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SAN MAXIMILIANO KOLBE

¡Haber molestado a tantos!. . . ¡Sentir que ya había llegado a la playa esperada e irse a pique, justo mientras se iba desembarcando!. . . ¡Todo en vano! Para evitar la vergüenza, hubiera podido enviar una comunicación escrita, pero el hacerlo le hubiera parecido una descortesía soberana. Por eso, con la muerte en el alma se puso en camino y en confusos balbuceos informo al príncipe de las decisiones de los superiores. El momento es dramático. El silencio, solemne. “Entonces el príncipe declaró que retiraba el ofrecimiento y que se quitara de ahí la imagen de la Inmaculada. El P. Kolbe contestó que la estatua debía quedar, siquiera para demostrar que al menos esa vez la Virgen había fallado en sus promesas. El príncipe quedó impactado por estas palabras y le dijo: -Pues, bien, ¡guárdese todo sin cargo alguno! “Más adelante también, ampliándose la ciudad de la Inmaculada y habiendo menester de nuevos terrenos, cedió cuanto se solicitaba”. Días más tarde llego la autorización definitiva. El Padre abrió la carta en la sala de máquina y dijo a los frailes-obreros: -¡De rodillas, queridos muchachos! Demos gracias a la Virgen! Y en medio de los estremecimientos de los motores ofrecieron al cielo tres “Ave María” (3). El P. Maximiliano no quiso recibir los terrenos ni como donación ni como compra, sino, más franciscanamente como usufructo. La epopeya de los primeros días Como urgido por resortes de un dinamismo arrollador, el P. Maximiliano, quien tres meses antes había salido del sanatorio, se lanza a la fundación de su ciudad mariana en los terrenos recientemente logrados. Esa ciudad ya tiene el nombre, acuñado más con el corazón, la plegaria, el ansia, que con la razón. Es Niepokalaów, o ciudad de la Inmaculada. O mejor, “casa, propiedad y reino de la Inmaculada”. Y sabemos bien que cuando el P. Maximiliano decía que él, y la M. I., y cada caballero, son cosa y propiedad de la Virgen, no está usando una frase hueca sino una realidad profunda, auténtica, vivencial, totalitaria. En Niepokalanów María lo es todo: es el corazón y la meta; es el ideal y la fuerza. Por Ella se trabaja, se vive, se sufre, como por Ella se muere. Los caballeros son los hijos felices y los servidores fieles de la Madre celestial. Con parsimoniosas palabras, pero impregnadas de sudor, trabajos, penurias, gozos, esperanzas y sueños, el testigo, P. Flaviano Slominski, describe la epopeya de esos primeros días. 90

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Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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