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antes o después de su primera confesión. Una vez no me gustó nada una travesura, y se la reproché: —Niño mío, ¡quién sabe lo que será de ti! “Después, yo no pensé más, pero observé que el muchacho había cambiado tan radicalmente, que no se podía reconocer más. Teníamos un pequeño altar escondido entre dos roperos, ante el cual él a menudo se retiraba sin hacerse notar y rezar llorando. En general, tenía una conducta superior a su edad, siempre recogido y serio, y cuando rezaba, estallaba en lágrimas. Estuve preocupada, pensando en alguna enfermedad, y le pregunté: — ¿Te pasa algo?... ¡Has de contar todo a tu mamita!... “Temblando de emoción y con los ojos anegados en lágrimas, me contó: ´Mamá, cuando me reprochaste, pedí mucho a la Virgen me dijera lo que sería de mí. Lo mismo en la iglesia, la volví a rogar. Entonces se me apareció la Virgen, teniendo en las manos dos coronas: una blanca y otra roja. Me miró con cariño y me preguntó si quería esas dos coronas. La blanca significaba que perseveraría en la pureza y la roja que sería mártir. Contesté que las aceptaba… Entonces la Virgen me miró con dulzura y desapareció’. “El cambio extraordinario en la conducta del muchacho, para mí, atestiguaba la verdad de las cosas. El tenía plena conciencia, y al hablarme, con el rostro radiante señalaba la deseada muerte de mártir. Por mi parte, yo estuve preparada, como la Virgen después de la profecía de Simeón...” (6). Maximiliano guardó total silencio acerca de esa “visión”. Tampoco a sus más íntimos, cuando ya su obra mariana se había ampliamente desarrollado, quiso confiar el suceso. Era un secreto entre él y la Virgen, que hubiera llevado a la tumba, si la presión materna no lo hiciera saltar a la luz. Pero, ¿cuál fue esa travesura, que provocó semejante reproche de la madre y que puso en crisis toda su primera adolescencia? Pues bien, Maximiliano veía con envidia que sus compañeros tenían su pequeño “hobby”. Quien criaba un perrito o un gatito, y quien cuidaba un canario. Las niñas tenían su muñeca. Todos cubrían de mimos esos bichitos de carnes tibias o de felpa, y estaban orgullosos de ellos. Maximiliano también sintió la necesidad de tener un animalito todo para sí. A escondidas de la madre se apoderó de unas pocas monedas, compró un huevo y lo llevó a empollar en casa de una vecina. De esta manera, también él tendría un pollito al que criar. No sería un “hobby” muy fino ni aristocrático, sino un humilde pollito, pero le alegraría los momentos libres y le permitiría confrontar sus experiencias con las de los demás. Lastimosamente la madre no lo pensó como él. Ya por el derroche — ¡ella tan cuidadosa de los centavos! — y peor aún, por haberlo hecho sin pedirle permiso, 17

Profile for Charles José Garay Vandervelde

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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