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Por decenios, lo sagrado fue objeto de escarnios y cercenamientos. Desde las altas esferas gubernamentales se fastidió la obra religiosa y benéfica del santuario de Nuestra Señora de Pompeya, en Nápoles. Frecuentes eran los ataques a las instituciones católicas. A veces los pesados insultos salpicaban de barro las blancas vestiduras de los Papas. La entrada de Italia en la guerra acentuó la tirantez entre el Quirinal y el Vaticano. Los esfuerzos papales en pro de la paz eran prejuzgados como desmoralizadores para las tropas de los frentes. Muchas iniciativas pontificias fueron torpedeadas por el sectarismo reinante. Volantes y afiches lanzaban injustas e ignominiosas invectivas contra el Papa. Particularmente vergonzosa fue la celebración del aniversario de la muerte de Jordán Bruno, en coincidencia con el 2º Centenario de la Masonería. Discursos encendidos de odio hacia lo católico atronaron las plazas y llenaron las páginas de la prensa venal. En penosa y blasfema parodia, se organizó un cortejo por las calles de Roma. Los estandartes que ondeaban al viento, representaban a Luzbel derrotando y pisoteando al arcángel S. Miguel. Cuando esa sacrílega procesión llegó a la plaza de S. Pedro, aparecieron grandes letreros con estas ultrajantes palabras: “Satanás deberá reinar en el Vaticano y el Papa deberá ser su esclavo”. Maximiliano asistía aterrado a esos acontecimientos, que se sucedían bajo sus propios ojos. Se podía juzgarlos torpes o apenas ridículos, quizás minúsculos en el reloj de la historia, si no fueran una expresión de maldad, si no fueran dictados por el odio, si detrás de esos escándalos descarados no hubiera una secta poderosamente organizada y juramentada en socavar tronos y altares. Maximiliano indaga y piensa, compara y estudia, sintetiza y propone su plan de ataque en rápidas actuaciones. La Masonería de ese entonces, el sectarismo anticristiano de todos los siglos, los movimientos ateos, las herejías que dilaceran el alma de la Iglesia, su unidad y verdad; el mundanismo y el secularismo, los paganismos idólatras, la corrupción de las costumbres y de la moral, la decadencia del instituto familiar, los mesianismos políticos o ideológicos, y cualquier otra doctrina, moral o praxis, que se oponga a la verdad y al amor de Cristo… no son nunca hechos aislados, susceptibles de una explicación más o menos superficial y coherente, sino que apuntan a una globalidad y organicidad del mal, “del misterio de la iniquidad”. Son tentáculos de perversión, de raigambre más profunda. Son afloraciones de una correntada venenosa que atraviesa siniestramente toda la historia. Los nombres y las manifestaciones pueden variar. Jesús mismo dice que los demonios son legiones. Legiones como número y legiones como polifacéticas manifestaciones. Ayer se presentaban bajo una máscara filosófica o teológica; hoy bajo una máscara política; mañana, bajo otra económica o progresista. Pero 35

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Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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