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de hueso, el médico no pudo negar más la evidencia de la putrefacción, y debió reconocer que se trataba de una curación milagrosa. Se convirtió e hizo construir un templo a sus expensas. “Pues bien, cuando el médico supo que yo tenía un frasco de agua de Lourdes, me la aplicó con alegría. ¿Qué sucedió? Al día siguiente, en el hospital, el cirujano me dijo que la operación ya no era necesaria. Y con unas cuantas curas más sane del todo. ¡Gloria a Dios y gracias a la Inmaculada¡” (5). La Inmaculada, la blanca Señora de Lourdes, ha entrado por la primera vez en la vida de Maximiliano. Y Maximiliano se sentirá irresistiblemente atraído y totalmente aprisionado por los encantos de la Inmaculada. Ha sido un amor a primera vista, que irá creciendo hasta hacerse obsesionante ideal de su vida y de toda actividad. Desde luego, ya antes, Maximiliano quería mucho a la Virgen. A Ella se había consagrado. Ella le había mostrado las dos coronas. Pero en Polonia se la veneraba con los títulos de la Madre de Dios, la Dolorosa, la Reina del cielo: no existía un vocablo que expresara el misterio de la Inmaculada. Y en Lourdes, la Virgen a la asombrada Bernardita anunció su nombre: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Maximiliano, conmovido por la gracia de la curación atribuida al agua de Lourdes, y quizás favorecido por alguna iluminación interior, orientará toda su espiritualidad y apostolado en la consagración a la Inmaculada. Horrores de la guerra A mitad del año 1914, nubes amenazadoras cabalgan por toda Europa, cargadas de odios, destrucciones, tragedias y muertes. Los horrores de la Primera Guerra Mundial están destrozando los países europeos en violentísimos combates y pudren las almas y los cuerpos de los soldados, entrampados en trincheras pringosas. El diabólico rayo de la muerte está inserto en la punta de las bayonetas y fusiles. Los cañones escupen destrucción por decenas de kilómetros a la redonda. Los Imperios Centrales y los Aliados movilizan en luchas fratricidas a millones de hombres, tratados como carne de cañón e inmolados ante el Moloch de la guerra. Está ardiendo la civilización y en su lugar se ha levantado la bandera negra de la barbarie. Lo más grave es que esa lucha a muerte se desarrolla entre pueblos cristianos, entre hermanos, a los que un mismo bautismo había incorporado al único pueblo de Dios. Todos sufren en almas y cuerpos, en bienes y vidas. Millones de familias han desaparecido sin dejar rastros, tragadas por la tragedia. Millones de hogares han quedado huérfanos. 29

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Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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