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EL PAÍS DE LOS CEREZOS EN FLOR Diálogo e insomnio En una pieza desnuda, pero iluminada por una amplia ventana, a principio del otoño europeo de 1929, se desarrolló este dramático diálogo: -¿Conoce el idioma japonés? -No. -¿Tiene dinero? -No. -¿Tiene allí amistades, relaciones? . . . -No, pero la Inmaculada proveerá. Los dos protagonistas eran el P. Maximiliano y el P. Provincial, Czupryk. El P. Maximiliano pedía a su provincial el permiso para fundar una Misión en el legendario Japón. Cuando meses antes, el P. General de la Orden, P. Alfonso Orlini, había dirigido un llamamiento a las juventudes franciscanas, para que abrieran sus ojos a las Misiones, el P. Maximiliano se sintió electrizado. Era lo que esperaba y soñaba. Hombre de acción, tenía “el prurito en las manos”. Hombre de visión cósmica, contemplaba al mundo ya salvado a través de la Encarnación y de la Cruz, pero aun desconocedor de esa salvación. Se sentía en ascuas. “El amor de Cristo lo premiaba” (2 Cor. 5,14), como apremiaba a S. Pablo. Educado en la escuela del apóstol de las gentes, hizo suyo el lema: “Me entregaré y entregaré totalmente lo mío por nuestra salvación” (2 Cor. 12,15). Y Maximiliano apuntaba el dedo nervioso sobre el Asia inmensa, donde miles de millones de hombres no conocen a Cristo, ni aman a su santa Madre. Cuando estudiaba en Roma el P. Maximiliano amaba frecuentar los Institutos Misionales, donde se educaban jóvenes asiáticos, africanos y americanos. Por ellos llegaba a enterarse de las culturas, vidas, costumbres, problemas, situaciones políticas, religiosas, sociales de esos países, Pero quizás lo que más le impresionó, fue un casual encuentro con un grupo de estudiantes japoneses. Viajaban juntos en el mismo tren. No hubo conversación ya que uno y otros debieron apelar a la ayuda de un tercer idioma más o menos chapurreado. Sólo hubo breves frases, unos cortos saludos, que terminaron con un intercambio de regalos. El P. Maximiliano les ofreció unas medallitas -¡sus “cartuchos” sagrados!- y ellos le entregaron unos fetiches o amuletos portafortuna. Cada vez que sacaba esos fetiches o los contemplaba sobre el escritorio, sentía un peso, una carga, un interrogante sobre su conciencia (1). 95

Profile for Charles José Garay Vandervelde

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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