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La vida de Francisco, tan tumultuosa en aventuras, tan heroica en renunciamientos, tan alegre en su pobreza, tan resplandeciente de amor a Dios y a los hombres, conquistó pronto el corazón de Maximiliano. Alrededor de Pascua de 1907 se realizó en Pabiánice una Misión predicada por los Franciscanos Conventuales, los que, ya desde el púlpito, ya en el confesionario, ya en los actos litúrgicos, se habían granjeado una inmensa simpatía. Al final, uno de ellos, el P. Pellegrino Haczela, anunció que se había abierto en Leópolis un seminario que recibiría a todos los jóvenes que deseasen consagrarse al Señor en la Orden franciscana. Maximiliano sintió el impacto de esa invitación. Quizás, en la espiritualidad franciscana veía resplandecer las dos coronas de la castidad y del martirio, y presentía que dando su adhesión a la Orden, podría dar su cabal respuesta al llamado de la Virgen. Los dos hermanos se guiñaron el ojo en mutuo acuerdo y en la sacristía hablaron con los Misioneros, “pidiéndoles los recibieran en la Orden” (4). La familia se reunió en consejo, para pesar el pro y el contra. No faltaban dificultades: la distancia del seminario, situado fuera de la jurisdicción rusa, en la austríaca; la poca edad de los muchachos, uno de 14 y otro de 13 años; las crecientes necesidades familiares. Pero al dar su consentimiento, los padres no se dejaron influir por sus intereses, sino por su fe y por la búsqueda del futuro para sus hijos, el que, aunque el corazón sangrara y debieran hacerse muchos sacrificios, no podía ser subordinado a nada. Y una fría y neblinosa mañana de octubre de 1907, los muchachos se despidieron llorando de la madre. El padre los acompañó hasta Cracovia; pero por carecer de documentación, tuvo que resignarse a verlos alejarse solos rumbo a Leópolis. El pañuelo y los brazos del padre estuvieron levantados como bandera de despedida, hasta que el penacho de humo del tren se perdió en el horizonte. En Pabiánice, de pronto la casa pareció vacía. Dos platos menos sobre la mesa, los dormitorios silenciosos, la casa toda sin la animación, sin el ritmo juvenil de estudios, recreos, peleas ruidosas y prontas pacificaciones. Únicamente de vez en cuando, el correo traía ráfagas de novedades primaverales, que consolaban el corazón de los padres y tranquilizaban sus inquietudes. Fraile o estratega En el pequeño seminario, Maximiliano continuó y terminó los estudios humanistas. Lo que más le encantaba, eran las matemáticas. No las veía sólo como materia de examen —como lo hacemos la mayor parte de los estudiantes—, sino 21

Profile for Charles José Garay Vandervelde

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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