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SAN MAXIMILIANO KOLBE

Maximiliano se dejó seducir más de una vez por sus ejemplos, los encantos de su palabra, su sacrificada actividad. Las vibrantes angustias expresadas por el Papa acerca de la situación mundial que desembocaría en la Primera Guerra Mundial, no le dejaron insensible. Las recogió en sus banderas, como ansias profundas de toda la cristiandad. Sin embargo, Roma, por ser espejo de la entera humanidad, es también prueba crucial de la fe. Si se palpa lo espiritual, se palpa también la mediocridad e incoherencia. Desde lejos se piensa que ahí se debería vivir la fe en el puro estado de incandescencia; pero también puede uno estrellarse contra un ambiente de frivolidad mundana, cuajada de fariseísmo y burocracia desganada. Miles y miles de pequeñas ambiciones, sostenidas por una pompa hueca, alientan en los corazones. ¡Qué fácil es en Roma codearse con almas grandes, espíritus heroicos, pero también con seres mezquinos, preocupados de sí mismos y de su carrera. Los chismes, los rumores, los pasquines son pasatiempos romanos, útiles de vez en cuando para desinflar vanidades infladas, pero bomba de tiempo en cuanto costumbre, porque favorece el desarrollo de espíritus escépticos, pesimistas, amargos. Por suerte, Maximiliano, aun viendo y observando ciertas tristes realidades, lejos de ovillarse en sí mismo o de opacarse en su fe, se sintió entusiasmado para más altos vuelos. Amputación del pulgar En esos días, quizás por un golpe o una espina, el pulgar derecho de Maximiliano quedó afectado por un absceso purulento. No habiendo antibióticos y temiendo una gangrena, los médicos decidieron la amputación. Pero… escuchemos antes a Maximiliano: “Corrí el riesgo de perder el pulgar derecho. Sobrevino una especie de absceso, y el pus, pese a las curas médicas, continuaba saliendo. Ya que había peligro de putrefacción para el hueso, los médicos decidieron amputar. Yo contesté que tenía un remedio mejor. Era un frasco de agua de Lourdes que el Padre Rector me había dado y que a él también lo había beneficiado milagrosamente. A los doce años, el P. Rector tuvo una grave complicación al pie. El hueso estaba pudriéndose. No podía dormir y gritaba de dolor. Hasta que decidieron amputarle el pie. Ante la inminencia de lo irreparable, su madre acudió a otro remedio: quitó todas las vendas, lavó el pie con agua enjabonada, aplicó unas gasas con el agua de Lourdes. Al término de la cura, el muchacho se había dormido. Se despertó un cuarto de hora después: estaba curado del todo. El milagro era evidente. El médico, incrédulo, quiso explicar el fenómeno con palabras difíciles. Sin embargo, cuando, pocos días después, se desprendió de la planta del pie una astilla 28

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Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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