decir a las mujeres aquello de que “los hombres son todos iguales”, y ahora resulta que los hombres pensamos lo mismo que las mujeres. ¿No será que buscamos siempre lo mismo y cometemos una y otra vez el mismo error, y por ende, caemos en que todos, tanto hombres como mujeres, son/somos iguales?. Al escuchar lo que dijeron cambié inconscientemente el tono de mi voz para defender mi pensamiento. -Dejando de lado que sean o no todas iguales, algo totalmente discutible, hablo de Princesas. Veo que para la sociedad se supone que la Princesa es aquella chica, arreglada a más no poder, pintada de arriba abajo, en el cual siempre tiene que estar perfecta. Aparentar lo que no es, tener un carácter que no tiene, y querer lo que no le gusta. Sin complejo alguno, y que siempre está por encima de los demás. ¿De verdad es eso una Princesa? ¿Algo que es totalmente falso, y


que solo tiene que estar siempre perfecta, para que la sociedad la tenga bien valorada? ¿Eso es una Princesa? -insistí. Ellos callaban mientras mi tono de voz, indignado, subía. Y sinceramente, es algo que no podía controlar. Pero ahí estaba yo, en mi momento de desahogo contra esta sociedad que últimamente me tenía bastante quemado. Encima con un tema que me dolía aún más. Y era el maldito canon por el cual debemos regirnos para ir acorde al recorrido establecido de belleza y dignidad. Ser lo que no somos para, se supone, estar orgullosos con nosotros mismos. Brutal. -Es que parece que si no es una tía con un cuerpazo surrealista, y que lleve una 36, no es una Princesa, o como mínimo, una persona guapa. Lo peor no es eso, lo peor es ver como los propios hombres son los que motivan a que las mujeres sean así. Porque claro, no vas a defender esto sin que te digan lo típico de:


“Seguro que si viene una chica así, delgadísima, con todo bien puesto, maquillada y arreglada, le dices que no.” ¿Pero quién cojones somos para imponer un ideal de belleza? Dar por sentado que vas a decir a todo que sí, como si solo nos dejásemos llevar por instintos, y en la vida solo se tratase de follar, follar, y follar. Y encima, si le dices que no a los tíos que te plantean esa situación, quedas como un imbécil, que no te gustan las mujeres, y por supuesto, que no sabes de lo que hablas. Porque claro, los hombres estando con otros hombres, afirmamos que el objetivo en la vida es mojar, mojar y mojar. Hasta cansarnos. ¿No? ¿Cómo vamos a decir que hay algo más que eso, o que no es solo eso? ¡Por favor! No podemos tener tan poca hombría... Sí, esos tíos que luego son los que dicen: “las mujeres son todas iguales”, esos tíos. ¿Cómo van a haber Princesas si solo parece que lo que esta bien visto es que te guste lo que la sociedad ha impuesto? Es absurdo todo. Porque claro, si tu tienes como


novia, pareja o ligue, alguien de acuerdo a la sociedad, todo serán palabras bonitas y elogios, pero con que te salgas un poquito de ese límite, estoy seguro que opinarían de todo. Negativo, por supuesto. Criticando por lo que tienes al lado, o tirando del tópico de “es que pega con él”. Me indigna, muchísimo. Porque encima son los que hablan de que han follado un montón, y seguro que tienen las manos peladas de hincharse a pajas. Aparentar, aparentar, y aparentar, y presumir. En esta sociedad de mierda es así, lo real no está bien visto, y es hasta un acto de valentía ser uno mismo sin pensar en el qué pensarán los demás de ti. Alucinante... -insistí. Durante mi monólogo ellos callaron todo el rato. También debido a que yo estaba muy exaltado y no podía contener mi rabia ante los ideales de una sociedad que pide mucho y no se merece nada.


-No te quito razón, la verdad, pero es algo que no podemos controlar y que poco a poco te mete dentro del bucle de mierda que pertenece a lo que nos rodea. Además, las Princesas, hoy en día, no existen. ¿O es que también existe el “Príncipe Azul”? Hoy en día de eso no hay... -dijo Alejandro al poco de callarme. -Claro que hay. -contesté. -¿Ah sí? ¿Y qué es para ti una Princesa? Si se puede saber... -replicó. -Para mi una Princesa es esa chica que es natural, que es real, que no presume de lo que no tiene, e incluso, no presume de lo que destaca. Esa chica que ríe si se quiere reír, que llora si tiene que llorar. Que se arregla lo que realmente le apetece y no como la sociedad manda. Que hace lo que quiere sin pensar en ser juzgada. Que baila si quiere bailar y salta si quiere saltar. Que vive. Que siente que vive. Y que lucha. Una chica que no deja de


comer por llevar una talla 36, sino que lucha por estar a gusto consigo misma, no para complacer a los demás. Una chica que no busca una persona perfecta, sino una persona que le haga la vida mas fácil. Una chica que te apoye, te valore, y aunque sea una tontería lo que te pase, le de importancia. Que le gusten los pequeños detalles, y disfrute de las pequeñas cosas. Eso es para mi una Princesa. Una mujer que puede tener complejos, porque todos hemos pasado por muchas cosas en nuestra vida, pero que su objetivo es gustarse a si misma, y no a los demás. ¿Y sabes qué es lo mejor? Que yo estoy al lado de una chica así. La quiero, y estoy locamente enamorado de ella. Sí, para mi Mónica es una Princesa. Mi Princesa, una Princesa de las de hoy en día, una Princesa Moderna. Para mí, tener la valentía de ser uno mismo, y no de aparentar quien no se es, es muy importante. Digno de muy pocas personas, digno de una Princesa. Y no, no me avergüenza decir que lo es y que me encanta quererla, ¿Por qué saben? No hay absolutamente nada comparado como querer


a una persona que no te juzga, sino que te acepta y valora por lo que eres, tan solo por lo que eres. -concluí. En ese momento ellos dejaron el silencio que mantenían mientras yo hablaba, y sorprendidos por mi reacción, me animaron a luchar por mi Princesa. A no dejar que se vaya. A enamorarla y conquistarla cada día. Y a mantener siempre ese sentimiento e idealización de mi Princesa. Sinceramente, me sorprendió sus reacciones, pero son mis amigos, y si mis amigos no son capaces de apoyarme en todo, incluso en las cosas más absurdas y surrealistas, no lo hará nadie. Por eso son mis amigos. Porque yo sé que son reales. Reales y únicos.


A partir de aquella noche, sé que parte de sus corazones cambiaron, y en cierta forma, mi enfado y desahogo, se convirtió en una salida de luz y esperanza para sus vidas. No siempre está todo perdido a pesar de que la vida nos dé una y otra vez razones para llorar, porque seguro que tenemos alguna, aunque sea solo una, para reír y seguir peleando. Continuamos jugando. Tomándonos la última en aquella habitación con Posters de videojuegos a mis espaldas, pegados en la pared. Sintiendo su olor impregnado en mi sofá, y con la sonrisa y felicidad de que por una vez la vida me estaba sonriendo, en forma de princesa moderna.


CARLOS MACEDO, (Montevideo, Uruguay, 1989). Creador de cosas interminables, y soñador de proyectos consumidos por la vagancia. Perdido por naturaleza y con ganas de todo, realizando siempre nada. Creador de canales en Youtube como: Charrua TiVí (1ra edición), abandonado tras un conflicto moral con la empresa de Partner y las exigencias del contrato. Abandonó ConBdeVlog (su segundo canal), así como también CharrulandTV (otro canal secundario) por falta de ambición en ambos. Creador también de Game Over, apartado por conflictos consigo mismo y por haber dado una visión que no correspondía con lo que se trataba. Actualmente trabajando día a día en Charrúa TiVí, (edición final, esperemos...).


Princesa Moderna