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“En los primeros días de octubre de 1927, cuando en Polonia la nieve suele hacer sus primeras apariciones, se comenzó, con la generosa colaboración de la población vecina, el acarreo de materiales. Llegaron unos hermanos de Grodno los cuales se pusieron resueltamente a trabajar. Antes se nivelaba el terreno, luego se echaban piedras para los cimientos y en seguida se construía el esqueleto del edificio, Las paredes se levantaban con bloques de escorias de carbón mezcladas con cal. Por techo se ponía cartón empapado de asfalto. Y ya el edificio estaba listo. “Ante todo se construyó la capilla. Y como diecinueve siglos atrás, en Belén, también en esa pobre morada quiso hospedarse el buen Jesús. Más tarde se trajeron las maquinarias y todos los elementos de la imprenta. “La vida en esos primeros días era verdaderamente singular. Servían de abrigo contra la nieve y el viento las paredes aun frescas, apenas forradas con papel para conservar un poco de calor. La comida nos la traía la buena gente, que hasta nos prestó los útiles de cocina. “No había mesas ni sillón, y cuando llegó la hora del almuerzo, se armaron unas tablas sobre las valijas y comimos sentados en el suelo, alimentándonos alegremente de los dones que la divina Providencia nos había enviado” (4). Prueba de fuego Estos relatos parecen florecillas, escapadas de la historia de San Francisco y de sus Caballeros de la Tabla Redonda. Hay mucho de poesía y aventura. Pero esa alegría está en el corazón, mientras el cuerpo tirita apretado por la nieve, frio y hambre. Tenían tanta prisa en ir adelante con la construcción de los cobertizos, que descuidaban la comida. Por suerte, los vecinos y campesino no quedaron indiferentes ante esas penurias soportadas con tanta generosidad, y llevaban sus buenos pucheros, perfumados de “borschtsch” o coles, para aliviar el hambre, “Hasta los judíos nos ayudaban”, dicen con gratitud y asombro Fray Zeno y Fray Ginepro. Sin duda alguna, tamaño heroísmo atraía a los audaces que perseveraban; pero los comienzos eran tan difíciles que desalentaron y enfriaron a más de uno de incierta vocación. Todas las nuevas vocaciones debían superar una verdadera prueba de fuego. “Cuando llegué –cuenta uno de ellos-, quedé helado. Pregunto a un campesino, que conocía el “estilo” Kolbe: -¿Dónde está el convento? -¡Allá! –me contesta -¿Dónde allá? -¡Helo ahí! . . . ¡Esos cobertizos! . . . 91

Profile for Charles José Garay Vandervelde

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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