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fuentes franciscanas. Por más de siete siglos, los franciscanos han tomado como bandera de su espiritualidad y apostolado la defensa del dogma de la Inmaculada. La teología, la literatura, las artes han sostenido y alimentado una fe, que no conocía desmayos. El celo apostólico esparció por todo el mundo, la filial y cariñosa devoción a la Purísima. Particularmente, el continente americano, desde los primeros días del descubrimiento —sobre todo, bajo la influencia de los franciscanos—, se sintió mecido por las dulces brisas de la devoción a la Inmaculada. Todo el vastísimo territorio, de norte a sur, se pobló de famosos santuarios o humildes capillas, que proclamaban al mundo las glorias de la Inmaculada. Citamos a los más famosos. En México, N. Sra. de Guadalupe; en Brasil, la Aparecida; en Bolivia, Copacabana; en Paraguay, Caacupé; en Uruguay, N. Sra. de los Treinta y Tres; en Argentina: Luján en Buenos Aires; Sumampa, en Santiago del Estero; Del Valle, en Catamarca; Itatí, en Corrientes. Desde luego, se insistió mucho en la faz dogmática y devocional. Maximiliano, más bien, siente la urgencia de la acción, de una aplicación apostólica y social. Con su espíritu emprendedor, quiere sacar las consecuencias de todos esos siglos de glorias franciscanas. “Por siete siglos hemos luchado para que fuese definido el dogma de la Inmaculada Concepción. La definición dogmática de 1854 y las apariciones en Lourdes le han dado pleno coronamiento. Ya llegó el momento de que comience la segunda parte de la historia: sembrar esta verdad en los corazones, y vigilar para que germine y lleve frutos de santidad. Y en todas las almas, en las que existen como en las que existirán hasta el fin del mundo. Los siete siglos pasados fueron la preparación del proyecto; ahora hay que pasar a la ejecución: vivir la verdad dogmática, hacer conocer la Inmaculada a todas las almas, donarla a las almas con todos sus benéficos efectos” (4). Hermano lector, la fraseología de Maximiliano tiene siempre un tono y un sabor totalitario: “En todas las almas…”; “hasta el fin del mundo”; “con todos los benéficos efectos”… y una urgencia arrolladora: “pasar a la acción… vivir la verdad”. Un hombre, abrasado de ideales como Maximiliano, no puede sufrir demoras, ni conocer treguas, sino ansias de conquista. La Inmaculada, ¿no lo merece todo? Pues bien, que toda la tierra sea un jardín florido para su gloria; que todos los corazones sean un altar de amor… Lo exige la coherencia cristiana, lo urge la fuerza del amor, está en juego la salvación de las almas. El desafío es cósmico: o con Dios o con el diablo. La Inmaculada ha aplastado la cabeza de la serpientediablo. Todos sus devotos han de atrincherarse junto a Ella y combatir con Ella en una lucha sin cuartel. 39

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Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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