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SAN MAXIMILIANO KOLBE

“Me hallé ante el primer muerto. Era un joven, completamente desnudo, con el vientre rasgado, las piernas ensangrentadas, las manos torcidas atrás, el cuello hinchado, el rostro que mostraba claramente las señales de una violenta agonía. Me sentí clavado al suelo, incapaz de moverme. “El guardia lanzo un grito, al cual una voz queda, que parecía conocida, hizo eco: ‘Vamos, hermano’. Con repugnancia tomé el cadáver por las piernas, mientras mi compañero lo alzaba por los hombros y lo acostamos en la batea. Así mismo a otros también y nos dirigimos al crematorio. “Me sentía terriblemente turbado. Los brazos se aflojaban, los zuecos se zafaban de los pies. Pensaba que hubiera sido mejor estar yo en la macabra batea. “Otra vez a mis espaldas escuché la voz tranquila y conmovida de mi compañero: ‘¡Santa María, ruega por nosotros!... Santa María, Madre de Dios, ¡ruega por nosotros!...’. Como atravesado por una descarga eléctrica, me sentí más fuerte. “Llegamos al horno incinerador, de construcción chata, de cuya chimenea brotaba el humo pestilencial, barrido por el viento. Allí dictamos a la guardia el número escrito sobre el pecho del muerto. Un error hubiera provocado fatales incidentes. Una familia habría recibido el anuncio de la muerte, mientras estaba aún en vida. Acostamos el cadáver sobre una parrilla móvil y asistimos a su incineración. “Me sentía mal, presa del delirio, y temblaba todo. Las piernas se me habían vuelto rígidas. Apenas salidos de este maldito umbral, la misma voz tranquila y sosegada pronunció: “Réquiem aetenam dona eis, Domine. Dales, Señor, el descanso etern”. “Más tarde volvió a susurrar: ‘El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros’. ¿Quién era? Era el franciscano de Niepokalanów, P. Maximiliano Kolbe”(11). Buen pastor en el hospital Luego de la tremenda paliza, que le había dejado más muerto que vivo, el P. Kolbe fue internado en el hospital, atacado de neumonía, con fiebre altísima y con el rostro estriado de moretones. El P. Szweda lo recuerda con conmovedores acentos: “Con su conducta ante el sufrimiento, asombraba a médicos y enfermeros. Soportaba el dolor virilmente y con completa resignación a la voluntad de Dios, Solía repetir: ‘Por Jesús soy capaz de padecer aún más. La Inmaculada está conmigo y me ayuda’. “Sin embargo, pese a la crisis resolutiva de la neumonía, la fiebre no cesaba. Por eso se lo llevó a la sala de los infectados de tifus. Se le asignó la cama cercana a la puerta de ingreso. Cada muerto que retiraban, recibía de él la bendición 156

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Maximiliano kolbe  

San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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San Maximiliano Kolbe Fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, el “SAN FRANCISCO DEL SIGLO XX”, porque es el santo del amor universal. En...

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