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SAN MAXIMILIANO KOLBE

Los que más han sufrido y más denodadamente han luchado por detener semejante hecatombe, fueron los Papas de Roma. Muerto Pío X con el corazón quebrado por la congoja, Benedicto XV multiplicó todo esfuerzo en pro de la paz y en favor de las poblaciones más desamparadas. Hasta la misma Rusia, atravesada por hambrunas crueles luego de la Revolución de Octubre, llegarán las caravanas de paz y víveres del Papa. Casi a diario, el Rector, debidamente informado en el Vaticano, trae a los jóvenes estudiantes franciscanos, junto a las inquietudes del Pontífice, las noticias más precisas del conflicto. Maximiliano sufre, doblemente herido como patriota y como cristiano. Como patriota, observa que su patria, ya despedazada en tres troncones, es un campo de batalla, ruinas y saqueos entre los ejércitos del Este y del Oeste. Sufre también ciertos actos de felonía e inconsciencia, que tan profundamente hieren los corazones nobles, como cuando un compañero le escupe a la cara: — ¡Tudesco! Maximiliano no contesta al insulto, pero el rubor de su rostro traiciona un gran fuego interior. Más aún, Maximiliano sufre como cristiano, El sabe que ante Dios “no hay judío ni griegos (gal. 3,28), no hay polaco ni alemán, no hay criollo ni gringo”, sino hijos de Dios, hermanados por la sangre de Cristo. No se contenta con buscar las raíces inmediatas del tremendo conflicto. Busca las raíces más profundas, los hilos más tenebrosos, que mueven la historia de las locuras humanas. Pablo le da la clave de una interpretación trascendente de la historia: “Ya está obrando el misterio de la iniquidad” (II Tes. 2,7). El poder del mal, desde el pecado original, se despliega sobre los hombres, y halla en ellos complicidad, colaboración y a veces frescos aportes. Lo que empeora la situación de ese campo ya tan peligrosamente minado, es la debilidad de la fe. Y ese campo de combate entre las fuerzas del bien y las del mal, es la historia humana en general y la historia de cada corazón en particular. Después de haber buscado las causas, busca los grandes remedios. Por unos años anda a tientas; pero en la Milicia de la Inmaculada encuentra su puesto de avanzada, su preciso campo de combate apostólico, el remedio supremo contra los poderes del mal. Y para armarse definitivamente caballero al servicio de la gran Dama, el 1º de noviembre de 1914 hace su profesión solemne en la Orden de los Franciscanos conventuales. Jura “profesar solemnemente la pobreza, la obediencia y la castidad”, las que son sí virtudes religiosas para seguir más de cerca al Cristo pobre, virgen y obediente, pero son también armas de combate espiritual, porque 30

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Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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