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SAN MAXIMILIANO KOLBE

Con su gesto, Maximiliano nos revela una extraordinaria delicadeza de conciencia. Para salvaguardar la azucena de la pureza, estaba dispuesto a todo sacrificio. Por suerte, las cosas no eran tan fieras. Y en la primera carta a la madre, desde Roma, con deliciosa franqueza restituye a las italianas el honor que les había quitado en su fantasear. “Las cosas no son tan terribles como me las había figurado y como te había escrito. Las italianas tienen muchas otras cosas que hacer en lugar de mirarnos a nosotros… Por otra parte, vamos siempre en grupo” (2). Los años romanos serán fecundísimos y decisivos en la vida de Maximiliano. Alcanzará la plenitud y madurez de su personalidad, para lanzarse luego en pos de sus audaces planes de apostolado mundial. En Roma, la Virgen lo espera para inspirarle la obra máxima: la Milicia de la Inmaculada. Más tarde, se preguntará con desconcierto, qué habría sido de él y de su obra, si no hubiera seguido la voz de Dios, a través de la obediencia. Y su espíritu se afirmará en un totalitario programa de obediencia. “¿Qué habría sido, si el P. Provincial hubiera secundado mis deseos? ¿Se hablaría hoy de ´El Caballero de la Inmaculada´? ¿Tendríamos la suerte de trabajar para hacer conocer las glorias de la Inmaculada? ¿Cuál es, pues, el premio de la obediencia ciega a la voluntad del Señor?”. Primeras impresiones El joven religioso queda extasiado ante todo lo que ve, siente o toca. Su despierta juventud es como una esponja, que todo lo absorbe. Desde luego no está en Roma en carácter de turista, sino de estudiante. Pero ¿quién puede quedar indiferente? Roma se le hace carne y uña, y lo conquista. Cargada de historia y leyenda, de fe y misterio, de valores humanos y divinos, conocedora de glorias y derrotas, cuna de la civilización, antena abierta a todas las inquietudes humanas, Roma es “paciente educadora” (3). Delante de sus mismos ojos está la grandeza de la Roma imperial. Cuando por la mañana abre la ventana de su Colegio, de Vía S. Teodoro 42, puede contemplar la maciza muralla y la verde arboleda, que se asoma sobre las ruinas del Palatino, otrora sede del palacio del emperador. A su derecha están el Circo Máximo, los templos de Vesta y Jano. Poco más allá corre lánguido y sucio el río Tíber. A su izquierda, precisamente a la vuelta de la esquina está el Foro Romano: tribunal supremo, centro comercial, cultural y administrativo; fábrica de rumores, de intrigas políticas y de golpes palaciegos; caja de resonancia para charlatanes, camanduleros, bribones, genios y santos. Allí están las opulentas señales del pasado: los arcos, los templos y los poderosos juegos de columnas, ya yaciendo por tierra en desolado abandono, ya irguiéndose desafiantes contra el 26

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Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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