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y la absolución bajo condición. Entre los enfermos ejercitaba la misión de buen pastor. A menudo relataba episodios de su vida. Escuchaba las confesiones, rezaban las oraciones en común, tenía charlas marianas y animaba a todos. Con el favor de las tinieblas los presos acudían a él, para confesarse o escuchar palabras de aliento. “Al terminar el trabajo diario, yo me acercaba a él y él me apretaba contra su pecho, como la madre con su niño, y me consolaba, y mostrándome a la Virgen por modelo, me decía: ‘Ella es la verdadera consoladora de los afligidos, ¡escucha a todos, ayuda a todos’. Me iba consolado y alentado. “Una vez le llevé una taza de té. Mucho me asombré, cuando no la quiso aceptar, diciendo: ‘Por qué he de ser privilegiado? ¡Los demás no la tienen!’. Se había hecho popular entre los enfermos y todos le llamaban ‘nuestro Padrecito” (12). Pese a la enfermedad, el P. Kolbe era severo consigo mismo, mientras era generoso con los demás. “Cuando llevaban al bloque las ollas de sopa, cada uno pugnaba por servirse primero. El P. Kolbe esperaba, aún cuando por escasez de víveres, debía quedar sin ración. Otras veces, en cambio, cuando los enfermos veían en la superficie sólo agua, se retiraban esperando hubiese algo mejor en el fondo de la olla. Entonces el P. Kolbe avanzaba tomando para sí el agua de la superficie, dejando la buena sopa a los compañeros. No admitía preferencias. Y cuánto de bueno recibía, por ejemplo, cáscaras de limón, lo compartía con todos. Y rogaba a los amigos visitantes que trajeran alimentos para sus hambrientos compañeros del hospital (13). Sólo el amor es fuerza creadora El Dr. Stemler nos relata su último encuentro con el P. Maximiliano: “Los dos estábamos enfermos. Mi cama estaba enfrente de la de él. Como otros, de noche yo también me acerqué a su cama. El saludo fue conmovedor. Volvimos a intercambiar nuestras impresiones acerca del tremendo crematorio. Luego guardamos silencio. Y me puse a contemplar su rostro, macilento, sin barba, ojos abrasados como carbones, nariz regular, mejillas hundidas, labios juveniles, ligeramente abiertos a una sonrisa de perdón, los cabellos cortos, con leves signos de calvicie. Los brazos flacos. “No quería cansarle, pero le quería decir tantas cosas… El me alentó y acabé por confesarme. Mi corazón estaba en lucha desesperada. ¡Yo quería vivir!... Sus palabras eran profundas y simples. Exhortaba a tener confianza en la victoria del bien. 157

Profile for Charles José Garay Vandervelde

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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