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SAN MAXIMILIANO KOLBE

“MERMELADA” EN EL CRISOL Siembra al voleo En julio de 1919, después de siete años romanos, con dos diplomas en el bolsillo, logrados “no por vanidad, sino para confundir a los incrédulos”, el P. Maximiliano vuelve a su dilecta Polonia. Es joven: tiene apenas 25 años. Pero intelectual, moral y espiritualmente, es un hombre cabal. Que ya sabe lo que quiere y cómo lo quiere. Que está dispuesto a todo, para lograrlo o para pagarlo personalmente. Que tiene ambiciones desmedidas, de alcance mundial, pero tiene la humildad y el candor de un niño. Con un alma volcánica: “Mi corazón es fuego”, repetiría con Santa Catalina de Siena, pero en un cuerpo carcomido por la tisis. Apremiado por las gravísimas angustias de la post-guerra, las tragedias de su patria y la desorientación general, su corazón sangra. Su mente está plasmando ideales de renovación, pues desea “devolver al mundo el gozo de vivir”, pero está solo y es un desconocido, sin amistades y sin medios. Pese a todo se siente henchido de poder, y portador de un mensaje, ya que “por la Inmaculada nos vienen todas las gracias”. El tren atraviesa los paisajes más hermosos de Italia, Austria, Checoslovaquia y Polonia. Detiene su veloz marcha en las ciudades de Florencia, Bolonia, Trento, Viena, Praga… nidos del arte, madres de cultura, forjas de genios. Los Alpes parecen en fiesta y despliegan sus galas ante los ojos asombrados de los viajeros: picachos, enhiestos y lagos de increíble transparencia azul, dolomitas policromas y glaciares de rosados reflejos, valles floridos en contraste con las cumbres nevadas. Todos quedan prendidos en ese embeleso, menos el P. Maximiliano. El sabe apreciar la naturaleza, admira sus esplendores, canta sus glorias; pero no se siente turista, sino apóstol y conquistador. Acostumbrado a la siembra al voleo y armar discurso con cualquiera, no tarda en enfrascarse en diálogos y discusiones. El pequeño departamento del tren, parece ya un aula, ya un templo y hasta un ring de boxeo. No es que Maximiliano grite, o patalee, o golpee con el puño. No tiene pulmones para eso. Apenas susurra. Sin embargo, la lucha es formidable por los temas debatidos y por los destinatarios. Son almas inmortales, conquistadas por la sangre de Cristo: malezas sí, hasta espinas, pero que pueden y deben ser flores del jardín de la Inmaculada. El viaje es largo. Los pasajeros se aburren. La sotana que lleva el Padre, lo distingue y define. El cordón franciscano llama la atención. El rosario que cuelga del cordón, está hablando con su tintineo misterioso. Siempre hay pasajeros 52

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Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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