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e imperecedera palabra de vida, la de Jesús que desvela el secreto del dolor inocente: SER EXPIACIÓN, SER VICTIMA, SER SACRIFICIO, y, finalmente, SER AMOR. “No hay amor más grande que dar la propia vida por los amigos” (Jn. 15,13). Jesús habla de sí mismo ante la inminencia de su inmolación para salvar a los hombres. Los hombres son todos amigos de Jesús, si por lo menos escuchan su palabra. Maximiliano Kolbe realizó en el funesto campo de Oswiecim la vivencia del amor redentor. ¡Y a doble título! ¿Quién no recuerda el episodio incomparable? -Soy un sacerdote católico –dijo ofreciendo la propia vida a la muerte- ¡y qué muerte!-, para lograr que sobreviviera un desconocido, compañero de desventura, designado ya para la ciega venganza. Fue un momento grande. El ofrecimiento fue aceptado. Nacía de un corazón entrenado en darse natural y espontáneamente, casi como una consecuencia lógica del propio sacerdocio. ¿No es el sacerdote “otro Cristo”? ¿No ha sido Cristo sacerdote la víctima redentora de la humanidad? ¡Qué gloria y que ejemplo para nosotros los sacerdotes reconocer en el nuevo Beato un intérprete de nuestra consagración y de nuestra misión! ¡Que advertencia para los llamados a seguir a Cristo, cuando llegan las horas de la incertidumbre en que la naturaleza humana quisiera, a veces, hacer prevalecer sus derechos por encima de la vocación sobrenatural al don total al Señor! ¡Y qué consuelo para los fieles, queridísimas y nobilísimas filas de buenos sacerdotes y religiosos que, con legítimo y loable esfuerzo de rescatarla de la mediocridad personal y de la frustración social, así conciben su misión: “Soy sacerdote. ¡Por eso ofrezco mi vida para salvar la de los demás!”. Esta parece ser la consigna que nos dejó el Beato, sobre todo, a nosotros los ministros de la Iglesia de Dios, y, análogamente, a cuantos aceptan el espíritu de esa misión. La vocación cristiana A este título sacerdotal se añade otro: el testimonio de que el sacrificio del Beato tenía su motivación en una amistad. Él era polaco. Como polaco había sido condenado a ese nefasto “Lager”, o campo de concentración, y, como polaco, intercambiaba su suerte con aquella a que estaba destinado su compañero Francisco Gajownicek. Sufría la pena cruel y mortal en lugar del otro. ¡Cuántas cosas brotan en el corazón, al recordar este matiz humano, social y étnico de la muerte voluntaria de Maximiliano Kolbe, hijo también de la noble y católica Polonia! Nos parece que con este caso típico y heroico se prueba documentalmente el destino histórico de esta nación. Es la vocación secular del pueblo polaco a encontrar en el sufrimiento comunitario su conciencia de uni171

Profile for Charles José Garay Vandervelde

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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