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LA JAULA DEL TERROR OSWIECIM es un campo de concentración nazi, enlutado durante milenios por la trágica muerte de unos cinco millones de presos. Una alambrada alta, de mallas tupidas, con espinas de púa, denuncia a lo lejos esa jaula de horrores. Las torres de vigilancia están estratégicamente distribuidas, en permanente sospecha de todo lo que pasa abajo. Los únicos que andan sueltos son los guardias con las metralletas engatilladas. Debajo de un casquete con visera, se esconde una mirada acerada y miedosa. Su boca sólo se abre al insulto cruel y soez. Su conciencia, como la de Caín, o la del lobo carnicero, sólo se ceba en la destrucción. Sus relucientes botas sólo se aplacan en las patadas humillantes. Sin merma de su responsabilidad individual, hay que decir que ellos también son eslabones y víctimas de una monstruosa maquinaria de guerra, infamia y muerte. En sus paseos los acompañan unos mastines amaestrados para el ataque, para agarrar e inmovilizar a las víctimas, o para hundirles los colmillos en las yugulares, en las entrañas o en los órganos sexuales. En la entrada del campo, un enorme letrero da a todos esta bienvenida: “El trabajo os hará libres”. Jamás el cinismo y la mentira alcanzaron tan altos niveles. Lejos de ofrecer un trabajo re-educativo, era un verdadero matadero. Como en el matadero, los animales entran para terminar eviscerados y trozados, así sucedía en ese campo. Quien entraba, podía despedirse de la vida y debía prepararse para la muerte. Acá y allá se extendían las casamatas para oficinas, dormitorios, laboratorios, talleres, cocinas, comedores, enfermería, depósitos. En la jerga del campo se las llamaba “bloques”. Imponente debía ser la organización, para encargarse de la comida y de los trabajos de cientos de miles de presos, que alternativamente ocupaban el lugar. Los presos pertenecían a todas las clases sociales, a todos los credos y a casi todos los pueblos. Pero el odio nazi, con el deseo de desarticular un país y reducirlo a esclavitud, de manera particular se ensañaba contra los dirigentes naturales de un pueblo: sacerdotes, intelectuales, profesionales, políticos y militares... Sin embargo, el blanco preferido de la locura nazi fueron los judíos, varones y mujeres. Millones y millones poblaron esos campos de exterminio: hombres explotados, humillados, víctimas inocentes de la guerra y del odio; mano de obra barata para los sueños de megalomanía de los bonetes nazis. Una vez exprimidos hasta 7

Profile for Charles José Garay Vandervelde

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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