Page 46

SAN MAXIMILIANO KOLBE

sino para “poder confundir a los incrédulos”. Y aprovechaba toda ocasión, ya en las plazas, ya en los trenes, para hacerles frente. Y la cultura amasada, la lógica de su genio, su experiencia se amalgamaron en la buena síntesis para hacer de él un hábil conferencista y un intrépido polemista. Aparentemente, el P. Maximiliano se acercaba al debate de manera inofensiva. El rostro era sonriente, los ojos chispeaban bajo los lentes. Al comienzo, sabiamente se ponía de acuerdo con el contrincante de turno en muchos aspectos del diálogo; pero luego de haber buscado los puntos débiles, irrumpía con un fuego graneado de razones, dejando al adversario aturdido y perdido. Sin embargo, el suyo no era un pugilato para eliminar al adversario, sino un apostolado, para salvar el alma del propio interlocutor, para la alegría de su Madrecita Inmaculada. En Roma, un día se halló frente a un personaje de alto copete, que despotricaba contra el Papa y la Iglesia. Maximiliano no tardó en ofrecer combate. Los razonamientos estaban vertebrados en una dialéctica cerrada. Maximiliano ya estaba por ganar la partida, cuando el otro, ya corto de argumentos, le espetó su superioridad doctoral: —Yo sé bien como están las cosas. ¡Soy doctor en filosofía! — ¡Y yo también! —replicó el joven doctor veinteañero, que tenía la apariencia de quince. Y como entre bueyes no hay cornadas, tampoco entre colegas debe haber incorrecciones. El señor poco a poco comenzó a ceder, buscando una retirada estratégica. Al final —concluye el P. Pal, quien nos relata este divertido episodio— el incrédulo calló y pareció absorto en una profunda reflexión” (4). Ciencia, al servicio del Amor Maximiliano sabía que “la ciencia es vana, si no está servicio del Amor” (Bossuet). Maximiliano en Roma aprendió muchas cosas. Intelectual, moral y espiritualmente era todo un hombre, un hombre maduro, pese a sus 25 primaveras. Sobre todo, aprendió la ciencia de los santos. “Santo joven”, anota el rector P. Ignudi. “Verdaderi hijo de María Santísima”, subraya el condiscípulo P. Pal. La devoción era excelente. Durante los recreos, a menudo se lo sorprendía en frecuentes visitas diarias al Señor-Sacramentado. “Quien entraba en la capilla, pensaba que no había nadie; pero, poco a poco, se percibía un leve susurro: era él que estaba rezando, escondido detrás del altar mayor” (5). La puntualidad a los actos comunes era extraordinaria. Al llamado de la campanilla, era capaz de cortar abruptamente la conversación hasta con un obispo. Pese a los graves ataques de la tisis, su paciencia era serena y discreta, tanto que 46

Profile for Charles José Garay Vandervelde

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

Advertisement