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tencia de la Milicia de la Inmaculada. Sólo el rector, P. Esteban Ignudi, estaba al tanto de todo, y no se hacía nada sin su permiso, porque era en la obediencia en que se manifestaba la voluntad de la Inmaculada”. Esta primera parte del testimonio subyuga por la espontaneidad, claridad y frescura. La total entrega a la obediencia define la personalidad moral del P. Maximiliano. ¿Cuál es la razón de esa fidelidad? El mismo lo aclara: “La obediencia manifiesta la voluntad de la Inmaculada”. ¡Terrible y maravillosa razón! Maravillosa, porque establece un cordón umbilical vital y santificador y porque da total tranquilidad al alma. Terrible, para los que han de comunicar esa voluntad. Sería como decir: un hijo se presenta con los ojos sonrientes y esperanzados ante sus padres y les dice: “Papá, mamá, ustedes son los representantes de Dios; ustedes me van a manifestar, la divina voluntad; ¿qué tengo que hacer, pues, en este caso?”. Maximiliano se complacía en recordar que “Jesús se hizo obediente hasta la muerte, y ¡muerte de Cruz!” (Fil. 2, 8). La consagración de los siete “Con el permiso del P. Rector —sigue la relación del P. Maximiliano—, el 16 de octubre de 1917 tuvo lugar la primera reunión de los siete miembros: 1º, P. José Pal, sacerdote; 2º, Fray Antonio Glowinski, muerto en 1918; 3º, Fray Jerónimo Biasi, muerto en 1929; 4º, Fray Quírico Pignalberi; 5º, Fray Antonio Mansi; 6º, Fray Enrique Granata; 7º, Fray Maximiliano Kolbe. Esta reunión tuvo lugar de noche, en secreto, a puertas cerradas. Delante de nosotros estaba una pequeña imagen de la Inmaculada, entre dos candeleros encendidos. Se leyó el Programa de la Milicia de la Inmaculada. Una vez aprobado, todos lo rubricamos. A través de nuestro confesor, el P. Basile, que era también confesor del Papa, alcanzamos su bendición sobre la M. I. “Después de la primera reunión, por más de un año, la Milicia de la Inmaculada, en sigla, M. I., no progresó. Se alzaron tantos obstáculos en su marcha, que hasta sus propios miembros no se atrevían a hablar. Más bien, uno de ellos procuraba convencer a los demás de que todo era completamente inútil. “En esos tiempos volaron hacia la Inmaculada, con hermosas señales de elección, Fray Antonio Glowinski y Fray Antonio Mansi, a causa de la gripe española. Yo tuve una grave recaída. Tosía mucho y escupía sangre. Aproveché el tiempo libre para pasar en limpio el programa de la M.I., entregárselo al P. General, y pedirle su bendición por escrito: ` ¡Si al menos fuesen ustedes una docena!`, me dijo el P. General. Luego escribió la bendición y expresó el deseo de que la M.I. se difundiera entre los jóvenes. Desde ese día los socios comenzaron a afluir. En 43

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Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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